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Las muchas (y creativas) formas de ser abuelos y abuelas

La relación con los nietos es una de las más privilegiadas y libres que existen. Quienes buscan vivirla amorosamente, echan mano de diversos recursos. La imaginación y la escucha amplían las posibilidades.

Por Luz Martí

Existen muchas maneras de ser abuelo, tantas como abuelos y abuelas hay en el planeta. Según The Economist, el número de abuelos en el mundo se triplicó aproximadamente desde 1960, llegando a 1.500 millones. “El cambio demográfico -dice la publicación con sede en Londres- sacude al mundo. Las personas viven dos décadas más que en 1960, y las mujeres tienen la mitad de hijos. Una de las muchas formas en que esto ha transformado la dinámica familiar concierne a los abuelos. Hay muchos más de ellos, y cada uno tiene menos nietos a quienes consentir”.

Hoy, los matices del abuelazgo, este vínculo tan fundante en la vida de muchas personas, son enormes: hay abuelos muy activos que aún trabajan y que no pueden cuidar de sus nietos como sí lo hacían en el pasado; abuelos retirados de la actividad laboral que gozan de buena salud y eso les permite implicarse por completo en la rutina de los pequeños. También hay abuelos que se convirtieron en tales a edades más avanzadas que otros, debido al corrimiento de los límites de edad para tener hijos y que hoy experimentan la relación con los hijos de sus hijos de formas distintas a como lo hicieron sus antepasados.

En cualquier caso, el deseo acompañar a sus nietos, conocerlos y disfrutarlos, es el motor para organizarse y desplegar recursos, sean cuales fueren, para estar presentes, inventando ratos libres e incluso, robándole horas a su propio descanso.

Muchos comparten su potencial de cariño y están presentes en las vidas de sus nietos de maneras originales y valiosas. No es lo mismo ser abuelo a los 50 años que cerca de los 80, padecer alguna enfermedad, cuidar de algún otro familiar, o vivir muy lejos de los chicos, pero descubrir ese sentimiento de amor y renovar el contacto con un niño suele ser motivo de alegría.

Cualquiera sea la condición física, económica o de otra índole, la creatividad siempre está mano: una carta enviada por correo a la vieja usanza, un juego inventado y, sobre todo, mucha escucha, son algunas de las estrategias y recursos de los cuales echan mano cuatro abuelos que convocamos para conocer sus estrategias y aventuras. Conversamos con ellos, que en su mayoría participan intensamente de la vida de sus tribus, y estos son sus testimonios.

El abuelo que comparte el amor por el arte

Julio Suaya
Profesor Emérito de Gestión Cultural en la carrera de Arte de la Universidad del Salvador, abuelo de nueve nietos. 75 años.

«Amante del arte y de los espectáculos, Julio llevó siempre a sus hijos a museos y hoy lo hace con sus nietos. “Los llevo de a pocos porque todos juntos son demasiados y se diluye lo especial de ese momento. Es asombroso ver lo que descubren en una obra con su libertad de mirada y cómo te enseñan», dice.

“Como padre, traté de estar lo más presente posible para mis cuatro hijos, pero yo trabajaba muchas horas al día y a menudo también los fines de semana. He confirmado que muchas veces, la mirada del mundo que tenemos no viene de la de los padres sino de la de los abuelos, que tuvieron más tiempo para estar con ellos y compartir charlas sin apuro, infundirles amor por determinadas cosas o ampliar sus miradas sabiéndolos escuchar. Yo hablo todos los días con algunos de mis nietos, me voy turnando de a uno o dos por día. Me encanta escucharlos, creo que es muy importante y algo que ellos verdaderamente aprecian.

Ser abuelo es descubrir una nueva forma de amor, con una libertad insospechada comparada con la responsabilidad agradable, pero llena de presiones, de la paternidad. Cuando uno se convierte en padre es dueño de una gran inexperiencia. Al llegar a abuelos no sólo tenemos más sabiduría y aplomo, sino que, por lo general, disponemos de mucho más tiempo para dedicarles y disfrutarlos. Los chicos son sumamente enriquecedores.

Cuando los nietos van a su casa, Julio los convoca a hacer un dibujo y para eso dispone lápices, marcadores y papel. Luego los hace enmarcar y los cuelga en una de las habitaciones de la casa que mantiene a modo de galería de arte, y que hasta fue visitada por su amigo, el artista Antonio Seguí y su hija.

Estoy seguro de que lo que los abuelos decimos, nuestros nietos lo van a recordar siempre. Saben que les hablamos con total libertad, de una forma desinteresada y auténtica que sus padres, encargados de educarlos, no pueden porque deben marcar otras normas. Con los abuelos no existe el reto. Nuestra función como abuelos es ser fuentes de amor, de conocimiento y de contención, escuchándolos siempre. Somos también quienes tratamos de mantener la unión de la familia.

Cartas que cruzan el océano

Margarita Lasserre
Profesora de inglés, abuela de tres nietos. 69 años.


Por la distancia que los separa, Margarita no puede compartir el día a día con los chicos, pero para estar cerca recurre al corre postal como forma de sostener y profundizar el vínculo.

“Dos de mis nietos viven en España, por eso solo puedo compartir con ellos un par de meses al año. Mientras estamos lejos, nos vemos por Zoom o nos llamamos por teléfono, entonces escucho esas vocecitas deliciosas con que me cuentan de sus vidas con acento y modismos madrileños. A menudo les envío por correo tradicional cartas llenas de cuentos divertidos, fotos o pegatinas de colores. Los chicos de hoy jamás han visto una carta o una postal y eso, como ellos mismos me dicen, ‘les hace mucha ilusión’, al igual que ver bajo la puerta de calle los sobres a su nombre (siempre dentro de un solo sobre las dos cartas …no vaya a ser que una se pierda y se desate el drama de que alguno se sienta excluido). Lo viven como si recibieran un súper regalo y enseguida me llaman para contármelo».

De cuentos, gauchos y colores

Miguel Hilding Ohlsson
Abuelo de 11 nietos. 71 años.

Miguel, casi impedido de caminar desde los veinte años, inventa cuentos gauchescos con personajes y animales que los chicos reconocen. Los ilustra y se los cuenta cuando lo visitan en el campo donde vive con Ana, su mujer.

“Como yo no puedo correr, andar a caballo, jugar a ningún deporte, ni hacer ninguna actividad que no sea caminar muy lentamente, y poca distancia, y porque soy enemigo de la tv para los chicos, empecé inventar cuentos y a hacerles dibujos que puedan colorear, para mantener activa su imaginación y entretenerlos. Los cuentos deben incluirlos, para que ellos se sientan parte de esas historias y su imaginación los lleve a crear más historias dentro de la historia. Mis hijas hicieron un libro con muchos de ellos para que los tengan a mano y los puedan leer una y otra vez».

Ese rato en que se sienten únicos

Leticia Kurchan
Profesora de enseñanza primaria y preescolar. Licenciada en Ciencias de la Educación. 70 años, jubilada.

Abuela de 11, Leticia dice: «No dejemos pasar el tiempo para cultivar el vínculo con los nietos. Crecen muy rápido”.

“En el vínculo con mis nietos, una de las cosas que me parece fundamental es crear espacios a solas con ellos, porque así las relaciones se profundizan de otra manera. No tenemos días ni horarios fijos. Simplemente, se aprovechan las oportunidades, por ejemplo, para buscarlos en la clase de taekwondo, comer un helado y devolverlo a su casa. Son minutos preciados donde los chicos se sienten -y son- únicos. Ellos te eligen si sos interesante, les gusta que los escuche y les proponga cosas divertidas, pero saben que también estoy para acompañarlos a sacarse sangre.
Nunca consideré que mis nietos fueran una “versión chiquita de mis hijos”, prefiero que los abuelos estemos disponibles, presentes y seamos cariñosos, sin imponer nada. Los padres saben lo que quieren para sus hijos, es de ellos la responsabilidad de poner límites. Yo nunca sentí que tuviese que enseñarles a comer verduras ni decidir el momento de apagar la tele. Si, por casualidad, se encontraban a mi cargo, mi función era que se sintieran cuidados y confortables, pero nunca imponer mi estilo para digitar la forma de vida de su familia.
Si tuviera que aconsejar a otros abuelos, les diría que puedan escuchar y contener a esa personita que se va formando frente a nuestros ojos para entender quién es. Que la vida te ponga nietos delante, es casi una de las mejores cosas que le pueden pasar a los seres humanos. Ser abuelo es maravilloso».

María Rosa Vera
Maestra jardinera retirada, abuela de cinco nietos. 64 años.

Junto a sus tres hijas, María Rosa creó una especie de comunidad de amor, contención y eficiencia.

“Estoy con mis nietos de lunes a viernes mientras mis tres hijas trabajan: los busco en el colegio o el jardín, les doy el almuerzo y los lleva a sus actividades después de clase. Las chicas vienen seguido y siempre hay alguna dándome una mano. La casa está llena de juguetes, lápices y papeles, y el patio de monopatines, pelotas y otras cosas que les gustan. Yo no me dedico demasiado a entretenerlos porque ellos vienen cansados del jardín o del colegio y lo que quieren es jugar. En lo único que soy más exigente es en que los mayores hagan sus tareas de la escuela para que puedan irse a casa con todo listo. Nosotros somos muy familieros y nos ayudamos mucho, pero las chicas ya saben que los fines de semana me los reservo para mí, para salir con mis amigos, hacer programas que me interesen y recargar pilas”.

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