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Género

21 septiembre, 2015 | Por

Las mujeres del mañana

Visión 2020 es un proyecto que busca empoderar a las jóvenes hoy, para brindarles un futuro mejor. Charlamos con Graciela Adán, presidenta de Fundación Global e impulsora de la iniciativa. ¿Querés saber cómo será el mañana de las chicas de hoy?


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Hacer foco en mujeres jóvenes. Hablar con ellas, brindarles información sobre equidad y género. Empoderarlas, con la voluntad de que, algún día, se transformen en futuras líderes. Visión 2020 es un programa co-organizado por la Fundación Global y la Dirección General de la Mujer del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que tiene como objetivo apoyar los procesos de desarrollo de capacidades de mujeres adolescentes, a partir de un abordaje sistémico de su realidad, del ejercicio de sus derechos y del conocimiento de su potencial. Con esa finalidad, año a año desarrolla actividades, charlas, encuentros y reflexiones con diferentes autoridades y personalidades con un amplio perfil de liderazgo.

¿El objetivo? Brindar herramientas para potenciar a las jóvenes mujeres que en el año 2020 tomarán decisiones. Para eso, se seleccionan chicas que estén cursando 5º año en diferentes lugares geográficos y tengan realidades sociales totalmente distintas, para que, al encontrarse y dialogar, se enriquezcan en el intercambio.

Así fue que, para conocer más acerca de esta iniciativa, hablamos con Graciela Adán, presidenta de la Fundación Global, quien trabaja activamente en la organización y difusión de esta causa, con el anhelo de que tal vez, hacia 2020, podamos ver plasmado una realidad mejor para todas las mujeres de nuestro país.

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Graciela Adán, presidenta de Fundación Global.

—¿Por qué decidiste involucrarte en el trabajo de lograr una transformación social del país?

—Desde muy chica en mi casa, junto a mis abuelos y mis padres, colaboramos en cooperadoras y colegios participando en diferentes acciones sociales. Siempre fui inquieta y quería cambiar el mundo, por eso estudié Ciencias Políticas, para mejorar la sociedad, para trabajar pensando en el otro. Así, en 1992 creamos la Fundación Global, llamada así para dar respuesta a la globalización desde un país emergente. Yo recordaba a Deheza, quien decía que la globalización es como una llave que, según como te encuentra, se abre o se cierra.

“Participé del programa y fue una experiencia inolvidable: pude conocer chicas de diferentes lugares del país muy distintos al mío y formar amistades nuevas. Por otro lado, con las charlas, los paneles y las visitas a diferentes empresas en donde mujeres líderes cumplen un rol importante, pude darme cuenta que todas las mujeres somos iguales de capaces que los hombres, que tenemos que luchar por nuestros derechos y jamás limitarnos por nuestro género. Me permitió también imaginar qué clase de mujer anhelo ser cuando termine el secundario, o cuando me reciba”.

Valentina Colombatti

—¿Cómo y por qué nació el programa y cuál ha sido la experiencia hasta acá?

—La fundación trabajó en la década del ’90 básicamente en tres temas: gobiernos locales (con muchos programas en Argentina y en el exterior), construcción de ciudadanía y género. Luego llegó la crisis y tuvimos que ocuparnos de temas de urgencia social. Con logros y desaciertos hicimos una gran tarea durante casi siete años en Villa Palito y alrededores. En paralelo fueron creciendo otras instituciones especializadas en temas de derechos de mujer y violencia de género, que muy bien en investigación y la implementación de programas, al igual que algunas áreas del estado que también se fueron desarrollando. Nosotros diseñamos un programa para ir donde aún uno puede ayudar a cambiar las cosas: al colegio secundario. Allí es donde podemos aún hoy inculcar valores, abrir cabezas y dar herramientas. Así nació Visión 2020, llamado así porque en el 2020, las chicas que participan tendrán que tomar decisiones. La idea es brindar durante una semana de empoderamiento, diversas herramientas teóricas y prácticas que les permitan a nuestras becarias ampliar sus capacidades de análisis y reflexión sobre la situación de las mujeres en el contexto económico, social y político a fin de prepararlas para que, a mediano plazo, puedan ejercer liderazgos democráticos y participativos que incluyan los intereses y visión de mujeres, desde un enfoque de género.

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—¿Por qué es tan importante trabajar en el empoderamiento de las mujeres jóvenes ?

—Los temas de derechos tienen una sola generación, aún hay mucho por entender y trabajar. Si bien la sociedad argentina avanzó en la política con el cupo femenino en el Congreso, en otros temas aún las cifras son muy alarmantes. Pero lo que más nos interesa es inculcar valores y mostrarles a las jóvenes desde donde se pueden parar. En este sentido, mediante los contenidos del programa, se intenta incorporar la perspectiva de género en la lectura de la realidad, con el objetivo de crear espacios de reflexión que permitan modificar percepciones y paradigmas discriminatorios, contribuyendo así a la superación de obstáculos que impiden el desarrollo pleno de las mujeres.

—Desde tu experiencia, ¿cuáles han sido los momentos más difíciles y los más ricos en este proyecto?

—Lo más difícil fue quizás entrar en el campo laboral, por no entender cómo piensa un hombre y cómo actúa en consecuencia. A diferencia de los hombres, las mujeres somos multifacéticas, flexibles y podemos lidiar con varios temas al mismo tiempo. El secreto es poder cambiar y ver que se puede trabajar en equipo. Debemos aprender a cambiar y a buscar nuestros propios espacios.

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“El programa me pareció fantástico y no sólo me enseñó cosas para mi futuro, también aprendí a valorar lo que tengo y a encontrar el lado positivo de las cosas, porque de cada experiencia (sea mala o buena) aprendemos algo. Entendí que en la vida nada es imposible y que tenemos que luchar por nuestros sueños. Y que todo lo que nos propongamos lo vamos a lograr, porque la vida no es un camino lineal sino que hay muchas formas de vivir y el único límite para alcanzar algo es la pasión y la convicción que tengamos. Pero no solo me llevo aprendizajes, sino además personas increíbles que voy a guardar en mi corazón y sé que, cuando las necesite, puedo acudir a ellas. Estoy muy agradecida de haberme cruzado en el camino con esta maravillosa experiencia que me cambió la vida, enseñándome que somos arquitectos de lo que queremos ser”.

Agostina Lence

—¿Cuáles son los objetivos y también los sueños que quedan por alcanzar de ahora en más?

—El Programa Visión 2020 viene creciendo año tras año. Acabamos de finalizar la cuarta edición, en la cual hemos podido traer a Buenos Aires a chicas de Córdoba, Carlos Casares y San Luis para participar de la iniciativa. Dado que somos una fundación sin fines de lucro, dependemos de los apoyos económicos que vamos obteniendo tanto de empresas como del sector público para poder becar a más estudiantes, pero siempre nuestra vocación es que el programa siga creciendo y sea lo más federal posible, abarcando a todas la provincias de nuestro país.

—¿Quiénes pueden ser parte de los programas? Y si alguien quiere sumarse apoyando a la fundación, ¿qué podría hacer?

—En Visión 2020 buscamos que participen estudiantes mujeres de hasta 16 años, que se encuentran cursando el cuarto año de educación media, que tengan una sólida vocación de servicio y aptitudes para el liderazgo y la participación socio-política y que hayan demostrado poseer algún nivel de liderazgo en el ámbito de sus establecimientos educativos. Por eso, alentamos a las jóvenes que tengan este perfil a que hablen con sus docentes para que sus escuelas se comuniquen con la fundación y presenten sus candidatas al proceso de selección que realizamos todos los años para asignar las becas disponibles.

—En tu propia experiencia de ser mujer y alcanzar tus propias metas personales y laborales, ¿cuáles han sido los desafíos, los obstáculos y las mayores satisfacciones?

—En mi experiencia lo primero es que me encanta es ser mujer. La educación fue una gran herramienta y el haber viajado y estudiado afuera me dio perspectiva. Solo encontré obstáculos en el campo laboral, pero quizás hoy a la distancia, veo que es porque a veces no entendí cómo funcionaban ciertas reglas de los varones. El mensajes es hay que atreverse y romper barreras, porque lo mejor está por venir.

—¿Cómo ha sido la experiencia de esas mujeres que son parte del programa de equidad? 

—La experiencia nos demuestra que año tras año las chicas encuentran en el programa un espacio muy gratificante y valioso. Son chicas que están por terminar la escuela y pronto empezarán a transitar por el mundo laboral y académico. Por eso la experiencia de escuchar las historias de vida de mujeres líderes de diversos sectores les ayuda a clarificar cuál es el camino que van a seguir y desde dónde tienen la posibilidad de pararse frente a cada desafío. Además, desde la fundación procuramos acompañar a las chicas luego de haber terminado el programa, acercándoles oportunidades de becas y asignándoles madrinas que las mentorean en el campo en el cual deseen desarrollarse.

—¿Qué creés que nos falta a nivel Estado y sociedad para sentar las bases para un país más justo?

—Creo que el camino para la construcción de un país más equitativo y justo solo puede recorrerse a través de una educación de calidad e inclusiva. La escuela debe atender a la diversidad de sus estudiantes dándoles a todos una educación equivalente en calidad y reconocimiento social. Del éxito de la educación inclusiva depende nuestro futuro como sociedad democrática, próspera y solidaria.

—¿Y qué podemos hacer en nuestro día a día para colaborar con el cambio?

—Creo que lo más importante es involucrarse, no quedarse de brazos cruzados. Por ejemplo, el voluntariado es una forma poderosa de involucrarse que beneficia tanto al conjunto de la sociedad como a los voluntarios, fortaleciendo la confianza, la solidaridad y la reciprocidad entre las personas y creando oportunidades de participación. Visitar a un enfermo, plantar un árbol, defender los derechos de las mujeres; hay muchas actividades que los ciudadanos con inquietudes pueden desarrollar a través de ONGs y fundaciones como Fundación Global, aportando ese granito de arena al cambio que se desea lograr.

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