Sophia - Despliega el Alma

12 diciembre, 2012

La madre de todos

Hoy, en el día de la Virgen de Guadalupe, les comparto su imagen: una virgen embarazada (por su lazo oscuro en la cintura), con su manto verde oscuro (que significa que la tierra está en una primavera perpetua y que siempre es el tiempo de la llegada de vida nueva), con su vestido bordado de rosas (desde siempre, el sólo aroma de las rosas puede levantar el espíritu humano, ayudar a los más amargados a recordar el amor y sanar aflicciones), con los cuernos de la luna creciente (principio de un nuevo ciclo de luz para el mundo, nos lleva a un inesperado florecimiento, que puede ser muy sorprendente, en términos de hacer nacer en nosotros un nuevo tipo de misericordia y de vida creativa) y con sus rayos (son el fuego del Espíritu Santo, el inspirador de las almas; para los aztecas, existía la hacedora de fuego, la que resplandece y nos inspira), más tantos otros simbolismos que aparecen en esta imagen. 


Ella se nos aparecerá en infinidad de formas, cuando somos contemplativos y seguidores de la Santa Madre. Se aparecerá tanto en medio del ruido, la agitación, en los momentos en que sentimos que el cielo se nos cae, como cuando hay paz alrededor. 

Pero no hay duda que donde más se hace presente es donde están los corazones rotos. ¿Cuántas veces debe romperse un corazón en una sola vida? Seguramente, muchas veces nos hacemos esta pregunta, pero podemos escuchar la respuesta de Clarissa Pinkola Estés: "Mil veces mil, por cualquier cosa que valga la pena tener o resguardar". Nuestra Señora deja crecer sus rosas más fuertes en el suelo común, donde más se le necesite.

Me uno hoy a todos los corazones rotos del mundo, especialmente a aquellas mujeres que están buscando ser mamás o que han perdido un bebé o un ser querido. 

La fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe es una gran afirmación de la nueva vida que ella sigue trayendo…. "la fuerza de nuestra supervivencia y la fuente de nuestra dicha". 

Si hacemos silencio, quizás podamos escuchar las mismas palabras que escuchó Juan Diego, el indiecito a quien se le apareció la Virgen de Guadalupe… 

 

¿Acaso lo has olvidado?

Soy tu madre.

No estás sólo.

Estás bajo mi protección.

Todo lo que necesites, pídemelo.

No te preocupes por nada.

¿No acaso estoy yo aquí,

que soy tu Madre?

¿Lo has olvidado?

Te amo,

Y estás bajo mi sombra.

 

Que el ser de cada uno de nosotros, es decir, el alma pura nos recuerde siempre que, pase lo que pase, tenemos una madre amorosa, gentil y fiera, que espera que aprendamos… que nos comprometamos y que seamos suavemente feroces, ferozmente gentiles como Ella.

Con Ella, bajo Ella, dentro de Su bendición, que podamos desde hoy sentir que somos cuidados, resguardados, por nuestra Madre grande.

Que puedas recordar que estás arremolinado en sus manto de estrellas, rodeado del aroma de sus rosas vivas, que estás protegido espiritualmente y, muy en especial, que eres en verdad amado.

Que así sea.

 

 

ETIQUETAS espiritualidad

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