Sophia - Despliega el Alma

Inspiración

13 diciembre, 2019

La sabiduría de puertas y umbrales

Puertas y umbrales son un símbolo de las experiencias que debemos traspasar en la vida, esos espacios donde se cocina el aroma y el sabor del alma. Allí es donde nos detenemos y avanzamos para alcanzar una vida con plenitud.


Foto: Pexels.

Por P. Federico Piedrabuena*

Hace unos días fui a visitar la redacción de Revista Sophia. Al llegar a las oficinas en Palermo, Buenos Aires, llamó mi atención la puerta de entrada. Fue un momento de iluminación ver esa abertura hermética y sellada con la inscripción de Sophia en letras blancas plasmadas en la puerta. Toda una imagen de esos ritos de paso y experiencias que debemos atravesar, cual portales, para alcanzar la sabiduría que la vida nos brinda.

Mucho se ha escrito acerca de puertas y portales. Recuerdo especialmente poemas de Gabriela Mistral y Federico García Lorca, quienes, con maestría y sentimiento, nos reflejan el eterno simbolismo de abrirlas, traspasarlas y cerrarlas.

“Hoy vivimos una época rica en puertas y oportunidades. Se presentan ante nosotros múltiples y seductoras, con distintos tamaños y grados de alarma y seguridades. Muchas nos prometen la felicidad con tan sólo atravesarlas”.

Creo que hoy vivimos una época rica en puertas y oportunidades. Se presentan ante nosotros múltiples y seductoras, con distintos tamaños y grados de alarma y seguridades. Muchas nos prometen la felicidad con tan sólo atravesarlas. “Felicidad Ya” se nos vende a sólo un click de distancia, a un paso más en nuestro caminar atravesando la frontera de los miedos.

Hay un mensaje contundente que se expresa como mandato social, una llamada a superar nuestros temores para cruzar la puerta. Valiente parece ser quien se anima a dar el paso. Pero, ante tanto discurso y propuesta de portales, he notado que en nuestro tiempo poco se habla de los umbrales. Como lugar y temporalidad, el umbral es ese espacio y momento en que nos detenemos a pensar, para admirar y contemplar lo que se encuentra delante, para ganar perspectiva. Para decidir hacia dónde queremos ir y meditar qué nos espera al otro lado del dintel.

Detenerse en el umbral es importante para que no nos manejen la vida. Para lidiar con propagandas que apuntan a nuestros impulsos y nos pintan una felicidad que se encuentra en el “aquí y ahora”, pero que implica muchas veces vender nuestra propia alma. El precio consiste en ceder nuestros sueños ante el dinero, lo efímero, lo material, lo descartable y lo superfluo. Ante tantos ídolos que prometen, pero no cumplen. Se nos exige ese sacrificio, necesario para acceder a la tierra prometida.

Necesitamos escapar a esta lógica que nos sugiere puertas sin umbrales, que separa dos realidades esencialmente unidas, olvidando que son dos caras de la misma moneda. Necesitamos volver a una vida rica en umbrales, para poder atravesar nuestras puertas en paz, con plenitud y sentido. El umbral se nos dibuja entonces como el lugar por donde pasa la vida, donde se cocina el aroma y el sabor del alma. Sabor que remite a Sabiduría, a Sophia. La vida sin umbrales es una vida pobre, sin sabor, sin fiesta. Le falta la presencia de Sophia.

“El umbral es ese espacio y momento en que nos detenemos a pensar, para admirar y contemplar lo que se encuentra delante, para ganar perspectiva. Para decidir hacia dónde queremos ir y meditar qué nos espera al otro lado del dintel”.

Byung–Chul Han, un hábil diseccionador de la cultura de nuestro tiempo, reflexiona en El aroma del tiempo acerca de estas realidades y nos ilumina diciendo “La totalización del aquí aleja el allí. La proximidad del aquí destruye el aura de la lejanía. Desaparecen los umbrales que distinguen el allí del aquí, lo invisible de lo visible, lo desconocido de lo conocido, lo inhóspito de lo familiar. La ausencia de umbrales conlleva una visibilidad total y una disponibilidad absoluta. El allí se desvanece en una sucesión ininterrumpida de acontecimientos, sensaciones e informaciones. Todo está aquí. El allí ya no tiene ninguna importancia. El hombre ya no es un animal de umbrales. Los umbrales provocan sufrimiento y pasión, pero también hacen feliz”.

Ante nuestra cultura contemporánea, que sacraliza y diviniza el “aquí y ahora”, que todo lo hace transparente absolutizando las puertas y descartando los umbrales, quiero hacer un llamado a recuperar todo lo que el umbral representa: el “allí y el después”. Y, por lo tanto, la paciencia y el saber esperar. Esperar hasta que las cosas tengan sabor, adquieran sabiduría y nos iluminen. Aguardar para poder celebrar la fiesta de la vida.

“Quiero hacer un llamado a recuperar todo lo que el umbral representa: el ‘allí y el después’. Y, por lo tanto, la paciencia y el saber esperar”.

Los antiguos griegos vieron la riqueza humana de este proceso y lo personificaron y proyectaron en Sophia, la diosa de la sabiduría. Cualquiera sea la puerta que tengas que atravesar en tu vida, te invito a detenerte en el umbral, descubrir que existe un lugar en tu corazón para pensar, reflexionar, contemplar y decidir. Un lugar humano, para compartir y enriquecernos mutuamente. Un lugar por donde pasa la vida. Nosotros pasamos por la puerta, pero la vida pasa por el umbral.

La puerta de entrada a la redacción de Sophia que inspiró al Padre Piedrabuena.

Comparto aquí un poema que escribí recientemente para acompañar estas reflexiones.

Tu puerta

Tu puerta

yace sellada y desvanece

como se astillan los sueños

prístinos de tus inviernos.

Golpeas y esperas

la luz en la caverna

al grito que socava

tu esperanza sempiterna.

Y el tiempo pasa

en tus nevadas sienes

templando el ánimo

del que al partir no vuelve.

Se alza insoslayable

la puerta de tus sueños

perdida está la llave

extraviado está Teseo.

¿Y si de pronto se abriera

si se descorriera el velo?

cantarías con las hadas

al fulgor de un canto nuevo.

Quien va buscando en la senda

y encuentra la encrucijada

sepa que la puerta es grande

y que un tesoro le aguarda

más allá de sus dolores

más allá de su mirada.

Tu puerta es

el umbral de mi esperanza.

*Federico Piedrabuena es teólogo, filósofo, músico y poeta. Párroco en el Conurbano bonaerense.

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