Sophia - Despliega el Alma

Entrevistas

19 agosto, 2010

La orquesta es comunidad


 

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Inma Shara *

Detrás de la delicadeza de Inma Shara se esconde una enérgica directora de orquesta que deslumbra a los públicos más exigentes. Por Agustina Rabaini. Fotos: Gentileza Inma Shara.

Inma Shara atiende el teléfono desde su casa en el pueblito de Amurrio, en la provincia española de Álava, y su voz se oye cálida, sencilla, cercana. Está sentada en el living y nos cuenta que el lugar está rodeado de montañas y de un verde intenso que la llenan de serenidad. A esta provincia perteneciente al País Vasco en la que nació y creció en los años setenta, ella va a refugiarse cada vez que puede para estudiar partituras de obras de música clásica y para renovar sus energías antes de seguir yendo de hotel en hotel y de las salas de ensayo a los grandes auditorios de las capitales del mundo.

Inma es directora de orquesta sinfónica y a los 38 años ostenta varios logros, empezando por el de ser reconocida como la mejor directora de toda Europa y una de las seis únicas mujeres del mundo que, batuta en mano, guían a intérpretes de nacionalidades diferentes.

Sólo en España, los periodistas especializados la llaman “la pura sangre de la música clásica” y el resto de la prensa y del público la siguen con cariño debido a su talento y pasión por el arte, pero también por su estilo discreto, su elegancia y un fuerte compromiso social que la ha llevado a brindar conciertos benéficos en apoyo de las más diversas causas. “La música tiene la capacidad de unir a la gente en momentos de emoción irrepetible y de despojarla de ese aspecto racional que tantas veces nos divide a hombres y mujeres –explica con entusiasmo creciente–. Como lenguaje de los sentimientos y de la afectividad, yo he intentado posicionarla como una herramienta de compromiso, de solidaridad y de unidad en todas las ocasiones que se me han presentado”.

Inmaculada Sarachaga, el nombre que figura en su documento de identidad y al cual reemplazó por otro más corto y sugerente cuando empezó a brillar en los escenarios, supo muy temprano que quería dedicarse a la música. Gracias al apoyo de sus padres, en la infancia pudo tomar contacto con diversas manifestaciones del arte, como la pintura, la danza, el teatro y la música, pero fue esta última la que la acompañó y la atrapó de manera más intensa. A los 11 años, Inma entendió que la música tendría un papel determinante en su vida y en eso puso todo su empeño. “Una vez que lo racionalicé y supe que esto era lo que quería, canalicé todos mis esfuerzos para que lo que parecía un sueño se convirtiera en realidad”, dice. Hoy Inma está casada con su novio de toda la vida, Jesús, y todavía no tiene hijos, pero juntos sueñan con convertirse en padres algún día. Para llegar a posicionarse como directora de orquesta, primero estudió la carrera de música en el Real Conservatorio de Madrid, y continuó sus estudios en Alemania, Holanda y Estados Unidos cerca de su recordado mentor, el músico Zubin Mehta. Luego se interesó por la música de cine y colaboró en Broadway con directores como Anton Coppola, el responsable de las bandas de sonido de Titanic y Jurassic Park.

Haciendo un repaso rápido, en los últimos años estuvo al frente de las mejores formaciones del mundo, como la Filarmónica de Londres, la de Israel, o las Sinfónicas Nacionales checa, rusa, de Roma, de Ucrania y de Milán.

–Inmaculada, viéndote crecer y transformarte en el escenario, ¿cuán distinta es la mujer que disfruta de la vida de su pueblo de esta otra que dirige grandes orquestas?

–Yo he sido siempre una persona bastante sencilla, tranquila y de andar sin hacer demasiado ruido, pero en el escenario me transformo porque dejo salir toda mi energía, mi pasión y mi emoción. Para mí no hay diferencia entre un concierto y otro. Cuando la música empieza a sonar, doy lo mejor de mí, me entrego por completo.

–¿Por qué creés que siguen siendo tan pocas las mujeres directoras de orquesta en el mundo?

–Yo prefiero no dar números, pero en un periódico italiano salió publicado que somos seis… La incorporación de las mujeres en las orquestas ha sido un proceso lento y paulatino. Todavía recordamos que, en 1950, las orquestas estaban integradas casi exclusivamente por hombres. Aun así, sesenta años después, yo no siento que haya sido más difícil para mí por ser mujer. Cuando dirijo, dejo mi género de lado. El talento no conoce ese tipo de distinciones. Lo importante es tener una buena actitud y una buena disposición para el trabajo.

–Aun así, hasta hoy existen orquestas en Viena que sólo admiten hombres en su formación. ¿Tuviste que romper reglas o esquemas a medida que avanzabas en la profesión?

–No, de verdad. Todavía hay mucho por conquistar, pero el panorama ha cambiado bastante. Yo siempre he pensado que, en esta profesión, el hecho de ser mujer o varón es circunstancial. Lo que realmente importa es esa transmisión de sentimientos que posibilita la música, y la proyección que podamos tener como seres humanos y artistas. Yo me posiciono ante las orquestas como una persona, y cuando te paras así, con una buena preparación de la obra y con una actitud positiva, no tiene por qué haber problemas. Hasta el momento somos unas pocas directoras, pero el futuro es muy esperanzador porque ya hay modelos en los que las futuras mujeres pueden visualizarse.

–Trabajaste mucho para fomentar la educación musical en los niños…

–Sí. Eso es muy importante porque nuestros jóvenes y niños van a ser los dueños del futuro y, en este sentido, su formación es fundamental. Si les damos una formación cultural sólida, ellos sabrán manejarla y capitalizarla después para crear una sociedad mejor. La cultura inculca valores, brinda formación y códigos de referencia ética. Más allá de que vayan a dedicarse a la música o no, los niños que tengan contacto con la música desde pequeños contarán con una herramienta valiosa para expresarse como seres humanos.

–¿Qué tipo de música preferís entre todas y qué más te gusta hacer fuera del trabajo?

–Me gusta toda la música clásica en general, pero dentro de ella, me emociona el estilo romántico. Aunque me considero una mujer pragmática, también soy una soñadora y me llena de ilusión escuchar las obras de Brahms, Tchaikovsky o Mendelssohn. También me gustan las grandes voces y hay momentos especiales en los que me encanta escuchar a Frank Sinatra o a Barbra Streissand. Fuera de la música, me encanta la naturaleza y también disfruto de la gastronomía, como buena vasca. Igual no como mucho; como en plato de postre, me cuido la salud. Las horas de trabajo son muchas, y para los días de ensayos y conciertos necesito estar en plena forma psíquica y física.

–¿Qué más dirías que te ha dado la música en estos años?

–La música me ha dado todo. Para mí, más que una profesión, la música es una forma de vivir y también me ha abierto un camino de valores, un camino hacia la bonhomía. La música abre caminos que pueden ayudarte a ser mejor persona día tras día; contiene tanta belleza que cuando vivís por y para ella, podés volverte un referente. A mí me han educado para escuchar a la gente y no sólo para oírla; no sólo para mirar, sino para ver… Todo esto que significa escuchar y no oír, ver y no sólo mirar, al final del día es muy importante. Siempre he sido creyente , tengo una profunda fe en Dios y eso me ha inspirado mucho… Yo entiendo la vida bajo el compromiso, la ayuda a los demás y el amor, todos valores muy importantes junto con la sinceridad.

–En tus equipos de trabajo, valorás mucho la “comunicación afectiva”. ¿A qué te referís?

–Ése es un término que utilizo mucho. La música es armonía, es expresividad y, sobre todo, colectividad. En la orquesta tenemos que trabajar todos al unísono… Uno de los objetivos del director de orquesta es aglutinar las individualidades artísticas que existen y eso es un reto, pero a través de ese liderazgo afectivo se logran muchas cosas. Vivimos en una sociedad muy cuantitativa y poco cualitativa… Debemos fomentar la capacidad de trabajar en equipo y crear grupos donde no impere el individualismo sino la cooperación. Hoy los conceptos de felicidad están basados en modelos lejanos, un poco agresivos y bastante apartados de lo que yo entiendo por felicidad.

–¿Qué sería la felicidad para Inma Shara?

–Para mí la felicidad está ligada a los valores de bonhomía y solidaridad. Hoy en día se fomentan personas agresivas y una competencia brutal que no permite que nos escuchemos unos a otros. Creemos que el individualismo nos va a hacer alcanzar la felicidad y es todo lo contrario. Sólo ayudando y abriéndonos a los demás es cómo vamos a alcanzarla y ser mejores personas.

–¿Qué significa el éxito para vos, y cómo lo vivís?

–Para mí el éxito radica en uno mismo, en valorar lo que la vida te da y aprovechar las oportunidades que se te presentan para optimizarlas y sacar lo mejor de ellas. En la vida no son tantos los problemas que aparecen, sino los obstáculos que hay que superar y pueden convertirnos en mejores personas. El proceso de la vida es la suma de experiencias positivas y negativas que nos van fortaleciendo como seres humanos.

*Es española y vive en el pueblito donde nació, en el país Vasco. Tiene 38 años y está casada con su novio de toda la vida, con quien planea tener hijos. La reconocen como la mejor directora de orquestas de toda Europa.

ETIQUETAS comunicación comunidad música solidaridad

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