16 de septiembre de 2026
Es, en sí mismo, un acontecimiento que una obra teatral inédita de Silvina Ocampo llegue al escenario. Si, además, lo hace en la Sala Casacuberta del Teatro San Martín, su estreno cobra una fuerza particular.
Entre el surrealismo, el humor negro, la comedia y el folletín de suspenso, La lluvia de fuego despliega una trama de pasión, engaños y secretos domésticos. Tratándose de Ocampo, no faltan el crimen, los tintes macabros y lo siniestro en el centro de lo cotidiano. La puesta de Marilú Marini recupera una pieza que la autora escribió hacia fines de los años cincuenta, en coautoría con el poeta tucumano Juan José Hernández.
En una casa de jardín florido viven Adelaida y su criada Predefinda. Adelaida, rica, sensual y conocida en el barrio como “la Greta Garbo”, ha sido abandonada por su marido. La aparente tranquilidad doméstica comienza a resquebrajarse cuando aparece Marcelo, un joven vendedor de verduras que se convierte en objeto de deseo y desencadena una trama de mentiras, simulacros y situaciones cada vez más inquietantes. Hay también un abogado, una sobrina, un verdulero que corteja tanto a la señora como a la criada y la sospecha de un embarazo. Poco a poco, lo que parece una comedia de costumbres deriva hacia una historia de violencia, complicidad femenina y una escena macabra.
Entre el folletín radiofónico, el sainete y el surrealismo, la obra se resiste a encerrarse en un género. Ese desplazamiento es uno de sus mayores atractivos: todo parece ligeramente corrido de lugar y, detrás de las buenas costumbres, aparecen el deseo, la crueldad y el absurdo. Aunque algunas estridencias y cierto esquematismo debilitan la tensión dramática, Marini y los actores salen airosos del desafío de poner en escena este cruce farsesco en una casa y una clase social en decadencia.
Marilú Marini llegó a la dirección desde la actuación, “a puro deseo y desde el cuerpo”. “Lo que me motiva para seguir haciendo cosas es la infinita posibilidad que tenemos los seres humanos de seguir descubriendo y aprendiendo”, dice a los 87 años. Su puesta parte justamente de esa apertura a lo inesperado que el teatro siempre puede ofrecer.
“No hay realismo, no hay convenciones”, ha dicho sobre la pieza. En lugar de reproducir un universo realista, construye una escena poética y deliberadamente extrañada, atravesada por la imaginación, el juego, la ironía y el sarcasmo. Marini apela a lo que ella misma llama “humor de la reflexión”: una forma de acercarse a aquello que se esconde detrás de las apariencias. El uso del espacio —con un horno de cerámica en el centro de la escena— y el trabajo corporal de los actores potencian esa dimensión.
La directora conocía bien este material. En 1997 había interpretado a Adelaida en París, en el teatro de Bobigny, junto al grupo TSE y bajo la dirección de Alfredo Arias. Según ha contado, el texto llegó a sus manos como regalo del escritor Adolfo Bioy Casares, esposo de Silvina Ocampo.
En la puesta actual, Marini trabaja sobre los cruces entre personajes y cuerpos y encuentra en el ritmo del vodevil una forma de hacer aparecer tanto la seducción como lo siniestro. La risa no cancela la oscuridad y podría —en manos de Ocampo— volverla todavía más perturbadora. Aunque ese efecto no siempre se alcanza por completo, Valeria Lois, como Adelaida, se luce en el centro de la escena y evita que el personaje pierda su enigma. Carolina Saade, como Predefinda, acompaña con eficacia el tono entre ingenioso e inquietante de la puesta.
Tratándose de Silvina Ocampo, uno espera siempre que aparezca aquello que se corre de lo establecido. La lluvia de fuego cumple con esa promesa: detrás de una fachada doméstica reconocible abre una zona de deseo, violencia y absurdo. Y lo hace con una herramienta que Marilú Marini parece conocer muy bien: hacer sonreír allí donde, apenas un instante después, descubrimos que había algo de qué horrorizarse.
La lluvia de fuego integra la programación del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) 2026.
Funciones: miércoles a sábados de septiembre a las 20:30 y domingos a las 19:30. Sala Casacuberta del Teatro San Martín, Av. Corrientes 1530, CABA.
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