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Libros ilustrados para adultos: una invitación a volver a soñar

La constante aparición de libros de cuentos y novelas gráficos, de autores consagrados, nos invita recuperar la fantasía perdida y a sumergirnos en mundos imaginarios donde convergen dos expresiones creativas.

Por Luz Martí

Tapas de libros atractivas con dibujos inquietantes interpelan, desde hace un tiempo, desde anaqueles, estantes y vidrieras de librerías, así como desde las extensas pilas de publicaciones en ferias literarias. Novelas o cuentos para adultos —no ya un privilegio infantil— de autores reconocidos, clásicos o contemporáneos, muchos de los cuales ya hemos leído, llevan hoy ilustraciones. Variedad de estilos, técnicas y materiales invitan a preguntarse la causa de este nuevo agregado en libros que no lo necesitan y que, sin embargo, los convierten en objetos de deseo.

En todo el mundo, la decisión de ilustrar toca distintos géneros, como el Manual muy ilustrado sobre el amamantamiento, de la francesa Caroline Guillot que, en clave profesional y simpática, explica a las madres cómo lidiar con los problemas cotidianos de la alimentación de sus bebés, pasando por libros de autoayuda o de divulgación científica dirigidos a niños pero que, a su vez, interesen a los padres. 

Esta tendencia podría explicarse de diversas maneras. Una hipótesis posible es que quienes, de adolescentes, fueron seguidores fervientes de ilustradores de cómics, gustan de recuperar las historias ilustradas cuando, con la edad, su perfil de lectura cambia. Otra, que una cultura que se ha vuelto tan visual es responsable de pedir cada vez más imágenes. En cualquier caso, uno de los poderes de la belleza es alcanzarnos de distintas maneras: texto y dibujo son dos de ellas. 

Clásicos, consagrados y ahora también ilustrados

Hace siglos existen obras de autores que han sido elegidas para ser ilustradas, desde Jean de la Lafontaine y Molière, a Alicia en el país de las maravillas, que nació acompañado por los icónicos dibujos de su autor y, más cercana, los relatos perturbadores de H.P Lovecraft, el mayor innovador del cuento de terror después de Edgar Allan Poe. Así también Conrad, Rimbaud, Doris Lessing, García Márquez o Baricco han inspirado con sus textos bellísimas ediciones ilustradas.

En un recorrido por la reciente Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, las visitas se podían encontrar con, por ejemplo, las imágenes angustiosas y delicadamente góticas de Santiago Caruso para La Condesa Sangrienta, de Alejandra Pizarnik; con las de Dear Patagonia, novela gráfica de Jorge González de texto e ilustración propios, que relata el pasado de los aborígenes patagónicos despojados de su cultura por los europeos; con las sutiles y evocadoras ilustraciones en acuarelas, tintas y aerógrafo de Luis Scafati para La Metamorfosis; con las de Duna Rolando, cargadas de dolor para La respiración cavernaria, el relato tremendo de Samanta Schweblin; con la sensación agobiante y perturbadora que transmiten los dibujos de Quique Alcatena para la obra de Lovecraft; las acertadas de la española Sonia Pulido para obras como La Campana de Cristal de Sylvia Plath y sus poéticas y más livianas ilustraciones para Caza de conejos, la obra del genial uruguayo Mario Levrero. 

La escritora argentina Mariana Enríquez está también presente en el mundo de los libros ilustrados junto a su amigo Jorge Alderete, otro argentino, pero residente en México, diseñador gráfico e ilustrador vinculado al rock y al mundo de la música. Durante la pandemia, Alderete y Enríquez jugaron a escribir, ella, textos inspirados en dibujos de él. De allí salió El año de la rata, un libro de relatos con imágenes brutales de colores vibrantes y plenos y paleta reducida al fucsia, verde, negro y blanco, indiscutiblemente emparentadas con la serigrafía y el comic, que hablan de un futuro cercano, incomprensible, casi aterrorizante, que Mariana eligió, fiel a su estilo y que Alboroto Ediciones (México) editó enseguida, junto con otra novela gráfica para inaugurar su “división” de libros ilustrados.

Crear mundos, trazo a trazo

En qué piensan cuando ilustran, cómo deciden qué obras van a ilustrar, qué pasa con una obra cuando dos universos, el de las letras y el de las imágenes, se entrelazan: de todo eso y más, respondieron algunos de los protagonistas actuales de esta tendencia.

¿Cómo se vive el desafío de ilustrar a un escritor consagrado

Quique Alcatena, ilustrador argentino 

“Mi pasión por la obra de Lovecraft viene de mi adolescencia, y es independiente de mi modo de ganarme la vida. Poder (o intentar) plasmar gráficamente la inconmensurable imaginería lovecraftiana es un desafío fascinante”.

Sonia Pulido, ilustradora española de las obras de Sylvia Plath y Mario Levrero

“No lo conocía (a Levrero) pero me encantó leerlo. Dibujar algo referido a esa literatura desprejuiciada, mordaz y carnal fue una elección difícil y, a la vez, muy estimulante”. 

Duna Rolando, artista argentina residente en Berlín

“Con Samanta nos conocimos aquí y somos amigas. Ella me propuso elegir uno de sus cuentos para ilustrarlo. No fue un encargo sino un proyecto de las dos. La respiración cavernaria es la historia terrible de Lola y tiene que ver con mis miedos: uno de ellos, el de envejecer demente. Está contada desde un lugar tan maravilloso que fue la historia con la que quise involucrarme. Decidí pintar los cuadros al óleo que era con lo que más cómoda me sentía en ese momento. No muchos ilustradores tienen la suerte de trabajar con el autor, elegir papel, formato, imágenes con la total libertad de no tener editor”.

¿Una obra gana al ilustrarse?

Luis Scafati, dibujante y escultor argentino

“No sé si una obra gana al ilustrarse, porque cualquier novela, cuento o poema están hechas con palabras y son una totalidad en sí mismas”.

Sonia Pulido

“No sé si un libro gana al ser ilustrado pero se crea algo nuevo donde el texto y las imágenes entran en un diálogo y le dan otra dimensión”.  

Una vez ilustrada, ¿la obra se convierte en otra cosa? 

Luis Scafati 

“No creo que ninguna obra literaria se convierta en otra cosa al ser ilustrada. El Quijote fue ilustrado por miles de artistas y el contenido no se transforma por eso, aunque si está acompañada por un buen conjunto de dibujos es mejor para quien lo lee”.

Quique Alcatena 

“Tranquilamente podría haber vivido y estar más que contento con El Señor de los Anillos en su versión puramente literaria, pero admiro y venero las ilustraciones de Alan Lee. La Isla del Tesoro es mi novela preferida de todas las épocas, y no necesita de ilustraciones para cautivarme, pero atesoro las versiones ilustradas de Mervyn Peake, Enrique Breccia o Hamilton Greene, que me maravilló de chico y que mis viejos me leían antes de que yo supiera hacerlo”.

Duna Rolando 

“El libro ilustrado pasa a ser otra cosa, es un libro objeto. Estás generando un mundo particular que surge a partir de la suma de dos expresiones creativas”.

¿Es posible ilustrar un texto que no gusta o no interesa? 

Luis Scafati  

“Nunca pude ilustrar una obra literaria que no me conmueva ni me interese”.

Jorge Alderete 

“Cuando siento que no entiendo el proyecto desde el principio, evito tirar del oficio de diseñador. Prefiero no trabajar en eso, en especial si se trata de algo relativo a la música. En esos casos sé que hay gente que podrá hacerlo mejor”.

Sonia Pulido

“Muchas veces tengo que hacerlo porque es mi trabajo. Ver cómo traducir a imágenes algo que no me es tan afín para que le guste al público al que va dirigido, es un toque al egocentrismo y un llamado a la humildad. Forzarte a trabajar en una temática muy alejada de ti, puede darle otra dimensión al trabajo y permitirte encontrar soluciones impensadas”.

¿Cómo nace el tono de las ilustraciones? ¿Con fidelidad al texto o buscando aportar una mirada nueva? 

Quique Alcatena 

“Creo que el ilustrador debe ser fiel a la visión del autor, pero, en lo posible y en el mejor de los casos, enriquecerla con su propia interpretación gráfica”.

Duna Rolando

“Con La respiración traté de lograr con el color el ambiente que genera el cuento, que es algo incómodo, como el chirriar de los dientes. Las imágenes profundizan la dimensión del cuento o van remando contra la corriente. Yo quería contar con imágenes una historia paralela a la que Samanta había contado. Encontrar los huecos intermedios, lo no-dicho, sin cubrir el cuento. Creo que de eso se trata la ilustración: de ampliar la historia”.

Scafati 

“Mientras leo van apareciendo imágenes, ideas, aproximaciones. Aunque hay un momento en que al comenzar a dibujar se desata una especie de tormenta de donde salen dibujos, algunos de los cuales irán al libro. Mi manera de encarar una ilustración es con toda la libertad que me brinda el escritor. Evito ser un transcriptor de la circunstancia anecdótica. Mi dibujo es más cercano a una metáfora de la poética del escritor”.

Pulido

“El tono de las ilustraciones se va planteando en los primeros bocetos. Es lo más difícil de encontrar. No me interesa que sea fiel al texto. Si lo fuera, puede convertirse en algo muy redundante. Me resulta más atractivo ilustrar los espacios en blanco entre las palabras, los huecos que el texto deja. Mirar lo que no está en la propia lectura del texto, y trabajar en eso. Lógicamente, las imágenes deben estar cerca del texto, obedeciendo a nuestra lectura, que va cambiando con los años”.

Una de las más maravillosas funciones de los cuentos para niños es que proporcionan herramientas para superar problemas concretos y los ayuda a vencer los desafíos que la vida les plantea, dándoles la confianza de que podrán salir de ellos, victoriosos. Tal vez, en estos tiempos donde la información, como una amenaza apocalíptica constante, nos atraviesa y angustia a diario, entrar en contacto con textos e imágenes siga resultando un refugio que nos conecte con la imaginación, convirtiéndose en una de las causas menos visibles de volver a elegir obras ilustradas. Allí están, todavía, el oasis de paz perdido y el mundo fantástico de la infancia donde la lectura era un paréntesis dichoso de libertad mientras nos hacíamos mayores.

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"Hay mucha belleza, verdad y amor a nuestro alrededor, pero pocas veces nos tomamos las cosas con la suficiente calma para apreciarlos".

Brian Weiss