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Sociedad

14 octubre, 2022

La gran pregunta de la maternidad: ¿quién se ha robado mi tiempo? 

De pronto la maternidad nos encuentra así, despeinadas y con ojeras, como en esta imagen de la Mona Lisa. Y aunque sabemos que es una etapa maravillosa de nuestras vidas, hay ratitos en los que nos gustaría huir. ¿A vos también te pasa?


Arrasada por la maternidad: así sería la imagen retratada por Leonardo, si ella hubiera tenido varios hijos.

Por algún lado debe estar, no puede haber ido demasiado lejos. Tal vez recuerdes que solías tenerlo siempre encima, todo era muy natural. Pero ya lo buscaste en esos estantes donde reposan los suvenires de tu otra vida… y no, ni rastros. ¿Miraste debajo de la cama? ¿Y en la parte superior del ropero? Es lógico que lo busques sin resignación, aunque con un dejo de nostalgia: se trata de tu tiempo personal, el que se esfumó cuando te convertiste en mamá

Lo mismo le pasó a aquel amplio escritorio que ahora es el dormitorio de tus hijos: territorios perdidos en esa contienda donde se batieron Amor (1) y Libertad (0). Frente a esa realidad, no está mal que te hagas algunas preguntas. ¿Era la maternidad todo eso que esperabas cuando la veías en las bucólicas postales de otros? ¿Era el cuento de hadas que te contaron una y otra vez desde que eras chica? ¿No era mejor, acaso, seguir siendo vos misma, resistiendo imposiciones y mandatos? A ver, tus hijos son seres increíbles y darías la vida por ellos, eso no tiene discusión. Sin embargo, lo del asunto del tiempo. ¿En qué parte de la letra chica figuraba?

“La maternidad es como Albania:
no puedes confiar en las descripciones de los libros,
tienes que ir allí”.

Marni Jackson

“Cuando sea grande voy a tener muchos hijos”. Eso decía, en cambio, el papel abollado por los años que Mercedes encontró dentro de un alhajero de la infancia. Todavía no existía el concepto “cápsula del tiempo” y esa simple manifestación escrita (hoja rayada, tinta azul), capturó su anhelo de nena de siete años. Lo guardó durante tres décadas y, cuando finalmente lo encontró meses atrás, leyó atónita su propia declaración. “¿Por qué lo hice en serio?”, asegura que solo atinó a pensar, arrepentida al instante de su propio pensamiento. Madre de tres niños en edad escolar, mi amiga Mercedes es una de las tantas mujeres que supo demasiado tarde que lo de “encontrar un balance” entre la vida maternal y personal, era tan solo una metáfora. 

¡Mamiiiiiiiiiiiiiiiiii…!

Como si fueran pequeños depredadores de horas, los hijos se convierten en el centro mismo de nuestros días. Levantarlos y acostarlos, darles de comer, llevarlos al colegio y a las actividades extras, ayudarlos a estudiar, compartir juegos, salidas, películas, aventuras… “Hace dos años que no hago absolutamente nada para mí”, respira hondo Guillermina y no hay lamento en su voz, simplemente información veraz, de primera mano. Tal es su situación actual: la semana se consume entre corridas para lograr ser una madre presente y una editora eficaz. Ah, sí, en esos “esquemas chinos”, como los define, plasmándolos en planillas de Excel que pega en la heladera, también se consumen muchas veces sus nervios. 

Según un estudio publicado por el portal estadounidense Fox News, “las madres tienen solo media hora para sí mismas cada día y muchas de ellas reconocen esconderse de sus hijos de tanto en tanto para tomar un respiro”, según señala. El sondeo, que fue realizado entre dos mil personas, encontró que esa falta de tiempo personal resultaba abrumadora para quienes se encuentran en la etapa de crianza más demandante, que es la de los hijos pequeños y pre adolescentes, aquellos que más presencia de sus padres necesitan. Las madres consultadas señalaron que, incluso, muchas veces habían fantaseado con divorciarse y dividir así, con un ex, el tiempo más equitativamente.  

Maternidad vs. libertad

Para el sitio de crianza Baby Chick, la cuestión radica en tomarse cinco minutos de la maternidad cada día para no sentir el agobio de este trabajo hermoso que no termina nunca. Sí, leíste bien: ¡cinco míseros minutos para vos misma! Y al momento de brindar consejos sobre cómo lograrlo, aconseja: «Levantate 5 minutos antes o quedate levantada 5 minutos más tarde». Un dato revelador, sin duda.

En la serie canadiense Workin’ Mums, que se puede ver por Netflix, el tema reviste gloriosos momentos de humor negro. “Lo que yo necesito son diez días de vacaciones con muerte cerebral”, revela sin pudor una de las protagonistas. Lo dice así como así, en un amoroso círculo de puerperio y lactancia que, de pronto, queda sumido en el más absoluto silencio. Pero lejos de pensar que la pobre mujer atraviesa sin duda una depresión post parto, las otras mamis fruncen el ceño. Es un hecho: no siempre es políticamente correcto quejarse de la maternidad. Y, de hecho, muchas veces son las propias mujeres quienes juzgan a sus pares por las mismas experiencias difíciles que a ellas les tocó atravesar.

¿Y dónde está la Gioconda? Tal vez ella también sintió la inquietud de tomarse un descanso…

Van aquí algunas escenas sacadas, ahora, de la vida real. “¿Qué, ya no le das más la teta?”, pregunta una madre a otra, como si hubiera un tiempo perfecto para amamantar, o como si no doliera, o como si siempre saliera buen caudal de leche. “¡¿Pero cómo vas a dejar de trabajar?!”, increpa una suegra que nunca trabajó a su nuera, cuando esta le cuenta que tomará una licencia prolongada luego de parir. “¿Vas a dejar a tus hijos con una desconocida? ¡Claro, para eso tienen chicos, para no hacerse cargo de ellos”, le dijo mi abuela a mi mamá (divorciada, dos hijas), aquella vez que decidió pedir ayuda para poder cumplir con sus dos empleos. Ni hablemos del hit guardería: “¿Tan chiquito e indefenso lo vas a dejar ahí?”, la pregunta del millón de tantas abuelas, madres, hermanas, amigas, suegras, vecinas. Esa que se lleva todos los premios.

Hacer catarsis no nos da más tiempo, pero nos hace bien

En una reciente encuesta realizada por el colectivo Mujeres que no fueron tapa, siete de cada diez mujeres se mostraron “arrepentidas” en alguna forma de su maternidad. El relevamiento, que contó con la participación online de 10 mil mujeres de entre 18 y 65 años, mostró que el 74.4% de las que fueron madres “se arrepienten” por varias razones, entre las que destacan cinco: porque les resulta agotador física y mentalmente, porque sienten que perdieron libertad, porque no creyeron que iba a ser tan difícil, porque pensaron que la crianza iba a ser compartida y porque les cambió el cuerpo.

En la comunidad digital Malasmadres la idea fue poner ese espíritu de manifiesto para transitar esta etapa en tribu y evitar así, de ser posible, el estrés y el sufrimiento de tener que cumplir con todos los prejuicios y roles que se asumen luego de tener hijos. “Malasmadres es una comunidad emocional 3.0 de madres que tenemos mucho sueño, poco tiempo, alergia a la ñoñería y ganas de cambiar el mundo o al menos de morir en el intento… Nace en 2014 en una cuenta de Twitter con el objetivo de desmitificar la maternidad y romper el mito de ‘la madre perfecta’”, señala su manifiesto. 

“La historia de vida de una madre:
atrapada entre la desesperación y el abrazo”.

Cathy Guisewite

La cuestión de cuál es la mejor forma de ser madres (o, mejor dicho, la menos mala posible) ocupa libros, películas, series, posteos, podcast, cómics e infinidad de notas como esta. Sin embargo, es imposible ensayar una respuesta que contente a todas las mamás. Mientras tanto, cada una seguirá haciendo sus actividades “extra” con una mezcla agridulce de libertad, culpa y emoción por dejar a los hijos al cuidado de otros por al menos un par de horas. Realizar un PAP, una depilación definitiva, una keratina en el pelo, una clase de danza árabe, salir con amigas, ir a un concierto… Cada una sabe qué se le da por hacer cada vez que tiene esos minutos disponibles, los que sean, para respirar por fin su propio aire. 

Por eso, tal vez en este Día de la Madre sería buena idea revisar a conciencia la lista de pedidos. ¿No sería lindo que esta vez, en vez de una planta o una juguera, tu familia te regalara una tarde a solas o un fin de semana entero para recordar lo que era tenerte durante tanto tiempo para vos misma? Épocas en las que podías pasear, pensar, mirar el techo, usar tu computadora (¡sin compartirla para jugar Roblox!) y hasta tirarte en la cama a comer una hamburguesa con papas sin tener que ocultarte. Quizás llegó la hora de poner de manifiesto esa realidad que ya se ha vuelto incuestionable: dentro de esa madre abnegada que sos, también habita un ser humano. ¿Te acordabas?   

Por María Eugenia Sidoti

ETIQUETAS crianza cultura maternidad sociedad Vínculos

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