26 de mayo de 2025
Impecable en su traje oscuro, el médico Mario Alonso Puig se somete a la sesión fotográfica con serenidad. Camina tranquilo por el parque y eleva la mirada a las copas de los árboles. Se entrega a la cámara con una sonrisa. A su visita a Buenos Aires, adonde llegó para presentar su libro El camino del despertar (Planeta, 2025), le sigue un intenso periplo por distintos países de América, pero antes debe volver a casa, España. Acepta sin quejas el trajín que le espera, quizás porque está acostumbrado a subir y bajar de aviones con frecuencia: después de más de dos décadas especializado en cirugía general y del aparato digestivo, hizo un viraje en su carrera y se abocó a escribir y viajar por el mundo dando conferencias. Formado en medicina mente-cuerpo en Harvard y en técnicas como mindfulness, hoy está dedicado a difundir conceptos de salud con una mirada del ser humano que lo contempla en sus dimensiones física, mental y espiritual.
Ese timonazo en su carrera fue una de las vueltas de su propio Camino del héroe, el relato mítico acuñado así por el mitólogo Joseph Campbell para describir el recorrido de toda vida a la que el propio Puig acude en su libro para hablar de la transformación. “El Camino del héroe nunca es un viaje lineal, es una espiral en ascenso y dura toda la vida. Yo he recorrido algunas y hay otras que todavía no he recorrido. Una de las espirales que sí he recorrido es el pasar desde una mente muy racional, propia de un cirujano y de un investigador, a una mente más abierta para intentar explorar determinados aspectos profundos de la psique humana y de la conexión entre lo mental y lo fisiológico. Y he tenido que pasar por mis momentos de enorme desafío, de enorme vértigo, como cuando dejé la cirugía después de 26 años para dedicarme plenamente a esto”, dice en entrevista con Sophia.
Seguido por más de tres millones de usuarios en Instagram y autor de doce libros, a sus 70 años Puig también es un divulgador activo en redes, desde donde aborda temas que incluyen las neurociencias o la salud digestiva, hasta los aspectos psicoemocionales de las personas. Su abordaje siembre es integral, por eso a la hora de compartir un diagnóstico de la sociedad actual, incluye aspectos que trascienden lo puramente orgánico o biológico: “Yo creo que es una sociedad bastante enferma, por dos razones. La primera, por una profunda deshumanización. Se ha perdido mucho el vínculo, la conexión real; hay información, estamos conectados a través de las tecnologías, pero ¿cuánto de esa conexión es realmente un vínculo emocional? Y por otro lado, hay una pérdida de la espiritualidad, entendida como esa conexión con lo sagrado, con el misterio, con el universo, como cada uno lo quiera llamar, que es parte inherente de la dimensión humana. Lo sepa o no, el ser humano siempre está en un viaje espiritual para alcanzar su plenitud, descubrir su verdadera esencia y entender su verdadero linaje. Y cuando una sociedad olvida la dimensión espiritual, enferma”.
–¿Cuál sería la prescripción general para un individuo inserto en esta sociedad?
–Pues serían cosas muy sencillas y altamente efectivas que mejoran la salud física, la salud mental y el estado de ánimo. Tenemos que aumentar la cantidad de fibra de la dieta a unos 50 gramos diarios; hay personas que no consumen ni cinco gramos al día. Otro aspecto importante es el descanso: se sabe que el sueño es clave en la salud, no solo física, sino mental. En tercer lugar, el ejercicio físico. Hemos caído en un nivel de sedentarismo brutal. Por otro lado, tiene mucha importancia la gratitud, salir de la queja. Todos vamos a encontrar motivos para quejarnos, pero si miramos un poquito más, también veremos motivos para agradecer. Pues, entonces: agradecer tres cosas antes de acostarte y agradecer tres cosas cuando te has levantado.
–¿Qué otras cosas incluye su prescripción?
–Paseos por la naturaleza. Basta pasear por un parque, ver los árboles; te quedas embelesado viendo los pajarillos, los rayos del sol, y algo cambia en tu interior. Otra cosa muy importante es que hagas algo por los demás, que dentro de tus actividades diarias consideres que los demás pueden beneficiarse por un gesto tuyo sencillo, una sonrisa, una palabra de ánimo, un ratito de conversación, un momento de escucha, compartir un libro. También ayuda muchísimo la meditación, se ha demostrado en montones de estudios, que ayuda a calmar la mente y a mejorar la salud del cuerpo. Para las personas creyentes, no necesariamente en una determinada religión establecida, sino en que hay algo que nos trasciende, en un misterio, la oración tiene un enorme impacto, así como la colaboración en proyectos que sean ilusionantes.
–¿Por qué no vamos hacia ahí más fluidamente?
–Es sencillo, pero no es simple, porque nuestra sociedad, que tiene cosas excepcionales, tiene otras que no funcionan. Y desde mi punto de vista, eso se debe a que le hemos dado mucho más peso al tener que al ser. Entonces, cuando uno se obsesiona con tener y se olvida de ser, pues lógicamente algo en su interior tiene que sufrir. Nos hemos convertido en una sociedad en exceso materialista, en exceso cortoplacista, en exceso limitante. En nuestra mentalidad, no creemos nada más que en aquello que la ciencia nos dice que es verdad. Y al resto –ese espíritu explorador, esa capacidad de dejarnos sorprender, asombrar, incluso sobrecoger– nos cerramos. Eso se nota, porque el ser humano no es una máquina.
–¿Qué cree que necesitamos hoy los seres humanos?
–El ser humano necesita tener experiencias de encuentro, de silencio, de asombro y también, a veces quedarse quieto sin hacer nada para dejarse sorprender. Hoy las personas viven más de 80 años y sin embargo da la sensación de que nos falta tiempo. ¿No es un poco sorprendente esto? Quizá no tenemos claras nuestras prioridades. Quizás somos un poquito como la ratita que va en el molinillo y no se para a pensar y a reflexionar, a leer, a encontrarse con el silencio, con los demás, a estar plenamente presente en un sitio. Sabemos que, cuando se aplican estas cosas, hay un antes y un después en sus vidas. Imaginemos un paciente y que yo solamente me intereso por el órgano enfermo. ¿Es verdad que tiene un órgano enfermo? Sí, pero ¿es verdad que esa persona enferma solo puede ser entendida desde su órgano enfermo? No, hay cosas sobre la vida de esa persona, sobre el sentir de esa persona, que también importan en la curación de la enfermedad. No es lo uno o lo otro, es lo uno y lo otro. Claro que es importante el avance científico, técnico, ¿cómo no? Pero no es lo único importante. Si en el camino nos olvidamos de la conexión humana, ¿cómo podemos decir que somos una sociedad sana?

–En el libro El camino del despertar habla de la transformación y propone hacerlo tomando como referencia el mito del Viaje del héroe. ¿Por qué elige ese mito para hablar del tema?
–Los mitos han formado parte de nuestra historia y buscaban transmitir una serie de conceptos profundos que iban más allá de lo que la mente analítica era capaz de entender. El mito del Viaje del héroe es el resultado de la investigación que hizo Joseph Campbell, quien pasó toda su vida estudiando la transformación de seres humanos, hombres y mujeres de Oriente y Occidente, y fue viendo qué era aquello que había conseguido que estos seres humanos, muchos personas muy sencillas, pudieran haber llegado a ser personas relevantes en la evolución de la humanidad. Todas compartían el mismo tipo de tránsito vital. Me parece una metáfora bonita que podemos utilizar hoy de una manera actualizada, práctica, útil y personalizada, para que cualquier lector del Camino de despertar se sienta como ese ser que, en lugar de hacer un viaje hacia afuera, hace un viaje hacia adentro, un poco reflejando lo que decía el gran escritor francés Marcel Proust: “El verdadero acto del descubrimiento no es salir a buscar nuevas tierras, sino que es aprender a ver la vieja tierra con nuevos ojos”.
–Entonces, ¿a qué apunta su libro?
–El libro quiere que el lector, la lectora, se contemplen desde una nueva perspectiva para que vean lo que no están viendo. Cuando uno ve lo que no está viendo, puede hacer lo que no está haciendo.
–En una conferencia del BBVA usted relata cómo accedió al diagnóstico de un paciente al que no le daban en la tecla con el tratamiento, en un proceso en el cual usted “vio” algo de una manera poco usual.
–Ese fue un paciente que recibí en urgencias cuando estaba de guardia como cirujano. Al examinarlo, el diagnóstico tanto clínico como radiológico decía que se trataba de una diverticulitis. Pero como ese paciente no acababa de mejorar a pesar de la medicación, yo tenía la sensación de que había algo que se estaba escapando, pero realmente no entraba ningún otro posible diagnóstico. Entonces, en ese momento, como tenía esta sensación un poco rara, me metí en unos de los cuartos del hospital y me induje a mí mismo un estado de meditación profunda. Y en ese estado, me hice constantemente una pregunta: “¿Qué hay aquí que se me está escapando? Tuve que superar la mente lógica y racional que te dice “no se te escapa nada” y seguí haciéndome la pregunta hasta que llegó un momento en el que, en una especie de silencio muy profundo, me apareció súbitamente la imagen de una apendicitis. Esto es realmente extraño, porque las apendicitis ocurren en la fosa ilíaca derecha. No es imposible que haya una apendicitis en el lado izquierdo, pero es tan raro que es casi imposible que un cirujano lo vea en su vida profesional. Pero yo lo vi con tal claridad que fui al paciente y a su sobrina, enfermera, y les dije: “Tengo que abrir”. Abrí y efectivamente era una apendicitis. La cirugía fue muy bien.
–¿De dónde viene esa información que a usted se le reveló durante un estado de meditación profunda?
–Hay distintas explicaciones. La primera es que viene de un conocimiento y una experiencia acumulada que tienes y que te has olvidado que tienes. Pero cuando te abres a la posibilidad de dejarte asesorar por ese conocimiento oculto, puede surgir. Y a mí me ha sucedido. Luego, hay otra explicación para otro tipo de experiencias que no se pueden entender desde el conocimiento acumulado de una persona. La persona que mejor lo ha identificado fue el médico suizo Carl Gustav Jung, quien hablaba del inconsciente colectivo. Él decía que el saber de la humanidad, lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra evolución como especie, está en un espacio, llamémosle X, y que en ese espacio están todas las cosas que hemos ido aprendiendo. Y que una persona, como si fuera una antena, puede conectar con eso y serle revelada una información que en ese momento no puede atribuir a su propia experiencia, pero sí al saber acumulado.
–¿Cuál es la disposición para acceder a ese conocimiento?
–Primero, es necesario abrirte a que eso es posible, a que no es un absurdo. En segundo lugar, tomar una postura interesada, curiosa y humilde. En tercer lugar, abrirte al silencio. No puedes conectar con el inconsciente si tienes ruido mental. El inconsciente entra en el silencio. Por eso la práctica meditativa te genera experiencias tan profundas, tanto de recursos dormidos que tienes en el inconsciente como a la hora de darte cuenta de defectos o de pequeños traumas que tienes pero que no sabes que los tienes, pero que están influyendo en tu vida. No es nada fácil acceder al inconsciente si uno es prepotente, si cree que lo que ve es lo único que hay, si ha perdido la capacidad de explorar con interés y curiosidad, o sencillamente si considera que el silencio es el vacío y que allí no hay nada.
–Pareciera que cada vez hay más preocupación en las familias por la salud mental de los adolescentes. ¿Qué puede decir al respecto?
–Es una preocupación muy lógica de entender porque efectivamente se están viendo situaciones verdaderamente tristes. Yo animaría, primero, a abrir un espacio de conversación. No es bueno ocultar estas cosas, hay que hablar de ellas para solucionarlas. El ser humano necesita dos cosas: amar y sentirse amado, y muchas veces los adolescentes se van cerrando porque no se sienten entendidos, simplemente se ven juzgados. Por otra parte, tenemos que entender que las redes sociales se pueden utilizar para transmitir contenidos de valor y también para hacer daño. Los gobiernos tienen que estar atentos a esto. Hay países en los que se ha prohibido el uso de móviles en los colegios, tanto en las clases como en los recreos, porque los niños dejan de socializar. Hay una verdadera adicción. Los niños tienen que jugar, tienen que entender que la vida es ilusionante, han de sentirse valiosos, queridos. No es nada satisfactorio que entren en el aislamiento, en la soledad. Y yo creo que si nos lo tomamos entre todos como una prioridad, se pueden evitar muchísimas situaciones de profundo sufrimiento. Luego, por otra parte, hay que ayudar a los profesores en las escuelas, que a veces se sienten enormemente solos, amenazados, con una carga de responsabilidad tremenda y un alto nivel de tensión. Creo que a las cosas tenemos que intentar abordarlas con paz, con serenidad y con la confianza de que se pueden solucionar.
–Me gustaría preguntarle cuáles son las señales de esperanza que usted ve.
–Bueno, yo veo muchísimas señales de esperanza, hay una poesía de un autor libanés que dice “En todo invierno que soporta el corazón, hay una primavera a punto de despertar y detrás de la noche más oscura está la promesa de un precioso amanecer”. Yo creo que está habiendo un despertar de la consciencia. Cada vez más personas están buscando soluciones, en una vuelta al humanismo y una vuelta a la dimensión espiritual, una dimensión que abraza a todo el mundo y no rechaza a nadie. Hay muchas personas que entienden que solo un aumento del nivel de consciencia va a poder hacer frente con éxito a los desafíos a los que nos enfrentamos. Por tanto, tengo una gran esperanza en este sentido. Reconocer la existencia de una enfermedad no implica no creer en una curación.
–¿A que se refiere cuando hablamos de ampliar la consciencia?
–Ampliar la conciencia quiere decir tener la capacidad de ver en profundidad, de ver en anchura y de ver en alcance. Ver en profundidad quiere decir que tú estás viendo más allá de lo aparente. Imaginemos una persona enfadada. ¿Qué hay detrás del enfado? ¿Qué le ha pasado? No nació enfadada. Está enfadada. Eso es ver en profundidad. Si me quedo con la apariencia, no le voy a poder ayudar. La mirada ancha quiere decir entender el contexto de una persona, su cultura. No pretender que la cultura de esa persona sea igual a la tuya. Hay cosas en determinadas culturas que tienen un impacto que no tienen en la propia. Y en tercer lugar, mirada con alcance, es preguntarse: “¿Hacia dónde nos lleva esto?”. Una ampliación de conciencia es sencillamente ver lo que no estás viendo para poder decidir lo que no puedes decidir.
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Bellísima nota! Súper interesante las preguntas y sus respuestas. Muchas Gracias a ambos