«Llenos de nosotros mismos»: la invitación de Oprah para estar disponibles sin perdernos - Sophia Online

Desarrollo Personal

«Llenos de nosotros mismos»: la invitación de Oprah para estar disponibles sin perdernos

Foto: Oprah Daily

Cuando los límites, el cansancio y los mandatos nos empujan a dar más de lo que tenemos, siempre podemos ejercitar el arte de volver a nuestro propio centro.

POR Carolina Abarca Lozada

Hace poco escuché una entrevista a Oprah Winfrey en Stanford.

Una estudiante le preguntaba cómo hacía para equilibrar el cuidado de los demás con el cuidado de sí misma. Esa tensión tan conocida entre estar disponible y no desaparecer en el intento.

Oprah contó que durante mucho tiempo le incomodaba que le dijeran: “You’re so full of yourself”.

Algo así como: “Estás demasiado llena de vos misma”.

Suena a crítica. A exceso. A ego.

Pero ella decía que, con los años, empezó a escucharlo de otra manera. Que estar llena de sí misma no era un problema. Era una conquista.

Porque solo alguien lleno puede dar bien.

Me pareció una idea simple, obvia y también incómoda.

Porque muchas veces vivimos al revés: intentando dar, sostener, responder, acompañar, producir, maternar, proveer, trabajar, amar, cumplir, resolver, estar disponibles. Y recién después, si queda algo, volver a nosotros.

Pero casi nunca queda mucho.

Y cuando no queda, empezamos a funcionar desde la carencia.

Desde ahí todo se deforma un poco.

Nos molesta que el otro no sea más amable. Que no tenga mejor humor. Que no resuelva como esperamos. Que no entienda solo. Que no mande lo que necesitamos cuando lo necesitamos. Que no haga las cosas como nos gustaría que las hiciera.

A veces tenemos razón.

Pero otras veces estamos proyectando afuera una falta de cuidado propio.

No pusimos el límite.

No pedimos ayuda.

No dijimos que no.

No aclaramos lo que necesitábamos.

No reconocimos a tiempo que no podíamos más.

No hicimos lo necesario para llenar nuestro tanque.

Y entonces esperamos que el mundo compense nuestra propia desconexión.

Esto de estar disponibles “por demás” podría parecer un tema especialmente femenino, pero no lo es. Pasa tanto a mujeres como a varones. Lo que difiere, muchas veces, es el mecanismo.

Lo veo cada vez más acompañando procesos de coaching con varones: también ellos sienten culpa, también se sobreadaptan, también intentan sostener una imagen de suficiencia, de claridad, de poder, de “yo puedo solo”.

Los mandatos son distintos, pero el resultado a veces se parece: gente cansada intentando demostrar que puede con más de lo que puede.

La metáfora de la mascarilla del avión ya la conocemos: primero la tuya, después la de quien está al lado. Aun si es un niño. Especialmente si es un niño, se encargan de aclararte.

Pero una cosa es entenderlo como imagen y otra muy distinta es practicarlo cuando quien está al lado necesita mucho de vos.

Un hijo.

Una pareja.

Un equipo.

Una familia.

Un trabajo.

Una enfermedad.

Una situación de vida.

Ahí ponerse primero y “llenarse de uno mismo” no siempre se siente luminoso.

A veces se siente egoísta.

A veces se siente incómodo.

A veces genera eco de resistencia en otros.

A veces incluso despierta algo parecido a la envidia.

A veces se siente como fallarle a alguien.

Pero tal vez ese alguien no sea siempre una persona concreta.

Tal vez sea un mandato.

Una idea que tenemos en la cabeza acerca de cómo deberían ser las cosas.

Una versión aprendida de la bondad, del amor, de la entrega, de la eficiencia o de la disponibilidad.

Una idea que no es la única.

Y que no siempre es la mejor.

Y tal vez la incomodidad de poner un límite sea mucho más pequeña que la incomodidad de no ponerlo nunca.

Porque dar sostenidamente más de lo que tenemos para dar empieza por cansarnos, sigue con agotamiento y, a veces, incluso puede terminar en enfermedad.

Pero además, alrededor de ese exceso, empiezan a pasar otras cosas que no están buenas.

Nos vinculamos de formas que no nos gustan.

Tenemos reacciones que no nos representan.

Proyectamos en otros cosas que no construyen.

Habitamos escenas cotidianas en las que no nos reconocemos.

El cansancio empieza a volverse carácter.

Y hay formas de dar que terminan generando deuda, reclamo o resentimiento.

La incomodidad evitada vuelve.

Y vuelve más grande.

Brené Brown dice algo que me gusta mucho: los límites son la distancia desde la que puedo amarte y amarme al mismo tiempo.

Aplica a todo tipo de vínculo.

No son una pared.

No son castigo.

No son dureza.

Son una forma de no llegar al vínculo con lo peor de uno mismo.

Estar lleno de uno mismo no es estar encerrado en uno mismo.

Es estar en eje.

Es saber qué necesito para no convertir mi entrega en factura.

Es dejar de exigirles a los demás que hagan el trabajo que me toca hacer a mí.

Es reconocer mis límites primero frente a mí, después frente a otros, y finalmente actuar en consecuencia.

Eso me inspiró de Oprah.

No la seguridad como pose.

No el brillo de alguien que parece tenerlo todo resuelto.

Sino esa decisión de volver al propio centro y dejar de vivir reaccionando a la mirada ajena.

Quizás estar llenos de nosotros mismos sea eso: una forma más honesta de presencia.

No como gesto egoísta, sino como punto de partida.

Porque no se trata de elegir entre el otro y yo.

Se trata de no desaparecer del vínculo.

De no ofrecer una versión agotada, resentida o ausente de mí misma y llamarle amor.

Y también, creo, se trata de aprender a respetar cuando el otro intenta hacer lo mismo.

Porque reconocer los propios límites es difícil.

Pero también es difícil recibir los límites de los demás.

Cuando alguien nos dice que no puede, que no quiere, que necesita otra cosa o que hasta acá llega, muchas veces algo dentro nuestro se incomoda. Si nos agarra fuera de eje, puede aparecer rebeldía, enojo, interpretación, herida. Podemos tomarlo personal.

Pero hacerle lugar al límite del otro, sin convertirlo inmediatamente en rechazo, también es una forma de construir bienestar.

Para el vínculo.

Y para nuestra propia vida.

Quizás este tiempo de otoño, donde todo invita un poco a replegarse, pueda ser una buena oportunidad para volver a nosotros.

Para preguntarnos qué cosas realmente llenan nuestro tanque.

Qué cosas lo vacían.

Qué límites necesitamos empezar a reconocer.

Qué estamos esperando que otros nos den cuando, tal vez, el primer paso nos toca darlo a nosotros.

No para hacerlo esperando que algo afuera compense.

Sino porque es nuestro trabajo.

Después, confiando en el proceso, algo siempre se acomoda. No necesariamente como lo imaginábamos. No necesariamente de inmediato. Pero cuando uno vuelve a su eje, también cambia la manera en que se vincula, decide, pide, ofrece y espera.

La vida empieza a responder distinto cuando dejamos de pedirle a otros que hagan el trabajo que nos toca hacer a nosotros.

Pero el primer gesto no es hacia afuera.

Es hacia adentro.

Tal vez una buena pregunta para empezar pueda ser esta:

¿Qué necesito para volver a estar de mi lado?

La respuesta honesta de cada uno indicará el camino.

2 COMENTARIOS

EXCLUSIVO USUARIOS REGISTRADOSEXCLUSIVO USUARIOS REGISTRADOS

Necesitás registrarte para realizar comentarios

REGISTRARME

¿YA TENÉS CUENTA? INICIÁ SESIÓN

Te puede interesar

Cine

Close

POR María Otero

El film del director belga Lukas Dhont invita a revisar el lugar de la sensibilidad en los vínculos masculinos y el valor de la amistad.

Comunidad

«Los jóvenes no necesitamos que nos traten como un problema a resolver»

POR Violeta Lacroze

La referente de proyecto Ánkyra comparte un testimonio sobre la crisis de soledad que enfrentan los adolescentes y la necesidad de crear espacios para sanar.

Cine

Alcarràs

POR María Otero

El segundo film de la catalana Carla Simón es un bellísimo retrato sobre la vida rural en Cataluña y la importancia de los vínculos familiares.

Te puede interesar

nottt - BANNER footer_mobile -
-->
Mes de la Madre Mes de la Madre