La odisea - Sophia Online

Cine

La odisea

La película de Christopher Nolan retoma la epopeya escrita por el poeta Homero, en un relato de excelente calidad visual y un mensaje profundamente humano.

POR Clementina Escalona Ronderos

Cuando hay quienes hablan de la agonía del cine, del control de la audiencia por las plataformas, de la certeza de que los espectadores prefieren elegir formatos breves, que puedan pausar en el momento que deseen tan solo apretando el botón de un control remoto, una pregunta surge con potencia rebelde: 

¿Qué es lo que tiene el relato de La odisea que tanta gente se acercó hasta una sala de cine para verlo? ¿Por qué hoy, en pleno siglo XXI, queremos romper con la inercia de mirar las cosas desde el sillón de casa, para sentarnos durante tres horas a que nos cuenten una epopeya antigua? 

La última película del director británico-estadounidense Christopher Nolan, La odisea, se estrenó hace menos de un mes. Y durante este tiempo ya logró recuperar su inversión inicial (250 millones de dólares, la más costosa de todas sus películas, mucho más que Oppenheimer, Interestelar y Tenet, por nombrar algunos de sus ambiciosos proyectos) y fue vista por alrededor de 60 millones de personas en todo el mundo.

Porque aunque la película cuenta con grandes superestrellas que sin duda atraen audiencias (como Matt Damon, Anne Hathaway, Tom Holland, Robert Pattinson y Zendaya, algunos de los cuáles ya han trabajado con Nolan en producciones anteriores), estamos hablando de una historia que nace, originalmente, alrededor de 800 años antes de la llegada de Cristo, que se transmitió primero a través de cantos, de “boca en boca”, y que refleja la curiosa imaginación de un poeta griego llamado Homero. 

En el intento de encontrar la respuesta a esas primeras preguntas es donde se esconde la mayor riqueza del éxito de la película. Más allá de la excelente calidad de filmación con cámaras IMAX (una apuesta visual del director por la calidad de imagen), de efectos especiales sobresalientes creados sin inteligencia artificial (otras de las batallas que Nolan eligió dar), y de la preciosura de los paisajes de Grecia, Islandia, Marruecos e Italia (un acto más de testarudez artística donde el creador se opuso a usar pantallas verdes de croma donde luego se recrean digitalmente los lugares y prefirió visitar las locaciones reales), hay un mensaje que resuena fuerte en el alma humana.

En palabras del propio Nolan: «El verdadero poder de la historia radica en sus temas universales de familia y el hogar. A pesar de la naturaleza extraordinaria de Odiseo, su identidad fundamental es la de un esposo y padre intentando regresar con los suyos. Esa tensión y la incertidumbre de si logrará volver a casa es lo que hace que resuene con tanta fuerza en el mundo moderno».

Casi de la misma manera en que Odiseo batalla con tantos obstáculos movido por su convicción, Nolan y su equipo se enfrentaron, durante los 91 días que duró la filmación, a las dificultades de acarrear alrededor de cien kilos de peso de cada cámara IMAX, de trasladar a decenas de personas de un lugar a otro, y a las inclemencias climáticas inevitables dada la decisión de filmar fuera de los estudios. Todo en pos de crear, para el mundo entero, una nueva obra de arte que nos recuerda lo que hemos olvidado.

En su travesía Odiseo no solo enfrenta monstruos enormes, brujas con poderes excepcionales, la falta de comida durante días y tormentas peligrosísimas de alta mar. Odiseo se enfrenta con su propia consciencia, con la pérdida de la inocencia, con la falta del amor hacia sus pares. Su gran aventura para regresar a Ítaca y a su familia, esconde algo mucho más profundo que un viaje con peripecias. Es el viaje de un hombre hacia lo más hondo de sí mismo y es, quizá, el viaje de toda la humanidad.

Matt Damon, en la piel de Odiseo, hace un gran papel (destacándose sobre el resto del elenco que, hay que decirlo, no todos los actores brindan actuaciones muy convincentes), sosteniendo no sólo a la película en sí, sino al relato que necesitamos volver a oír, una y otra vez. 

¿En qué momento olvidamos el sentido de lo sagrado y nos dejamos arrastrar por los cantos de las sirenas? ¿Cuándo empezamos a desconfiar de nosotros mismos, de nuestra capacidad de hacer el bien, y en su lugar esparcimos el odio y la guerra? ¿Por qué ignoramos la potencia de la lealtad, el amor y lo trascendente para salvar al hombre? 

A pesar de ser una historia antiquísima, todavía queremos acercarnos a escucharla. Deseamos, como aquellas personas de la antigua Grecia, reunirnos a recibirla junto a otros. Necesitamos tal vez más que nunca (y eso pueda explicar la repercusión de esta película), volver a reconocernos como especie, una idea que resuena con la reflexión del astronauta Victor Glover, que al volver de la misión al espacio exterior en el Artemis II, señaló que estamos todos a bordo de la misma nave espacial: el Planeta Tierra, un lugar creado para que vivamos en armonía en medio del vasto universo. 

Detrás de las peleas de espadas (que son, por cierto, varias), hay una lucha mucho más fuerte: la lucha por volver a casa. Quien lea entre líneas encontrará su propia interpretación de qué significa eso. 

La película de Nolan promete acción, imágenes espectaculares y actores de los más reconocidos de la industria norteamericana, sí. Pero sobre todo promete devolvernos el valor de los mitos y un llamado a despertar a una nueva consciencia.

La Odisea está actualmente disponible en varias salas del país.

1 COMENTARIOS

  1. No ví todavía la película pero tengo muchísimo interés en verla.Xesde chica me fascinaron tanto la Ilíada como la Odisea.Vra las por compartir tan buena reflexión

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