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Mujer y política

24 enero, 2017

La Marcha de las Mujeres contra Trump, en la voz de sus protagonistas

El sábado 21 de enero de 2017 será recordado en la historia como el día en que tuvo lugar una de las máximas movilizaciones de mujeres alrededor del mundo. Su mensaje nos involucra a todos, sin importar la nacionalidad, la religión, ni el género. ¿Querés saber lo que ellas tienen para decirnos?


marcha de las mujeres contra trump
“Amor”, uno de los pedidos de las mujeres de Wisconsin. Foto: Ken Fager.

Por Tais Gadea Lara

“Estamos aquí y alrededor del mundo por una democracia profunda que dice que no estaremos callados, que no estaremos controlados, que trabajaremos por un mundo en el que todos los países estén conectados. Dios puede estar en los detalles, pero la diosa está en las conexiones. Estamos uno con el otro, estamos mirando el uno al otro, no hacia arriba. No más preguntando a papi. Estamos vinculados. No estamos clasificados. Y este es un día que nos cambiará para siempre porque estamos juntos. Cada uno de nosotros, individual y colectivamente, nunca volverá a ser el mismo”. Las palabras de la periodista norteamericana y líder del movimiento feminista Gloria Steinem, resonaron ante los cientos y miles de personas que se congregaron en Washington el pasado sábado 21 de enero.

Un gorro rosa, el símbolo elegido para La Marcha de las Mujeres contra Trump.

Donald Trump fue el principal disparador de una movilización que expresó luchas mucho más profundas, luchas sobre las cuales se teme perder el camino recorrido bajo la nueva presidencia de Estados Unidos. Desde el respeto de la mujer en todas las instancias de su vida (en el interior del hogar, en la calle, en la oficina), hasta la igualdad de condiciones para ambos géneros, desde el respeto a la comunidad LGBT, hasta el cuidado del ambiente y la justicia climática; desde la inclusión de las personas con discapacidad y los inmigrantes, hasta el reclamo igualitario por los trabajadores; desde el fin de la violencia, hasta las mayores expresiones de amor. La marcha del sábado fue una movilización por los derechos de la mujer, pero por sobre todo fue una expresión por la defensa de los derechos humanos.

En la Argentina, decenas de mujeres se reunieron frente a la Embajada de EEUU, en Palermo.

Ellos también marcharon contra Trump

Si hay algo que en los últimos años se ha modificado favorablemente en la lucha por la igualdad de género es que no es un camino en solitario de mujeres. Cada vez son más los hombres que deciden acompañar las marchas, las acciones y los movimientos, porque justamente no se trata del liderazgo de un género, sino de la igualdad entre ambos: hombres y mujeres, mujeres y hombres. En cada una de las movilizaciones alrededor del mundo se pudo apreciar a padres, esposos, hermanos, hijos, todos expresándose en pos de los derechos de la mujer. Entre todos los carteles que ellos elevaron, el del joven estudiante de arquitectura Finn Harries, embajador del Proyecto 1324 que promueve el arte independiente para generar impacto positivo, en las calles próximas a la Trump Tower de Nueva York (Estados Unidos), fue el que mejor sintetiza este caminar juntos en pos de la igualdad: “Así es como luce un feminista”. ¡Gracias, muchachos, por acompañarnos en esta lucha!

En un actual contexto de discusión sobre las cifras, en una agenda mediática que a veces parece destacar más a las celebrities que estuvieron presentes, en un mundo que empieza a reconfigurarse con cambios políticos anteriormente no vistos; darle a voz a quienes se movilizaron es conservar una lucha que se comparte, pero que por sobre todo trasciende a un día y a un presidente. Se mantiene constante y más firme. 

Una expresión desde la juventud

Melina Masnatta es una joven argentina. Su intención por romper con los estereotipos de una sociedad machista la han llevado a desempeñarse en uno de los ámbitos donde quizás hasta el día de hoy se ven menos mujeres: la tecnología. Pero no lo hizo de cualquier forma, sino generando impacto positivo en quienes más lo necesitan. A través de Chicas en Tecnología -organización de la que es cofundadora- busca motivar, potenciar e incrementar el conocimiento y entusiasmo de jóvenes mujeres.

Las vueltas de la vida, su profesionalismo y su compromiso por seguir aprendiendo la llevaron a estar este año estudiando en Estados Unidos. “Estoy aquí realizando un programa de liderazgo con 36 jóvenes de toda Iberoamérica. Fuimos a la marcha en grupo como parte de un fenómeno social que nos involucra a todos como ciudadanos globales”, cuenta respecto de aquello que la movilizó a salir al frío de las calles de Washington el pasado sábado. Y aunque marchó lejos de casa, no perdió de vista sus orígenes: “Decidí marchar porque considero que es parte de un ejercicio ciudadano a nivel mundial, que se suma a muchas actividades de las cuales ya tenemos antecedentes en Argentina”.

Melina marchó con otros, pero no sólo con sus compañeros de estudio. Melina marchó, como ella misma describe, con familias, con abuelos con sus nietos, con adultos, con bebés, con vínculos intergeneracionales por donde se mire. Melina marchó incluso compartiendo la calle con simpatizantes de Trump, como si las motivaciones de la marcha lo trascendieran a él,  y el respeto y la falta de roces hasta parecían darle un gran ejemplo a quienes insultaban y menospreciaban desde una cuenta de Twitter. Quizás porque, como define la joven argentina, “la marcha fue un acto de educación social”.

Una madre junto a su pequeño hijo se sumaron el sábado pasado en Buenos Aires.

Melina marchó con otros jóvenes tan entusiastas y apasionados como ella por la idea de poder cambiar el mundo con sus conocimientos, experiencias y proyectos. Melina fue una de las muchas voces jóvenes que aprendieron del pasado y no quieren callar, sino hacer sentir sus pensamientos, sentimientos y deseos. Así lo sintetiza: “Viví la marcha como un movimiento de consolidación, de una multiplicidad de otras voces, de otro tipo de liderazgo colectivo y colaborativo. Viví la marcha como un movimiento que necesariamente hoy tiene que estar más presente”. 

Una foto de Melina Masnatta junto a mujeres y varones que decidieron hacer oír su voz.

Una marcha que llegó hasta Israel

Vanina Pikholc también es joven, también es argentina, también es mujer. Licenciada en Comunicación, eligió la lucha por la igualdad de la mujer como una de sus especialidades profesionales (Máster en Género, Sociedad y Políticas), pero también como experiencias de vida. Por eso, estar presente el pasado sábado en la marcha no fue algo extraordinario para ella; fue más bien continuar siendo fiel a sus ideales. “Decidí participar en la marcha porque ya es una costumbre para mí asistir a cada una de las manifestaciones de mujeres, donde sea que se hagan. Las mujeres peleamos por la igualdad y el respeto a la diversidad, causas que defiendo como feminista y activista social y considero fundamentales para lograr un cambio en nuestro mundo. En el contexto de las injusticias que amenazan con recrudecerse en estos tiempos, me pareció importantísimo hacer presencia en la marcha”, explica.

A la izquierda, Vanina Pikloh en Tel Aviv. A la derecha, una mujer alza su voz en Argentina.

La joven argentina no marchó en el epicentro de la movilización, sino unos kilómetros (unos cuantos kilómetros) más lejos: en Tel Aviv. El gobierno de Israel se presenta como uno de los aliados preferentes al nuevo presidente estadounidense, principalmente con el objetivo de planificar políticas y estrategias frente al conflicto con Irán y Palestina. Al respecto, Vanina expresa: “Tuve la oportunidad de vivenciar cómo es una marcha en otro lugar del mundo, qué personas asisten y con qué consignas se manifiestan”.  Para ella, la manifestación del sábado no debe ser vista como un evento aislado, sino como parte de una lucha: “Comprobé la increíble fuerza que tenemos las mujeres cuando peleamos por causas justas. En cualquier lugar del mundo, las mujeres hemos sido y somos oprimidas. Y en cualquier lugar del mundo, por más recóndito que sea, vamos a encontrar mujeres luchando contra esa opresión y usando hasta el más ínfimo recurso en sus rebeliones”.

En Chicago, miles de mujeres elevaron sus carteles contra los dichos de presidente Trump.

Vanina fue una de las cientos de personas que participaron en la “movilización hermana” a la marcha estadounidense en Israel. Allí las expresiones se alzaron desde “el amor unido jamás será dividido” hasta  “ser judíos es exigir derechos”, demostrando que la religión también fue un tema en la manifestación. Así lo vivió la joven argentina: “Como judía también me enorgulleció comprobar que la diversidad y la resistencia son valores intrínsecos de este pueblo y que, estemos donde estemos, no vamos a dejar que las injusticias (sean políticas, sociales, culturales, económicas o militares) nos pasen por al lado, sin importar quién nos gobierne en este país o dónde vivamos”. 

En Wisconsin la movilización fue enorme y reunió a familias enteras. Foto: Ken Fager.

Una defensa también por la otra Madre: la Tierra

“Fue un día al cual podré mirar en el futuro y decirle a las generaciones más jóvenes no sólo que participé, sino por qué lo hice”. Con estas palabras, y aún emocionada por lo vivido, se expresa la norteamericana Jenn Wood. Su experiencia en la marcha no fue como extranjera, sino que la involucró desde lo más profundo de su rol como ciudadana de Estados Unidos. “Había estado negada de la situación hasta el viernes. Cuando vi la inauguración, lloré y tuve una mezcla de sensaciones. Fue un día difícil, aterrador, inquietante y abrumador. Por eso quise ser parte el sábado de un día que quedará marcado en la historia”, recuerda.

Jenn Wood salió a las calles de Vermont para velar por el cuidado de la Madre Tierra.

Jenn decidió acompañar a otros en la búsqueda de expresar igualdad en todos los ámbitos. Pero su especial motivación fue uno de los principios que también se incluían en el documento oficial de la movilización: el cuidado de la Madre Tierra. “Lo más importante para mí es el cambio climático y luchar por esa causa, porque también involucra todos los temas de igualdad”, explica la directora de proyectos de Just Energy, empresa que ofrece soluciones en energías renovables, y agrega contundente: “Todo está interconectado. Hoy tenemos que prestar más atención a la justicia ambiental”.

Jenn no marchó en Washington, sino en Montpelier, Vermont, donde la población no supera las 8.000 personas. Pero ese día, Jenn fue una de los más de 20.000 asistentes a la movilización local. “Era la mayor cantidad de gente que había visto en la ciudad y la primera vez que la carretera fue cerrada de tantas personas que llegaban”, expresa. Allí se hizo presidente el candidato a presidente del partido demócrata Bernie Sanders, quien hizo de la causa ambiental y la lucha frente al cambio climático una de las banderas más importantes durante su campaña.

Niñas, adolescentes, mujeres jóvenes y también abuelas marcharon juntas en Chicago.

Como ciudadana, Jenn mira reflexiva al pasado y al resultado de las elecciones: “Horas después de la marcha, una mujer con voz gloriosa cantó ‘Dios bendiga a América’ por el altavoz. Traté de cantar junto a ella en medio de mis sollozos. Eran lágrimas de tristeza y lágrimas de alegría. Hubiera deseado que haya movilizaciones así antes de las elecciones, pero no ayuda pensar en lo que deberíamos haber hecho”. Sin embargo, se la ve esperanzada, viviendo el presente, pensando y actuando para un futuro mejor: “Toda esa energía necesita estar enfocada en mantener el impulso. Ver a tantas personas que nunca antes habían hecho tal prueba de activismo, fue alentador. Tengo esperanza porque siento que todos realmente seguirán comprometidos en impulsar las agendas de la igualdad y la solidaridad”. Inmediatamente en la marcha, Jenn se comprometió a realizar un mínimo de 10 acciones en los próximos primeros 100 días. Aunque para ella los números no importan: “Estoy renovada con esperanza. Estoy inspirada. Me siento confortada al saber que tengo millones… ¿Cuántos? ¿Hay un total?… de otros manifestantes a mi lado en todo el mundo”. 

El símbolo local de una expresión global

Argentina no se mantuvo ajena a la movilización internacional. Fue la Ciudad de Buenos Aires y, más precisamente la Plaza Intendente Seeber (frente a la embajada de Estados Unidos), el espacio elegido para manifestarse. Bajo los rayos de un sol de verano más que intenso, mujeres de todas las edades comenzaron a llegar pasadas las 11 de la mañana para dar lugar, más que a una marcha, a una expresión de lucha: un reunirse para intercambiar experiencias, un momento para encontrar en otros los mismos deseos, las mismas peleas, la misma necesidad de hacer oír sus voces. ¿La convocatoria? Surgió desde un evento en Facebook. ¿Las asistentes? Norteamericanas, en su mayoría, que viven hace años en Argentina y otras que, en menor cantidad, se encontraban vacacionando en el país. Un grupo de unas 50 personas parece pequeño en comparación a los centenares y miles de Washington, Nueva York o Londres. Sin embargo, fue una perfecta radiografía de lo que en ese mismo momento se vivía a nivel internacional.

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Las causas eran múltiples y se defendían desde experiencias propias: ser homosexuales y tener miedo de la discriminación, haber sido acosadas en el ámbito laboral y no recibir contención social, ser adultas y temer por las nuevas generaciones, ser niñas y tener miedo por el futuro que les espera. Este último es el caso de Penélope, una niña de 12 años que vistiendo un gorro rosa y de la mano de su madre, aseguró: “Esto no se trata de Trump sino de cuán discriminatorios son los hombres y por qué las mujeres tenemos que escuchar tantas cosas en la calle. Tengo miedo de crecer y estar en un mundo en el que las mujeres tengan que vivir con miedo”.

Con unos años más de experiencia, Barbara de Oregon, California y de visita en Buenos Aires, agregó: “Estoy marchando en solidaridad de todas las mujeres del mundo. No puedo permitir que mi gobierno diga que está bien maltratar a una mujer”. Por su parte, Olivia, quien vive desde el 2003 en Argentina, se preocupa por “el avance de la derecha alrededor del mundo”: “No creo que Hillary (Clinton) haya perdido por ser mujer, sino porque tiene aún muchos temas que superar de su trayectoria política, cosa que Trump no, porque no es un político sino un empresario. Creo que el apoyo popular que obtuvo Hillary demuestra que Estados Unidos está preparado para un líder femenino”.

De entre las últimas mujeres que hablaron ante todos los presentes, un hombre pidió la palabra. Sus palabras fueron recibidas con emoción: “No estoy acá en contra de Trump. Estoy acá a favor de los derechos de mi mujer, de mis hijas y de más de la mitad de la población del mundo que sé que no tiene los mismos derechos que yo. Estoy acá a favor de los derechos de la mujer”.

¿Marchaste en tu ciudad? ¿Te manifestaste de alguna forma? Compartí tu experiencia en los comentarios de esta nota. Recordá también que, además del sábado, la movilización continúa a través de distintas acciones. Conocé cómo involucrarte en www.womensmarch.com

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