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Mujer y política

9 julio, 2016

Las mujeres de la libertad

Ellas tejieron mucho más que el complejo entramado que facilitó los acontecimientos cuyo Bicentenario celebramos hoy: sus nombres son un símbolo de lucha y sentimiento patriótico. Y todas -aunque cada cual a su manera- se atrevieron a soñar un futuro mejor para todos.


Por Carolina Barone (*)

escarapela tejida adentro

Hace doscientos años, un 9 de julio de 1816, el Congreso empezó a sesionar y el Diputado por Jujuy, Teodoro Sánchez de Bustamante pidió que se tratara el “proyecto de deliberación sobre la libertad e independencia del país”. Sin discusión, hubo acuerdo general: ya no pertenecíamos a España, éramos un país emancipado.

El acta, firmada por 29 hombres, era el principio del resto de la historia de nuestro país, con una salvedad; ninguna mujer había tenido voz y voto sobre esa declaración. En aquella época de revoluciones y libertades, nacía una Patria gestada a simple vista por varones, sin embargo, la historia nos cuenta que se valió de muchas valientes mujeres, las mujeres de la libertad, más allá que de no fueron las protagonistas de los manuales de Ciencias Sociales con los que crecimos.

Juana Azurduy de Padilla es una de las representantes que, de forma anónima, lucharon por la libertad de nuestro país. Ella, que siempre se pensó libre, mientras que sus padres la imaginaban monja, en 1812 organizó el “Batallón Leales” y, junto a su marido, se pusieron bajo el ala de Manuel Belgrano, quien le obsequió su sable como reconocimiento por su valentía y lucha. Con la frente en alto, pocos recursos, pero con gran ingenio, su audacia la llevó a traspasar los límites.

Quien supo poner a la mujer en la primera fila de los combates fue Macacha Güemes, hace poco reconocida como la “Primera Mediadora de Salta” por su accionar para lograr la firma del “Pacto de los Cerrillos” que le permitió a Tucumán sesionar con firmeza y tranquilidad. Macacha y su hermano lucharon para ganarles a los grandes caudillos salteños, defendiendo los derechos de los gauchos para recuperar sus tierras natales y coordinó las acciones de espionaje que llevaron adelante otras mujeres de la libertad como Juana Torino y Celedonia Pacheco de Melo que entendieron a la política como su propio oficio y como la herramienta que liberaría a su Patria. Esta noble luchadora de la Independencia tuvo las riendas del gobierno salteño y desbarató las conspiraciones en contra de su hermano y ella, mientras Martín Güemes lideraba la guerra gaucha para ser recordado como el Primer Gendarme de la historia de nuestro país.

Juana y Macacha son ejemplos de generosidad y convicción; fueron conciliadoras de una Patria, heroínas en la guerra, buscadoras de la Paz entre sus pares. No importaba si eran de gran apellido o vivían en la extrema pobreza, pasaron por alto los estereotipos para lograr aquello que se proponían.

Mariquita Sánchez de Thompson fue una mujer de palabras tomar en una época de revoluciones. Tenía 14 años cuando le dijo “no” al matrimonio arreglado por sus padres y decidió casarse con el amor de su vida, el alférez de marina, Martín Jacobo Thompson; quien más tarde se convertiría en el Capitán de Puertos de las Provincias Unidas del Río de la Plata, y por ello se lo considera el Padre Fundador de la Prefectura Naval Argentina.

Se dice que en la casa de Mariquita se cantó por primera vez el Himno Nacional, pero recordarla por un solo hecho –por más que sea trascendental en nuestra Nación- sería dejar de lado su lucha por conseguir un lugar para las mujeres en la Patria. Se convirtió en la referente de las mujeres de la elite rioplatense al promulgarse a favor de la Independencia. “Destinadas por naturaleza y por las leyes a vivir una vida retraída y sedentaria, no pueden desplegar su patriotismo con esplendor de los héroes de los campos de batalla”, se expresaba a través de un llamado en la Gaceta para dar a conocer los hechos que se vivían en aquellos tiempos revolucionarios. La educación para las mujeres fue uno de los pilares fundamentales en su lucha, tanto que se enfrentó a Sarmiento en más de una ocasión y calificó de “delirio” a sus fundamentos para que la educación sea para hombres. Mediante discusiones que promulgaban la igualdad de género, pidió presupuesto para la educación de las niñas y le dedicó las siguientes palabras: “Óigame con calma. No se empiece a pelear conmigo. Empiece por saber que lo que tengo al mes son mil pesos, para profesores, útiles y gas”.

Mariquita, sin saber lo que ocurriría 200 años después, comenzó un legado indiscutible: “al gobernador Ferré yo no puedo servirle sino para las escuelas de niñas porque es preciso empezar por las mujeres, si se quiere civilizar un país, y más entre nosotros, que los hombres no son bastantes y que tienen las armas en las manos para destruirse constantemente.”

María de los Remedios Escalada de San Martín, además de haber sido esposa y llevar el enorme apellido del Libertador, fue una figura clave del Cruce de Los Andes, cuando junto a otras damas patricias confeccionó la bandera que llevó el ejército durante toda la epopeya americana. Cuenta la historia que la crearon en menos de dos semanas, y a través de una continua labor unieron a todo el pueblo de Mendoza en un mismo sentimiento patriótico. Pero más importante aun fue que gracias a la donación de joyas de las damas mendocinas que ella misma ayudó a organizar, se pudo financiar el accionar del ejército al mando de su esposo.

No por nada Charles Fourier afirmó: “los procesos sociales y cambios de época se operan en proporción al progreso de las mujeres hacia la libertad”. Hoy recordamos y conmemoramos con emoción el Bicentenario de nuestra Independencia y queda en nosotros inspirarnos en el valor y esfuerzo que aquellas mujeres nos legaron para continuar en este camino de la libertad; una libertad que vaya con la igualdad como banderas de la Nación.

Debe alentarnos que en su tiempo y antes que la Historia tocara a sus puertas, fueron mujeres comunes, mujeres como vos y como yo, que supieron abrazar una inmensa causa y forjaron convicciones en el camino de concretarlas. Allí está su vigencia. Allí está la Historia, a la vuelta de la esquina esperando por nosotras y cuando la Historia llama somos las mujeres quienes acudimos a ponernos en la primera fila del hacer.

(*) Directora de Ejecución de Políticas de Género del Ministerio de Seguridad de la Nación y presidente de la ONG Mujeres Como Vos.

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