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Nina Power: La mujer que entiende a los hombres

En su último libro, la filósofa y crítica cultural británica Nina Power propone la reconciliación entre mujeres y varones, y esa mirada le valió la crítica del feminismo más combativo. Sergio Sinay reflexiona en estas líneas sobre su obra.

Foto: Twitter

Por Sergio Sinay

Esta nota empieza por el final. Eso que cuando se trata de películas, series o libros se llama spoiler (anglicismo que el diccionario define como “texto que revela o adelanta información que se ignora sobre la trama”). Y en el final Nina Power dice: “Este es el momento adecuado para intentar una reconciliación general entre hombres y mujeres”. Y agrega: “Entender resentimientos existentes entre los sexos no excluye la posibilidad de superarlos”. ¿Pero quién es Nina Power y en qué final dice eso? Nina Power es una filósofa y crítica cultural británica, doctorada en la Universidad de Middlesex, reconocida militante feminista que se declara marxista. Y las frases aquí citadas son parte del epílogo de su libro ¿Qué quieren los hombres? (La masculinidad y sus críticos), de reciente traducción al castellano.

Power visitó la Argentina en 2017 para participar de las jornadas Justicia y género para una ciudad global, organizadas por la Oficina de Género del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de Buenos Aires. Para entonces ya había escrito La mujer unidimensional, el libro que la convirtió en referente de una posición heterodoxa respecto del feminismo hegemónico (el más combativo, intransigente y vocinglero), y decía cosas como esta: “Circula fuerte la idea de que las mujeres tienen que intentar convertirse en CEOs de empresas, trabajar duro, ser entusiastas. Así podrán romper el cerco de clase y género y convertirse en líderes. El problema es que el acceso al poder no garantiza las ideas del feminismo”. O como esta: “A veces el feminismo es usado de modo oportunista. Un feminismo retórico. La idea de que es genial una mujer como primer ministro o presidente se desmorona al instante en ciertos casos cuando desgranamos sus políticas. Es una paradoja de representación. Si no, basta con mirar las políticas laborales y económicas que estas mujeres promueven”. En nuestro país no necesitamos mirar muy lejos para entender de qué hablaba.

Qué es sexo, qué es género

Para Power ser feminista no es ser anti-hombre, o no debiera serlo, posición que sostiene con argumentos sólidos y claros. En esa línea ¿Qué quieren los hombres? es un aporte poderoso, necesario, refrescante y disruptivo. Abre ventanas de luz y comprensión donde se ha instalado de manera por momentos fundamentalista un ideologismo sesgado e intolerante que dificulta y se niega a toda posibilidad de exploración, aceptación e integración de las diferencias. La sensibilidad, conocimiento y perspicacia que esta pensadora exhibe respecto de lo que significa ser varón en la sociedad y la cultura contemporáneas asombran a la par que conmueven tratándose de una mujer feminista.

Varón y mujer son sexo, no género, aclara Power. Una aclaración necesaria y bienvenida en tiempos en que el tema genera mucha confusión, además de prejuicios cruzados. El género es una expectativa y un mandato social acerca de cómo deben comportarse los sexos. Si se niegan las diferencias biológicas se niegan los cuerpos, y al negarlos se hace imposible entenderlos, saber cómo funcionan. Somos nuestros cuerpos, insiste Power, y desde ellos construimos nuestra identidad, nuestro ser en el mundo, como mujeres y como hombres. Nos vinculamos como personas que tienen sexo y aunque eso significa que tenemos diferencias nada impide que podamos amar las mismas cosas, bregar por la misma justicia, aspirar al mismo mundo equitativo. Debemos entender, propugna la filósofa, que hay un sistema dentro del cual vivimos (el capitalismo tardío) que nos necesita divididos y enfrentados, porque de esa manera generamos más y mejores negocios y no cuestionamos el poder que nos hace infelices. La infelicidad y el desencuentro se anestesian con consumismo.

Vale decir, como muy bien señala Power, que todos somos, independientemente de sexo y géneros, víctimas y conejos de Indias de un sistema que nos resiente y nos convierte en enemigos. El mundo es heterosocial, subraya la pensadora, y los sexos están presentes en todos los ámbitos de la vida. El desafío es aprender a convivir e integrar. Hay un lenguaje empobrecido y mutilado que lleva a hablar de hombres y mujeres en modo unidimensional, a pensar y hablar en términos de todos los hombres y todas las mujeres, como si ellos fueran uno y ellas fueran una. Pero el reto es poder mirar y mirarnos como cada hombre y cada mujer. Singulares y misteriosos.

Del victimismo a la responsabilidad

El patriarcado no es un monstruo del cual todos los hombres somos culpables, recuerda Power. Los varones somos también víctimas, porque la cuestión está en el poder, y no en el sexo. Y el poder y el privilegio, escribe ella, no es ontológico en los hombres, no nace con ellos. Es una construcción social que victimiza al conjunto, aunque de manera diferente a unos y otras. En las guerras, en el trabajo, en las rutas mueren más hombres que mujeres. Aunque los femicidios aumentan, son muchos más los hombres que mueren en homicidios a manos de otros hombres. Nacer hombre no es nacer culpable, apunta Power, y las mujeres libres no necesitan de comisarias ideológicas que les indiquen cómo vivir y vincularse con los varones. Hay un feminismo (que ataca a Power y la tilda de “reaccionaria”), al que ella define como elitista y centrado en el resentimiento, que no modifica la inequidad y la injusticia de la que son víctimas tantas mujeres, que desconoce las reales condiciones de vida de estas y que sólo impide el razonamiento y el encuentro integrador.

Nina Power propone pasar de la era del victimismo a la de la responsabilidad. Cesar de descargar en el otro la culpa de la propia infelicidad, hacerse cargo de las propias elecciones y decisiones y trabajar la relación entre los sexos con aceptación, comprensión, compasión y respeto. Recuperar valores perdidos, enaltecer virtudes olvidadas, renovar y refrescar las miradas que nos conectan. Hay muchas virtudes en la virilidad, dice Power, y enumera desde la capacidad protectora hasta el impulso para construir, el coraje para afrontar la adversidad y el compromiso para defender la justicia. Y en las últimas líneas de su libro expresa: “Algunos pueden interpretar este libro como un análisis conservador de los hombres y las mujeres, y si se lo lee así no es algo que pueda evitarse”. Por fin, cierra así (spoiler): “Imaginar que los hombres y las mujeres podemos ser mejores y estamos destinados de la manera más portentosa a estar juntos en ocasiones, es, a fin de cuentas, respetar la extraña maravilla de la existencia humana en general”.

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