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La curiosidad como brújula: claves para mantener el asombro durante toda la vida

Cuando somos niños, ser curiosos es algo tan esencial como natural. ¿Por qué perdemos de vista esta cualidad en la adultez? Algunas ideas para recuperarla.

POR Mariana Rolandi Perandones

«Solo hay dos maneras de vivir la vida.
Una es como si nada fuera un milagro.
La otra es como si todo fuera un milagro».
Albert Einstein

Hay una época maravillosa en la vida de los chicos, en la que su mirada y sus manos comienzan a investigar casi todo lo que los rodea; desde las hormiguitas que hacen camino en el jardín hasta la misteriosa cartera de mamá. Tocan, huelen, prueban y manipulan objetos de lo más variados para descubrirlos. Alrededor de los 5 años empiezan los famosos “¿por qué?”, volviendo locos a padres, tíos y abuelos con dulzura, tal como en la canción del personaje de Heidi que tantos vimos en la infancia: ¿Por qué llovió?, ¿por qué nevó? / Dime por qué todo es blanco / Dime por qué yo soy tan feliz.

Si la curiosidad en los primeros años de vida es la fuerza impulsora para el aprendizaje y el desarrollo cognitivo, entonces (y acá aparece otro “¿por qué?”): ¿Cómo es que la perdemos de vista en la adultez? ¿Acaso dejamos de precisarla?

“La curiosidad es el motor que mantiene viva nuestra mente. Cuando somos niños, es la forma natural de habitar el mundo, una pulsión por descubrir que nos impulsa a aprender, a crear vínculos y a construir sentido —explica la psicóloga Silvina Zecler—. Con el paso de los años, la rutina, el cansancio o la sobrecarga de estímulos suelen apagar esa chispa. Sin embargo, la curiosidad no desaparece: solo necesita ser convocada otra vez”.

La siguiente pregunta que surge, entonces, es de qué manera convocar el fuego de la curiosidad una vez que dejamos de ser chicos.

Volver al asombro

Al convertirnos en adultos responsables, muchos consideramos que “ya barajamos nuestras cartas”, y que ya sabemos, ya conocemos, y ya creamos los vínculos necesarios para la vida que tenemos hoy, esa que tanto buscamos y planeamos, y pensamos que la actitud de sorprendernos y de maravillarnos ante algo, simplemente ya no nos sucede tanto como en la infancia. Lo sentimos como una pérdida inevitable, algo que queda atrás por el simple capricho de la vida.

Pero en una entrevista reciente al médico español y fellow en cirugía Mario Alonso Puig, donde le consultaron por el hábito fundamental que una persona tendría que incorporar para mejorar su bienestar diario, el profesional fue claro: “Interés y curiosidad”.

“Siempre hay algo que aprender. Cuando uno deja de tener ese interés, esa curiosidad, empieza a desarrollar lo que me gusta llamar la ceguera intelectual —dijo Alonso Puig, que además es escritor de múltiples libros sobre desarrollo personal, motivación y felicidad—. Yo he aprendido mucho de personas que no tenían ningún título universitario y me han enseñado cosas extraordinarias, porque lo más importante en la vida no es el conocimiento, es la sabiduría, que te da perspectiva”.

July, Loli y Vivi, son un grupo de tres amigas que se conocen desde hace más de cuarenta años. A los seis años, fueron juntas a la escuela, y aunque tomaron caminos diferentes en su vida adulta, coinciden en una premisa esencial: la importancia de mantenerse activas y curiosas toda la vida.

“Ahora que nuestros hijos son grandes, tenemos mucho más tiempo para aprender cosas nuevas —comparte Vivi, quien hace algunos años que empezó a hacer doblajes—. Lo pensé como un complemento para mi profesión, pero luego me di cuenta lo mucho que me divertían no sólo las clases, sino también conocer personas más jóvenes que yo, hablar en un lenguaje que me era extraño, con otro tono de voz, salir de mi rutina e ir al menos una vez por semana a un espacio distinto”.

July, por su parte, que siempre tuvo mucha facilidad con los idiomas, empezó a jugar con lenguas completamente distintas a las que conocía, como el chino, árabe, farsi y lengua lashkari. Todo, a raíz de la curiosidad.

Bibliotánica se llama el espacio donde lecturas y plantas se encuentran para reavivar el asombro.

Ser curiosos como parte del bienestar

Además de abrirnos a posibilidades entretenidas y novedosas, practicar el “ser curioso” también tiene efectos positivos sobre la salud. 

Para Loli, una de las cualidades que más valora de su larga amistad, es que se aplauden y apoyan la una a la otra en sus búsquedas de lo nuevo, desafiante y divertido, algo que las “mantiene jóvenes” de espíritu. Y siguiendo la idea, Zecler asegura que las personas que recuperan la capacidad de asombro y de apertura a nuevas ideas, ganan vitalidad. 

“[La curiosidad] es un antídoto frente a la apatía, el aburrimiento y la rigidez mental en todas las etapas de la vida. Desde la psicología y las neurociencias, sabemos que activa los circuitos cerebrales del aprendizaje y la recompensa. Cada vez que nos interesamos genuinamente por algo nuevo, liberamos dopamina, la hormona que nos impulsa y motiva”, explica la psicoanalista.

Y agrega que una persona que se mantiene intelectualmente inquieta protege sus  funciones cognitivas y se adapta mejor a los cambios. “En el plano emocional, amplía nuestra mirada y reduce la ansiedad frente a lo desconocido: en lugar de temer a lo nuevo, lo exploramos”.

También influye en otras áreas de nuestra vida, como en los desafíos vinculados a lo profesional. El coach ejecutivo Daniel Colombo, quien considera que la curiosidad es una de las cualidades esenciales a la hora de ser profesionales exitosos, comparte que existen diversos estudios sobre el comportamiento humano que afirman que los trabajadores curiosos tienen un desempeño mayor a la media.

Colombo señala, además, que las personas que mantienen una actitud entusiasta y proactiva, desarrollan una capacidad mayor de sinapsis cerebral a la hora de combinar información diversa y generar resultados superadores. 

Según el coach, se ha demostrado empíricamente que alguien curioso aprende mucho más rápido y enfoca mejor la energía ante un tema determinado. “Esto sucede porque le dedica un mayor poder de atención, foco e intención”, afirma.

Hablemos de hobbies, trabajos o armonía personal, es acertado decir que el “ser curioso” se vuelve un rasgo fundamental para una vida más plena.

¿Cómo mantener los ojos siempre abiertos?

Las respuestas de los profesionales nos dejan ante una novedad maravillosa: fomentar el bichito de la curiosidad hace bien a la salud. 

July encuentra en sus hijos, por ejemplo, una fuente de inspiración para practicar el asombro. “Los hijos también llevan a la curiosidad permanente. Cuando son chicos nos desafían a diario y en su adolescencia es fantástico estar abiertos y atentos a sus inquietudes. Yo me descubrí hace un par de años súper entusiasmada pintando remeras para el recital de Taylor Swift mientras cantaba sus canciones. Así, mi niña que me hacía preguntas a los 5 se transformó a los 16 en quién me impulsó a conocer algo nuevo”, cuenta.

Zecler, por su lado, comparte: “Podemos empezar por gestos simples: tomar un camino distinto al habitual, leer sobre un tema que no dominamos o hacernos preguntas nuevas sobre lo que nos interpela. La curiosidad aparece cuando dejamos espacio para el no saber”, explica Zecler, y agrega que también se fortalece en los vínculos con nuestro entorno al compartir ideas, debatir temas o sentarnos con alguien que nos enseñe algo nuevo. 

Por otro lado, con la proximidad del verano, la psicóloga expresa cómo la naturaleza se vuelve una gran aliada para la exploración. “Sus ciclos nos invitan a observar los cambios de cada estación, sus colores, aromas y texturas. Todo esto nos reconecta con el presente y con la idea de que siempre hay algo transformándose. Volver a mirar la naturaleza con ojos de niño puede ser, en sí mismo, una práctica terapéutica”.

Sin dudas, en una época en la que la tecnología ofrece respuestas instantáneas y vídeos cortos que buscan ser tan efectivos como para anular el pensamiento reflexivo, el verdadero desafío es no delegar nuestra curiosidad en una pantalla. La aventura radica en cultivarla como un acto de salud mental y una forma  de mantener viva la capacidad de asombro y de seguir creciendo. 

La riqueza de la curiosidad reside en que nos presenta un enorme abanico de posibilidades para hacer cosas interesantes, leer libros que no hubiéramos leído, acercarnos a tocar un instrumento que sólo habíamos visto en algún show, encarar un proyecto manual, cantar o bailar, estudiar un idioma nuevo… el límite es el cielo.

Porque “cuando dejamos de preguntar, dejamos de aprender. Y el mundo, que tiene tanto para mostrarnos, necesita que lo sigamos mirando con la misma fascinación con la que en la infancia lo descubrimos por primera vez”, concluye la especialista. 

Espacios e ideas para recuperar la curiosidad creativa

Artes y oficios en Casa Regia 

La famosa ilustradora Gabriela Regina abrió este espacio con diversos talleres de técnicas para que quienes asistan puedan luego desarrollar en sus emprendimientos o, simplemente, “para mantener feliz a esa niña curiosa y creativa que todas llevamos dentro», dice. Hay clases de origami aplicado a objetos como lámparas, papel calado para crear dioramas, cestería (trama y urdimbre), fieltro amasado, encuadernación, papelería creativa para eventos, crochet para crear personajes y ya están planificando muchísimos más. La sede de Casa Regia está en el barrio de Caballito, Ciudad de Buenos Aires. 

Club de lectura Bibliotánica, online

El amor por las plantas y las palabras se unen en Bibliotánica, un club mensual para leer, pensar, reflexionar y compartir. Con la avidez de un naturalista, cada mes nos sumergimos en diferentes lecturas para recorrerlas en sus diversos senderos y giros. Un camino de regreso hacia nuestro ser salvaje y silvestre de la mano de textos exquisitos, guiado por la periodista Carolina Cattaneo. Más información.

Taller de lectura online

Autores contemporáneos, cuentos emblemáticos, diarios íntimos, poemas y grandes novelistas. En los encuentros guiados por la periodista Agustina Rabaini, nos acercamos a autores y textos que inspiran, conmueven y emocionan. Son encuentros intensivos, de tres horas online, donde la curiosidad encuentra una enorme fuente de vitalidad. Más información.

Taller de escritura online, Un tiempo propio

¿Por qué “Un tiempo propio”? Porque este taller de escritura online brinda un espacio para crear y compartir con otros, descubrir autores, desarrollar técnicas de escritura y experimentar con el lenguaje. La propuesta es abrirnos a la experiencia de escribir y dar espacio a esa manera de contar que nos hace únicos y que, cuando comienza a fluir, nos resulta tan propia como sorprendente y reveladora. Guiado mensualmente por Agustina Rabaini.

Aprender a coser en Revuelta textil

Es un espacio de encuentro alrededor de la costura. Con una propuesta de talleres regulares e intensivos, invitan a que cada persona tenga la posibilidad de hacer su ropa, a gusto y medida, sin estándares o reglas impuestas. “Hacemos ropa desde cero y reciclamos confecciones para transformarlas en una nueva prenda”, cuentan las organizadoras de Revuelta textil. El taller se encuentra en Juan Ramirez de Velasco y Thames, en el barrio porteño de Villa Crespo.

Taller de Escritura expresiva en Mar del Plata

“Surgió como una necesidad de ocupar un espacio que ha quedado vacante, el de la creatividad para adultos. El taller evita ser literario porque para algunas personas puede resultar expulsiva la idea de someterse al escrutinio de la cantidad y calidad de libros leídos en su vida. Va al hueso: la escritura. El agregado del componente expresivo universaliza la propuesta. A través de elementos del lenguaje y la narrativa, lanzarse a la búsqueda de las palabras – dichas o no – que contienen las emociones. Se enciende en los alumnos la llama motivadora apagada a la intemperie de un entorno que no consideran necesario, útil o productivo explorar”, cuenta Sandra López Maidana. Los talleres tienen una duración de 8 encuentros de 2 horas cada uno. Se dan en la ciudad de Mar del Plata, actualmente hay dos en curso. Más información.

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