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Cultura

17 julio, 2019

Lecturas de invierno: 11 libros para leer puertas adentro

Los libros pueden convertirse en mapas, cajas de resonancias o excusas para aprender algo nuevo. Hoy te compartimos novedades y rescates, cuentos, crónicas, recetas con historias y poemas para los días invernales. Una selección de títulos para leer en vacaciones o, simplemente, enriquecer la rutina de cada día.


Por Agustina Rabaini

Llegaron los días más cortos del año y el tiempo de pasar más horas adentro de casa o mejor, tirados en el sofá con una manta encima y un libro entre las manos… ¿Hay algo más reconfortante que estirar las horas de la mañana en el cuarto o en la cocina con una lectura que no podemos soltar?

“Unas vidas sin invierno, ¿qué clase de vida serían?”
Alessandro Baricco, Esta historia, 2007.

Un buen libro puede llevarnos a algo más que pasar el rato: salir de aventuras, aprender, conectarnos con nuestros propios relatos, viajar en el tiempo, estimular el intelecto, tocar el alma, descubrir voces nuevas y originales…

Para olvidarnos por un rato de las obligaciones y seguir afinando la sensibilidad, aquí van algunas recomendaciones pensadas especialmente para ayudarnos a vivir nuestro propio invierno.

Hombres elegantes y otros artículos (Milena Busquets, Anagrama, 2019)

Luego del éxito de su segundo libro, la novela También esto pasará, fue convocada por el diario El periódico de Catalunya para escribir textos breves a modo de columnas. El resultado puede verse en estos escritos donde confirma su elegancia, sagacidad y desparpajo para ir y venir sobre temas diversos: los besos y los baños veraniegos, los hijos adolescentes, Proust, Chéjov, la seducción, el amor al cine (de Casablanca a Coco, y a las películas de Bergman), entre otros. Son pequeñas estampas, radiografías o instantáneas donde intenta hacer eso que le recomendaba hacer su madre, la editora Esther Tusquets: “Escribe lo que solo puedas escribir tú”.

Los árboles caídos también son del bosque (Alejandra Kamiya, Bajo la luna, 2015)

Lo cotidiano y lo extraño se funden en este libro de cuentos de la talentosa Alejandra Kamiya, autora argentina de descendencia japonesa. A partir de pequeñas anécdotas o disparadores, avanza y entreteje imágenes y situaciones con costura admirable. Busquen el primer texto del libro, Desayuno perfecto, donde se demora en las descripciones y detalles de las primeras horas de la mañana con delicadeza para sorprender — sin perder sutileza— en la recta final. Si les interesa esta primera selección, pueden seguir con una segunda entrega de relatos, El sol mueve la sombra de las cosas quietas (Bajo la luna, 2019).

Un día cualquiera (Hebe Uhart, Alfaguara, 2013)

Quienes quieran adentrarse en la obra de esta maestra de la narrativa breve, pueden buscar este ejemplar, tal vez su libro más autobiográfico y una selección de crónicas nacidas en los pliegues de la vida cotidiana. “Ahora es como si todo fuera importante e irrelevante a la vez”, escribe Hebe Uhart en el relato que da título al libro y que, como se lee en la contratapa, resume el arte narrativo de la autora.
Con mirada extrañada y personalísima, construye relatos con apariencia liviana, pero siempre profundos. En este caso, por sus historias desfilan recuerdos y personajes (vecinos, conocidos) que remiten a la infancia de la autora en Moreno, entre otras situaciones teñidas de humor, candor o crudeza, según el tramo.

Okasan (Mori Ponsowy, Reservoir Books, 2019)

El hijo de 21 años de la narradora se fue a vivir a Japón y ella viaja a visitarlo embarcándose ella misma en un viaje de descubrimiento. Con mirada extrañada, la autora y traductora argentina se sumerge en la aventura mientras intenta descifrar un lenguaje ajeno y desconocido. Por empezar, el joven hombre que la espera es muy diferente del que se fue de su casa y al que vio crecer amorosa e intensamente en Buenos Aires. Si la literatura y el arte empiezan ahí donde empieza la mirada, aquí hay un feliz ejercicio de exploración y hallazgos.

El elegido: Sombras rusas (Liliana Villanueva, Blatt & Ríos, 2017)

Por Florencia Fragasso*

Las páginas de este libro de Liliana Villanueva (Las clases de Hebe Uhart) combinan el registro literario con el periodístico en la voz de una arquitecta que vivió los últimos años de la década del 90 en Moscú. Algunas de las crónicas, a las que podríamos llamar “de la perplejidad”, contienen impresiones personalísimas de lo nuevo, lo extranjero, todo lo que le llama la atención a su autora, aguda receptora de la otredad cultural en sus detalles.
Hay otras, más “objetivas”, que intentan dar cuenta de algo de Rusia para un lector que tal vez no vaya a ir, donde Villanueva se corre de la sensibilidad más emocional gracias a su trabajo como periodista.
Destaco la crónica sobre cómo comprar una botella de leche en Moscú, que tiene como centro la dificultad lingüística y la vehemencia con que se propone hablar el ruso y tratar de pasar desapercibida como extranjera. También es imperdible la entrevista que le hace al traductor de Cortázar al ruso, un personaje entrañable que funciona como puente entre ambas culturas.
El libro salta de un registro al otro, llegando incluso a percepciones casi líricas en “La idea del frío”, una suerte de poema en prosa. Hay episodios de la vida personal y en pareja de la narradora, por lo que también se lee como una novela autobiográfica que registra un pedazo de una vida: la de una mujer viviendo en un lugar lejano donde se habla una lengua difícil de aprender.
Lo dicho, Sombras rusas abre muchas lecturas: es crónica de viaje, diario, novela autobiográfica y ensayo, una orquesta sutil de géneros literarios, lo que provoca una hibridación y gran placer de lectura.

*Poeta y docente nacida en Buenos Aires en 1975. Es autora de Extranjeras, Superpoderes, Melliza y Veinte sillas.

El hada que no invitaron (Estela Figueroa, Bajo la Luna, 2016)

La provincia de Santa Fe vio nacer a algunos de los mejores poetas argentinos y a mujeres que protagonizaron la renovación de la lírica en las últimas décadas. Ahí están Mirta Rosenberg, Marilyn Contardi, Beatriz Vignoli y la gran Estela Figueroa, con su escritura áspera, nacida en gran medida en su casa en la capital santafesina. Desde allí dio a luz los poemas que pueden leerse en su obra poética (1985-2016), donde escribe textos como este: “No es para hablar de mí que escribo/de la glicina: cayó/su lluvia ligera/azul—/violácea—/celeste/No es para hablar de la glicina/que la comparo con una lluvia/y adjetivo esa lluvia/Es para detener este momento nocturno:/la casa en calma/y los pensamientos que ennoblecidos velan/por un ordenamiento/que lo abarque todo”.

Aromas (Philippe Claudel, Salamandra, 2012)

Los olores del hogar familiar, de la tierra de origen y todo eso que le traen los recuerdos cerca de su puñado de personas favoritas, le sirven al escritor y guionista de cine Philippe Claudel (Almas grises y La nieta del señor Linh) para ofrecer estos relatos y retratos breves, algunos casi cinematográficos, escritos desde un registro sensorial y con un estilo directo, simple y hondo.
Nada puede decirnos mejor lo que somos, o lo que fuimos, que el olor de la piel de una criatura que, entregada al sueño, descansa en su cama con la boca entreabierta, sin ningún miedo o temor, sin temblar, porque sabe que estamos cerca, muy cerca de ella, dispuestos a alejar las tinieblas, a disolverlas o, en caso necesario a negarlas”, escribe en Nina dormida, uno de los textos y solo un ejemplo de este catálogo y rescate de personas, objetos y lugares queridos.

Historias de cocina (Anita Gil y Victoria Schiopetto, Periplo, 2019)

Quien abre una cocina, abre también su mundo íntimo, nos convoca a su propia ceremonia secreta”, se lee en este libro ideado por una dupla experta en el arte de recibir y compartir afectos y saberes, Anita Gil y Victoria Schiopetto. Al recorrer las páginas, van a poder adentrarse en el universo de veinticinco cocineras que comparten recetas y secretos culinarios. Desde una carbonada, una tostada con hongos o una ensalada de mariscos, hasta una isla flotante, un dulce de kinotos de abuela y un parfait de café y chocolate, entre otros. “El libro propone un regreso a una de las fuentes más primitivas: el acto de cocinar. Está inspirado en recuperar algo íntimo y profundo”, dice Mariana Rapoport, otra de las mujeres detrás de este proyecto que celebra el gusto, las texturas, los colores y la belleza detrás de cada reunión.

Una muchacha muy bella (Julián López, Eterna Cadencia, 2013)

Con prosa finísima, el argentino Julián López despliega una historia cercana a su propia biografía como hijo de los años 70, pero también teñida de ficción: la evocación de su madre desde la mirada de un niño y con un pulso sensible que vuelve conmovedora la revelación de lo que va a venir. Para narrar, López elige el velo, la poesía y la belleza dolorosa que pueden tener ciertos misterios o secretos en la infancia. Pocas veces antes el amor de un hijo por su madre fue contado con tanta belleza, en primera persona, rescatando rituales cotidianos y desde una recreación de época en la que desfilan vecinos, marcas de golosinas, lugares y series de televisión. Julián López (que tiene varios libros publicados más), escribe en ésta, su primera novela: “Creo que mi mayor temor era que la lluvia empapara a mi madre, que la hiciera lágrima: las muchachas muy bellas suelen apesadumbrarse mucho ante un horizonte oscuro”.

“Traté de esbozar una sonrisa pero, como tenía demasiado frío, solo conseguí ofrecerle una mueca. Es una de las razones por las que no me gusta el invierno: la sonrisa se vuelve abstracta”. 

Elie Wiesel, El día (1961).

Archivo Dickinson (María Negroni, La Bestia Equilátera, 2018)

La poeta y traductora María Negroni se adentra en el mundo de la escritora norteamericana Emily Dickinson para acercarnos esta pequeña joya donde escribe poniéndose en su piel, como la orfebre de la escritura que también es. La idea-semilla del libro nació en 2013, cuando Negroni visitó un archivo de la biblioteca de Harvard y, entre los papeles de la autora, descubrió un Lexicon de 9000 palabras, ordenadas alfabéticamente, que registraba las recurrencias verbales de Dickinson. De ese conjunto que ahora señala como un “sumario de obsesiones”, eligió las palabras que más resonaban en ella y así nacieron los poemas de Archivo Dickinson. “Yo misma, algún día, emitiré luz y volaré, no con alas sino con muchas cintas, y cambiar de lugar será, para mí, cambiar de mundo suavemente”, escribe Negroni con voz e historia prestadas en uno de los textos, Circunferencia.

El libro de Tamar (Tamara Kamenszain, Eterna Cadencia, 2018)

El poema en forma de carta que su exmarido, Héctor Libertella, le hizo llegar por debajo de la puerta quince años atrás, sirvió de disparador a la poeta y ensayista argentina para escribir este libro donde regresa al pasado y rescata una historia de amor atravesada por la pasión por los libros, tanto como por los desencuentros. El texto se ve enriquecido por referencias a otras historias de parejas de escritores: Ludmer-Piglia, Kristeva-Sollers y Plath-Hughes. Con él, Kamenszain se anima al oficio de narrar, eso que hacía su ex marido y un terreno en el que ella —prolífica poeta— no había entrado hasta el momento.

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