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Inspiración

5 agosto, 2021

“La peregrinación nos permite ahondar en lo esencial de la vida”

¿Qué mueve al ser humano cuando se pone en marcha desafiando el cansancio del cuerpo para trazar una meta difícil de alcanzar? Una reflexión acerca del valor de peregrinar en busca de una experiencia espiritual más profunda.


Fotos: Unsplash.

“En pocos años ha crecido de manera insospechada el número de gente, sobre todo jóvenes, que recorren ‘el camino de Santiago’. No es fácil saber a qué se debe exactamente tal atracción. Peregrinar es mucho más que hacer deporte o vivir una aventura. Mucho más que emprender un viaje turístico o recorrer una ruta cultural. ¿Qué buscan quienes se ponen en camino hacia Santiago?”, se pregunta el sacerdote español José Antonio Pagola en un escrito acerca del valor de ponerse en marcha con la convicción de que esa experiencia nos transformará. Es que, de cara a una realidad que duele, los seres humanos estamos ávidos de respuestas y, cuando sentimos que no nos encontramos en el lugar indicado para encontrarlas, entonces debemos salir a buscar.

“El camino ha sido desde muy antiguo un símbolo empleado para significar la vida humana. Vivir es caminar, dar pasos, marchar hacia el futuro. Lo dijo de forma bella Jorge Manrique en sus famosas coplas: ‘Partimos cuando nacemos, andamos mientras vivimos, y llegamos al tiempo que fenecemos; así que, cuando morimos, descansamos'”, destaca Pagola y afirma que quien peregrina largas horas “fácilmente comienza a repensar su vida de peregrino por esta tierra”.

“Con el paso de los días de peregrinación, el cansancio, la marcha en silencio, la perseverancia en el esfuerzo, van conduciendo al peregrino hacia el fondo de su corazón”

Pero ¿de qué se trata ese camino que el ser humando busca emprender? “El camino es siempre marcha hacia adelante: ¿hacia dónde? El peregrino se pone en camino por algo: ¿qué le anima a emprender la marcha? Sin meta no hay camino, sino un ir de una parte a otra vagando sin sentido. Solo la meta convierte el recorrido en camino. Solo la meta da sentido a los esfuerzos de cada día. La pregunta es inevitable: ¿cuál es la meta de la vida? ¿hacia dónde hemos de encaminar nuestros pasos?”, reflexiona el religioso.

Se hace camino al andar

Dice Pagola que siempre se emprende el camino con esperanza y cierto temor, con confianza y con incertidumbre. “Es necesario andar el camino acertado, no extraviarse, no seguir caminos equivocados. Así sucede también en la vida. Hemos de encontrar nuestro propio camino: ¿qué quiero hacer con mi vida? ¿a qué quiero dedicarla? La grandeza de una persona se mide por la meta a que aspira y por el ideal que moviliza sus esfuerzos. Solo cuando sigue su vocación personal sale el joven de la indefinición y del gregarismo”, asegura.

Del mismo modo, destaca que con el paso de los días, la peregrinación se va convirtiendo en escuela que permite ahondar en lo esencial de la vida. “El cansancio, la marcha en silencio, la perseverancia en el esfuerzo, van conduciendo al peregrino hacia el fondo de su corazón. Es entonces cuando pueden brotar las preguntas esenciales. ¿No es Dios la meta última del ser humano? ¿No es la vida un peregrinar hacia nuestra patria verdadera? ¿No es Cristo el camino que hemos de seguir para encontrarnos con el Padre?”.

Según dice, este caminar puede convertirse en una experiencia religiosa renovadora como pocas que acabará transformando nuestra forma de ver la vida y de conectar con nuestra espiritualidad.

Oración del nuevo despertar

La procesión, sin embargo, no solo necesita que salgamos al mundo. Necesita, fundamentalmente, que iniciemos un verdadero viaje interior. Por eso, frente a la pandemia que hoy nos toca atravesar, el teólogo español ofrece sus intenciones en la búsqueda de una búsqueda profunda que nos permita ahondar en los caminos del alma y conectar con lo que nos ha ocurrido, desde otro lugar: “Caminábamos con orgullo hacia un bienestar cada vez mayor y, de pronto, nos hemos quedado sin horizonte. En estos momentos, nadie en toda la humanidad sabe cómo será nuestro futuro, ni quién nos podrá conducir hacia el porvenir…”, señala y destaca que el coronavirus nos ha descubierto que somos seres frágiles y que nos necesitamos unos a otros: “No podemos caminar divididos hacia el futuro, sin aliviar a los que sufren, sin acercarnos a los que nos necesitan…”.

“Ningún ser humano está solo. Nadie vive olvidado. Ninguna queja cae en el vacío”.

En su oración, Pagola le pide al Padre que nos ayude a despertar cuanto antes: “Superada la pandemia, nos tendremos que enfrentar a las graves consecuencias que el coronavirus dejará entre nosotros… Jesús, llénanos de tu Espíritu para que nos encaminemos hacia un mundo más humano”, concluye.

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