Sophia - Despliega el Alma

Psicología

13 noviembre, 2018

La tristeza no impide la alegría

¿Podemos elegir la felicidad aún en medio del sufrimiento? ¿Cómo hacer de esa capacidad un don para vivir mejor?


Si te duele fuerte en algún lugar de tu alma, bien podrías pasar horas llorando. Sin embargo, algo te hace desistir de esa idea y tener fe en que, tarde o temprano, volverá la sonrisa.

La tristeza golpea a cada puerta por igual y no queda más remedio que abrir a tan inesperada visita. Es que, al igual que la suerte, nadie tiene la alegría comprada.

Las emociones conviven y no son tan excluyentes como a veces creemos”, sostiene en su columna Miguel Espeche, psicólogo especialista en vínculos.

Y asegura que las dimensiones más alegres de nuestra vida coexisten con las más tristes, “aflorando de diferentes maneras según las circunstancias”.

Sanar el dolor

“Nuestros dolores y tristezas no son lo único que nos define, y eso bien lo saben aquellos que, habiendo sufrido, coexisten con el penar y le suman a este la capacidad de la alegría o de abrirse a otras dimensiones vitales”.

Miguel Espeche

¿Quién no sufre o sufrió alguna vez? ¡Que levante la mano el que no lleva en su pecho la marca indeleble de una herida! La cuestión está en saber que, así como la alegría no es infinita, tampoco lo es el dolor.

Existen aquellos que creen que esa dimensión de lo doloroso o “feo” debiera imponerse y copar todo el ser, como si abrirle la puerta a la mínima alegría fuera una traición al sufrimiento propio y ajeno”, destaca Espeche.

Disfrutar a pesar del sufrimiento ajeno. Reír en medio del temporal. Tener la fuerza suficiente para elegir seguir viviendo luego de la muerte de un ser querido.

Sí, se puede.

¿Cómo lograrlo?

Nuestros dolores y tristezas no son lo único que nos define, y eso bien lo saben aquellos que, habiendo sufrido, coexisten con el penar y le suman a este la capacidad de la alegría o de abrirse a otras dimensiones vitales”, en palabras de Espeche.

Es que el mundo no “es” triste, aunque pasen cosas terribles a nuestro alrededor. Y de nada sirve quedarse en la queja, en la bronca, en el llanto.

Dice Espeche que todas las frecuencias están en nosotros y debemos elegir sintonizar una distinta en cada momento: somos dueños del dial de nuestra existencia.

Y, a través de la historia de una mujer que perdió a su hija y a su nieta de manera accidental, el licenciado nos comparte uno de sus mayores tesoros: la certeza de que el dolor no es un pantano donde vamos a hundirnos para siempre.

Algunas preguntas

A la hora de atravesar emociones contrarias como la tristeza y la alegría, no podemos dejar de formular algunos interrogantes:

La clave: lograr que el dolor y la tristeza sean puerta a tantas cosas fecundas como la alegría. 

• ¿Qué podemos aprender del dolor?

• ¿Cómo seremos capaz de gozar de la vida?

• ¿Cuándo termina el sufrimiento?

• ¿Cuáles son las claves para seguir adelante?

Leé la columna completa acá.

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