Sophia - Despliega el Alma

Cultura

14 abril, 2012

«La verdadera Milena se queda en casa”


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Milena Agus

Sus novelas cuentan historias de mujeres llenas de vida, deseos y esperanza. Más allá del éxito, ella no cambia por nada su vida en Cagliari, donde da clases de Literatura y vive rodeada de sus afectos y de los placeres más sencillos. Por Agustina Rabaini.

Una presentación en primera persona de esta exitosa escritora italiana podría comenzar así: “Existen dos Milena Agus: una que se va de gira por Europa para promocionar los libros y a la que los lectores y editores le dicen que las novelas han tenido mucho éxito, y una segunda, la verdadera, es decir, yo, que en el fondo se considera una perdedora según la norma de la vida establecida”. La frase hace pensar rápidamente en Milena como una mujer cercana, plena de humanidad, y así exactamente se la escucha hablar detrás de sus personajes con una prosa que revela un gran sentido del humor y una imaginación que la llevaron a conquistar a más de un millón de lectores solo en España, Italia y Alemania.

Con cinco novelas cortas publicadas, comenzando por La mujer en la luna –la primera que fue editada en nuestro país–, la escritora nos sumerge en un universo que la atrae especialmente y que conoce muy bien: el de las mujeres y sus anhelos más profundos. Con los ojos bien abiertos, Milena toma rasgos de su personalidad para construir sus personajes femeninos y, a partir de allí, narra historias de mujeres que aman, esperan, ríen y sufren por igual.

Para conocerla mejor, solo habrá que agregar que, más allá del éxito editorial que alcanzó, Milena sigue viviendo en la ciudad de Cagliari, en la isla de Cerdeña, y va todos los días a dar clases a un Instituto de Formación Profesional donde se gana la vida como profesora de Literatura. Ante ella, estamos frente a una mujer parecida a muchas otras, con la diferencia de que ella se tomó muy en serio la gran ventana al mundo que le abría la literatura. Y hacia allí se lanzó, para vivir otras vidas en las que se siente “más a salvo y más feliz”, o más entretenida y con permiso para vivir grandes fantasías, lo que no es poco.

“A lo largo de la vida, los libros me salvaron”, dice ella. Y a la joven protagonista de Mientras duerme el tiburón, que se refugia en la escritura y la lectura, le hace decir: “Cuando el mundo de aquí no me gusta, me traslado al mío”. Milena Agus se identifica mucho con esa manera que tienen sus personajes de escaparse de a ratos de la rutina de todos los días, y explica al respecto: “Escribir permite vivir otras vidas y encontrar soluciones, dada la omnipotencia de quien escribe, frente a las situaciones en las que se siente impotente en la realidad”.

Quizá por esa certeza y esas ganas de imaginarse a sí misma viviendo otras posibilidades es que, en sus historias de amores y desamores, lo que mejor hace es bucear en la imperfección de las relaciones humanas y celebrar ciertas torpezas, errores o fallas humanas que le permiten entender mejor o seguir aprendiendo mucho.

“Lo que yo creo –explica– es que las cosas no son feas o bellas en sí mismas, sino que depende de cómo las veamos. La verdad es que me resulta más fácil definir a las personas por sus defectos que por sus virtudes; aprecio especialmente las debilidades de todos nosotros”.

Y entonces, como en un salto necesario a los años en los que todo comenzó, en la infancia, Milena cuenta cómo comenzó a llenar cuadernos, hasta convertirse en escritora: “Desde pequeña, cuando algo me impactaba –cuenta en diálogo con Sophia desde Italia–, enseguida escribía uno de esos textos que en la escuela primaria llamaban pensierinos (pensamientos). Tenía un diario íntimo y, más tarde, hasta casi los 30 años, escribí poesías, un volumen con linda caligrafía y tapa dura. Lo que recuerdo de esos versos es que eran feos y tristes, deprimentes (se ríe). La única poesía que se salva es la que le hago escribir a la abuela en La mujer en la luna. Más tarde, escribí cuentos y después de los 40 años terminé mi primer libro, Mientras duerme el tiburón, que al principio era una recopilación de cuentos y luego armé la novela a partir de la recopilación de los personajes de los distintos cuentos.

–¿Cómo recordás tu infancia y tu adolescencia en Génova y Cerdeña?

–Tengo bellísimos recuerdos de los primeros años en Génova, donde nací, del mar y de esa luz tan particular…  Después vino el dolor por el desarraigo del traslado a Milán. En definitiva, también Milán me parecía preciosa y también allí fui feliz. Recuerdo especialmente una vez que mamá, para consolarme, me llevó a Motta y descubrí el chocolate caliente. Más tarde, cuando tenía 9 años, nos fuimos a Cerdeña, de donde eran mis padres. En fin, tuve la suerte de vivir en lugares maravillosos, pero el gran dolor eran los traslados… De ese ir y venir me quedó el terror a las despedidas. Finalmente, durante la adolescencia, siempre me estaba riendo y aparentaba estar alegre, pero en realidad fue una etapa difícil porque empecé a enamorarme y todos mis amores terminaban bastante mal.

–¿Cómo es un día en tu vida hoy?

–En general, me despierto temprano y hago las tareas de la casa antes de ir a dar clase a la escuela, y a la tarde me turno con un asistente para estar con mi mamá, que está viejita y enferma. Durante el día o la noche, también me entrego a otros placeres y trato de estar con mis seres queridos, leo y escribo, aunque no lo logro todos los días. Al que extraño siempre es a mi hijo, Marco, que es pianista de jazz y viaja por el mundo, pero igual tratamos de estar en contacto. A mi hijo lo adoro; un amigo mío me toma el pelo y siempre me está preguntando: “¿Cómo está marcomundo?”, en referencia a lo importante que es Marco para mí.

–¿El éxito cambió tu vida de alguna manera?

–No diría que haya cambiado mi vida. La Milena Agus exitosa me parece otra Milena, que sale por ahí, mientras la verdadera se queda en casa. Desde el punto de vista económico, la verdad es que fui rica por un tiempo breve, porque pocos meses después del éxito de La mujer en la luna, mi mamá se enfermó gravemente y todas las fuerzas económicas estuvieron dedicadas a ella, lo cual está bien; menos mal que tuvimos la posibilidad de afrontarlo. Desde los otros puntos de vista, tampoco creo que haya cambiado nada: sigo vistiendo de la misma manera, no voy a restaurantes caros y me siguen gustando las mismas cosas sencillas.

–¿Por qué seguís dando clases de Literatura e Historia en Cagliari? ¿Cómo vivís ese trabajo después de tantos años?

–Bueno, no haría nunca la tontería de abandonar el trabajo pensando solo en escribir libros. En el fondo, soy sensata, sé que el éxito es efímero y que hoy mis libros gustan a los lectores y mañana puede pasar que no les gusten más. Además, es lindo tener una vida normal, con esa seguridad o tranquilidad que te da un sueldo fijo. De esa manera, escribir sigue siendo solo un placer y no un deber que me permite llegar a pagar las cuentas a fin de mes.

–¿Qué representa Cagliari en tu vida y qué apreciás especialmente de ese lugar?

–Como mis padres emigraron desde Cagliari a Génova, donde nací, cuando fui creciendo con sus relatos sobre Cerdeña, tenía la imagen de que Cagliari era la tierra prometida, un lugar mítico, un paraíso en la tierra. Por suerte, cuando estaba en quinto grado de la escuela elemental, nos mudamos aquí. De inmediato, me pareció un lugar bellísimo. Me gusta la oscuridad de sus callejones estrechos que, de pronto, se abren al mar y el cielo azul. Cagliari es para mí una ciudad luminosa, muy peculiar por su posición vertical.

–En una entrevista anterior, dijiste: “No podemos escapar del tiempo que nos ha tocado vivir”. ¿Cómo se refleja esa idea en tu escritura?

–Escribo historias de nuestro tiempo, porque en el fondo, si bien la historia me gusta mucho y la estudio para enseñarla, mi tiempo es el único que conozco. La única excepción es la historia de La mujer en la luna, que está ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Para ese libro fueron muy inspiradoras las historias de otros tiempos que me contaban mi mamá y mi padre.

–¿Qué encontrás de fascinante en el mundo femenino para volver a él en cada una de las historias?

–Al formar parte del mundo femenino, me resulta difícil explicar qué tiene fascinante, pero tal vez sea esa facilidad que tenemos de establecer relaciones, esa manera que tenemos de entrar en confianza. Eso es quizá lo que más nos distingue de los hombres.

–¿Tus personajes hacen lo que no te atrevés a hacer, como señalaste alguna vez?

–Mis narradoras son siempre muy jóvenes y se sienten libres para pensar y opinar. Tomar la voz de estas chicas me permite decir cualquier cosa, incluso arriesgada, irreflexiva, absurda, porque a las jovencitas a menudo se les perdona cualquier disparate. A una voz narradora adulta, indudablemente no.

–¿Desde cuándo dirías que ejercitás el arte de saber aprovechar y celebrar las pequeñas cosas y detalles de la vida?

–Siempre pensé que lo que soñamos y la realidad estaban en conflicto, pero ahora creo que la felicidad se basa en aceptar y encontrar un equilibrio entre ambos. Nos pasamos la vida buscando y yo he alcanzado el punto de solo desear que se mantenga lo que voy consiguiendo. A celebrar los detalles de la vida todavía estoy aprendiendo…  ¡Aún tengo mucho camino por recorrer!

ETIQUETAS literatura

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