15 de octubre de 2024
Aquella frase célebre de Groucho Marx que sugería “estos son mis principios, pero si no te gustan, tengo otros”, podría caberle a los mandatos. Como roles y estereotipos que fueron transmitidos de una generación a la siguiente, los mandatos ofrecieron pautas sobre aquello que se consideraba deseable según el prisma heredado por las mujeres que nos precedieron. Aún hoy seguimos sintiéndonos tiroteadas con ideas transmitidas por las mayores de la familia con cuestiones como la búsqueda de la pareja, la consecución de la maternidad, la organización del hogar, el rol en casa, el aspecto físico. Sin embargo, esos conceptos fueron puestos en jaque y en algunos casos, derrumbados en los espacios de debate público. Emergieron ciertos permisos que comenzamos a otorgarnos a partir de los debates de género y la reestructuración del ser mamá en este nuevo siglo.
Sin embargo, para quienes ven con deleite a aquellos viejos mandatos por el suelo, siguiendo a Groucho, ahora tenemos otros. Rocío Ramos Paul es psicóloga y una celebridad en España. Ha conducido por años “Super Nani”, un programa que ha acompañado a las madres a criar. “La libertad es difícil ―relata―. Nos implica atravesar muchos puentes. Primero conocernos. Escarbar muy dentro de nosotras para hallar nuestra voz. Dejarla que emerja y suene alto. Lo suficiente como para escucharla sin interferencias. Luego implica descubrir las herencias que acogemos para concientizar elecciones”.
Coincide Silvia Alava Sordo, psicóloga especializada en crianza y maternidad consultada por Sophia. “Las madres de hoy están más amigadas con su rol ―afirma―. Son más abiertas a buscar información y a cuestionarla. También aceptan un tránsito de maternidad más real, imperfecta y menos rígida. Aceptan que es posible cambiar, incluso con sus diferentes hijos. Son más flexibles, lo que les permite sentir menos culpa”. Pero más allá de este tiempo más fresco, emergen nuevos desafíos, que Lucía Galán, conocida en redes sociales como Lucía Mi pediatra, enarbola en sus libros y sus presentaciones: “Criamos, en promedio, más solas que en el pasado, aún cuando muchos hombres en el caso de las parejas heterosexuales, comienzan a sumarse al día a día de sus hijos, la tribu ha desaparecido. Las abuelas están activas con agendas propias o viven lejos. Toda la ayuda, cuando se necesita, termina siendo un recurso pago y no todas las madres están en condiciones de abordarla. Estamos tan consumidos por el trabajo que aún las tías escasean”.
Camila R. es mamá de un bebé de 1 año y medio. Tuvo a su peque pasado los 40. En su experiencia, coincide con Galán: “Al convertirme en mamá tuve la sensación frecuente y sostenida de no saber hacer, de no tener herramientas. En gran medida, creo que tiene que ver con la vida que llevamos. En las ciudades ya no vivimos en comunidad y yo no vi a otras mamás criar de cerca. Con familia pequeña, e individuos más atomizados y absorbidos por el trabajo, no compartí largas horas con tías, primas o amigas criando, de quienes aprender y copiar. Creo que en el pasado, las familias vivían más comunitariamente, y las mujeres podían aprender de otras, tanto en sus aciertos como en sus errores. Yo me encontré sin modelos para las cosas más elementales, como preparar mamaderas, bañar a mi bebé, cambiar pañales o atender una fiebre”.

El Imperial College de Londres viene realizando un seguimiento de los procesos de maternidad y sus preocupaciones desde los años 90. Lleva relevadas las experiencias de más de 7 mil madres en el Reino Unido. Según su último informe, el 77% de las entrevistadas confirmaron que reciben más información de las que pueden absorber y el 68% se mostró preocupada por la incongruencia en las tendencias de lo que leen. María Velazco es médica y psiquiatra, se dedica a acompañar procesos de crianza y a los niños en su crecimiento. Para ella “pasamos de la importancia del colecho a los riesgos de muerte súbita cuando los adultos comparten la cama con sus bebés. Endiosamos la leche de fórmula, y a la vez la lactancia materna. Para las primerizas, sobre todo, está siendo muy difícil poder encontrar su voz interior que equilibre la información que reciben y pondere qué efectivamente resuena para la propia familia, para su hijo y para sí mismas”. Leticia G. es mamá de tres adolescentes y también se siente apabullada por los saberes que andan dando vueltas. “Cuando los niños crecen pasan muchas cosas en casa ―explica―. En mi caso, por ejemplo, esta etapa me encuentra atravesando la menopausia, con lo que coinciden dos eventos bastante transformadores en la vida de todos. Hay tantos especialistas que se han convertido en voceros de cuán independientes y a qué edad deben serlo o de cómo proceder con el consumo de alcohol. Las dos campanas son igual de fuertes en todos los temas que te enredan los argumentos. ¿Cómo sabés qué es lo que está bien? De alguna manera siempre pienso que haga lo que haga, me estoy equivocando”.
«Estos son los mandatos de la modernidad ―afirma Ramos Paul―. De pronto tenemos un evangelio de cada micro tema de la crianza para cualquier edad, en la mayoría de los casos con varias versiones contrapuestas y considerando solo las opiniones de los especialistas en cada cuestión. Redes sociales, libros, podcasts, cursos, talleres online… estamos rodeados de información. Por un lado para nuestras abuelas faltaba mucho conocimiento científico, pero a nosotros nos excede. Es tanto que apaga nuestra voz interior”.
Velazco implora por tratar de acallar un rato el exterior para escucharnos. “Si logramos tomar distancia de todo lo que se dice, si intentamos relocalizar nuestro sentido común, si nos hacemos de un entorno reducido de confianza ―el pediatra, el médico personal, una amiga cercana o alguna mujer mayor de la familia con cierto criterio―, bastará para tener un parámetro general. Aun así, cada mamá tiene que aprender a escucharse, a comprender a su hijo. Si hay algo de calma y silencio externo es posible entender casi con facilidad qué es lo mejor para tu casa, tu familia, tu crianza”. «La maternidad es, en muchísimos casos, una cuestión de autoaprendizaje”, sentencia Galán.

Camila R. cree que ser mamá más tarde brinda ciertas ventajas en cuanto a las preguntas en torno a la realización personal. “Yo ya hice gran parte de lo que anhelaba ―dice―. Me quedan pocas cuentas pendientes. Ya no voy atrás de inmensos desafíos profesionales, me interesan otras cosas. Tengo más claro qué es lo importante para mí en este tiempo. Y esta es una ventaja. Pero así como soy una mamá más grande, las abuelas de la familia también, y ya no están en condiciones de cuidar un bebé. Eso nos deja más solas para criar”. “El silencio del pasado en temas de maternidad ―explica Alava Sordo― que involucraba una mirada romántica del rol, era un modo de soledad, porque no se trata de cuánta gente tenés alrededor. En cambio, la oportunidad que tenemos hoy de cuestionarnos la crianza, de poner en debate el modo de hacer las cosas, de hablar descarnadamente de lo que nos descoloca como madres, nos acerca a nuestras pares. En ellas puede haber una tribu no familiar”.
El Instituto Europeo de Igualdad de Género publicó una investigación que revela que alrededor del 91% de las mujeres con hijos dedican al menos una hora al día a las tareas domésticas, en comparación con el 30% de los hombres con descendencia. En el Reino Unido las mujeres realizan 36 horas de tareas domésticas por semana, nueve horas más que los hombres. La revista Archives of Women’s Mental Health publicó un estudio realizado por la Universidad del Sur de California que pone de manifiesto que las madres son responsables de alrededor del 73% de todo el trabajo cognitivo del hogar. Darby Saxbe, profesora de psicología y una de las responsables de la investigación, señala: “Este concepto de carga mental es un nuevo paradigma de la maternidad. Luego de batallar por poner en evidencia la disparidad en el manejo de las tareas hogareñas y de que muchas parejas intentaran equilibrarlas, lo que revelan las nuevas investigaciones es que aunque operativamente puedan estar dividiéndose diferente los quehaceres, quien carga con la responsabilidad, sigue siendo la mujer”.
Leticia G. asegura que allí hay un desafío en casa. Con hijos que empiezan a ser independientes y un padre partícipe activo en la crianza, aún es ella la que gerencia la vida del hogar. “Mi marido puede llevarlos al médico, pero yo le debo listar lo que debe preguntar. El hace las compras, pero me mensajea desde el supermercado para preguntarme si esa es la marca de leche que compramos”. “Delegar ―indica Velazco― es desentenderse. Pero este arquetipo aún está en camino de modificarse”.
Los desafíos de las mamás de hoy cubren, además, nuevos paradigmas. “Desde poder elegir libremente el modo de maternar ―sigue Ramos Paul―, a ir en contra de las tendencias. En ocasiones, por ejemplo, una mujer que elige sólo dedicarse a la crianza de sus hijos, suele ser juzgada negativamente, como si los modelos hubieran dado una vuelta de campana”. “Nos falta aceptarnos en libertad. Bajo las propias elecciones”, aporta Velazco.
Camila R. pispea su futuro y reconoce que vendrán etapas de nuevos miedos. “Seguramente yo tendré temores que mi mamá no tuvo conmigo ―explica―. Existen muchas amenazas con las que no hubo que lidiar en el pasado. Seguramente enfrentaban otras, pero no las que nos tocan hoy”. En ello engloba desde los estímulos consumistas a los peligros que conllevan las redes sociales, desde el efecto que producen las pantallas a la multiplicación de la oferta de comida chatarra y alimentos ultraprocesados.
“La falta de tiempo, las horas que los chicos deben pasar solos o con personal contratado para acompañarlos, la desconexión emocional que implica verse poco, el acceso desmedido al mundo que permite la tecnología para niños y adolescentes, las dificultades para transmitir valores en familias nucleares con ausencia o escasa presencia de otros adultos fuera de los padres, la revalorización del autocuidado y las expectativas desmedidas que ofrecen supuestos modelos ideales son algunos de los retos modernos que enfrentan las madres de hoy ―añade Ramos Paul―. Nunca como ahora el proceso de crianza ha sido tan dinámico. Ser mamá es una construcción que renace ante cada nuevo hijo”.
En medio de esta vorágine, se nos impone la necesidad de recalcular. No dar nada por sentado. No escuchar a ciegas ni repetir historias sólo por seguir a otras. Amigarnos con las colegas de crianza del entorno y hacer equipo incluso en la divergencia. Estar atentas, pero entrenando el instinto. Aprender a tripular confiando en nuestro propio poder. Nadie más que una misma tiene la ruta de su maternidad.
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Hermosa nota. Gracias siempre
Gracias! me trajo, como eco, la expresión de María Calvo: «Nada te prepara para ser madre, pero ser madre te prepara para todo».
Me encantó el artículo. Resueno con la construcción de la maternidad. En este mundo posmoderno atravesado por el ruido digital, la soledad y la creencia, que a veces se pregona en redes sociales, de la exitencia de verdades absolutas sobre crianza elijo quedarme con esta frase «Nadie más que una misma tiene la ruta de su maternidad.»
Aprendemos a ser madres con las historias que nos atraviesan, la realidad que vivimos y el derecho que tenemos a elegir de qué manera queremos maternar.
Pido permiso para utilizar este artículo como recurso para mi taller de orientación a padres.