Sophia - Despliega el Alma

Género

27 enero, 2011

La hora de las mujeres


Por Santiago Carballeda desde Francia. Agustina Rabaini y Marta García Terán.

Escritoras:

Anne Gavalda – Fred Vargas – Muriel Barbery – Amélie Nothomb – Nicole Krauss – Milena Agus – Arundhati Roy – Banana Yoshimoto – Carla Guelfenbein – Lorrie Moore – Janice Y. K. Lee
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Escriben con inteligencia, humor, intimidad y emoción. Usan su talento para producir novelas que impulsen una sociedad mejor, para denunciar situaciones de abuso e incomprensión, para encontrar la esencia de la naturaleza humana en ese ir y venir de la vida diaria, para revalorizar los afectos o para descubrir la grandeza en personajes cotidianos, alcanzables, sencillos, que podrían estar muy cerca de nosotras; tan cerca que quizá nos cueste tomar distancia para que se manifieste allí, en lo profundo de su alma, la riqueza que nos ofrecen… Algo está cambiando en el universo de la letras: surgen con fuerza escritoras que, más allá de las excelentes críticas, de los premios y del impacto de sus palabras, están demoliendo poco a poco el prejuicio de que las mujeres producen “literatura femenina”, mientras que los hombres hacen literatura universal.

Contra todos los pronósticos iniciales, sus libros se convierten en best sellers y muchos llegan al cine y al teatro y son éxito de taquilla; trascienden las fronteras territoriales, sociales y culturales, y son, efectivamente, universales, porque cualquiera de nosotros, vivamos donde vivamos, podemos encontrar algo nuestro en sus protagonistas. Ellas tienen entre 30 y pico y 50 y pico y una enorme capacidad para conmover con un mensaje sencillo, sin pretensiones intelectuales, a millones de lectores que las siguen en todo el planeta.

Estas escritoras a las que hoy el mundo mira son muchas y muy valiosas. En Sophia quisimos rescatar a algunas representantes de este movimiento, como las estadounidenses Nicole Krauss y Lorrie Moore, la japonesa Banana Yoshimoto, la italiana Milena Agus, la india Arundhati Roy, la chilena Carla Guelfenbein, la china Janice Y. K. Lee, y las francesas Amélie Nothomb, Anne Gavalda, Muriel Barbery y Fred Vargas, conocidas como las golden girls (las chicas de oro) de la literatura de ese país.

No sólo sus libros son interesantes, sino que en la mayoría de los casos también vale la pena conocerlas a ellas. Algunas evitan la fama y se retiran a llevar una vida tranquila, lejos de las cámaras y de los autógrafos; otras les dan más importancia a los vínculos que a las ganancias que puedan reportarles las ventas de sus libros y optan por ser fieles a las pequeñas editoriales que les dieron una oportunidad cuando nadie las conocía. No todas estudiaron Letras ni tienen importantes maestrías en su haber. A algunas el éxito les llegó más temprano y a otras, más tarde; hay quienes empezaron a escribir muy jóvenes y quienes comenzaron a hacerlo cuando el tiempo ya les había dado la madurez necesaria para adentrarse en el universo de la razón y los sentimientos.

Son maestras,  profesoras, periodistas, científicas o, simplemente, amas de casa. Pero todas tienen algo en común: hacen del mundo interior, el de las emociones, el eje de sus novelas, sin que a nadie se le ocurra plantearles que se trata de un género menor o “femenino”. Eso ocurre con las golden girls francesas que, como el rey Midas, “convierten en oro todo lo que tocan” y son muy valoradas por la crítica y por el público. La aparición de esta nueva generación de escritoras se convirtió en el fenómeno literario más importante de Francia en los últimos años y, a diferencia de la vieja generación encarnada por Marguerite Duras,  Simone de Beauvoir o Françoise Sagan, ellas desdeñan la vida bohemia de Saint-Germain-des-Prés, no frecuentan los cenáculos literarios de la Rive Gauche del Sena, no coleccionan amantes ni aventuras sentimentales y, en apariencia, se comportan como simples amas de casa. Ellas, al igual que otras escritoras de todo el mundo, contribuyen a rejuvenecer y dinamizar la literatura dándole valor a la mirada de las mujeres. Las invitamos a conocerlas.

Anne Gavalda

Contra todos los pronósticos

Anne Gavalda nunca pensó que algún día, por fin, podría tener éxito en la literatura. Profesoras de Letras en un colegio católico de Melun, cerca de París, sus sospechas comenzaron a confirmarse cuando numerosas editoriales empezaron por rechazarle el manuscrito de un libro de cuentos que escribió mientras esperaba el nacimiento de su segunda hija, Félicité: Quisiera que alguien me esperara en algún lugar. Hasta que la editorial Le Diletante decidió jugarse por ella y, para sorpresa de muchos, su primer libro se convirtió rápidamente en un best seller que vendió 1.900.000 ejemplares y fue traducido a 27 idiomas. “Yo no esperaba alcanzar un éxito semejante, pero, como soy un poco fatalista, decidí aceptarlo como venía y saborear el momento”, dice Anne.

En sus 40 años de vida, uno de sus mayores dolores fue la separación de sus padres. Hasta ese momento, su familia vivía en una vieja abadía desafectada: “Faltaba el confort de la vida moderna, pues no había calefacción ni agua caliente, pero formábamos una familia extremadamente unida”. La separación la obligó a terminar sus estudios como pupila en un colegio de monjas. Años después, en 2009, ella misma se separó de su marido poco antes del nacimiento de Félicité, pero optó por seguir viviendo en Melun para que sus hijos estuvieran cerca del padre.

Anne se mantuvo siempre fiel a su primer editor. Incluso se niega a recibir anticipos sobre las ventas, como hacen casi todos los escritores. Sólo cobra cada seis meses cuando le llegan los informes de ventas: “Una buena relación con el editor vale más que un buen cheque”, asegura. Sus lectores, fascinados por su primera novela, se precipitaron en 2002 sobre su segundo libro: La amaba vendió 1.300.000 ejemplares y fue traducida a 21 idiomas. Esa historia inspiró una película que lleva el mismo nombre y fue filmada en 2007 por Zabou Breitmann. En 2002 publicó

35 kilos de esperanza, un libro dedicado a la juventud, que rinde homenaje a esos estudiantes que obtienen malas notas en la escuela, pero son personajes maravillosos. Esta novela fue adaptada para la televisión en 2009 y, luego, para el teatro, una obra que este año fue exportada a Tokio. Su último libro, publicado en 2004, fue otro éxito: Juntos, nada más es la historia de cuatro personas que comparten un departamento, pero que no tienen  –en apariencia– ningún vínculo en común. Esa novela sobre un aristócrata insociable, una artista que trabaja de empleada de limpieza por la noche, un cocinero y su abuela superó los dos millones de ejemplares vendidos y se tradujo a más de 50 idiomas. Además, fue llevado al cine en 2006 por Claude Berri y el personaje principal fue interpretado por Audrey Tautou, la actriz de Amelie.

El éxito de Anne proviene de su asombrosa capacidad para escribir de manera sencilla y conmovedora: “Mis personajes hablan con un lenguaje de todos los días –explica–. Es el mismo que escuchamos en la calle o en la oficina, y no el que aparece en los libros. Son seres vivos que se debaten contra la angustia, tratan de escapar a la soledad y necesitan amor”.

Fred Vargas

Dos vidas, dos pasiones

Como en una novela de suspenso, Fred Vargas tiene dos vidas, dos identidades, dos profesiones y dos pasiones. En una de ellas, a la que le dedica once meses al año, vive recluida en su laboratorio del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de Francia (CNRS), donde estudia las transmisiones virales entre los animales y el hombre, y a veces pasa largos períodos en excavaciones perdidas buscando vestigios arqueológicos que le abran nuevas pistas en sus investigaciones. Después, durante su mes de vacaciones, escribe novelas policiales. “En el fondo  –explica Fred–, no hay grandes diferencias entre el método de trabajo de un arqueólogo y el de un policía”.

Su verdadero nombre es Frédérique Audoin-Rouzeau. Es hija de un escritor, el surrealista Philippe Audoin, y de una química; y hermana del historiador Stéphane Audoin-Rouzeau, gran especialista de la Segunda Guerra Mundial, y de la pintora Jo Vargas, que además es su gemela. Fred vive con su hijo y un grupo de perros y gatos que se instalaron en su casa sin pedir permiso: “Como les dábamos de comer y nunca les pedimos que se fueran, se quedaron a vivir con nosotros para siempre”.

Fred sólo usa su nombre verdadero para sus actividades científicas como arqueozoóloga e historiadora de las grandes epidemias, y es considerada la mejor especialista francesa en la peste negra. Su último tratado, Los caminos de la peste: la rata, la pulga y el hombre, vendió 50.000 ejemplares, un número asombroso para un tratado científico. Hace dos años tuvo su mayor momento de gloria cuando inventó una combinación plástica para protegerse contra la fiebre aviaria.

Es en su faceta de escritora en la que usa el seudónimo Fred Vargas. Fred es el diminutivo de Frédérique, y este mismo recurso fue el que utilizó su hermana gemela, Joëlle, una pintora que firma Jo Vargas. Las dos hermanas se inspiraron en el personaje María Vargas, que interpreta Ava Gardner en La condesa descalza, para elegir el apellido.

A través de sus quince libros, Fred Vargas creó un nuevo género de novelas policiales: el rompol. “Inventé esa definición, acrónimo de las palabras roman (novela) y policier (policial), para diferenciarme de las tradicionales novelas policiales”, explica.

Una de las características esenciales de sus novelas es la extravagancia de los personajes, que pasan de un libro a otro. El personaje central de todas sus historias es el policía Jean-Baptiste Adamsberg, un comisario distraído y sin ningún método de investigación, que vive rodeado de un grupo de científicos conocido como los “Evangelistas” que lo ayudan a resolver los casos: “No puedo separarme de esos personajes porque están inspirados en gente que forma parte de mi círculo íntimo. El historiador Lucien Devernois, por ejemplo, es un doble de mi hermano y tiene sus mismas virtudes y defectos. Me divierte mostrarlo como yo lo percibo a través de mi amor fraternal y no como es tal vez en la realidad cotidiana”.

Hasta mediados de 2010, sus ventas totales ascendían a 6 millones de ejemplares en Francia, más las tiradas siderales que se hicieron en otros 38 idiomas. Como en el resto de su vida, Fred Vargas es fiel a sus amistades: desde el principio de su carrera sólo publica en Viviane Hamy, una minúscula editorial que tuvo el olfato de confiar en su futuro cuando recibió el primer manuscrito. Esa obra la convirtió en la escritora más premiada, con diecisiete recompensas internacionales, incluyendo el Deutscher Krimipreis y, en dos ocasiones, el preciado Duncan Lawrie International Dagger de Gran Bretaña.

De su obra se hicieron dos adaptaciones cinematográficas, Vete rápido y regresa tarde (2007) y En los bosques eternos (2010), y se filmaron cuatro películas para televisión.

Muriel Barbery

El best seller menos pensado

Ella es la autora del best seller más insólito de los últimos años: cuando se publicó en 2006, La elegancia del erizo pasó casi inadvertido. La editorial decidió no hacer ninguna publicidad y depositó todas sus esperanzas en el viejo método “del boca a boca”. En poco tiempo, el libro se convirtió en un éxito literario que se vendió durante más de dos años a un ritmo de 10.000 ejemplares por semana hasta totalizar 1,2 millones, una cifra similar en Italia, y cerca de 25 millones en otros 45 idiomas. Ese año cosechó ocho reconocimientos, entre ellos el premio Rotary International. Caso único en la historia, La elegancia del erizo se mantuvo durante 133 semanas en la lista de best sellers de Livres Hebdo, la biblia de los libreros, y se convirtió en un fenómeno de taquilla cuando fue llevada al cine en 2009.

Hasta que el éxito vino a golpear a su puerta, había trabajado como profesora de Filosofía en Caen, a unos 230 kilómetros al oeste de París, sobre la costa atlántica. Pero cuando se encontró con la fama, y todo lo que ella trae, renunció a su carrera docente y partió con su marido Sthéphane, fotógrafo profesional, en un viaje que los llevó desde Nueva Zelanda a Corea del Sur y Hong Kong para terminar en Kyoto. Desde entonces vive en esa ciudad, dedicada a estudiar la cultura japonesa.

El erizo sedujo a casi 500.000 lectores porque es la historia simple de la portera de un edificio de departamentos aparentemente inculta, ruda e intratable, que, detrás de esa apariencia agresiva, disimula una enorme cultura y una extrema sensibilidad: “Exteriormente está acorazada por enormes pinchos que la convierten en una verdadera fortaleza –dice la protagonista de la novela, Paloma, una niña de 10 años–, pero yo tengo la intuición de que en el interior ella es tan refinada como los erizos, que son animales falsamente indolentes, ferozmente solitarios y terriblemente elegantes”.

A partir de esa definición, los lectores se dejan atrapar poco a poco por ese personaje seductor que le dio a su gato el nombre de León (en homenaje a Tolstoi), escribe un francés académico pero deliberadamente comete faltas de ortografía para mantener su apariencia de portera poco instruida, estudia a Husserl y aprecia la música de Mozart, el cine de Ozu y las naturalezas muertas de la pintura flamenca. Pero, al mismo tiempo, no desdeña la música popular y Blade Runner. “No hay por qué optar por unos y desdeñar a otros”, argumenta.

Desde Gallimard, sus editores le envían periódicos mails a Kyoto para preguntarle si está escribiendo otra novela y cuándo piensa entregarla. Ésa es la misma pregunta que se formulan sus lectores y que aún no tiene respuesta.

Amélie Nothomb

Humor y desenfado

Amélie Nothomb nació en una familia aristocrática. Hija de un embajador belga –heredero del título nobiliario de barón que recibió su familia en el siglo XVIII–, nació en Kobé (Japón) y vivió alternativamente en China, Estados Unidos, Birmania, Laos y Bangladesh. Sólo conoció su país, Bélgica, a los 17 años. Esa experiencia poco común de civilizaciones y culturas diferentes le dio una visión original del mundo, que se expresa en toda su literatura.

Consciente de que todos los libros que publica se transforman de inmediato en best sellers, es incapaz de decir qué va a hacer cuando entregue la novela que está escribiendo hoy: “Viajar, no hacer nada, dormir, radicarme en Japón, irme de vacaciones… No sé. No tengo la menor idea sobre mi futuro inmediato y, menos aún, qué haré después. ¡Qué horror hacer proyectos! ¡Es un ejercicio que me horripila”, dice, fiel a su estilo desenfadado.

Lo único que le interesa y que sabe hacer, según confiesa, es escribir. Los críticos literarios consideran que su estilo es “valioso y pedante, pero a la vez cómico y con mucho carácter”. Pero ese juicio “demasiado intelectualoso” no la conmueve. Sus lectores, en cambio, valoran el ritmo de sus relatos, la precisión de su vocabulario, su estilo simple y directo, su sarcasmo –que le permite mantener cierta distancia con el relato–, la singularidad de sus temas y, sobre todo, su forma descontracturada de actuar.

Algunas de sus novelas, como Péplum y Cosmética del enemigo, están constituidas por un largo diálogo entre dos personajes. Esa técnica casi teatral facilita la lectura y le concede un ritmo palpitante.

Vestida siempre con un sombrero de copa  –por lo general, de formas y colores extravagantes–, se convirtió progresivamente en una de las estrellas de los programas de televisión. Los productores la invitan con frecuencia a fin de que despliegue su desenfado y su talento para destilar frases ingeniosas.

Autora de diecinueve novelas, once volúmenes de relatos cortos y seis piezas de teatro, dos de sus libros fueron llevados al cine. Desde 1992 publica una novela por año, que sale para la rentrée, es decir, el regreso de las vacaciones, que marca también el comienzo de la temporada de premios literarios. Seis veces fue galardonada por sus libros. En 1999 obtuvo incluso el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa de Letras por su novela Estupor y temblores. Pero su éxito se mide, sobre todo, por las ventas que acumula con cada libro: cada una de sus novelas vende entre 500.000 y un millón de ejemplares.

Nicole Krauss

Talento joven

Tiene apenas 36 años y en su corta carrera como escritora ya ha cosechando los elogios de autores consagrados como Susan Sontag, J. M. Coetzee y Philip Roth. Nicole Krauss nació en Nueva York y, aunque durante su adolescencia vivió en Ginebra, hoy reside en Brooklyn con su hijo, Sasha, y su marido, Jonathan Safran Foer, también escritor.

Nicole escribió su primera novela, Llega un hombre y dice, a los 25 años, aunque recién este año se editó en español, pero ya antes había sorprendido a críticos y lectores con La historia del amor, en 2006, una novela con ecos del Holocausto en la que bucea en su origen judío y en temas recurrentes dentro de su narrativa: el paso del tiempo, las pérdidas, la memoria y el peso de las herencias.

“Empecé a escribir como lo hacen todos: estaba obsesionada por los libros –contó–. Me gustaba la poesía, aunque escribía casi en secreto, de manera semiclandestina, y no le mostraba a nadie mis poesías. Con los años, la escritura pasó a ser mi forma natural de expresión, un proceso que hoy me permite estar en equilibrio con el mundo, canalizando mis emociones”.

Esta escritora se caracteriza por un juego narrativo que echa a andar diseñando historias dentro de historias con personajes que le permiten dar vida a diferentes voces: “Cuando escribo ficción, gran parte del placer proviene de la libertad para inventar. Si escribo en la voz de una mujer, a veces siento que estoy demasiado cerca de mí misma y no tengo la oportunidad de habitar un territorio imaginario. Escribir desde la voz de un hombre me ayuda a despojarme de mi constante autocrítica”.

En la obra de Krauss puede reconocerse la influencia de la obra de Franz Kafka y Philip Roth, entre otros, y de autores en lengua castellana, como Jorge Luis Borges y Roberto Bolaño, de quien se declara fanática. Su último libro, el tercero, Great House, es un combo de cuatro historias en las que vuelve sobre el tema de la memoria y los legados familiares.

Milena Agus

El universo femenino

Hija de padres sardos, esta escritora italiana creció en las calles de Génova, Italia, en 1957, pero vive desde hace años en Cagliari, Cerdeña, donde escribe y trabaja como profesora de Lengua Italiana e Historia. Milena está divorciada, tiene un hijo músico y, con el humor que la caracteriza, dice que se parece a la Condesa de Ricota –una de las protagonistas de sus libros– por cierta torpeza y por el talento para salir indemne de los líos.  Su mayor éxito editorial le llegó a los 49 años, en 2006, cuando publicó una novela corta, La mujer en la luna, y su nombre se convirtió en un suceso, con más de 750.000 ejemplares vendidos. El secreto de Milena es que tiene la capacidad de contar historias sencillas pero conmovedoras, con una notable sensibilidad a la hora de transmitir mensajes esperanzadores que dejan traslucir su idea de que “siempre estamos a tiempo para descubrir o alcanzar la felicidad.”

En La mujer en la luna, la joven protagonista decide investigar la vida amorosa de su abuela y comienza allí una aventura llena de humor y ternura a través de la vida de una mujer apasionante. En La imperfección del amor, su cuarto libro, la autora sigue la vida de tres hermanas y ahonda en la intimidad de la vida familiar y en el amor, no sólo el de pareja.

Arundhati Roy

En defensa de la paz

El nombre de Arundhati Roy se instaló en el mundo de la literatura en 1997, cuando ganó el premio Booker –el más prestigioso de Gran Bretaña y el equivalente al Goncourt francés– por su novela El dios de las pequeñas cosas. Traducido a 36 idiomas, el libro puso a la autora en lo más alto de la narrativa india contemporánea con un relato sobre la opresión de clase y el machismo en la India, a través de la historia de dos hermanos gemelos y su madre divorciada, que se enamora de un “intocable” de la India de la década de los sesenta. Esta historia le valió varios premios más; entre ellos, el Gran Premio de la Academia Universal de Culturas de Francia, “por su contribución al patrimonio cultural de la India”.

Cuando denuncia la situación de las mujeres en su país, Arundhati sabe de lo que habla. Nació en 1961, en la ciudad de Kerala, India, hija de una madre cristiana siria-ortodoxa y de un padre hindú, aunque fue educada sólo por su madre y sufrió la discriminación por razones de casta y por ser hija de una divorciada, durante la infancia.

Además de escribir, es una reconocida activista por la paz y el medio ambiente. Heredó de su madre, Mary Roy, su compromiso por las causas sociales y lleva años escribiendo columnas en importantes diarios, como el británico The Guardian y el francés Le Monde, donde condenó las pruebas nucleares realizadas por la India en 1998. Su ensayo titulado “El final de la imaginación” resonó dentro y fuera de su país como un duro alegato contra el uso de la energía atómica con fines bélicos. Por este activismo en favor de la paz, en 2004 fue reconocida con el Premio Sydney de la Paz: “No puede haber una verdadera paz sin justicia”, dijo en homenaje a uno de sus máximos referentes, Mahatma Gandhi.

Está casada con el cineasta Pradip Kishen y ha escrito decenas de guiones para películas y series de televisión. Cuando recibió el Premio Booker dijo: “Para mí la ficción siempre ha sido un modo de hacer que el mundo tenga sentido, de conectar las cosas más pequeñas con las más grandes”.

Banana Yoshimoto

Sensatez y sentimiento

Nació con el nombre de Mahoko Yoshimoto en Tokio, en 1964, pero se hizo conocida como Banana. Su amor por los libros fue, desde muy temprano, tan fuerte como su pasión por la naturaleza: la escritora ama las flores rojas y carnosas del banano, del que tomó prestado su nombre artístico.

Es hija de Tak?ki Yoshimoto, un reconocido filósofo japonés. A la hora de ponerse a escribir, Banana logra abrir la literatura japonesa a un público occidental que encontró en sus textos una sensibilidad puramente nipona. Desde muy joven, Banana tuvo clara su vocación literaria. Por ese entonces, iba a la universidad y se ganaba la vida como camarera en un restaurante instalado en un club de golf. Allí fue donde escribió Kitchen, una novela que fue traducida a más de 20 idiomas, llegó al cine y le valió premios como el Newcomer Writers Prize y el Izumi Kyoka. Yoshimoto delinea personajes que proyecta en toda su vulnerabilidad y humanidad. Sus criaturas, a menudo solitarias, buscan un equilibrio y le permiten analizar una sociedad llena de complejidades: “Todos tenemos alrededor personas que caminan llevando consigo algo con lo que es difícil vivir, a veces es el talento y a veces, una minusvalía”, se lee al final de su libro N.P.    

Carla Guelfenbein

Las emociones en primer plano

“Muchas veces me acusan de escribir una literatura de los sentimientos y me califican como una escritora para mujeres. No pretendo defenderme; lo único que me gusta aclarar es que creo que los sentimientos son parte intrínseca del ser humano y que los grandes eventos de la historia, pero también los pequeños momentos de la vida, se mueven por una mezcla, no sé si equitativa, entre la mente y el corazón. Los sentimientos no son patrimonio exclusivo de las mujeres”, dice la chilena Carla Guelfenbein, una escritora que ha ido creciendo a lo largo de los años y de tres libros en los que bucea en las profundidades del alma.

Éste es, quizá, uno de los secretos del éxito de Carla: su enorme capacidad para meterse en la piel de las personas y buscar allí sus motivaciones. En El revés del alma, La mujer de mi vida y El resto es silencio delinea personajes que no son totalmente buenos ni totalmente  malos; son seres humanos con los que cualquier lector podría identificarse fácilmente, porque tienen sentimientos encontrados y muchas veces se equivocan, porque a veces enfrentan las consecuencias de sus actos y otras las eluden.

A través de sus libros, Guelfenbein intenta acercarnos a un mundo interior que podría ser el nuestro, el de nuestros padres, amigos o compañeros de trabajo, para entender un poco más la naturaleza humana.

Carla vive hoy en Chile, está casada y es madre de dos hijos adolescentes, pero a los 17 años se fue a vivir Inglaterra con su familia. Allí estudió diseño en la St. Martin’s School of Art. A su vuelta a Chile, en 1987, trabajó como diseñadora en agencias de publicidad y fue directora de arte y editora de moda en la edición chilena de la revista Elle.

Lorrie Moore

El encanto de lo cotidiano

Nacida en Nueva York en 1957, Lorena Marie Moore se puso en boca de todo el mundo a fines de los ochenta y en los noventa con la publicación de libros de cuentos ideados con un humor irónico e inteligente que aparecieron en los medios más importantes de su país y fueron elegidos para la colección The Best American Short Stories of the Year. Desde entonces, escribió tres libros de relatos y tres novelas. Al pie de la escalera (2009) es la última y fue muy elogiada por la crítica literaria. “Quise reflejar el mundo que surgió en mi país después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, a través de Tassie, una chica de 20 años que llega a la ciudad para cursar sus estudios en la universidad”, cuenta Lorrie.

Tassie trabajará como niñera para una familia de blancos que adoptó a una niña de origen afroamericano e irá entablando con la niña una relación cada vez más fuerte. A partir de esta trama se metió con algunos de los grandes temas de su país, como las consecuencias de los atentados, el racismo y la conformación de nuevos modelos de familias. Este último no es, para ella, un tema menor, porque hace años Lorrie, que está divorciada, adoptó a Benjamin, su hijo de origen afroamericano, que hoy es una joven promesa del seleccionado junior de fútbol de su país. Dueña de un estilo personalísimo, empezó a escribir guiada por un poder de observación y una curiosidad acerca de la manera de vivir de sus vecinos, que la hacía sorprenderse en cada esquina y ante cada conversación en los bares de su ciudad. Vive en Madison, Wisconsin, y trabaja dando clases de escritura creativa en la universidad.

Janice Y. K. Lee

Elogio de la perseverancia

Janice Y. K. Lee siempre supo que podía tener varios hijos y desarrollarse como la escritora que soñaba ser: sólo tenía que establecer prioridades y entender los tiempos y las necesidades de cada momento de su vida. Su primera novela, La maestra de piano, que fue publicada en 2009, le llevó cinco años a lo largo de los que tuvo cuatro hijos, dos de ellos mellizos. El libro fue aclamado por la crítica y traducido a 19 idiomas. “Escribir La maestra de piano fue un gran desafío, porque mi vida fue cambiando mucho. No soy una escritora muy disciplinada, pero a medida que iba teniendo más responsabilidades, aprendí a aprovechar mejor los momentos en los que sabía que podía avanzar”, contó.

Hija de padres coreanos, Janice nació y se crió en la Hong Kong de los años setenta y recibió una gran influencia de la vida británica en una ciudad que ya entonces era cosmopolita y a la que hoy recuerda como un lugar donde “se podía crear una vida propia”. A los 15 años se mudó a los Estados Unidos, estudió en la Universidad de Harvard y con los años se radicó en Nueva York, donde trabajó como editora de las revistas Elle y Mirabella, hasta que decidió dedicarse de lleno a la escritura.

El único libro que ha publicado hasta el momento, pero que ya la consagró como una de las grandes promesas de la literatura oriental, es una pintura de época que cuenta una historia de romances e intrigas durante la crisis que atravesó Hong Kong a mediados del siglo XX. Situada en dos momentos claves –en vísperas de la invasión japonesa y durante el renacimiento posterior a la guerra–, el libro sigue a tres personajes marcados por el intercambio intercultural. En la actualidad, Janice prepara su segundo libro de ficción.

Janice Y. K. Lee siempre supo que podía tener varios hijos y desarrollarse como la escritora que soñaba ser: sólo tenía que establecer prioridades y entender los tiempos y las necesidades de cada momento de su vida. Su primera novela, La maestra de piano, que fue publicada en 2009, le llevó cinco años a lo largo de los que tuvo cuatro hijos, dos de ellos mellizos. El libro fue aclamado por la crítica y traducido a 19 idiomas. “Escribir La maestra de piano fue un gran desafío, porque mi vida fue cambiando mucho. No soy una escritora muy disciplinada, pero a medida que iba teniendo más responsabilidades, aprendí a aprovechar mejor los momentos en los que sabía que podía avanzar”, contó.

Hija de padres coreanos, Janice nació y se crió en la Hong Kong de los años setenta y recibió una gran influencia de la vida británica en una ciudad que ya entonces era cosmopolita y a la que hoy recuerda como un lugar donde “se podía crear una vida propia”. A los 15 años se mudó a los Estados Unidos, estudió en la Universidad de Harvard y con los años se radicó en Nueva York, donde trabajó como editora de las revistas Elle y Mirabella, hasta que decidió dedicarse de lleno a la escritura.

El único libro que ha publicado hasta el momento, pero que ya la consagró como una de las grandes promesas de la literatura oriental, es una pintura de época que cuenta una historia de romances e intrigas durante la crisis que atravesó Hong Kong a mediados del siglo XX. Situada en dos momentos claves –en vísperas de la invasión japonesa y durante el renacimiento posterior a la guerra–, el libro sigue a tres personajes marcados por el intercambio intercultural. En la actualidad, Janice prepara su segundo libro de ficción.

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