Sophia - Despliega el Alma

Vivir bien

14 agosto, 2013

¿La última utopía?


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En tiempos de aumento de divorcios y sobredosis de terapias de pareja, los sociólogos analizan si la relación entre un hombre y una mujer corre riesgo de estar en vías de extinción. Por Isabel Martinez de campos. Ilustración: Mónica Andino.

Qué está pasando? ¿Por qué hoy la pareja es algo tan difícil de mantener? Mientras los índices de divorcio aumentan con paso firme –según un  informe del diario La Nación del año 2012, en la Argentina hubo más de medio millón en la última década– y las terapias de pareja se vuelven casi moneda corriente en la sociedad actual, los sociólogos del mundo entero se preguntan si el formato de la pareja monogámica es posible o es una utopía difícil de alcanzar.

Ya lo dijo el sociólogo polaco Zygmunt Bauman: las personas hoy en día consumimos relaciones como si fueran productos. En una sociedad capitalista que vive en un eterno presente, donde todo se usa y se tira, la pareja se vuelve casi imposible. En el contexto que vivimos es muy complicado establecer lazos duraderos porque el amor es líquido, se cambia de pareja porque se cree que siempre hay algo nuevo o mejor para experimentar y, por eso, las personas se comprometen menos. Las relaciones interpersonales del siglo XXI están marcadas por la fugacidad, la superficialidad y por la fragilidad de los vínculos afectivos. “Hoy una pareja dura lo que dura la gratificación. Es como cuando uno se compra un celular. Nunca juramos fidelidad a ese producto; si en el mercado se lanza una versión mejor, tirás el viejo y comprás uno nuevo”, sentencia Bauman.

Para muchos autores, hoy por hoy somos adictos a emociones fuertes. Cuando se apaga la emoción inicial, no soportamos las siguientes etapas del amor. En el libro Autoliberación interior Anthony de Melo aseguraba que enamorarse no es amar, sino desear para uno mismo la imagen de lo que nos imaginamos de una persona. “Todo es un sueño, porque esa persona no existe. Por eso, en cuanto conocemos la realidad de esa persona, como no coincide con la realidad de lo que nos imaginábamos, nos desenamoramos”.

Hoy, ya sea que estemos en pareja o no, vivimos buscando continuamente el amor verdadero.

Para la socióloga marroquí Eva Illouz –en cuya teoría hoy nos centraremos para entender qué nos está pasando–, estamos viviendo tiempos de capitalismo emocional, donde las utopías de la felicidad son mediadas por el consumo. Los problemas emocionales se evalúan y se gestionan según una lógica económica, como si estuviéramos haciendo una inversión que nos lleva a obtener una pérdida o una ganancia. Según Illouz, la cultura del amor romántico ha sido reemplazada por la cultura de la terapia. La pareja se ha convertido en una utopía emocional. “Las utopías emocionales son un fenómeno cultural moderno. Están promovidas por el poderoso discurso y la práctica de la psicología”.

Todo aquello que nos sucede tiene que significar algo. Las personas sienten que solo necesitan consultarse a ellas mismas y sus emociones para saber si aman a alguien o si tienen una “chance” de ser felices con ella o con él. Los sentimientos se han convertido en nuestro compás interior. Ellos deciden un matrimonio y la calidad de una vida compartida. El “cómo me siento” es el motor de nuestras acciones.

La pareja hoy

A la hora de entender por qué en la actualidad una pareja se vuelve algo utópico, vale la pena ante todo definir qué es una pareja. Según  Illouz, una pareja no es de ninguna manera  aquella que se queda junta solo por los hijos, ni tampoco aquella que se une únicamente cuando sus deseos sexuales la llaman. Todo lo contrario: una pareja de verdad es aquella que tiene la intención de pasar al menos una parte de su vida juntos. Sus miembros eligen libremente estar el uno al lado del otro; su unión es legítima sin tener que estar necesariamente institucionalizada por el matrimonio y, además, avizoran el futuro en común. En una pareja sus miembros no están cegados por la pasión, pero deciden establecer una intimidad amorosa. Comparten su vida interior, sus experiencias y proyectos. Están juntos por elección y no por deber, sus sentimientos están definidos por la libertad, y cada uno es libre de dejar al otro cuando quiera.

La pareja es como una isla, pero una isla abastecida por otros barcos que pueden conducir a otras islas posibles.

Teniendo en cuenta esta enumeración del verdadero significado de una pareja, uno se pregunta por qué es tan difícil vivir en pareja hoy. Según Eva Illouz, autora de Por qué duele el amor, una de las razones es la actual cultura psicológica que cultiva ante todo el desarrollo y cuidado de nuestro “ego”. Esta sobrevaloración de los intereses propios convierte a la relación amorosa en una empresa utilitaria donde cada miembro de la pareja busca su satisfacción individual, su realización como ser autónomo, sin importar qué le pasa al otro. La sexualidad se convierte en el canal principal donde se vehiculizan todos los sentimientos. La capacidad que cada miembro tiene para dar y recibir placer es símbolo de madurez emocional y salud mental, coartando otras áreas importantes para el encuentro con el otro. La cultura moderna está centrada en una nueva unidad de medida: la de la igualdad. Con esa premisa, cada miembro de la pareja mide qué da y qué recibe. De esta manera la convivencia se convierte en una continua evaluación del debe y del haber. En ese contexto tan utilitario, ¿cómo hacemos para amar? En opinión de Illouz: “Hoy las parejas necesitan permanentemente de emociones fuertes, estímulos y novedades. Van a ver películas, se van de vacaciones juntos, asisten a eventos culturales, de moda o deportivos. Consumen placer y esparcimiento de manera continua”. El enemigo es el aburrimiento; las fuertes sensaciones y experiencias nuevas se han convertido en aspiraciones permanentes, alentadas por la publicidad. Cuando no aparecen todos estos fuegos artificiales externos, la pareja se aburre. La cultura de la excitación acorrala a las parejas de hoy, y se hace extensiva a la sexualidad, donde también cada miembro debe proveer todo el tiempo de nuevas fuentes de novedad y estimulación.

Illouz piensa que la pareja es el último valuarte de nuestra sociedad en donde no reina el “ego” ni la dictadura del placer de nuestros tiempos.

“La pareja monógama es la última unidad social que funciona con principios que se oponen a la cultura capitalista”, y por eso vale la pena defenderla. Una pareja es la proclamación en contra de la cultura de la continua satisfacción, que demanda nuevas sensaciones sin cesar. Las parejas requieren virtuosismo y carácter, cualidades para los que no fuimos entrenados en la cultura moderna. Una relación de pareja no admite cálculos, luchas de poderes ni utilitarismos. Permite que cada miembro se sienta singular, tolera el aburrimiento, no es narcisista, no hace del “ego” su fuente de satisfacción personal, vive con frecuencia una sexualidad mediocre y valora el compromiso.

Amar no es estar pegados el uno al otro, sino estar juntos pero siendo cada uno quién es, con su propia autonomía. Khalil Gibran lo explica con inmensa sabiduría: “Amaos con devoción pero no hagáis del amor una atadura. Haced del amor un mar móvil entre las orillas de vuestras almas. Llenaos uno al otro vuestras copas pero no bebáis de una misma copa. Compartid vuestro pan pero no comáis del mismo trozo. Cantad y bailad juntos y estad alegres pero que cada uno de vosotros sea independiente. Dad vuestro corazón pero no para que vuestro compañero se adueñe de él. Porque solo la mano de la vida puede contener los corazones. Y permaneced juntos… pero no demasiado juntos. Porque los pilares sostienen el templo pero están separados. Y ni el roble crece bajo la sombra del ciprés ni el ciprés bajo la del roble”.

¿Cómo aman los argentinos?

Un estudio elaborado por la Universidad de Palermo y TNS Gallup sobre las concepciones del amor de los argentinos arrojó recientemente las siguientes conclusiones:

  • Siete de cada 10 argentinos creen en la fidelidad.
  • El amor se identifica con el compañerismo.
  • La idea de que el amor es sinónimo de felicidad crece entre los más jóvenes (23% en los entrevistados de 18 a 24 años vs. 12% en los mayores de 50 años).
  • Aunque los argentinos manifiestan una concepción romántica del amor, al preguntar por el amor más necesario, se prioriza el amor familiar por sobre el resto.
  • La  creencia en el amor a primera vista es comparativamente mayor en los niveles medios y bajos (53% y 49% vs. 32% en los sectores altos).
  • El  amor para toda la vida prevalece entre los hombres (70% vs. 65% en las mujeres).
  • El estudio indagó también sobre cuáles son los obstáculos que impiden que haya más amor en sus vidas. Las tres principales barreras que señalan las mil personas entrevistadas para el informe son la falta de comunicación (19%), seguida por el egoísmo (16%) y la mentira (15%). Con menos menciones aparecen el estrés (5%) y el individualismo (4%), y luego otras ideas, inferiores al 2%, como competencia, falta de solidaridad, odio, timidez e infidelidad.

(Fuente: Diario La Nación, junio de 2013).

El amor no es apego

Anthony de Mello fue un sacerdote jesuita, nacido en la India, famoso por sus libros y conferencias sobre espiritualidad. A continuación, presentamos algunas de sus reflexiones más sabias sobre lo que significa el verdadero amor.

  • A la persona no se la puede desear, porque en cuanto deseas a una persona, has dejado de amarla como tal. Yo no soy una cosa. No soy deseable ni indeseable. Soy lo que soy y nada más. Tú llegarás a amar a las personas en cuanto no te importe lo que son las personas. El amor es impersonal. En el amor no se mete la personalidad. El amor es y fluye por medio de ti, tú no lo fabricas y en el amor la persona se queda a un lado. Por eso, el amor te deja libre y disponible. Cuando eliges, o comparas, o pides compensaciones, es porque necesitas a esa persona para amarte a ti mismo. Cuando desaparecen los recuerdos, los prejuicios y las visiones objetivas, entonces, ya surge el amor que fluye desde donde es. El amor existe aunque no haya nadie allí. Es nuestra esencia y se manifiesta en una manera de ser, un estado del alma, y está en consonancia con la capacidad de ver y existir, y en cuanto veamos y seamos nosotros mismos libremente, no podremos ser otra cosa que amor.
  • Donde hay miedo no hay amor; puedes estar bien seguro de ello. Cuando despertamos de nuestro sueño y vemos la realidad tal cual es, nuestra inseguridad termina y desaparecen los miedos, porque la realidad es y nada la cambia. Entonces, puedo decirle al otro: “Como no tengo miedo de perderte, pues no eres un objeto propiedad de nadie, entonces, puedo amarte así como eres, sin deseos, sin apegos ni condiciones, sin egoísmos y sin querer poseerte”. Y esta forma de amar es un gozo sin límites. El apego mutuo, el control, las promesas y el deseo te conducen inexorablemente a los conflictos y al sufrimiento y, de ahí, a corto o largo plazo, a la ruptura. Porque los lazos que se basan en los deseos son muy frágiles. Solo es eterno lo que se basa en un amor libre.

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