22 de mayo de 2025
Antes de navegar el relato amoroso de esta serie es necesario advertir que es un drama, que a lo largo de sus seis capítulos habrá momentos para tener la cajita de pañuelos cerca. Pero también que hay grandes pinceladas de comedia, con algo de humor negro y con ese encanto visceral que tienen las familias italianas.
La historia de mi familia gira alrededor de Fausto, un hombre que ronda los cuarenta años, vive solo con sus dos hijos pequeños y, tras ser diagnosticado con una enfermedad terminal, decide comenzar a preparar a su familia, no solo para que continúen sin él, sino también para asegurarse que sean ellos los que cuiden a sus dos hijos.
La familia está compuesta por su joven madre (que crio sola a Fausto y a su hermano), una mujer muy libre que vive en otra ciudad; su hermano menor Valerio, que tuvo problemas con las drogas; y Demetrio y María, los amigos de toda su vida.
Cada uno de ellos, con sus miedos, sus luces y sus sombras, se unirán por el bien de los niños, aunque cuestionen la decisión de Fausto. El por qué la madre de los chicos vive en otro país y no se hace cargo de ellos se irá develando en el transcurso de la trama.
La creación de Filippo Gravino (Gomorra, Fiore, entre otras grandes joyas de producción audiovisual italiana) es una historia sobre los vínculos y el amor incondicional, donde cada uno de los personajes intentan dar lo mejor de sí tomando las peores decisiones.
El protagonista trata de asegurarse cómo preparar a cada uno de ellos, con alegría, consignas claras y mucho humor. Porque ante el dolor de la muerte, hará todo los posible para que ellos estén preparados y puedan seguir sus vidas a pesar de sus propios miedos.
Todo arranca cuando suena la alarma del despertador, a las 7:04, y Fausto comienza la jornada con un mensaje hacia el cuarteto de personas que lo sostiene. “Señores, como pueden oír, logré abrir los ojos otro día. Soñé con el futuro, yo no estaba ahí, pero todos estaban bien».
La historia no hace foco sólo en la muerte y en el duelo, sino también –y fundamentalmente– en la amistad, en la relación entre padres e hijos y en la construcción de los vínculos, con el énfasis puesto en que toda familia que quiera funcionar deberá atravesar un arduo trabajo de comprensión, perdón y negociaciones.
Las actuaciones de los adultos y los niños, y las locaciones romanas, embellecen aún más la historia, que se puede ver por la plataforma Netflix.
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