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Artes

13 abril, 2022

María Luisa Bemberg, 100 años de una artista que buscó la libertad en la creación

Se cumple el centenario del nacimiento de la gran directora de cine, pionera en los movimientos feministas del país y figura clave en la pantalla grande argentina. Aunque partió hace más de 25 años, conocer su legado es una forma de homenaje y un viaje que será, para quien se atreva a transitarlo, transformador.


Por Carolina Cattaneo

Para su padre fue Abrojito, para sus hijos, simplemente “mamá”, para parte de la crítica, “La Bemberg”, para el entorno social, “la señora de Miguens”, para sus nietos, el cariñoso Malú. Distintos apodos, distintas formas de llamar a una mujer que se atrevió a una existencia en sus múltiples posibilidades y a expandir los límites de una vida predestinada por la cuna, por el género y por los mandatos de época. Nacida un 14 de abril de 1922 en el seno de una de las familias más poderosas de la Argentina y más ricas del mundo, María Luisa Bemberg fue muchas cosas, pero sobre todo, valiente.

De ser educada por 22 institutrices y sin haber pasado jamás por la escuela, a ser una intelectual comprometida con los derechos de las mujeres. De ser criada para convertirse en una “accomplished young wife”, como solía decir en inglés para referirse a que fue formada para convertirse en una buena madre y esposa, a ser ex esposa y señora de nadie cuando la institución del divorcio aún no existía en la legislación nacional. De no tener una formación académica específica a lanzarse a dirigir –a los 58 años– largometrajes que acabaron entre los nominados a los premios Oscar de la Academia estadounidense, cuando el cine todavía era domino exclusivo de los varones. De haber crecido, como mencionaba, en una “jaula de oro”, a ser una pionera del feminismo en el país en circunstancias riesgosas para todo tipo de activismos, militancias y protestas. Mucho más, tal vez, se podría decir de una mujer que allí por donde pisó –en sus últimos años, vistiendo austeros conjuntos de pantalones y zapatillas– dejó huellas trascendentes.  

Ir tras los pasos de la directora de Camila (1984) es seguir también el rastro de una de la fundadoras de la primera agrupación feminista del país, la Unión Feminista Argentina (1970) y, a cien años de su nacimiento, no es solo un homenaje a una referente social, cultural y política de la Argentina del siglo XX, también puede ser una aventura rica en ideas, anécdotas, miradas, sucesos históricos, estéticas, arrojos, éxitos, soledades, sinsabores y, siempre y finalmente, reivindicaciones.

Sus propios cortos y películas, agrupados en la página web marialuisabemberg.com, una función del documental sobre su vida y obra, una visita al Museo Nacional de Bellas Artes, un recorrido por la muestra retrospectiva del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken o la lectura de un libro que reúne varias voces, ayudarán a hilvanar las piezas de una vida que, si bien se apagó un domingo 7 de mayo de 1995 a causa de una cáncer terminal, sigue siendo un faro de admiración e inspiración.

A la izquierda, la cineasta francesa Agnès Varda. A su lado, M.L. Bemberg. En el documental de Alejandro Maci, se escucha decir a Bemberg que «La felicidad» (1965), de Varda, fue el primer film dirigido por una mujer que ella vio.

Un eco que no se apaga

Tras algunas funciones privadas para la familia y los amigos, para la prensa, para un grupo selecto de personas relacionadas al cine y al teatro y para lectoras y lectores de Revista Sophia, hoy se estrena en el circuito comercial de cine el documental El eco de mi voz, dirigido por Alejandro Maci. Con escenas y audios inéditos, con imágenes de archivo y con el testimonio de figuras como las actrices Graciela Borges y Susú Pecoraro, protagonistas de los filmes de Bemberg; de Lita Stantic, productora de cinco de sus seis películas; y del propio director del documental, la obra de Maci muestra con rigurosidad cronológica el recorrido por el séptimo arte que siguió Bemberg, desde que empezó a trabajar como guionista, con Crónica de una señora (1971) y Triángulo de cuatro (1975), luego como directora de cortos, con las obras de denuncia El mundo de la mujer (1972) y Juguetes (1978), y finalmente, como directora de los largometrajes Momentos (1981), Señora de nadie (1982), Camila (1984), Miss Mary (1986), Yo, la peor de todas (1990) y De eso no se habla (1993).

María Luisa y el productor Oscar Kramer conversan en el set de De eso no se habla.

“Me parece muy importante poner en el centro de la escena una obra de enorme valor narrativo, estético, actoral, un universo muy particular en el que confluye un contenido ideológico de enorme vigencia”, dice por teléfono Alejandro Maci, el hombre que, en sus veintipocos años y tras haberse fascinado después de ver Miss Mary y haber leído en el diario que la directora iba a filmar una versión de Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe, el ensayo de Octavio Paz sobre la vida de la monja y poetisa del siglo XVII, se acercó a la ya consagrada directora argentina, pidió ser entrevistado por ella y, finalmente, fue seleccionado para trabajar a su lado como meritorio de dirección. Así empezó entre el joven Alejandro y la madura María Luisa una relación laboral que iba a durar diez años. Ese vínculo fue la fuente de donde manaron largas charlas sobre el cine, la vida, el arte o la filosofía que hoy le dan cuerpo sonoro al documental y hacen sentir cerca la presencia de la figura que retrata.

“Medio siglo atrás, con una obra cinematográfica de altísimo valor artístico, María Luisa Bemberg colocó ideas de una vanguardia tremebunda que ocupan la primera plana de los medios hoy, 2022, siglo en el que ella no vivió y en que la situación de la mujer varió y está variando”, agrega el realizador, que dio sus primeros pasos en el mundo del cine de la mano de una mujer que, con hijos adultos y seis nietos (llegaría a tener 13), se arrojó con pasión, compromiso y un mensaje fuerte a la creación cinematográfica, no sin pagar un precio alto por llegar a una edad madura, por ser mujer, por ser declaradamente feminista y por pertenecer a un sector social acomodado

“Pienso que ha tenido una vida muy sufrida, muy sufrida –dice Alejandro Maci–. Como si por pertenecer a una clase altamente opulenta, no hubiera habido sufrimiento, y es mentira. En un sentido, tenía todas las posibilidades, pero ni la sociedad, ni la familia, ni el medio al que pertenecía, incluso ni el cine, le permitían eso. Incluso cuando ya estaba muy enferma y charlábamos, apareció un compendio sobre cine argentino donde aparecía tal director, tal director, tal otro: Leonardo Favio, Pino Solanas, Luis Puenzo, y un capítulo aparte dedicado al cine de mujeres, y ella aparecía ahí. Trinaba de odio. ‘Yo soy también un director de cine’, decía, y usaba el masculino. ‘¿Por qué me colocan en ese lugar como una rara avis dentro de la dirección? ¿Cuál es el problema?’. ‘¿Tengo que morirme para que me acepten?’”, parafrasea hoy quien fue aprendiz de la directora y la recuerda como una persona de una generosidad intelectual y afectiva enormes, con quien además de extensas conversaciones, iba al cine, viajaba o analizaba decorados. 

La directora argentina y el actor italiano Marcello Mastroianni, juntos en una pausa durante el rodaje de De eso no se habla.

Dónde ver El eco de mi voz: desde el 14 de abril en las salas Gaumont, Atlas Patio Bullrich, Cinépolis Recoleta, Showcase Norte y Cabildo Multiplex.

“Siempre queda la imagen de María Luisa dura, porque para armarse profesionalmente se tuvo que solidificar, empezó grande y sentía el peso de no haber tenido 30 años de trayectoria o 20 años de experiencia, pero también porque le llovían una golpiza de obstáculos y de críticas, entonces se tuvo que hacer dura. Pero en la intimidad, era una persona dulce y encantadora, yo he llorado de risa con María Luisa, tenía un gran sentido del humor y un gran sentido de la ironía”, dice de la realizadora que eligió para todos los protagónicos de sus películas a personajes femeninos que, en soledad, con coraje, irreverencia, valentía y arrojo, y lejos de los estereotipos, se animaban a romper moldes, transgredir mandatos y enfrentarse a poderes rígidos y enquistados de la sociedad patriarcal como el gobierno, la iglesia o la familia.

La exquisita coleccionista

“Ey, acá hay una novedad”, le decía con complicidad Alejandro Maci a María Luisa cada vez que él llegaba a la casa de la directora y veía un cuadro nuevo. Entonces, con simpatía, ella le contestaba: “No, vino de visita unos días a ver si nos hacemos amigos o no”. Al cabo de esos días, cuenta el director de cine, si él volvía a la casa para seguir con la rutina laboral y aquella novedad ya no estaba, le preguntaba: “¿Qué pasó?”, y ella le contestaba: “No nos hicimos amigos”.

En sus múltiples capas, María Luisa Bemberg fue también una exquisita coleccionista de arte. Como amante de la pintura, fue dueña de un acervo pictórico de gran valor y obras de grandes artistas la acompañaron colgadas de las paredes que conformaron la escenografía cotidiana de su propia vida. Hoy, algunos de los ejemplares que atesoró habitan un espacio del Museo Nacional de Bellas Artes. Integrada por veintisiete obras de maestros rioplatenses, Bemberg donó la colección en 1995 a la institución y, a instancias de sus hijos Luisa, Carlos, Cristina y Diego Miguens, se exhibe en la sala 27 del museo, que lleva por nombre, el nombre de María Luisa Bemberg. Allí, una gran escultura de la argentina Alicia Penalba es flanqueada por seis pinturas de Pedro Figari, dos de Joaquín Torres García, ocho de Rafael Barradas, cuatro de Emilio Pettoruti y seis de Xul Solar.

La sala María Luisa Bemberg del Museo Nacional de Bellas artes reúne 27 obras de maestros rioplatenses.

En su colección hay nombres, situaciones, personajes y firmas locales: ese sentido de pertenencia se traduce también en escenas y paisajes de sus películas, donde el campo argentino o la costa uruguaya, por caso, son el hábitat de los personajes y las tramas en la obra de una mujer que, aunque nació en Argentina, vivió durante muchos años en el exterior.

Dónde y cuándo visitar la colección María Luisa Bemberg del Museo Nacional de Bellas Artes: de martes a viernes de 11 a 20 y sábados y domingos de 10 a 20, en Av. del Libertador 1473, CABA. La entrada es gratis y requiere reserva previa.

“A María Luisa le importaba mucho su lugar, a María Luisa le importaban mucho las mujeres argentinas, le importaba mucho el cine argentino, y por eso también tenía una colección de artistas rioplatense. Ella tenía un cuadro de Alfred Sisley que le regaló el padre y lo donó también al Museo, era un gran cuadro francés valiosísimo y ella decía: ‘Yo no lo tengo que tener, esto tiene que ser para todos’. Tenía un concepto social muy interesante, pensaba mucho en la comunidad”, dice Alejandro Maci.  

Fragmentos de vida y obra

María del Carmen Vieites era una joven bibliotecaria en el Museo del Cine de la ciudad de Buenos Aires cuando conoció en persona a una de sus directoras favoritas. “Por esa especie de conciencia que María Luisa tenía de la trascendencia de las cosas, nos donó toda la escenografía y vestuario de Camila y de Yo, la peor de todas, y a propósito de esa donación, armamos una muestra”, recuerda en una charla telefónica quien por estos días, como curadora del Museo, selecciona elementos y ultima los detalles de una retrospectiva de la directora que incluirá piezas de vestuario y utilería de sus películas, así como otros elementos que facilitó la familia.

El vestido de Camila, encarnada por Susú Pecoraro, instantes antes del fusilamiento. El trajecito que vistió Julie Christie en la piel de la institutriz inglesa Miss Mary. La sotana del padre Ladislado, interpretado por Imanol Arias. Los escenarios austeros por los que caminaba la Sor Juana de Asssumpta Serna. Estos elementos hablan de los prestigiosos elencos con estrellas del cine nacional e internacional que supo convocar María Luisa Bemberg para sus filmes, pero no solo de eso: también, de una búsqueda estética constante y exigente que, en la opinión de Vieites, se consagra con su anteúltima película sobre la vida de la religiosa mexicana. “A mí Sor Juana me hace acordar a Caravaggio. Yo digo que por esa educación informal que recibió María Luisa, y también por haber visitado muchos museos del mundo, incorporó un montón de cosas del arte plástico. Se nota hasta en los encuadres, y en algo que siempre hizo y que habla de su preocupación estética: contratar a los directores de fotografía más importantes, argentinos y españoles. Siempre se rodeó de un equipo técnico importante y no se puede soslayar la actividad de Lita, esa dupla fue muy positiva. Formaron un tándem interesante”, opina.

Sin fecha ni título definido aún, prevista para ser inaugurada a fines de mayo, la muestra incluirá también piezas como viñetas de humor de revistas y diarios que Bemberg recortaba y apartaba, como ejemplos del trato que recibían las mujeres en los medios, cartas de puño y letra o borradores de algunas de sus conferencias.

“Cuanto más hurgo entre sus declaraciones, más noto una coherencia de fierro, desde el primero hasta el último reportaje repite algunas constantes que la definen como autora”, dice María del Carmen Vieites. “Una es la mirada femenina, la otra son algunas posiciones que tiene frente a la maternidad, al adulterio, a la independencia y sobre todo a la libertad, siempre está buscando la libertad de elegir”.

Cuando visitar la muestra retrospectiva del Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken: a fines de mayo en Caffarena 51, CABA. 

De frases, anécdotas y perfiles

Que viajó a Francia para entrevistar y conocer personalmente a Simone de Beauvoir, voz referente del movimiento feminista europeo. Que pasó un tiempo en un kibutz de Israel para investigar personalmente vidas alternativas que liberasen a la mujer de la tutela económica de los varones. Que dijo frases como “La sociedad actual necesita una reforma, pero solo beneficiará a la mujer en la medida en que ella participe de esa reforma”. Que se manifestó en el Congreso de la Nación para exigir una ley de Patria Potestad compartida. Que tradujo la obra de militantes feministas norteamericanas. Que propuso una reivindicación de las diferencias, como quedó plasmado en De eso no se habla. Que fue de las primeras en poner en evidencia el esfuerzo del trabajo doméstico, siempre en manos de mujeres. Que fue heredera de la Cervecería Quilmes. Que recibió cartas intimidatorias que le reprochaban la forma en que presentaba y criticaba a la clase alta en Miss Mary, la película que, sin ser del todo autobiográfica, es la que más se alimenta de material personal para la creación de sus personajes, diálogos y trama. Que debió sortear la censura de la dictadura militar de la Argentina de los 70 y que, sin pedir permiso a esa misma dictadura, se lanzó al público con la irreverente y provocadora Camila

El libro El asombro y la audacia, el cine de María Luisa Bemberg, compilado por Julia Kratje y Marcela Visconti, incluye estos y otros datos que ayudan a completar la figura y la trayectoria de la directora. Publicado para la edición del Festival de cine de Mar del Plata 2020, que además coincidió con los 25 años del fallecimiento de la realizadora, está compuesto por secciones que aproximan relatos, recuerdos y reflexiones “para presentar algunas dimensiones de la directora, de su trabajo, de sus ideas”. “Amigas, cineastas, compañeras de trabajo, de militancia, cinéfilas, feministas, investigadoras, escritoras, críticas y artistas evocan su labor, cuentan anécdotas de trayectos compartidos y piensan las repercusiones de sus películas en un presente agitado por reivindicaciones y rescates de figuras pioneras y de perspectivas desdeñadas por el canon cinematográfico”.

El libro el asombro y la audacia y el documental El eco de mi voz, dos obras que, en distintos formatos, permiten adentrarse en el universo Bemberg.

Un perfil minucioso de la periodista Leila Guerriero, entrevistas a Lita Stantic o a Graciela Dufau, o textos de la vestuarista Graciela Galán, de la directora de la Asociación Cultural La Mujer y el Cine Annamaria Muchnik o de las directoras Lucrecia Martel o Celina Murga conforman, entre otros, un material único que permite acercarnos de distintas maneras y en sus múltiples aristas a la gran directora argentina, una artista que firmó su obra con un fuerte y claro mensaje feminista, pero que lo trascendió, hablando en sus películas de cuestiones tan universalmente humanas como el amor, la soledad y la libertad.

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