Sophia - Despliega el Alma

Reflexiones

17 mayo, 2022

Maestros felinos

¿Pensás que los gatos pueden enseñarnos algunas cosas? De ser así, ¿cuáles serían? En esta columna, su autor (un confeso amante de estos animales) nos explica por qué no debemos perder ocasión de observarlos y tomar nota de su forma de estar en el mundo.


Los gatos nos enseñan que hay otra forma de vivir nuestra vida. Foto: Pixabay

Por Sergio Sinay

A los gatos se los ama, se les teme o se los odia. También se les tiene alergia. No hay términos medios. Pocos animales, o ninguno, son tan cercanos a nosotros los humanos, y al mismo tiempo tan misteriosos. Lo cierto es que fuese cual fuere la actitud que tengamos ante ellos, los gatos tienen mucho para decirnos (sin palabras) acerca de la vida, de su sentido, de la muerte, del amor, de la felicidad y de la incertidumbre. Esto queda claramente expuesto en Filosofía felina, un breve, sustancioso y profundo libro de John Gray, cuya lectura, así como la reflexión acerca de su contenido, es enfáticamente recomendable en tiempos de ansiedad, angustia, temores, inseguridad y desorientación existencial como los que vivimos.

Gray (inglés, nacido en 1948), es filósofo y sociólogo y se trata de uno de los pensadores más filosos, lúcidos, originales e implacables que reflexionan sobre el mundo de hoy y sobre cómo lo habitamos. Es profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Oxford, y de Pensamiento Europeo en la London School of Economics, además de autor de una veintena de obras que destilan estimulante inteligencia y continuos desafíos a pensar para vivir. Entre ellas se cuentan La Comisión para la inmortalización (la ciencia y la extraña cruzada para burlar a la muerte), El silencio de los animales (sobre el progreso y otros mitos modernos), El alma de las marionetas (un breve estudio sobre la libertad del ser humano), Al Qaeda y lo que significa ser moderno, Siete tipos de ateísmo y, el más reciente, el nombrado Filosofía felina, una obra deliciosa y reveladora, escrita, además, con pasión y belleza.

No ser los que somos

Gray es un incondicional amante de los gatos (como también lo es el autor de esta columna) y convive con ellos desde siempre. De hecho, cuatro felinos (uno de veintitrés años) lo acompañaron durante la escritura del libro. De la observación y descripción de sus conductas parte este pensador para adentrarse en temas esenciales de la vida. Una de las mayores causas de infelicidad, si no la mayor, es, de acuerdo con Gray, la pretensión de los seres humanos de vivir una vida diferente de la que viven y de ser diferentes de como son. Creemos que seríamos felices si algunas de esas dos cosas fueran posibles y no nos resignamos al hecho evidente de que no lo son. Vivimos la vida que vivimos y somos quienes somos. Pero nos empeñamos con ansiedad, angustia y desesperación en cambiar, haciéndonos la ilusión de que si lo logramos seremos felices. Hacemos cursos, experimentamos terapias, vamos a talleres, nos embarcamos en dietas, nos sometemos a cirugías, buscamos gurúes que nos den recetas de felicidad, autoconocimiento y vida sana y es obvio que nada de eso funciona, porque de lo contrario no seguirían apareciendo recetas, dietas, fórmulas y gurúes que, por un rato, traen el secreto de la felicidad.

Gray recuerda al filósofo, teólogo y matemático francés Blaise Pascal (1623-1662), quien decía que los seres humanos somos infelices debido a nuestra incapacidad de permanecer quietos y tranquilos en una habitación. Lo que hay detrás de esa angustia existencial es la conciencia de la finitud y la inútil pretensión de escapar de esta. En cambio los gatos, sostiene Gray, “no viven su vida sabiendo que tiene un final. El ser humano es perfectamente consciente y, por tanto, ansioso. A nosotros nos preocupa la muerte, a los gatos no, esa es la diferencia fundamental”. Cuando los gatos perciben que van a morir, simplemente se preparan para ello. “La mente felina es una e indivisa. El dolor se sufre en el momento y cuando pasa se olvida y regresa la alegría de vivir. Los gatos, afirma el pensador, no necesitan examinar sus vidas, porque no dudan de que vivir valga la pena”.

Hace 12 mil años, se cuenta en el libro, que los gatos aparecieron en nuestra vida, cosa que ocurrió en una región de Oriente formada hoy por Turquía, Irak e Israel. A diferencia de otros animales y mascotas nunca fueron modificados por intervención humana. Tampoco cambiaron para complacer a los humanos, se mantuvieron siempre idénticos a sí mismos. No fueron domesticados por los humanos, afirma Gray, sino que ocurrió al revés. Ellos nos domesticaron. Es decir, nos condujeron a aceptarlos tal como son y esa fue, desde siempre, una cláusula innegociable de la convivencia.

«Ellos nos domesticaron. Es decir, nos condujeron a aceptarlos tal como son y esa fue, desde siempre, una cláusula innegociable de la convivencia. Pero también residen allí una gran enseñanza sobre el amor. El amor es aceptación del otro, de su naturaleza, de su autonomía. El amor es mutua elección de dos seres que no se exigen ser otros para ser amados ni le piden a nadie que cambie para amarlo».

Pero también reside allí una gran enseñanza sobre el amor. El amor es aceptación del otro, de su naturaleza, de su autonomía. El amor es mutua elección de dos seres que no se exigen ser otros para ser amados ni le piden a nadie que cambie para amarlo. Cuando un gato está con nosotros, cuando se sube a nuestro regazo y ronronea con nuestra caricia, es porque nos quiere y porque en ese momento es lo que le hace sentir bien. Y si en otro momento no lo acepta o se aleja no es porque dejó de querernos, sino porque no está para eso. No compra afecto, no lo negocia. De manera que su cariño hacia nosotros, como el nuestro hacia él (o ella, nuestra gata) está siempre libre de la sumisión y la dependencia. Algo que los gatos nos enseñan y los humanos no siempre aprendemos respecto de nuestras relaciones amorosas.

El filósofo y sociólogo John Gray sostiene que el ser humano no domesticó al gato, sino que fue al revés.

Una vida sin excusas

Cuando un gato tiene hambre, come (o busca alimento), cuando tiene sueño duerme, cuando tiene sed bebe. Vive en el aquí y ahora puro y esencial, sin una angustia interior, dice Gray, que lo obligue a una constante actividad para llenar vacíos. Vive su naturaleza, mientras nosotros derrochamos mucha energía y tiempo en violentar la nuestra, en cambiar lo que somos, en no aceptarnos. Es posible, arriesga John Gray, que el odio a los gatos por parte de quienes les tienen tirria provenga de que ven en estos animales una autonomía, una serenidad y una felicidad que ellos no logran. “Dominadas por el miedo, escribe, castigadas por privaciones sexuales y llenas de una rabia que no se atreven a expresar, esas personas no pueden evitar que una criatura que vive afirmándose todo el tiempo las saque de quicio”. Los gatos son felices, concluye, porque no viven preocupados por alcanzar la felicidad. Y mientras los humanos podemos matar o morir por cuestiones absurdas, los gatos están ajenos a semejante cuestión. Viven lo que les ofrece la vida, sin inventarse relatos, excusas o ilusiones para llenar un vacío o remediar la insatisfacción vital.

Los gatos, con su conducta y naturaleza, pueden guiarnos a reflexionar sobre cuestiones como la moral, el sentido, el propósito, la razón de ser de la filosofía y muchas más, como se comprueba en el libro de Gray. Pero rescatemos dos de esos temas. Pueden enseñarnos a ejercer la contemplación. Es decir, a mirar el mundo como es, sin interpretarlo, ni forzarlo a confirmar un relato. Y pueden enseñarnos que el sentido de la vida está en vivir, está en este minuto que transcurre ahora, y que la eternidad consiste en ver la vida sin ansiedad. Quien convive con un gato, decimos a coro con John Gray, vive con un maestro que no se propone serlo, lo cual lo confirma como tal.

ETIQUETAS amor felicidad filosofía reflexiones sabiduría

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

No está conectado a MailChimp. Deberá introducir una clave válida de la API de MailChimp.

Comentarios ()

Más de Reflexiones

¿Quieres ser Alain Delon?

“Envejecer apesta y no podés hacer nada al respecto”, dijo recientemente el actor francés Alain Delon. En su reflexión de hoy, Sergio Sinay desmenuza el enorme peso que tiene esa frase para ayudarnos a buscar otras miradas (y otras respuestas) para la vejez.

La guerra, la sombra y nuestras sombras

¿Y si ese enemigo que hemos construido afuera no es más que un reflejo de aquello que negamos en nuestra propia alma? Sergio Sinay nos propone una tarea integradora: abrazar nuestras sombras, firmar la paz con nosotros mismos.

Guerra en Ucrania: ¿pesadilla interminable o...

La autora de esta columna de opinión, traductora y escritora austríaca de 81 años, vivió y padeció en su propia piel el drama de la Segunda Guerra Mundial. Hoy ve con tristeza lo que ocurre en el mundo y se pregunta si seremos capaces de comprender que a la libertad y a la paz la construimos entre todos.