Sophia - Despliega el Alma

Educación

6 julio, 2009

La rebelión del talento


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Sir Ken Robinson*

Cultivar el talento que hay en cada uno de nosotros es esencial para enfrentar el futuro en un mundo que cambia a gran velocidad. Así lo cree sir Ken Robinson, un profesor inglés que se propone revolucionar el sistema educativo y generar un nuevo paradigma a partir de la creatividad. La clave es “estar en tu elemento”. Pero ¿qué es “el elemento”? ¿Todos tenemos uno? ¿Cómo podemos descubrirlo y desarrollarlo?

Hubo una vez un profesor que enseñaba música en una ciudad del norte de Inglaterra, y por sus clases pasaron dos grandes talentos musicales, pero… ¡él nunca se dio cuenta! La ciudad era Liverpool y sus alumnos, ahora podemos adivinarlo, Paul McCartney y George Harrison. “Cuando les pregunté a Paul y a George si disfrutaban de la clase de Música cuando eran chicos, me dijeron que la odiaban y que nunca participaban en ella. Resulta que este maestro tenía a la mitad de Los Beatles como alumnos y no había notado nada especial en ellos. Algo similar pasó con Elvis Presley, al que nunca lo dejaron integrar el coro del colegio, porque decían que con su voz lo arruinaría todo”.

Sir Ken Robinson es quien cuenta estas anécdotas. Y tiene muchas más. Las fue recopilando a lo largo de los años, durante una investigación que llevó adelante para su libro The element: How Finding Your Passion Changes Everything (El elemento. Cómo encontrar tu pasión lo cambia todo). ¿Qué es lo que este profesor inglés que colabora con los gobiernos y con la UNESCO trataba de averiguar? Nada más y nada menos que qué hace especial a la gente que es especial. Y la conclusión a la que llegó es que cada uno de ellos estaba en su “elemento”.

Pero ¿qué es el elemento? “El elemento es aquel lugar en el que una persona puede hacer lo que naturalmente le sale bien, aquello para lo que tiene una aptitud, pero que también le da gran placer, gran felicidad, que le fascina”, explicó Robinson. Para ‘estar en nuestro elemento’ se tienen que dar esas dos condiciones: tener talento y sentir pasión por lo que hacemos. Para este profesor, descubrir nuestro talento es fundamental en un mundo que está cambiando de manera vertiginosa: “Las empresas necesitan gente que sea creativa, flexible e innovadora, y lo cierto es que muchas veces les cuesta encontrarla. Las cosas han cambiado. Cuando yo me recibí, alcanzaba con terminar el colegio y la universidad para conseguir un trabajo. Hoy vemos a muchísimos jóvenes que se reciben, hacen un máster e incluso un doctorado, y se vuelven a su casa porque no consiguen trabajo. Los niños de hoy harán trabajos que aún no están inventados. Para que las economías prosperen, necesitamos chicos que piensen de manera creativa”. Según Robinson, el problema es que hoy el sistema educativo margina el talento y lo ahoga. Podríamos decir que si hubiera dependido del profesor de música de Liverpool, jamás habríamos disfrutado de las canciones de Los Beatles. Pero por suerte había en ellos una gran pasión por lo que hacían, que los llevó a seguir adelante. Sin ir más lejos, podemos recordar a Jorge Luis Borges, que, ya de grande, contó: “A los 8 años tuve que interrumpir mi educación para ir a la escuela”. Esta falta de capacidad de los profesores para descubrir el talento que hay en cada uno de nosotros no es un problema exclusivamente europeo o norteamericano; es el estado en el que se encuentra la educación en el mundo. Por eso es que lo que Robinson propone es un cambio de paradigma a partir de la creatividad, empezando por desterrar la idea de que el talento es algo de pocos y por perder el miedo a equivocarnos.

–¿Es cierto que todos somos talentosos?

–Por supuesto. Hay que eliminar tres falsas creencias: la primera, que el talento es algo poco común y que pocas personas especiales lo tienen; la segunda, que el talento sólo se encuentra en determinados ámbitos, como en el arte; y la última, que tenés talento o no lo tenés, y que no se puede hacer nada al respecto. Esto no es así, todos tenemos un talento para algo. Pero mucha gente nunca llega a desarrollar su verdadero talento, nunca llega a descubrir lo que es realmente capaz de hacer. Y uno de los principales motivos por los cuales esto ocurre es, irónicamente, la educación.

–¿Cómo nos damos cuenta de si estamos en nuestro elemento?

–Bueno, estar en tu elemento significa que no sólo sos bueno para algo, sino también que te encanta hacerlo. Hay muchos signos de eso. Por ejemplo, si estás haciendo algo que disfrutás, y que podés hacer bien naturalmente, notás que el tiempo pasa muy rápido. Si no estás disfrutando, cinco minutos pueden parecer una hora; pero si estás pasándolo bien, una hora pueden parecer cinco minutos.

–¿Cómo puedo encontrarme en mi elemento? ¿Cuál es el punto de partida?

–Yo propongo un plan de cuatro pasos. Es una secuencia de: “lo obtengo”, “lo quiero”, “me encanta” y “dónde está”. Cuando digo “lo obtengo”, me refiero a que las personas deben dedicar tiempo a escribir y reflexionar acerca de sus puntos fuertes, las cosas para las que piensan que son buenas. Una de las personas de las que hablo en mi libro se llama Bart Connor. A los 8 años, él descubrió que podía caminar con las manos con igual facilidad que con los pies. Las personas no le prestaron atención, pero a los 10 años su madre lo llevó al gimnasio y él iba todos los días. Ocho o diez años más tarde, representó a Estados Unidos en el grupo de gimnastas olímpicos. Otro padre podría haber dicho: “¿Podés dejar de hacer eso con las manos y terminar tu tarea?”. La aptitud es muy importante. Yo nací en 1950 y me enteré hace poco que me dieron una guitarra más o menos al mismo tiempo que Eric Clapton tuvo su primera guitarra. Funcionó para Eric, pero no tanto para mí (risas). Creo que el primer paso es escribir las cosas para las que uno es bueno ahora, o para las que fue bueno en el pasado.

–¿Cómo seguimos?

–El segundo paso es definir cuáles de estas cosas disfrutás, cuáles te atraen. El tercer paso es crear un momento para hacer estas cosas. Toda la gente que logró encontrar su elemento se hizo el tiempo para buscarlo. Sé que puede parecer difícil hoy, pero si te importa, podés hacerlo. El paso final es conectarse con personas que comparten tu interés. Un capítulo de mi libro se llama “¿Dónde está mi tribu?”. Es muy importante conectarse con personas que compartan tu misma pasión, porque te ayudan a continuar en el juego, te dan entusiasmo y confirman que lo que hacés es tan importante para ellos como para vos. Además, entre ellos y vos se alimenta la creatividad.

–¿Qué es ser creativo?

–La creatividad es un proceso muy práctico. Es importante saber eso. No se trata de volverse loco, tirar los muebles o hacer lo primero que se nos venga a la mente. Podés ser creativo en cualquier cosa, en matemáticas, en música, en gimnasia, en inglés, en idiomas… Pero tenés que estar haciendo algo. No se puede ser creativo en abstracto. Para mí, ésta es la clave. Si querés promover la creatividad, tenés que enseñar la disciplina: no podés ser un músico creativo si no sabes tocar un instrumento; no podés ser un matemático creativo si no sabes hacer cuentas. Tenés que manejar la disciplina.

–¿Y en qué parte del proceso tiene lugar la experimentación?

–También necesitás el espacio en el cual puedas desarrollar tus propias ideas, donde puedas experimentar e innovar. Si no se te permite cometer errores, especular o usar tu imaginación, entonces, seguro que estás limitando tus propias habilidades para ser creativo. Creo que necesitamos capacitar correctamente a los maestros. No esperaríamos que los maestros enseñaran a leer y escribir si ellos mismos fueran analfabetos. Creo que hay técnicas que deberían incorporarse al programa de educación de los maestros y tendrían que hacerse accesibles para todos ellos.

–Thomas Edison cosechó más de 1000 intentos fallidos antes de desarrollar la bombita de luz. Cuándo alguien le recordó estos “fracasos”, Edison le contestó: “No fracasé, sólo descubrí 999 maneras de cómo no hacer una bombilla”. ¿Cree que los errores son una condición del éxito? ¿A los chicos se les permite equivocarse?

–Los niños prueban. Si no saben, tratan de adivinar. No tienen miedo de equivocarse y eso es bueno. Si no estamos preparados para equivocarnos, nunca tendremos ninguna idea original. Cuando se hacen adultos, la mayoría de los niños han perdido esa capacidad, tienen miedo de equivocarse. Nosotros, los adultos, no ayudamos mucho porque estigmatizamos los errores. Tenemos un sistema educativo en el que los errores son lo peor. El resultado es que estamos educando a los niños sin tener en cuenta sus capacidades creativas. Creo que no crecemos para ser más creativos, sino menos creativos. Nos educan para ser menos creativos.

–¿Aplacamos su creatividad?

–Sí, los chicos tienen una confianza fantástica en sus propias habilidades creativas, pero con el tiempo las vamos aplastando. Le cuento una historia que relato en mi libro. Es la de una niña que no solía prestar atención en clase, pero en la clase de Dibujo prestaba atención. La maestra, curiosa, se acercó a ella y le preguntó qué estaba dibujando. La niña respondió que estaba dibujando a Dios, pero su maestra le dijo que nadie sabía cómo era Dios. La niña respondió: “Lo sabrán en un momento”. Esto prueba que los niños, hasta cierta edad, tienen una confianza ciega en su imaginación y creatividad. Todos nacemos con eso, con un potencial enorme. Pero con el tiempo, nos vamos alejando de él. Esto ocurre por la forma en que estamos educando a nuestros hijos.

–¿Qué es lo que estamos haciendo para relegar tanto la creatividad en el colegio?

–Todos los sistemas educativos comparten los mismos temas principales. Por sobre todo, están Matemática y Lengua, después las humanidades, y el arte detrás de todo. Es igual en todo el mundo. Dentro de las artes, también se les da más importancia a la pintura y la música sobre el teatro y el baile. No existe un sistema educativo en el mundo que todos los días les enseñe a los niños baile de la misma manera que les enseña matemática. ¿Por qué no? Creo que la matemática es muy importante, pero también lo es el baile. Los niños bailarían todo el tiempo si pudieran. Todos tenemos un cuerpo. A medida que los niños crecen, los vamos educando progresivamente de la cintura para arriba y finalmente nos concentramos en su cabeza, y sólo en un lado del cerebro. Esta forma de enseñanza ya no asegura un trabajo, como era en mi época. El paso por la universidad ya no es garantía de éxito en el mercado laboral.

–¿Está de acuerdo con los sistemas de evaluación? ¿Le parecen rígidos? ¿Pueden medir la creatividad?

–No estoy en contra de las pruebas de calificación, en el lugar donde corresponden. Si voy a hacerme un chequeo médico, quiero saber cuál es mi nivel de colesterol comparado con el tuyo. El problema es que en la educación, donde las calificaciones tienen un papel importante y pueden ser útiles para diagnosticar y analizar el progreso, se vuelven casi el único propósito de la educación y han llegado a dominar el rumbo de ésta. La consecuencia es que, cada vez más, los niños se sienten desalentados, se van alienando del proceso de su propia educación. Creo que parte del problema es que hemos llegado a confundir la educación de los niños con los procesos de fabricación, como si se tratara de autos.

–Eso suena peligroso.

–Sí, porque los autos son absolutamente indiferentes al proceso con el cual se los fabrica, pero los niños no son indiferentes a la calidad de su educación. Si apagás a un niño, podés apagarlo por un tiempo muy largo. El problema con las calificaciones es que se centran en una respuesta, tal vez en tres o en cuatro, pero sólo tenés opciones limitadas. La creatividad se enfoca en ver múltiples posibilidades, ver muchas maneras y muchas respuestas.

–¿Por qué algunas personas consideran que la creatividad y la inteligencia son dos cosas separadas?

–La creatividad está estrechamente unida a la inteligencia. Cuando hablo en algún evento, en cualquier lugar del mundo, pido a la audiencia que le pongan una nota a su creatividad y otra a su inteligencia, y después les pregunto cómo compararían ambas. Muy a menudo, las personas se ponen una nota más alta en lo que creen que es la inteligencia que en la creatividad. Creo que la razón es que hemos llegado a separar la creatividad de la inteligencia, y eso es falso; el pensamiento divergente es un ejemplo muy claro de ello. Es la habilidad de encontrar muchas respuestas posibles a una pregunta, no ver sólo una respuesta. Creo que muchos procesos que existen en la educación ahogan esta capacidad, este pensamiento divergente.

 

*Es profesor y experto en creatividad. Vive en California con su mujer y sus hijos. En enero publicó The Element (El elemento), que le sigue a  Out of our minds, traducido como Fuera de nuestras casillas. De chico tuvo polio y luego vio cómo su padre sobrellevó con ánimo una parálisis. Eso lo ayudó a darse cuenta de que la pasión por lo que hacemos es un motor invalorable.

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