5 de enero de 2026
“Yo quería tener una vida tranquila, pero mi alma me impulsó a buscar más allá”, dice sonriendo, con cierta picardía, Mario Javier Sabán (59), investigador y profesor de Cábala (o Kabbalah). De alguna manera, entendía que la vida era quien lo iba a guiar.
Licenciado en Derecho, desde muy joven sintió una voz interior que le susurraba que ese no era su lugar en el mundo. Preocupado por qué iba a hacer de su vida, comenzó a trabajar en el área de la economía mientras que, paralelamente, hacía investigaciones sobre temas de historia, por interés.
Pero luego de la gran crisis Argentina, se mudó a Barcelona en 2001 y comenzó una búsqueda marcada, sobre todo, por comprender el propósito de estar vivo.
“En ese periodo, tenía una necesidad muy grande de temas más profundos que no encontraba en ninguna disciplina, más del orden del para qué vinimos aquí, de la existencia”, comparte.
Su camino estuvo marcado por una fuerte vocación al estudio, lo que lo llevó a doctorarse en ocho disciplinas diferentes, entre ellas Filosofía, Matemáticas, Teología e Historia. En la insaciable travesía por comprender el propósito del alma humana, se fue acercando al estudio de la Cábala, una cosmovisión que nace del misticismo judío, y que presenta “un mapa para la búsqueda del sentido de la vida”.
De ahí en más, ese fue su norte. Actualmente Sabán tiene publicados cerca de 30 libros de diversos temas, dicta conferencias y cursos, y fundó su propia escuela de Cábala online.

—Un día decidiste dejar de hacer cosas que no estuvieran alineadas con tu alma, y encontraste tu lugar en el misticismo judío. ¿Fue un proceso?
—Cuando comencé a estudiar Cábala y a ver cómo funciona el alma y el universo, al principio me costaba entender. Mi mente estaba muy separada de mis sentimientos y no tenía un profesor ni un maestro. Hubiera sido beneficioso, pero no lo encontré, así que mi camino fue autodidacta. La gran revolución que tuvo en mí, es que lo práctico y lo teórico empezó a estar totalmente mezclado. Además encontré un enfoque superador que aquel de la psicología tradicional sobre temas existenciales, y una espiritualidad que no me obligaba a ser religioso.
—Esta separación entre religión y espiritualidad, ¿es uno de los motivos por los cuales esta cosmovisión se está popularizando?
—Las religiones quedaron muy acotadas. Hace veinte años que empecé a impartir clases, y habré tenido uno o dos alumnos judíos. El 99% eran cristianos o ateos, algunos musulmanes. Los alumnos quieren escuchar sobre el alma, sobre el aumento del nivel de consciencia. El religioso siempre está más preocupado por su forma exterior: si: si vas o no a misa, en qué crees… hay una falta muy grande de libertad de pensamiento. Cada alma tiene su camino, y en la Cábala no hay ninguna regla. Los cabalistas dicen que hay que hacerse preguntas hasta llegar al límite del razonamiento. Es decir, alguien nunca llega a ser sabio, sino aprendiz de sabio. En clase estimulamos las preguntas, es la parte que más me gusta; ver por dónde viene cada alma, qué luz trae y qué plantea.
—“Dios no es la respuesta sino las preguntas”, has dicho alguna vez.
—La Cábala es muy extraña, con tantas preguntas parece agnosticismo. La clave es que no son axiomas de creencia, son de experiencia. Para nosotros, Dios es un infinito de energías, y no es que existe porque creemos, o porque me lo dijo mi papá, el pastor o el rabino, sino que entendemos que si las cosas se mueven, es porque opera la energía en el universo; lo vemos y lo sentimos dentro nuestro, desde la experiencia. Dios es la energía que se está moviendo. Es toda la información que se encuentra dentro de la matriz.
—Cuando hablás de “toda la información”, ¿incluye el mal y las atrocidades que suceden en el mundo?
—En la Cábala, hay dos tipos de mal. El que mencionás, matar por matar, el sadismo, las atrocidades, las guerras, es el mal absoluto, amalek, que es la desconexión de la consciencia. Es un nivel de profundidad del mal muy grande, es destruir al otro por la mera destrucción, algo que lamentablemente podemos ver en muchísimos países. La guerra no tiene nada de bondadoso, ni de romántico, ni de nada. Es un desastre. Ahora la pregunta es, ¿por qué pasa esto? Desde el punto de vista de esta cosmovisión, existe esta desconexión porque se pierde el sentido profundo de qué es la vida.
—Hablás mucho de la importancia de encontrar el sentido de porqué estamos acá…
—Es que lo necesitamos. La búsqueda del sentido es tan problemática en el ser humano, que si no lo encuentra en lo positivo, lo tiene que encontrar en lo negativo, y no fuimos educados para encontrarlo en lo positivo. Cuando una persona se levanta a la mañana y solamente come, bebe y no sabe por qué vive, estamos ante una situación de camino hacia el mal. Por ese motivo, es o amalek o espiritualidad.

—¿Todos podemos encontrar el sentido de nuestra vida?
—Todos lo podemos encontrar. Si tienes un autoconocimiento muy profundo de ti, al final te encuentras. Hay un tip que me gusta mucho y es que cuando sientas que estás perdiendo el tiempo en algo, ese no es el sentido de tu vida, porque lo que estás haciendo, no tiene que ver con tu alma. Y estás tirando la energía. Es una toma de consciencia sobre dónde pongo mi tiempo disponible. Mientras más te rodees de gente que no tiene el sentido de su vida, más arrastrada estarás a situaciones de pérdida de tiempo. Por ese motivo, es bueno aprender a decir que no. El problema también está en que el sistema del materialismo, de la búsqueda de la satisfacción en la materia, si bien es muy bueno en un montón de cosas, llegó a su límite.
—¿Podrías ampliar esto último?
—Todos queremos una buena vida a nivel material. Desde la visión cabalística no criticamos eso, sino que ese sea el único fin, cuando en realidad es un medio. Hay un sistema donde la materia es buena, es interesante, te hace vivir bien. Pero ahí no encontrás la respuesta. Cuando llegas a un buen nivel de vida, lo que tienes que hacer es ir hacia adentro, no seguir conquistando el afuera. Ese cambio de chip mucha gente no lo hace, se pasa toda la vida juntando materia para terminar en el cementerio. Por otra parte, la mente racional, cuando busca una zona de seguridad, se mete en lo teológico o en las ideologías, pero el alma no puede ser sofocada por la teología. En el Árbol de la Vida que estudiamos, la Logia, que es la mente racional, está en frente de la Sofía, la mente intuitiva, la sabiduría. Hay que unirlas. La mente racional tiende a cerrar los sistemas. La pregunta es: ¿por qué tanta gente queda en ese encierro?
—¿Porque da una sensación de falsa seguridad?
—Eso, primero. Pero hay una segunda cosa que opera con mucha fuerza, que es la fidelidad emocional a la tribu, a una identidad ligada a la familia. Si perteneces, por ejemplo, a una familia católica, es muy difícil a nivel emocional decirle a tu familia que te volviste budista o protestante. Es como una traición. La fidelidad está por este miedo al exilio familiar, al rechazo, como una zona de seguridad mental. El miedo de la mirada ajena no libera.
—¿Estudiar Cábala es una manera de ir hacia adentro?
—Te da mapas, pero es tu voluntad la de ir hacia adentro. Es como un GPS del alma, después decides si lo usas o si sigues tu instinto de conducción; solo que con el mapa, vas a ir más rápido.
—Peter Cole, poeta y estudioso de la Cábala, ha dicho que puede ser peligroso ahondar en esta cosmovisión por el poder que nos otorga…
—Hasta la propia luz te puede enceguecer y eso es peligroso. Hay que tener mucha humildad, trabajarse mucho, porque cuando aumenta el nivel de consciencia, también son más fuertes los desafíos. Lo que hay que reconocer es que la fuerza no es mía, es cosmogónica. Yo no soy Mario Sabán. Soy lo que la matriz me puso adentro y tengo que desarrollar eso todo lo que pueda. El día que diga ‘no es la matriz, sino que soy yo mismo’, se terminó todo.

—“Todo crecimiento personal tiene que ser un crecimiento cosmogónico”, has señalado.
—Claro, la energía que cada uno de nosotros tenemos, ¿dónde la vamos a situar? Lo que entendí, es que no puedo perder un segundo de mi existencia en hablar de otros ni en envidiar a nadie, porque tengo que enfocarme en lo bueno que tiene mi alma. ¿Qué puedo sacar de ella? ¿Cuál es mi proyecto? La única forma de dar luz a los demás, es desarrollar la propia primero. Con los años aprendí que mientras más fuerza tiene, más puedo iluminar afuera, sin evangelizar a nadie. Cada uno tiene su propia luz, y si está enfocado, empieza a ocuparse de cosas que tienen que ver con su proyecto hacia la construcción de una humanidad mejor.
—Considerás a Jesús como uno de los grandes cabalistas, ¿por qué?
—Yo lo llamo Yoshua, su nombre original. Tiene unas enseñanzas realmente impresionantes. Empezando por el hecho de que no quería fundar ningún cristianismo, ninguna religión. Nació, vivió y murió como judío y no se enteró de todo lo que se creó luego a partir de él. Sus enseñanzas están dentro de la mística judía de la Cábala. Te voy a dar un solo ejemplo: Mateo 6:6: “Si quieres orar, enciérrate en tu habitación y órale al Padre en lo secreto que tu Padre te escuchará”. No dice ir a misa, ni a la sinagoga, ni a la mezquita; dice: “Ora al Padre en lo secreto”, conéctate con la matriz en forma directa. Era un místico de alto nivel que había trabajado muchísimo en su interioridad y elevado su consciencia. Probablemente en su época nadie lo entendió.
—En una entrevista, mencionaste que la espiritualidad va a avanzar en la esfera personal del hombre moderno, luego en la económica y, eventualmente, en la política. ¿Podrías contarme sobre eso?
—La gente está cansada del enfrentamiento constante, donde el malo siempre es el otro. Hoy en la política a nivel mundial no hay liderazgo, hay confrontación. Nos falta mucha humildad. Un líder bueno fue Nelson Mandela, que podría haber hecho una persecución contra los blancos, que habían sido sus opresores, pero buscó la reconciliación. La política actual es de trincheras, la idea es destruir al otro. Es una especie de inquisición en términos políticos. “Si no estás conmigo, estás contra mí”. Eso no nos lleva a ninguna parte.
—¿Necesitamos un liderazgo más cercano a la dimensión espiritual?
—Es una fase de la humanidad muy interesante, donde vamos a tener que intervenir desde esta dimensión mucho más que antes, en la construcción, en la unión de las diferencias. En Cabalá decimos que hay dos debates: el debate por el ego y el debate por los cielos. El primero es “te voy a ganar o vos me vas a ganar a mí”. En el segundo, no está esa pretensión; debatimos para ver qué podemos construir mejor entre las partes, como una sinergia. Hoy la injusticia y la pobreza son un tema de decisión política, por ejemplo. Entonces, esperemos que con el tiempo la espiritualidad vaya llegando a la economía y a la política. Yo soy muy positivo, estoy casi convencido de que sí.
¿YA TENÉS CUENTA? INICIÁ SESIÓN
Porque siempre puede despuntar una nueva primavera en nuestra vida, una invitación a plantar todas esas semillas que nos permitirán transformarnos para florecer.
Una conversación sobre cómo la conciencia de finitud puede ayudarnos a transitar nuestros días sintiendo que honramos nuestro paso por la vida.
Hay heridas antiguas que pesan cada día e impiden vivir en plenitud. Especialistas coinciden en que es posible transformar ese dolor para andar más livianos.
Necesitás registrarte para disfrutar contenidos en audio
REGISTRARME¿YA TENÉS CUENTA? INICIÁ SESIÓN
muy buena reflexion. gracias
Maravillosa entrevista 💚 gracias 😊