Sophia - Despliega el Alma

Violencia

25 noviembre, 2021

La revolución de las raíces

A veces, el lenguaje simbólico nos ayuda a hablar de aquello que cuesta ponerle palabras. Por eso, en este día tan especial, te compartimos un cuento gentileza de "Mujeres en acción" sobre los daños que genera la violencia de género y la potencia renovadora de las alianzas solidarias.


Texto: Fabiana Fondevila. Ilustraciones: Maite Oz.

Los primeros brotes pasaron desapercibidos. Magnolia sonrió al verlos subir, enredándose en su tronco, abrazando las ramas bajas. La alegró esta nueva compañía. En la comarca alejada, las únicas visitas eran los zorzales y benteveos que buscaban su sombra, alguna fila de hormigas en busca de alimento, y los escarabajos que, desde hacía milenios, elegían al polen de su especie para libar.

Mujeres en acción es una comunidad de aliadas, unidas por el deseo de acompañar a mujeres que estén atravesando (o hayan sufrido) situaciones de violencia de género, y acercarles recursos psicológicos, legales y afectivos. Si estás en riesgo, no lo dudes: ingresá en mujeresenaccion.com.ar y vas a encontrar ese abrazo que tanto estás necesitando.

Al fin, Él se presentó: “Ficus trepador, a su servicio”.

No aclaró de dónde venía, ni a dónde iba, pero elogió sus flores como cuencos, su corteza suave, su porte delicado y esbelto. “Única en la comarca”, susurró, asomando entre las ramas, y ella se sonrojó.
Pasaron soles, lunas, tormentas y vendavales. Ficus ascendía lentamente, rodeando las ramas de Magnolia a paso de caracol, envolviéndolas milímetro a milímetro con su tumulto de hojas.

Una mañana, al despertar, ella lo encontró husmeando entre sus flores. “¡Aroma de los dioses!”, exclamó Él, y pasó a rodear la flor por la cintura. Un círculo, dos, tres, a ritmo de caricia. Con cada giro, los pétalos se inclinaban más hacia su centro, cerrándose a los rayos tibios, a la frescura del aire y a los invisibles tripulantes: insectos, esporas, semillas multicolores, plumas.

“Por favor”, pidió Magnolia, “no cierres mis flores. Sin ellas no puedo llamar a los escarabajos ni alimentarlos. Si ellos no se alimentan, no puedo viajar por el aire y sembrar vida. Si no puedo sembrar vida, me quedo sola. Por favor, no cierres mis flores”. Ficus pidió disculpas y retrocedió. Siguieron días de silencio y quietud.

La primavera se abría paso en capullos y retoños, en moras que se hinchaban de mieles púrpuras, abejas borrachas de polen, crisálidas que eclosionaban en un revoloteo de naranjas, turquesas y borravinos. Una tras otra, las flores de Magnolia se abrían. Y con ellas, todo su ser se disponía a impregnar al mundo de dulzura.

Una tarde, Magnolia sintió un movimiento extraño. Miró hacia abajo y vio que Ficus subía por su tronco nuevamente. Pero esta vez no era a paso de caracol, sino de lava. Sus brazos se deslizaban cual serpiente de rama en rama, clavando sus raíces en cada rendija de su corteza. A su paso, le enrollaba las hojas lustrosas como cucuruchos, y construía una pared verde que no dejaba pasar el aire, el agua ni el sol. Cuando Magnolia salió de su estupor y quiso levantar la voz en protesta, la última de sus flores se cerraba como un puño: no pudo emitir ni un quejido.

Desde ese día, en la comarca no quedó rastro de Magnolia. En su lugar se alzaba un monolito verde, inquietante y sepulcral. Los escarabajos rondaban desconcertados. Trazaban círculos alrededor de Magnolia y se preguntaban a dónde se habría ido. Dentro del monolito verde, ella desfallecía.

La mañana en que comenzó la lluvia, quedaban apenas unas pocas gotas de su savia. Al principio fue una llovizna suave. Para el mediodía, el agua caía a baldazos sobre el suelo de la comarca. La lluvia inundó la tierra apisonada a los pies de Magnolia, sacudió sus raíces, despertó a su savia. La savia robustecida se montó sobre los hongos mensajeros. Los hongos echaron a rodar, sobre su telaraña de filamentos, la preciosa carga.

Mientras la tormenta arreciaba sobre la superficie, la noticia del asedio corrió bajo tierra hasta los cuatro confines. En el este, Acacia destiló su pócima de penas; en el norte, Palmera sintetizó un elixir de furia; en el oeste, Higuera alquimizó el horror en potencia; en el Sur, Tipa tejió una trenza de raíces para portar la medicina.

Antes de que estallara el siguiente trueno, los hongos volvían a Magnolia con su ofrenda. Primero de a gotas y luego a borbotones, se abrieron paso por el tronco los colores: el rojo del coraje, el oro de la confianza, el índigo de la osadía, el verde de la libertad.

Desde las axilas hasta los dedos, las ramas de Magnolia despertaban. En cada rama, las hojas se desenrollaban como trompos y hacían saltar por el aire a las púas ajenas. Por entre el matorral asomaban pájaros atontados.

Filas de hormigas retomaban la marcha. Por fin, con un estertor de triunfo, se abrieron las flores. Magnolia se sacudió a Ficus como a un vestido viejo.

Se podría creer que nada cambió en la comarca desde entonces. La primavera aún sigue al invierno, el verano a la primavera, el otoño al verano. Pero para Magnolia, todo es nuevo. Los escarabajos libadores ya no llegan con manos vacías: cada uno porta noticias de sus hermanas. Algunos traen flores, otros frutos; en los días festivos, traen trenzas de colores. Hasta el más perezoso ostenta sobre su lomo una ráfaga de buenos deseos.

Hay tormentas en la comarca, hay sequías. Para Magnolia y sus hermanas, lo que no hay, lo que ya no habrá, es soledad.

Preguntas para trabajar el cuento:

  • ¿Qué le pasa a Magnolia cuando conoce a Ficus?
  • ¿Cómo es la actitud de él, en el primer momento?
  • ¿Cuándo siente Magnolia, por primera vez, inquietud por la actitud de Ficus?
  • Cuando Magnolia intenta poner un límite, ¿cuál es la respuesta de Ficus?
  • ¿Cómo pensás que se sentiría Magnolia cuando todos pasaban a su alrededor, sin verla?
  • ¿Qué pasó el día en que llegó la lluvia?
  • ¿Hasta dónde llegó el mensaje de la situación de Magnolia?
  • ¿Qué enviaron sus hermanas para ayudarla?
  • ¿Cómo reaccionó Magnolia al recibir la ayuda?
  • ¿Qué pasó con Ficus?
  • ¿Qué te gusta más, o te llama la atención, de las ilustraciones (dibujos) del cuento?

Nuestro agradecimiento a Mujeres en Acción por prestarnos este hermoso texto y por el trabajo que llevan adelante día a día para acompañar y ayudar a las mujeres que sufren situaciones de violencia. Más información: mujeresenaccion.com.ar

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

No está conectado a MailChimp. Deberá introducir una clave válida de la API de MailChimp.

Comentarios ()

Más de Violencia

Mujeres que cuidan a otras mujeres

Frente al dramático aumento de femicidios, ellas decidieron unirse para crear una comunidad de aliadas. Así nació Mujeres En Acción, una plataforma que ofrece asesoramiento legal, contención psicológica y talleres de formación para quienes se encuentran en una situación de violencia.

Noviembre, un mes para tomar conciencia sobre la...

El Senado de la Nación aprobó un proyecto que instituye al mes de noviembre como el Mes de Concientización sobre la Violencia de Género e instruye a distintas dependencias del Poder Ejecutivo a realizar, cada año, actividades de difusión, educación y promoción de los derechos de la mujer.

Femicidios: los culpables lejos de sus hijos

El Senado aprobó ayer la ley que establece la pérdida de la responsabilidad parental para los femicidas y también para aquellos condenados de abusar sexualmente de sus hijos. Además, la Ley Brisa –que establece una reparación económica para las víctimas– ya tiene media sanción.