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La química de la felicidad: cómo estimular las hormonas que generan bienestar y reducir las que aumentan el estrés

En el laboratorio natural que es nuestro cerebro, están las sustancias que necesitamos para lograr mayor armonía con nuestras emociones, con nosotros mismos y con los demás. ¿Podemos potenciarlas?

Por Viviana Álvarez

Criado en una familia profundamente religiosa, desde que era chico y oficiaba como monaguillo, Paul Zak se preguntaba qué llevaba a las personas a tener comportamientos morales positivos. Sostuvo esa inquietud por años, se graduó en Matemáticas, en Economía y siguió investigando hasta que comprobó, a través de una serie de experimentos, que esas conductas están guiadas por la presencia de la oxitocina, una hormona que interviene en las conexiones neuronales y también está en el torrente sanguíneo. Desde entonces, Zak es un referente de la Neuroeconomía. Se sabía que los niveles de oxitocina aumentaban considerablemente durante el embarazo para favorecer el parto y la lactancia. Sin embargo, Zak, autor del best seller La molécula de la felicidad. El origen del amor, la confianza y la prosperidad, fue más allá y demostró que esta sustancia genera sentimientos como la confianza, la empatía y alienta la formación de relaciones sociales.

¿Es posible estimular la producción de la oxitocina y otras hormonas que generan bienestar? ¿Podemos desarrollar estrategias para reducir las sustancias que se liberan con el miedo y ansiedad, como el cortisol? Profesionales de la salud consultados por Sophia responden a esas y otras preguntas.

Hormonas del bien

La oxitocina es una hormona relacionada con el comportamiento social, el apego afectivo, el equilibrio, el confort, la seguridad y la felicidad. Está presente en los lazos familiares, en el amor entre una madre y su hijo, en los momentos compartidos en comunidad, en las amistades duraderas y en la escucha activa, detalla Carolina Cancio, Máster en Neurociencias.

Una de las formas más eficaces de estimular la producción de oxitocina es a través del tacto. En este sentido, Paul Zak asegura que mirar a los ojos y abrazar garantizan resultados sorprendentes. Cancio agrega que acariciar animales de compañía, realizar actividad física y meditar, también tienen el mismo efecto. Marian Rojas Estapé, la reconocida médica psiquiatra española que estudió minuciosamente la influencia de las hormonas en las emociones, afirma que consumir chocolate amargo, bananas, frutillas, paltas, nueces y salmón dispara la oxitocina, además de mejorar funciones cognitivas como la memoria y la concentración. 

Junto a la oxitocina, otras hormonas que también tienen efectos benéficos son la serotonina, conocida como la hormona del equilibrio, las endorfinas, que nos llenan de energía y nos impulsan a cumplir metas y la dopamina, que es el neurotransmisor del deseo, dice Cancio. Todas se activan gracias a la actividad física aeróbica o de musculación que también impulsa la formación de nuevas neuronas y, como ya sabemos, mejora el estado de ánimo.

Es importante tener claro que los efectos de las hormonas son resultado de una acción compleja y en conjunto. Ninguna actúa por sí sola. La prolactina y la oxitocina, por ejemplo, funcionan en tándem durante el embarazo y los primeros años de crianza para potenciar la calma, el cuidado y el apego. Lo opuesto al eje del estrés que conforman el cortisol y la adrenalina.

Felicidad contagiosa y prosperidad 

Paul Zak hizo varios experimentos para demostrar los efectos de la oxitocina. Se instaló en una aldea de Papúa Nueva Guinea y observó que los niveles de esta hormona se disparaban después de que los hombres participaban en un baile ritual y colectivo. También fue con todo su equipo de jeringas y reactivos a un casamiento y analizó a la novia y a la madre de la novia, al novio y al resto de los invitados. En ambos casos, quedó claro que la hormona se activa en comunidad, cuando las personas sienten que comparten un propósito.

Zak, cuyo libro más reciente es Inmersion: the science of the extraordinary and the source of happiness, también estudió que la oxitocina genera un círculo virtuoso. “Cuando la libero, siento empatía y eso me lleva a comprometerme con valores morales como la confianza, que prepondera en países prósperos”, decía en una de sus conferencias.

En este momento, ¿qué nos falta para ser una sociedad oxitocínica? Cancio opina que deberíamos concentrarnos en los sentimientos y no tanto en las sensaciones.

“Nos bombardean todo el tiempo con estímulos que nos generan placer, que es algo que se vive de manera solitaria, fugaz. En cambio la felicidad es oxitocínica: tiene que ver con compartir, pasar un momento en familia, cuidar de un amigo cuando lo necesita, tener compasión. Son compromisos que tomamos cuando tenemos un propósito en la vida”, asegura Cancio.

Salir del lado oscuro 

Las hormonas son señales químicas que activan o inactivan ciertas zonas de nuestro cerebro en determinadas situaciones. El cortisol, por ejemplo, enciende las alarmas ante el peligro, el temor o la sensación de una amenaza porque el cerebro no distingue entre lo real y lo imaginario. 

Carolina Cancio enumera algunas conductas vinculadas al cortisol: sentir rencor, vivir pendientes del pasado y del futuro, tener pensamientos repetitivos, no perdonar. En esas situaciones solo podemos ver lo malo, el pensamiento se vuelve negativo y entramos en un bucle del que es difícil salir.

José Bonet, médico psiquiatra y director de la Maestría de Psicoinmunoneuroendocrinología de la Universidad Favaloro, aporta que el cortisol se puede moderar con ejercicios de relajación, con una evaluación cognitiva y con técnicas que potencien las capacidades para afrontar situaciones complejas.

Dormir, tal vez soñar

Son varias las hormonas que se segregan cuando se llega a un sueño continuo y profundo. La más importante es la del crecimiento que interviene en la ansiada y necesaria recuperación física, cuenta Agustín Folgueira, médico especialista en Clínica Médica y Neurología y doctor en Ciencias Biomédicas, dedicado a la Medicina del Sueño. La principal amenaza contra el descanso reparador es el cortisol, que aumenta con el estrés y deriva en la sensación de alerta y vigilia.

Durante la noche hay periodos de sueño: superficial, profundo y la etapa REM en la que se procesan las emociones. Si se interrumpen, las hormonas no llegan a liberarse correctamente y esos ciclos quedan truncados. 

El descanso de menor calidad y duración afecta a los vínculos sociales, causa ansiedad, depresión e irritabilidad. El que es reparador, da bienestar, felicidad y una imagen que genera más confianza en los demás.

Para favorecer el sueño, Folgueira sugiere estos recursos que, de ser posible no deben hacerse con dispositivos: “Al momento de acostarse, las técnicas de relajación muscular progresiva desde la cabeza hasta los pies o de visualización; la oración y las meditaciones de mindfulness reducen la tensión, por ende, el cortisol, y ayudan a dormir en calma”.

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