Sophia - Despliega el Alma

Hijos

26 julio, 2011

La tarea escolar, en el banquillo


El objetivo de los deberes es reforzar en casa lo que se vio en clase, pero, a veces, se sobrecarga a los chicos hasta que sienten que es un castigo. ¿Cuál es el origen del problema? Por Isabel Martinez de Campos. 

Pocos días atrás, una madre contó que había tenido que cambiar de colegio a su hijo porque estaba muy exigido. Todo empezó cuando fueron al médico y el pediatra le preguntó: “Pablo, ¿cómo va el colegio?”. Y Pablo se puso a llorar. De ahí en más, la mujer empezó a entender por qué el chico estaba irritable, triste y se quejaba todo el tiempo de dolor de cabeza. Ató cabos y no tardó en llegar a la conclusión de que su hijo estaba desbordado por el ritmo del colegio privado al que asistía desde el jardín de infantes. Si bien tenía un buen boletín de calificaciones, estaba cansado de dedicarle por lo menos dos horas a la tarea escolar después de haber pasado más de medio día en el colegio.

“Al consultorio han venido muchos padres que, a pesar de que sus hijos eran buenos alumnos, decidieron cambiarlos de colegio por la excesiva presión escolar. La queja es que pasan mucho tiempo en el aula y cuando llegan a su casa no les queda tiempo para jugar y distraerse porque tienen que hacer la tarea”, dice la pediatra Rita Savaglio.

El caso de Pablo no es uno más. Son muchas las madres que se quejan de la cantidad de tarea que los chicos llevan a la casa, sobre todo los alumnos de colegios privados, y también los especialistas advierten que hay mucha tarea mal dada. Dictados interminables, trabajos prácticos que demandan buscar distintas fuentes de información, problemas de matemáticas que nunca fueron explicados por el maestro y que terminan devanando los sesos de los padres o en manos de un maestro particular ya son parte de la rutina familiar.

“Mamá jamás tuvo que sentarse a estudiar conmigo, y yo hoy estoy pegada a los chicos para ayudarlos con los deberes. Además, mientras que las maestras particulares eran una excepción cuando éramos chicas, hoy son moneda corriente”, dice María Eugenia, de 36 años, a la salida del colegio. “No me resigno a pensar que no es suficiente el tiempo que mi hija está en el colegio. Me parece que algo tiene que cambiar”.   

Las preguntas son infinitas y abren un debate necesario: ¿Los maestros de los colegios se exceden en la cantidad de tarea que mandan para hacer en casa? ¿Nuestros hijos serán más responsables y autónomos por hacerla? ¿Están los padres exagerando la nota? ¿Será que los chicos no prestan atención en el colegio? ¿Estarán los colegios privados delegando demasiado en los padres para cumplir con sus objetivos?

De acuerdo con varios psicólogos, pediatras y educadores consultados por Sophia, el exceso de presión de los colegios –sobre todo, de las instituciones privadas– es, en parte, responsable de las peleas entre padres e hijos y de la falta de tiempo para jugar. A estas dificultades se suman síntomas orgánicos. “Algunos chicos llegan al consultorio muy cansados (resulta todo un esfuerzo que se despierten por la mañana), tienen cefaleas, dolores de panza o insomnio, sin motivo. Estas señales antes aparecían en septiembre, pero ahora se ven desde mayo”, dice Savaglio.

Una tendencia mundial

La sobrecarga de tarea escolar para el hogar no se ve sólo en la Argentina, sino que es una tendencia que se extiende al ámbito internacional. Según un artículo publicado en el diario The New York Times, en 1981 los chicos estadounidenses de entre 6 y 8 años tenían un promedio de 10 minutos diarios de tarea; en 1997, este tiempo aumentó 25 minutos y hoy llega a una hora o más por día. Según el artículo, en Estados Unidos los chicos no han tenido jamás tanta tarea. Al mismo tiempo, los colegios han ido reduciendo tiempos de recreo y de arte, para llegar a cumplir con las “necesidades básicas de estudio”. Lo mismo sucede en Inglaterra o en España, donde el promedio diario que insumen las tareas es de dos horas.

Pese a eso, el docente e investigador estadounidense Alfie Kohn dice que no hay en el mundo ningún estudio que demuestre que los deberes favorecen la autonomía de los chicos, ni que beneficien su desarrollo intelectual. De hecho, en el ranking de calidad educativa mundial que mide el informe PISA, la Argentina quedó en puesto 63 en 2010; España, en el 33, y Finlandia, entre los primeros puestos. Ahora, tanto en la Argentina como en España, los colegios dan mucha tarea para el hogar, mientras que en Finlandia, considerado uno de los países con mayor nivel educativo del mundo, llevan muy poco trabajo para hacer en casa.

“En Finlandia, cuentan con mecanismos de nivelación. Tienen tres maestras por grado: dos que trabajan dentro del aula y una que sigue a los alumnos que tienen más dificultades. Cada vez se está escuchando más a los especialistas que hablan del cuidado de la niñez, de los riesgos que conlleva el estrés infantil. En los países asiáticos, por ejemplo, delegan en las familias la realización de tareas y la nivelación de sus alumnos, lo que produce un gran estrés en padres e hijos, con muchísimos casos de suicidios por mal rendimiento escolar en la adolescencia”, explica Alejandro de Oto Gilotaux, director de primaria del colegio Los Robles, de la ciudad de Buenos Aires.

Si bien el caso que menciona es extremo, nos da una idea de cómo funciona el concepto de educación en esta sociedad competitiva en la que vivimos. “Muchos padres quieren que sus hijos hagan tarea porque sienten que si están en la casa sin hacer nada pierden el tiempo”, dice el director de Los Robles. Lejos de la sensación de agobio que tienen muchos padres, tampoco se puede negar que existe una pequeña proporción de padres que pide cada vez más estudio y exigencia académica. Tienen la idea de que si un hijo se pasa la tarde haciendo tarea, está aprovechando su tiempo en una actividad constructiva que le permitirá adaptarse a las exigencias de este siglo.

Cumplir con el programa, como sea

Muchos padres y especialistas dicen que los profesores, con tal de cumplir con lo que marca la currícula, avanzan y avanzan sin explicar en detalle los temas, que los chicos no pueden con tanto y que los colegios no se hacen cargo, lo que deja demasiado en manos de los padres o de profesores particulares.

“Los maestros están demasiado preocupados por cumplir con el programa, cuando en realidad el currículo propuesto por el Ministerio es bastante flexible”, dice Liliana Fonseca, licenciada en Psicopedagogía y profesora de la Universidad de San Martín.

“A principio de año, a mi hijo le tomaron una prueba de Lengua en la que incluían los tiempos verbales. Ningún chico pudo hacerla porque no habían estudiado eso el año anterior. Cuando las madres nos quejamos, la maestra nos dijo que si la profesora no había llegado a cumplir con el programa, los padres teníamos que enseñarles a los chicos lo que no habían aprendido para que pasaran al grado siguiente con los contenidos incorporados”, contó Cecilia, madre de Santiago, de 11 años.

Los especialistas coinciden en que está bien que los padres se involucren en la educación de sus hijos, pero que una cosa es colaborar y otra, hacer el trabajo del colegio.

Alejandro de Oto Gilotaux considera que es natural que la familia reclame que el alumno aprenda los contenidos escolares en el colegio, en lugar de tener que aprender en la casa lo que no se dio en el aula: “Si la escuela no es efectiva en esto, falla. El docente que corre detrás de los contenidos sin que sus alumnos los comprendan, y supone que completando los temarios en casa, cumple con su función, se equivoca. El objetivo de la tarea tradicional no es que los alumnos aprendan en sus hogares lo no que les enseñaron en clase”.

Desde la dirección de Primaria de la Escuela Escocesa San Andrés también sostienen que las tareas para hacer en casa deben servir para que los chicos aprendan a estar en una situación de estudio con todo lo que esto implica: leer, buscar información, repasar. La idea es que refuercen lo que ya aprendieron, y los docentes deben estar seguros de que todos los chicos cuentan con los elementos y el conocimiento para poder hacerlo.

La Argentina que piensa

Pero la cantidad de horas dedicadas al estudio no es el único problema. Según los expertos consultados, el modo en que se enseña es la problemática de fondo. “Los chicos aprenden poco en la escuela, no prestan atención porque las clases son demasiado expositivas y no los motivan, y, por ende, deben aprender afuera, ya sea en casa o con una maestra particular”, dice Fonseca.

Muchos especialistas creen que es importante que nuestros hijos aprendan a pensar, en lugar de recibir tantos contenidos que serán superados rápidamente por la ciencia y accesibles a través de otras fuentes de información: “La realidad está cambiando, los padres y los maestros pertenecemos a una escuela distinta y a una sociedad diferente. La educación de nuestros hijos responde más a nuestra modalidad y no a la de los niños de la era digital –agrega Fonseca–. Mientras que la propuesta escolar no se ajuste a la realidad de los chicos de hoy, iremos al fracaso, porque hay algo de la circulación del conocimiento que no se efectiviza. Por eso, vemos a tantos chicos con dificultades y tanta frustración en padres y maestros”.

Eduardo Cazenave, director del Colegio San Juan el Precursor, de San Isidro, también aporta su visión: “Seguimos viendo a la educación como una acumulación sistematizada de saberes, previamente seleccionados por alguna autoridad que ha decidido que eso es lo significativo y culturalmente importante. Poco importa, entonces, el proceso, la adquisición de hábitos como la comprensión de lecturas, la capacidad de abstracción de expresión oral o escrita, el conocimiento de técnicas de estudio o la capacidad de pensamiento propio”.

Según su propia experiencia, Cazenave sostiene: “En muchos colegios son los mismos profesores los que se obligan a cumplir con enseñar los contenidos, sin importar si los alumnos los aprendieron. Dicen: ‘Esto ya lo di. Vamos, que tenemos que avanzar en el programa’, sin detenerse a preguntarse: ‘¿Qué aprendieron?’”.

El director del colegio San Juan el Precursor señala: “El sistema de educación es absolutamente enciclopedista; se mira y se mide si pasaron, no si aprendieron. Este sistema deja afuera al que es distinto; o, si lo incluye, lo hace para que pase, pero no para que aprenda. Mira la meta, pero ignora el camino”.

“Lo importante en la educación no es tanto la llegada sino el ‘ir yendo’. En definitiva, lo fundamental que tenemos para darles a nuestros alumnos es a nosotros mismos; todo lo demás está en los libros, o en Internet. Para incentivar a nuestros hijos, es necesario que todos cambiemos”, admite Cazenave.

“Veo en los padres una búsqueda equivocada por evitarles frustraciones a sus hijos. En los colegios, observo una tensión entre cumplir con lo que el Estado exige y tergiversar las normas para enseñar lo que de verdad creemos que los alumnos necesitan. En este contexto, los chicos están aburridos, necesitan que les presentemos nuevos desafíos, pero en un lenguaje que ellos entiendan, que los motivemos desde nuestro propio entusiasmo –explica–. Los chicos son chicos; la educación no debe ser estresante; tenemos que darles herramientas y mostrarles que el esfuerzo es importante, pero que el objetivo es ser feliz, e ir siéndolo mientras buscamos la felicidad con quien tengo al lado”.

Cómo son las tareas que sirven

1. Se asignan sólo con fines de afianzamiento del aprendizaje.

2. Son dosificadas, motivadoras, variadas, ágiles y adecuadas a las posibilidades del alumno y de su realidad familiar y social, sin afectar el descanso.

3. No deben reemplazar a las clases, ni ser impuestas como castigo o como medida disciplinaria.

4. Están adecuadas a la edad del estudiante y responden a una estrecha coordinación entre todos los profesores del curso o grado, para no sobrecargar al alumno.

5. Toman en cuenta las diferencias individuales y el nivel de madurez de cada niño o adolescente.

6. Están planificadas y coordinadas para evitar la improvisación, la rutina y la sobrecarga de actividades.

7. Están graduadas en extensión y dificultad para evitar el tiempo y el esfuerzo desproporcionados.

8. Motivan al alumno para producir y no para reproducir.

Cómo son las tareas que no sirven

1. Sobrecargan de trabajo al alumno hasta que siente fatiga, rechazo, y percibe que la tarea es un castigo.

2. Dan mayor importancia al aspecto formal y no esencial de la tarea. Es decir, exigir al estudiante que los cuadernos estén escritos con dos o más colores, con doble margen, bien subrayados e ilustrados.

3. Exceso de tareas: la cantidad no indica la calidad. Muchas veces, por dar muchas tareas, se termina agobiando al estudiante y eso ya no resulta beneficioso. La calidad educativa de un colegio no se demuestra por la cantidad de tarea para la casa.

4. Prejuicios: Algunos maestros consideran que su asignatura es más importante que otras y, debido a la falta de coordinación, el estudiante se ve abrumado con muchas tareas de distintas materias.

5. Como las instrucciones no son claras ni precisas, provocan confusiones y falsas interpretaciones.

6. Los profesores no motivan a los alumnos para que las lleven a cabo con gusto y no como una pesada carga u obligación.

7. Recurren al ejercicio memorístico, repetitivo e irreflexivo.

8. No son revisadas o corregidas, lo que ocasiona sentimientos de desaliento y desconfianza en el niño o el adolescente, así como la falta de interés por posteriores trabajos.

Fuente: Edmundo José Lacayo Parajón / Psicólogo

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