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Artes

22 julio, 2016

Marianela Núñez: «Nada es un sacrificio si hacés lo que amás»

La argentina, que es primera bailarina del Royal Ballet de Londres, está en el país y habló con Sophia de sus sueños, sus miedos y lo que significa la danza para ella. Como desde hace tres años, ofreció una gala a beneficio en su ciudad natal, San Martín. Mañana dará una función en el Teatro Coliseo y en septiembre actuará como artista invitada en el Teatro Colón.


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Marianela, en Giselle, durante la gala a beneficio en San Martín.

A esta hora, las cuatro y media de la tarde de un viernes feriado, frío, víspera de una fecha patria en Argentina, todo en el estadio de handball del club Sociedad Alemana de Gimnasia de Villa Ballester empieza a estar listo para el evento que acogerá al día siguiente. No será, como es habitual allí, un encuentro deportivo. Esta vez, el club se prepara, como el año pasado, y como el anterior, para recibir a una figura destacadísima de la danza internacional. Allí están los técnicos probando sonido, colocando luces, colgando carteles. Están los bailarines de un ballet folclórico ensayando en el escenario. Están los plomos moviendo parlantes y pegando gigantografías. Y está, también, detrás de un camarín armado con telas negras, Marianela Núñez.

–Yo, a mí, ¡a mí me iban a hacer una nota!, grita detrás de las telas la primera bailarina del Royal Ballet de Londres, al escuchar que alguien en el pasillo pregunta por ella para entrevistarla.

Podría estar paseando en algunas de las ciudades cercanas a su residencia desde hace casi 20 años, Londres, o podría estar disfrutando de las bondades del verano europeo, o podría, si quisiera, estar haciendo una larga sobremesa de viernes feriado con su familia, en este rincón del conurbano bonaerense. Después de todo, estas son sus vacaciones, luego de una temporada intensa  de funciones en el Royal Opera House de Covent Garden. Pero no.

Marianela Núñez, a esta hora, las cuatro y media de la tarde de un viernes feriado, víspera de una fecha patria en Argentina, se venda los dedos de los pies mientras espera su turno para el ensayo general de la gala solidaria a beneficio de un hogar de niños que protagonizará, al día siguiente, en el club de San Martín, el barrio donde nació, creció y pisó por primera vez una escuela de danzas.

Al momento del encuentro, Marianela acababa de llegar de Japón, y antes había estado en Australia y en Viena. Desde su llegada al país, a comienzos de julio, hasta ahora, ya se presentó en varias salas del interior. Mañana lo hará en  el Teatro Coliseo de la Ciudad de Buenos Aires, luego hará lo mismo en Mar del Plata, y en septiembre ya tiene agendadas funciones  en el Teatro Colón.

–¿Imaginabas que ibas a tener esta vida?

–No, aunque la quise siempre, desde chiquita. Y aunque uno trabaja para que los sueños se hagan realidad, nunca se sabe. Cuando me ascendieron a primera bailarina [en el Royal Ballet], ya estaba súper feliz, pero años tras año se empezaron a abrir más y más las puertas y me empezaron a pasar todas estas cosas increíbles.

–Y ahora que llevás varios años de esta vida de viajes y presentaciones en los teatros más importantes del mundo, ¿estás naturalizada en ella?

–¡Súper! Es más, me da miedo pensar… –se interrumpe–. Porque esta no es una carrera muy larga, y cuando a veces me preguntan… –vuelve a interrumpirse–. Va a ser todo un tema, porque es quién soy y amo. Amo lo que hago, pero amo con pasión.

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«Emocional, fluida, musical y luminosa», la describió el diario The New York Times.

En el camarín hecho de telas negras de Marianela hay un perchero con el vestuario que usará para el segundo acto de Giselle; hay un sillón; un espejo de pie; una mesa ratona con jugo de naranja, saquitos de té y otras infusiones; bandejas con ensaladas; galletitas. Marianela, maquillada, con su rodete ajustado e impecable, vestida con un enterito térmico y en pantuflas para mantener sus pies calientes, pide permiso para prepararse un mate cocido. Mientras lo toma conversa, y mientras conversa, siempre sentada en el piso alfombrado, estira una pierna, la otra, se sienta sobre una pantorrilla, sobre la otra y se estira, se estira, se estira.

A Marianela Núñez la recibió dos veces la Reina Isabel de Inglaterra. Y dicen que, después de dar una función, pasan a saludarla entre bambalinas figuras como el director de cine Tim Burton, el príncipe Carlos y su esposa, el actor Jude Law y el futbolista David Beckham, entre otros. Su cosecha de galardones incluye el de Mejor Bailarina 2005 y 2012 por el Círculo de Críticos de la Danza y el Laurence Olivier 2013 por su interpretación en Viscera y en roles creados para ella en las obras Aeternum y Diana and Actaeon. “Su danza –fácil de amar para sus fans, y gratificante para los críticos– es emocional, fluida, musical y luminosa. Y ella combina liviandad y peso en formas fascinantes”, publicó en una reseña el diario New York Times, que tituló: “Marianela Núñez encanta como Cindererlla con American Ballet”.  Su prestigio es enormemente proporcional a su agenda de compromisos, sin embargo, como ahora, se hace un lugar para ofrecer un espectáculo por el que no cobra ni un peso.

–Ya es tu tercera gala solidaria en San Martín. ¿Qué te mueve a hacerlo?
–Acá es donde empezó todo. Mis primeros pasitos de danza los di acá. Y mi primera maestra siempre dijo: “Tenemos que hacer algo acá”. Dos años atrás hicimos el primer show, el proyecto y la idea fueron creciendo, y poder brindar un espectáculo así es para compartir lo que yo hago pero también para promover la cultura y que la gente tenga acceso al arte, porque, ¿qué haríamos en el mundo sin arte?

–Podrías no hacerlo…

–Sí, pero, ¿por qué no? ¿Quién diría que no?

–¿Qué te da a vos una actividad de este tipo?
–Estoy haciendo lo que amo. No es: “Ok, tengo que hacer esto”. No, yo también la paso bárbaro ahí arriba, así que funciona para todos.

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En Giselle, Marianela actuó con su pareja, Alejandro Parente (izquierda).

Marianela pisó por primera vez una clase de ballet a los tres años. A los ocho empezó a estudiar danzas en el Instituto de Arte del Teatro Colón y a los 14 se sumó al cuerpo de baile de esa compañía porteña. Maximiliano Guerra la eligió como su pareja de baile para girar con su compañía. Fue Guerra quien, según ella misma suele contar en notas periodísticas, la hizo ser consciente de su talento descomunal y quien la incentivó a probarse en compañías extranjeras. Durante una gira del Royal Ballet en Nueva York, Marianela viajó con su madre, audicionó durante una semana, y quedó. En 1997, todavía con 14 años, dejó la Argentina, viajó a Inglaterra y entró a la Royal Ballet School. Un año más tarde, ingresó al cuerpo estable de la compañía inglesa, uno de los elencos de mayor excelencia y prestigio del mundo en lo que a la danza respecta. No tardó más de dos años en ser ascendida a primera solista y otros dos en recibir el mayor ascenso posible, el de primera bailarina.

–¿Qué implica ser primera bailarina del Royal?

–En Londres ya va a hacer ya 20 años que estoy. Así que, es una vida. Es un estilo de vida, y es una vida muy particular. Empiezo mi día nueve y media de la mañana y termino los ensayos seis y media de la tarde. Y después tengo el espectáculo a la noche. Hay veces que entro al teatro a las nueve de la mañana y salgo a las once de la noche.

Hace más de 15 años, Marianela interpreta los roles protagónicos de las obras. Con el Royal Ballet participa de unas sesenta funciones por año, a las que se le suman unas treinta que surgen de  invitaciones de otras compañías. Noventa espectáculos por año. Noventa.

Hay mitos o fantasías en torno al ballet. Uno de ellos es que es una vida muy sacrificada. ¿Vos lo viviste así?

–No. Vos dirás “Dios mío, otra vez dice lo mismo”, pero cuando vos amás algo, no te importa nada, ¿no?  Nunca lo viví como un sacrificio, para nada. Desde chiquita mis papás por ahí me decían: “¿No estás cansada? ¿Por qué no te quedás en casa?”. ¿En casa? Nooo. Yo iba, hacía mi clase. Pasé vacaciones de verano haciendo cursos, mi mamá me dejaba a las diez y media en el estudio de danza y hasta las seis y media de la tarde no volvía a mi casa. Me fui de mi país, dejé a mi familia con 14 años… Y yo feliz. Estaba siguiendo mis sueños, nada es un sacrificio si realmente hacés lo que amás.

Dónde podés verla

Antes de viajar a Chile, Marianela Núñez se presentará el 23 de julio con el espectáculo “Marianela Nuñez y sus invitados” en el Teatro Coliseo de Buenos Aires y el 25 de julio, con el mismo espectáculo, en el Teatro Radio City de Mar del Plata. Además, este año los argentinos podrán verla en el Teatro Colón, donde actuará el 11, 13, 14, 15 y 16 de septiembre. Bailará como artista invitada en Onieguin, con coreografía de John Cranko y música de Chaikovski.

–Pero aún cuando se ama mucho, también se sufre.

–Lloré, lloraba todos los días cuando llegué a Londres, una ciudad que no conocía. Yo era la única mujer de cuatro hermanos, mi familia me mimaba, mi mamá me llevaba de un lado para el otro, me cocinaba, me lavaba la ropa, tenía mis 80 Barbies en mi pieza. Vida de princesa, tenía acá. Y de repente, llegué a un lugar, en el año 97, con 14 años. Mi mamá se quedó conmigo una semana y después se fue. Yo me quedé viviendo en una escuela con internado. No hablaba una gotita de inglés, lo tuve que ir aprendiendo, tuve que abrir una cuenta de banco, algo que no había hecho jamás, y lo tuve que hacer en otro idioma. Cosas así, que realmente me hicieron madurar de golpe. Lloré mucho. Pero tengo una familia increíble que estuvo ahí constantemente y no me dejó aflojar. Me acostumbré a todo, Londres hoy es mi lugar en el mundo y el Royal Ballet es mi familia. Y tengo mi familia acá [en Argentina], que la extraño muchísimo, pero ellos están súper orgullosos de que yo haya logrado lo que siempre quise, y yo también. Soy muy agradecida de la vida que tengo.

–¿A quién le agradecés?
–A Dios, mucho a mi familia. Tuve suerte de que se cruzara en mi camino gente increíble –dice con la voz entrecortada de emoción–, maestros, directores, bailarines. La lista de gente que me ayudó es interminable.

­ –¿Qué te causa tanta emoción?

–Me acuerdo, me acuerdo de todas las ganas, y de repente veo esto. Y llegué a ser primera bailarina del Royal Ballet, una compañía que me respeta mucho. Es el sueño del pibe, realmente logré todo eso y sola una no lo puede hacer, ni a palos. Mi novio [Alejandro Parente, primer bailarín del Teatro Colón] está constantemente apoyándome.

–¿Tenés fantasías en torno a lo que venga después de la danza? ¿Incursionarías en la actuación, por ejemplo?

–¿Sabes que no? Me gustaría mucho estudiar y en algún momento dirigir una compañía de ballet. Ya dos periodistas me dijeron lo mismo: “Te daría todo para que te vuelques a la actuación”. Sería genial, pero hay tanta gente que se forma años para eso que –se interrumpe–… Igualmente uno empieza a pensar en el futuro y a preparar el famoso “plan B”, que seguramente va a tener que ser algo relacionado con la danza. No creo que pueda dejar esto nunca completamente.

Por: Carolina Cattaneo. Fotos: Gentileza Municipalidad de San Martín.

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Amor en escena. Marianela y su pareja, Alejandro Parente, emocionan arriba del escenario.

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