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Vivir bien

29 julio, 2019

“Lo más importante para una persona mayor es tener algo por lo que levantarse de la cama”

Los humanos vivimos cada vez más años, aunque eso no siempre es sinónimo de calidad de vida. ¿Seremos capaces de ser una sociedad inclusiva, que no margine a los adultos mayores? De todo eso hablamos con Inés Castro Almeyra y Marina della Paolera, dos emprendedoras que crearon una plataforma online con experiencias dedicadas a quienes transitan la tercera etapa de la vida.


Foto: Pexels.

Por: Carolina Cattaneo

A los 75 años, Nelson Mandela y Pepe Mujica asumieron la presidencia de sus respectivos países. A los 78, Salvador Dalí realizó su último dibujo. A los 81, Alice Munro publicó Mi vida querida y al año siguiente le dieron el Premio Nobel de Literatura. A los 89, Clint Eastwood sigue dirigiendo películas. Son casos públicos, pero no son casos excepcionales: ser viejo no es necesariamente sinónimo de falta de entusiasmo, de vitalidad o de sueños, también es el arribo a un tiempo nuevo al que llegamos con maletas cargadas de sabiduría, con menos ansiedad y más seguridades.

Convencidas de que más limitante que los años son los prejuicios, los estereotipos y los mitos, Inés Castro Almeyra -43 años, politóloga-, y Marina della Paolera -arquitecta, 32-, lanzaron a comienzos de 2019 Nau Experiencias, una plataforma online en la que ofrecen distintos tipos de experiencias para personas de más de 50. Talleres de literatura, encuentros de charlas para practicar un idioma, caminatas o clases de baile son algunas de las propuestas. Quienes coordinan esas actividades, profesionales o especialistas, comparten la idea de que la última etapa de la vida puede ser tan emocionante como la primera. “A las personas mayores les gusta bailar, viajar, compartir lecturas, hacer deportes, hacer voluntariado, arreglarse para salir”, dice Inés.

La plataforma no excluye a personas de otras edades: sus fundadoras son conscientes de la importancia del intercambio intergeneracional y de la imperiosa necesidad de las personas mayores de brindar y compartir los aprendizajes que cosecharon en el camino de sus vidas. “Reconocerles la capacidad de dar es tan importante como el derecho que tienen a recibir -dice Inés-. Si le quitás esa posibilidad, les estás sacando algo esencial que no tiene que ver con el año en que nació”.

Fotos: Pexels.

Nau Experiencias fue el resultado de trabajar algunos años con personas mayores y de descubrir que la sociedad está llena de mitos y estereotipos en torno a la vejez. A partir de esa revelación, Inés y Marina comenzaron a ver a esa etapa de la vida sin los velos que la oscurecen. Desde allí se pararon para diseñar su proyecto: con precios accesibles y unos 400 clientes, definen a su negocio como una empresa con una misión social y fines de lucro que busca ofrecer propuestas con sentido, donde las personas mayores tengan la posibilidad de conocer gente, recrearse o retomar un proyecto postergado. Ellas mismas pueden ingresar a la página y comprar la actividad que quieren hacer. Las experiencias también fueron pensadas para convertirse en obsequios inmateriales, de manera que, quien quiera regalársela a algún familiar o amigo, también pueda hacerlo.

“Después de hacer 50 entrevistas vimos que era muy impresionante la fuerza con que aparecía la necesidad de ser mirado, de ser escuchado, de ser tenido en cuenta. Querían compartir experiencias. Nosotras preguntamos por qué, si la Ciudad de Buenos Aires estaba llena de propuestas, no asistían a ellas. Entonces vimos que mucha gente mayor no se sentía convocada. Una señora nos mostró folletos de los lugares que había por su barrio y nos preguntó: ‘¿Ustedes creen que yo puedo sentirme invitada a esto?’ Claro, lo que se mostraba en los folletos eran imágenes de chicos de 20 años”, relatan.

Durante la charla, Inés y Marina citan cifras y estadísticas que a ellas mismas las fueron sorprendiendo mientras se acercaban al tema. Que el 70 por ciento de las personas mayores son autoválidas fue una de ellas. También, que una de cada tres quiere continuar aprendiendo o hacer algo para su desarrollo personal. “Hay que deconstruir muchas ideas -dice Inés-, lo hicimos con los temas de género, podemos hacerlo con esto también”.

Foto: Pexels.

El de las personas mayores es el grupo social que más crece. Según la ONU, se prevé que en todos los países del mundo habrá un aumento sustancial de población de personas mayores de 60 años. De los 900 millones que había en 2015, la cifra saltará a unos 2000 millones en 2050.

Nunca en la historia de la humanidad las personas vivieron tanto. En la era de la velocidad, el tempo de la madurez resulta incómodo y peligrasamente invisible. Uno de los flagelos es el del maltrato: la ONU asegura que, durante 2016, el 15,7% de las personas de 60 años o más fueron sometidas a alguna forma de abuso.

Pero los datos no son todos alarmantes. También hay cifras que echan por tierra algunos de los fantasmas que se tienen sobre la ancianidad. Una investigación de 2015 hecha por el Barómetro de la Deuda Social, realizado por la Universidad Católica Argentina y la Fundación Navarro Viola, reveló que el 84,6% de los argentinos mayores de 60 años se definía como una persona feliz. Y que el 83,6% sentía paz espiritual.

“Antes, la edad cronológica estaba ligada al estado en que uno estaba. Hoy no es tan directa esa relación, no podés tomar la edad como un parámetro para decir que una persona puede o no hacer determinada cosa”, dice Marina, e Inés agrega que el mundo de las personas mayores es muy heterogéneo, que hay miles de vejeces y que es difícil dar una sola pintura. Es cierto, dicen, que hay muchísimas personas grandes que están sufriendo y pasándola mal, con deterioro físico y cognitivo y que, para ofrecerles lo que necesitan, el mundo aún no está preparado.

Deconstruir es la palabra que suena una y otra vez. Derribar mitos, borrar prejuicios. Ponerse en el lugar del otro, aseguran, es el sendero por dónde, como individuos o sociedad, deberíamos caminar para devolver a los viejos el lugar que le dieron las culturas antiguas, donde los guardines de la sabiduría eran los ancianos de la comunidad y su voz era sagrada.

La vejez es el arribo a un tiempo nuevo al que se arriba con menos ansiedad y más sabiduría. Y, si bien la edad puede ser limitante, no siempre es así y puede experimentarse como etapa rica, fructífera y apasionante. Convencidas de eso, Inés Castro Almeyra y Marina della Paolera desarrollaron una plataforma con propuestas enriquecedoras para mayores de 50.
Marina della Paolera e Inés Castro Almeyra, socias y cómplices en la misión de ofrecer propuestas enriquecedoras a personas de más de 50.

“Hay que construir una nueva sensibilidad. Se trata de tener empatía con algo que todavía no viviste. Hay un registro que puede cambiar y te puede hacer cambiar actitudes cotidianas y repensar prácticas”, dice Inés. Y Marina completa: “Hay muchas culturas que tienen mucho respeto por la vejez. Pero creo que la solución se va a dar desde un lugar más complejo que simplemente con políticas de estado. El problema es que nos cuesta proyectarnos en esa época, porque justamente esa etapa de la vida todavía no se definió como algo interesante”.

Sentadas a la mesa de un bar mientras toman una limonada, con una lluvia torrencial que empapa la vereda, muestran entusiasmo cuando hablan de las personas que asisten a sus experiencias. Ellas no quieren nada masivo, dicen. Llegan buscando un lugar donde encontrar el cobijo de lo pequeño, la calidez de lo íntimo. Aseguran que transmiten un sentimiento de libertad frente a lo que opinan otros. Lo ven, por ejemplo, en los encuentros de swing, donde hombres y mujeres llegan los domingos a las siete de la tarde, muchas veces acompañados de amigos y amigas, piden un trago y salen a la pista.

¿Podremos, alguna vez, convertirnos en una sociedad más justa e inclusiva, que mire a los ancianos a la cara sin miedos ni prejuicios? Por lo pronto, dicen las creadoras de Nau, podemos empezar por escucharlos. “Y no pensar que lo que a uno le gustaría es lo mismo que lo que les gustaría a ellos. A veces no encuentran el cómo, pero cuando les preguntás lo que quieren, ellos lo saben. Lo más importante para la calidad de vida de una persona es tener un propósito. Nada descomunal, simplemente tener algo por lo que levantarse de la cama”.

Inés tiene una anécdota. Un día, charlando con persona mayor, se impacientó porque no le terminaba de quedar claro si le interesaba hacer actividades con gente de su edad o más jóvenes. “¿Pero qué es lo que querés?”, le preguntó Inés. “Quiero estar en la vida”, le respondió la mujer.

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