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La vía femenina de lo sagrado: una lectura imprescindible de cara a un nuevo tiempo

Este libro de la autora y terapeuta junguiana Helen M. Luke, publicado en Argentina por El Hilo de Ariadna, ofrece herramientas para comprender y reflexionar ese nuevo mundo que ya estamos viviendo.

La integración del principio femenino y masculino en nuestra vida. La importancia de reconfigurar el mundo aceptando las diferencias entre hombres y mujeres, y reconociendo su valor en pos de crear nuevas significaciones indivuales y colectivas, nuevos mitos. De eso se trata La vía femenina de lo sagrado (El hilo de Ariadna), una obra que reúne ensayos, muchos de ellos inéditos en castellano, de los libros The Way of Woman, The Way of Discrimination y The Way of Story de Helen M. Luke. Cada ensayo es una puerta para profundizar en el conocimiento de la propia psique, del mundo y de las relaciones interpersonales, a partir del análisis de textos sagrados como la Biblia o el I Ching desde una perspectiva terapéutica, o por medio de analogías simbólicas con obras literarias clásicas o con el tarot.

Helen M. Luke (1904-1995) fue una autora y terapeuta junguiana británica, que dedicó su vida al estudio de las historias sagradas, tanto de la literatura clásica como de la religión y la mitología. Ha sabido explicar con nitidez y sentimiento cómo aplicar estos conocimientos a la vida cotidiana, especialmente a la de las mujeres. Conoció personalmente al psiquiatra suizo Carl G. Jung tras leer uno de sus libros y decidir estudiar psicología analítica. Trabajó con Robert Johnson, célebre escritor y terapeuta, y en la década de 1960 fundó Apple Farm Community en una zona rural en Michigan, Estados Unidos. Este campo estaba rodeado de árboles donde poder retirarse cerca de la naturaleza, para meditar, en silencio, en un ámbito de estudio e intercambio con otras personas de mentalidad afín; o en sus palabras, un lugar donde “uno se encuentra con individuos que respiran aire libre y encuentran su propio camino”. Allí creó grupos de estudio que dieron lugar a muchos de los ensayos aquí publicados, y aún casi cuatro décadas después de la muerte de Luke, la comunidad de Apple Farm sigue funcionando como centro de retiros junguianos.

A continuación, compartimos el primer capítulo del libro La vía femenina de lo sagrado, la puerta de entrada a la profunda sabiduría de Helen para, entre todos, construir las bases de este nuevo tiempo.

Lo femenino perenne

Los movimientos de las mujeres de este siglo (1) han impulsado muchos cambios espléndidos y han posibilitado una libertad impensada hace cien años para la vida de millones de mujeres. Pero, como siempre, cambios tan rápidos traen consigo grandes peligros, es decir las raíces de males que, si no son reconocidos, pueden proyectarse sobre “enemigos” oportunos, como el hombre. Por lo tanto, para que las nuevas libertades se hagan realidad en nuestras vidas, es vital que cada mujer reconozca la necesidad de conectar las teorías expuestas y las emociones despertadas en ella misma con la vida simbólica de su psique femenina. Sin este trabajo interior, y más allá de cómo se vean las cosas en la superficie, las nuevas libertades pueden convertirse en conflictos oscuros y destructivos en su alma.

Sin embargo, ¿dónde ha de buscar la mujer el alimento para su imaginario interior mientras su nueva personalidad lucha por nacer? Los cambios en el camino de Eva se han producido con una rapidez asombrosa, pero me parece que recién desde hace muy poco tiempo se ha advertido que es fundamental una consciencia más profunda acerca de la naturaleza de estos cambios. Si queremos detener el naufragio causado por la desorientación de las mujeres ante la pérdida de su identidad bajo las tensiones del nuevo camino, entonces el significado numinoso del gran desafío al que se enfrentan debe irrumpir desde el inconsciente; ya que ningún análisis racional puede traer la sanación. Solo así las imágenes de lo masculino y lo femenino, que se han mezclado cada vez más peligrosamente en nuestra sociedad, lograrán ser discriminadas de nuevo como para arribar a una nueva síntesis, tanto para la mujer como para el hombre.

Es importante que intentemos llegar a algún grado de claridad sobre ciertas actitudes y supuestos que prevalecen actualmente cuando se habla de la mujer. Aquellos que afirman que la única diferencia entre el hombre y la mujer es biológica, y que en todo lo demás son iguales y tienen las mismas potencialidades innatas, han errado estrepitosamente. La igualdad de valor entre los individuos es una verdad eterna, más allá de toda comparación, mientras que “superior” e “inferior” son términos relativos que definen capacidades o grados de consciencia. Es cierto que hay que luchar por la igualdad de oportunidades para las mujeres, pero la igualdad de valor no podrá entenderse hasta que no hayamos aprendido a discriminar y aceptar la diferencia. La diferencia biológica entre el hombre y la mujer nunca es un “nada más que”; es una diferencia fundamental, y no se detiene en el cuerpo sino que implica una diferencia de naturaleza psíquica igualmente fundamental. Por más que desarrollemos conscientemente el principio contrasexual dentro de nosotros y por más fuerte que sea nuestra intuición de la unión final entre los elementos masculinos y femeninos en cada individuo, mientras permanezcamos en nuestros cuerpos aquí en el espacio y el tiempo, somos predominantemente o masculinos o femeninos, y lo olvidamos en perjuicio nuestro. A la mujer que imita al hombre le espera el desastre, pero incluso la mujer que pretende convertirse en mitad hombre, mitad mujer, y que imagina que así consigue la “androginia” arquetípica, será ciertamente inferior en ambos aspectos. Una mujer ha nacido para ser una mujer, esencial e íntegramente, y cuanto más profunda y conscientemente sea capaz de conocer y vivir el espíritu dentro de ella –el Logos–, más cabalmente realizará esta verdad. Una de las características más aterradoras de nuestro Zeitgeist (2) actual es el impulso a destruir la diferencia y reducir todo a una horrible uniformidad en aras de la “igualdad”.

Aun cuando una mujer sea eficiente o brillante en alguna esfera hasta ahora considerada masculina, o que permanezca en un rol tradicionalmente femenino, la mujer moderna debe discriminar y relacionarse con la imagen del espíritu masculino dentro de ella, y al mismo tiempo mantener las raíces en su naturaleza femenina básica –aquella que recibe, nutre y da a luz en todos los niveles del ser a través de su consciencia de la tierra y su capacidad de hacer surgir el agua de la vida de abajo de la tierra–. Toda su verdadera creatividad en todos los aspectos de la vida, privada o pública, brota de esto.

Al observar en este siglo la rapidísima irrupción de la mujer en el mundo masculino del pensamiento y la acción, no es de extrañar que la mujer haya caído en un creciente desprecio de sus propios valores. Seguramente ha sido una fase necesaria, pero sus efectos han sido devastadores no solo para la propia mujer sino también para los hombres que la rodean. Porque el animus –la masculinidad inconsciente en la mujer– cuando se apodera de su feminidad, tiene un poder aterrador, cargado como está de la numinosidad del inconsciente –y la mayoría de los hombres, a su vez, cuando se enfrentan con este poder en una mujer, se repliegan en una feminidad inferior pasiva, y así favorecen el poder del animus en ella, o bien reaccionan con una brutal agresividad masculina–. No es de extrañar que las mujeres así poseídas, habiendo perdido sus verdaderas raíces en la naturaleza, se vean constantemente acosadas por el angustioso sentimiento de ser inútiles, por más éxito que obtengan en el mundo exterior. Los sueños de las mujeres modernas están llenos de esta inseguridad básica.

Es hora de que la mujer abandone este desprecio oculto de los valores femeninos para dejar de identificar la creatividad únicamente con las producciones del pensamiento y con los logros en el mundo exterior. Nos cuesta mucho darnos cuenta, en el contexto de la sociedad occidental, de que la mujer que responde silenciosamente con intenso interés y amor a las personas, a las ideas y a las cosas, es tan profunda y verdaderamente creativa como la que busca siempre dirigir, actuar y lograr. Las cualidades femeninas de receptividad, de nutrir en silencio y en secreto son (ya sea en el hombre o en la mujer) tan esenciales para la creación como sus contrapartes masculinas, y no son de ninguna manera inferiores.

Pero todo esto son pensamientos racionales acerca de la situación. ¿Qué pasa con las imágenes sin las cuales, como dije al principio, no hay cambio posible? ¿Cómo puede una mujer, cuando siente la inmensa fascinación de la fuerza del espíritu agitarse en ella, recibirla y seguir siendo fiel a su feminidad, o cómo puede redescubrir su feminidad si la ha perdido? ¿Cómo puede un hombre realizar los valores del corazón sin perder la brillante espada de su espíritu en las nieblas de la emoción? No hay respuestas intelectuales. Solo las imágenes por las que vivimos pueden traer la transformación. El futuro pende de la búsqueda del corazón del amor por parte de ambos sexos.

Cada uno de nosotros tiene un pozo de imágenes en su interior, que son la realidad salvadora y de las que puede nacer el mito individual que contiene el sentido de una vida. Está fuera de toda duda que ahora surgen imágenes nuevas en los cuentos y la poesía de nuestro tiempo. Pero cualquier “nuevo mito” verdaderamente válido no puede ser inventado racionalmente. Debe nacer del crisol de las propias luchas y sufrimientos mientras afirmamos nuestra nueva libertad sin rechazar la verdad perenne del camino femenino.

Créditos de esta edición: Traducción: Alejandro Marshall | Edición: Águeda González Aldalur | Diseño de colección: Juan Pablo Tredicce, María Soledad Costantini | Diseño de interior y de tapa: Azul De Fazio |Corrección: Esteban Bertola | Coordinadora editorial: Claudia Deleau.

Sobre El hilo de Ariadna
Dirigido por Leandro Pinkler y María Soledad Costantini, el proyecto editorial El hilo de Ariadna se despliega en la dimensión profunda de la experiencia espiritual en sus diversas expresiones: desde la huella eterna de las tradiciones primordiales hasta el testimonio de pensadores y artistas contemporáneos.
El sello comenzó su tarea con la traducción de la obra de Carl Gustav Jung El libro rojo, un poderoso viaje del conocimiento visionario que da testimonio de la experiencia de las profundidades de la psique humana. El plan de edición abarca también la traducción de fuentes antiguas –del hinduismo, el budismo, el hermetismo–, medievales, renacentistas y modernas de lo que se denomina la Sophia perennis, la sabiduría primordial. Además, se dedica a la edición de pensadores e investigadores del siglo XX y XXI que han desarrollado una luminosa exposición del simbolismo sagrado en sus diversas manifestaciones: la mitología, la religiosidad de Oriente y Occidente, los ejercicios espirituales, el arte sacro, la filosofía y la literatura. Más información en www.editorialelhilodeariadna.com.ar

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Anne Baring