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Género

14 octubre, 2014

La tierra no traga mujeres

Sin embargo, en la Argentina, se estima que hay entre 600 y 3000 desaparecidas. No se sabe si están escondidas, asesinadas, perdidas, esclavizadas o fuera de las fronteras. ¿Dónde están y por qué no aparecen? ¿Por qué el Poder Ejecutivo sigue sin reglamentar la Ley de Trata de Personas sancionada en 2012? ¿Qué pasa con la complicidad (policía, justicia, políticos, empresarios)? Además, cómo cuidar a nuestras hijas y no dejarnos ganar por el miedo.


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Por Luciana Peker

Aunque el latido de su ausencia pesa como una letra escrita en una pared para que no se las olvide, no están. Y están aunque no estén. Incluso cuando no están hasta que se las encuentre. Su estado, de no estar sin haberse ido, reclama que se las busque. Las mujeres no se evaporan, no se deshilachan, no se vuelven invisibles, no son conejos de un truco de magia. Están. Aunque no las veamos o las velemos. Aunque haya más sombras que soles que iluminen su camino. Las mujeres desaparecidas, escondidas, asesinadas o esclavizadas tienen que estar. ¿Dónde están? La tierra no traga mujeres.

El 3 de abril del 2002, Marita Verón, que tenía 23 años y una hija, salió de su casa en San Miguel de Tucumán para ir al hospital. La secuestraron y se comprobó que fue rehén en una red de prostíbulos de La Rioja. Su mamá, Susana Trimarco, vio su letra apuñalada en la madera innoble de un cabaret donde el sexo se pagaba caro y generaba ganancias para que la policía avisara que llegaba un allanamiento. Marita nunca apareció. Se realizaron excavaciones, pero solo agigantaron el agujero en el subsuelo donde yacían las camas maltrechas. Susana también le pidió a la monarquía española que la ayudara a buscarla en Europa, donde podrían mantenerla cautiva. Los culpables de desaparecerla fueron condenados, el 8 de abril de 2014, por retención y ocultamiento agravado para el ejercicio de la prostitución, pero la sentencia no los obliga a decir qué hicieron con ella.

A partir de la búsqueda de Marita Verón, en mayo de 2008, el Congreso de la Nación aprobó la ley de trata –que se reformó, más tarde, en 2012– y convirtió en delito la esclavitud moderna y garantizó que la justicia pudiera pedir allanamientos en Ushuaia o en La Pampa. Desde ese momento, hasta el 31 de julio de 2014, se rescató a 7153 víctimas. Incluso así, la  Ley de Trata de Personas (Nº 26842) aún no está reglamentada y eso supone consecuencias en lo que hace, en particular, a la asistencia a las víctimas y la ampliación de sus derechos. En la actualidad, cuando una mujer sale o es rescatada de un cabaret no se queda sin horizonte. Se le otorga un DNI, subsidios y capacitaciones por parte del Ministerio de Desarrollo Social. Sin embargo, para poder recomenzar una vida arrasada por un cuerpo vejado se necesita mucho más: apoyo terapéutico, tratamientos para víctimas de violencia sexual, protección para ellas y sus familiares, refugios con contención en salud mental que las impulsen a salir adelante y alternativas laborales que alcancen para empezar una nueva vida. La deuda pendiente en la reglamentación de la ley deja vacante la creación de un Consejo Federal para poner la totalidad de recursos –como el fondo de reparación para las víctimas– en marcha.

Pero el problema empieza de cero. Y la mayor ausencia del Estado aparece cuando una niña, una joven o una mujer desaparece. En muchos casos la policía no acepta la denuncia antes de las 48 horas –porque alegan que las chicas se escapan como travesura–, y mientras esperan un tiempo para ver si la situación es grave, el tiempo decapita la posibilidad de encontrar prontamente a cualquier desaparecida.

El 16 de marzo de 2013, Milagros, de 14 años y con una leve discapacidad mental, fue secuestrada en Burzaco. La habían marcado en la iglesia evangélica de la que era fiel. Milagros se acuerda de que le dieron pastillas para tomar y se quedó dormida. Sabe que llegó de noche, que le sacaron fotos, que le hacían poner camisitas, polleras y tacos, que le decían: “Te vamos a ir a vender a la villa Betharram”. Dice que había hombres y que cuando no pagaban el dinero que pedían por ella la volvían a encapuchar. Ella logró escapar. Pero su mamá, Silvia González, denuncia que la policía no le quiso tomar la denuncia, no la ayudó a buscarla, que se siente más vigilada que protegida por el patrullero que le pusieron en su puerta y que no pudo contener los intentos de suicidio de su hija después del trauma por lo que vio y vivió durante diez días.

Aun así Milagros apareció. Pero hay muchas chicas que no vuelven. El Estado cuenta con un Registro Nacional de Información de Personas Menores Extraviadas en donde el 70% de las más de 2300 denuncias anuales son de chicas, muchas veces, porque ellas sufren más la violencia familiar en sus casas y se escapan para buscar una nueva realidad que también puede ser amenazante. Pero, además, falta un organismo estatal que busque a todas las mujeres desaparecidas, más allá de su edad y de si hay, o no, certeza de si son víctimas de trata.

“No todas las mujeres desaparecidas son víctimas de trata, pero tampoco sabemos cuántas pueden serlo”, admite Zaida Gatti, Coordinadora del Programa Nacional de Rescate y Acompañamiento a las personas damnificadas por el delito de trata, que también le pide a la justicia que no se quede buscando chicas entre los expedientes sino que ponga los pies en los senderos donde se perdieron.

Ninguna de las más de 7000 víctimas rescatadas –desde la sanción de la Ley de Trata– fue Marita Verón. Tampoco las otras jóvenes desaparecidas cuyos rostros miran desde las fotos que las buscan. Al cierre de este edición, Melina Romero, de 17 años, quien el 23 de agosto pasado fue a bailar a un boliche de San Martín y desde entonces no regresó a su casa, continúa desaparecida. Los testimonios de la causa apuntan a que la mataron y la policía rastrea un cuerpo bajo el río. Como ella, todavía faltan Florencia Pennachi, Peli Mercado, Florencia Aguirre y María Cash, entre muchos otros nombres de jóvenes a quienes miramos para constatar que su mirada es un pasado que no florece.

El 16 de marzo del 2005 Florencia Pennachi dejó de escribir su historia. Una historia sin final. Ni trágico, ni feliz, ni tormentoso. Inconcluso. Tenía 25 años y había venido de Neuquén a Buenos Aires. Trabajaba en el Instituto de la Vivienda y estudiaba economía en la UBA. Vivía en Palermo con su hermano, Pedro, y había despedido a un amigo la noche anterior. “A Florencia no se la tragó un pozo”, enmarca su hermano, que se niega a vivir sin saber si ella vive, o no. Y critica la investigación judicial que no rastreó sus llamadas, apunta a un tranza que vendía droga en un boliche y sospecha que puede haber sido captada en una red de trata.

Apenas diez días y un mes después del blanco que dejó Florencia, el 26 de abril del 2005, otra grieta se abrió para no cerrarse nunca sobre el destino de Ramona Nicolaza “Peli” Mercado. Tenía 13 años. Se había sacado un diez en matemática, había merendado tostadas con manteca y había decidido ir a devolverle a su tía Bety unas botas con las que lustró la pista de un cumple de 15. Salió de su casa en La Rioja. No volvió. Hay testigos que la vieron en un prostíbulo de Córdoba. Hay marchas que no se escuchan puertas afuera de la provincia. Hay ruegos sin consuelo. Y pérdidas sin encuentro. La diputada provincial (UCR) Inés Brizuela y Doria pide por Peli Mercado y junta firmas para pedirle al gobierno local que no sea cómplice de la explotación sexual en la provincia y derogue la Ley 8166 que habilita a los prostíbulos que lleven las tramposas etiquetas de whisquerías, Golden o cabarets. “Estamos a contramano del país y del mundo, con una norma que está vigente desde el año 2007, y hasta el momento no existe una verdadera voluntad política de derogarla”, aseguró Brizuela y Doria.

Los familiares de las mujeres sin destino están en todas las latitudes. María Inés Cabrol, por ejemplo, murió sin saber si moría antes o después que su hija, Fernanda Aguirre, que desapareció entre las idas y vueltas del acarreo de flores, para que otros despidan a sus muertos, del puestito que tenían en San Benito, Entre Ríos. El 25 de julio de 2004 desapareció Fernanda. Tenía apenas 13 años. Su mamá murió el 11 de mayo del 2010. Tenía apenas 45 años.

A María Cash la conocemos sonriendo. Porque no la vimos después de su travesía infinita. Se perdió en la ruta de un viaje al que le cambió –no se sabe por qué– el destino. Y buscándola, su papá perdió la vida. María es (¿Era? ¿En qué era de la incertidumbre se era lo que ya no se es?) diseñadora de indumentaria y partió el 4 de julio de 2011 a vender su ropa a Jujuy. Pero se bajó antes de lo que tenía planeado y le dijo a su familia que se había sentido incómoda en el micro. El 8 de julio fue su último contacto por correo electrónico. Su papá, Federico Cash, salió a buscarla. La buscó hasta encontrar la muerte, a los 70 años, en un accidente de ruta, en La Pampa, el 29 de abril de este año.

María del Carmen Gallego, la madre de María, se refugió en la escucha del papa Francisco, que la llamo personalmente ante la doble pérdida. Y
redobló la apuesta. Acaba de formar la Fundación
María Cash. “Es lo que nos toca y hay que seguir luchándola”, se consuela sin resignación. Sin temor a criticar la falta de rastros sobre el paradero de su hija. “Todo estuvo mal hecho desde el principio y la investigación está parada. Es un desastre”, crítica la falta de acción del Poder Ejecutivo y el Judicial.

¿Dónde está?, es la pregunta que desvela, despierta y decepciona a María del Carmen enfrentada cada día al dolor sin duelo. La experiencia que vivió su familia demuestra que no hay un GPS estatal para encontrar a quienes se pierden y hay madres que reclaman a las que ni siquiera les toman la denuncia en las comisarías. Allí está una de las mayores deudas del Estado en relación con la búsqueda de desaparecidos. Por eso, María del Carmen Gallego reclama junto a su hijo, Máximo, la creación de una Agencia Federal de Búsqueda de Personas para todo el país, y junta firmas desde hace meses, por Internet, en el sitio Change.org.

La antropóloga forense Celeste Perosino busca utilizar la experiencia en identificación de personas desaparecidas durante la dictadura militar, para ver si se consigue poner nombre y apellido a las mujeres que podrían haber sido asesinadas por redes de trata y quizás estén enterradas como NN.

Igual que Dana Pecci, exvíctima de trata, que estaba enterrada en el Cementerio de Gonnet, sin una tumba a su nombre, hasta que su mamá, Adriana, logró saber dónde llorar a su hija. Con ese objetivo, Celeste trabaja desde la ONG Acciones Coordinadas contra la Trata de Personas con el fiscal Marcelo Colombo, de la Procuraduría de Trata y Explotación de Personas (PROTEX). Tienen información de veinte provincias y de la Ciudad de Buenos Aires sobre personas desaparecidas desde 1990. Un dato impactante: los varones se ausentan en cualquier momento de su vida. En cambio, la desaparición de mujeres se produce, en la mayoría de los casos, entre los 12 y los 17 años.

No todo lo que te gusta en Facebook es verdadero

La posibilidad de ser secuestrada o de que una hija o sobrina pueda ser raptada y metida en una combi sin pasaje de regreso genera espanto. No es un mito urbano que nunca existió, como un fantasma que solo aparece junto a calabazas de ojos fluorescentes, pero tampoco se puede vivir con miedo.

En cambio, sí es muy recomendable ajustar las teclas de la protección y ser muy cuidadosas ante avisos clasificados, castings u ofertas laborales, además de estar atentos, como ciudadanos, a situaciones extrañas o dudosas que involucren a niñas o adolescentes. “Este delito va mutando. Además del secuestro, ahora hay nuevas formas más tendientes al engaño mediante las nuevas tecnologías. Por eso hay que tener cuidado con la captación a través de redes sociales y Google”, advierte Claudia Prince, Secretaria Ejecutiva del Consejo Provincial de las Mujeres de la Provincia de Buenos Aires, con los ecos de las últimas novedades que se expusieron en el “II Foro Internacional sobre los Derechos de las Mujeres: Trata y Tráfico de Personas: contextos actuales”, que se realizó en Mar del Plata, el 5 y 6 de septiembre.

Fernanda Balatti, periodista y autora del libro Vivir para juzgarlos. La trata de personas en primera persona, apunta: “Hay que tomar precauciones y advertir a niñas, niños y adolescentes respecto del uso que los tratantes pueden hacer de la información que se difunde por las redes sociales. Tienen que saber que la información que muestran, en especial correo electrónico, fotos y videos, son datos personales. También, crear conciencia respecto del peligro que implica hacer una cita con alguien que se conoció por Internet sin avisarle a una persona de confianza sobre el lugar y fecha del encuentro. Además, si desaparece alguien cercano, lo que hay que hacer es denunciarlo inmediatamente y no esperar 48 horas aunque la policía se niegue a aceptar la denuncia”.

Precauciones para tener en cuenta

¿Cuándo es sospechosa una oferta de trabajo?

Si te prometen un cambio de vida y/o mucho dinero en poco tiempo; si no te exigen experiencia previa o ningún tipo de calificación. Y si no queda clara cuál es la actividad que vas a realizar, ni los datos de contacto de las personas que te ofrecen trabajo ni el lugar donde se hace la actividad. 

¿Qué tener en cuenta en una entrevista de trabajo?

Avisá a tus conocidos con quién y dónde vas a estar. Y no te presentes sola, en especial cuando se trate de un domicilio particular o un lugar público (que no sea una institución, empresa u organismo). Además,  pedí información sobre la actividad que te proponen realizar y buscá referencias sobre tu futuro empleo.

¿Qué recaudos tomar si viajás por trabajo?

Intentá no viajar sola, ni en compañía de un extraño. Averiguá sobre el destino al que te vas. No entregues tu documentación a nadie. Informá a alguien de tu confianza dónde vas a quedarte.

¿Cómo cuidar a tus hijos? 

Guardá direcciones y números de teléfono de sus amigos y compañeros. Si te comenta sobre ofrecimientos de empleo en el exterior o lejos del hogar, averiguá de qué se trata.

Fuente: Cecilia Merchán, Coordinadora del Comité Ejecutivo para la Lucha contra la Trata y Explotación de Personas, Jefatura de Gabinete de Ministros de Nación.

ETIQUETAS esclavitud explotación trata de personas violencia de género

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