7 de junio de 2018
Por Inés Perce Arce*
Hoy me animé a escuchar mi vacío. El insomnio me acompaña en estos días en que atravieso un cuadro bronquial y, en medio de la noche, me quedé atendiendo el murmullo sordo de mis entrañas, de mujer, adulta y consciente de mis años, de mi recorrido, de la búsqueda de mi esencia.
Si bien atravesé las batallas con éxito, conservé entre mis síntomas y memorias un minucioso registro de lo que iba superando: oigo a las otras mujeres de mi mundo, mis ancestras, hijas y nietas, mis amigas, vecinas, colegas, empleadas, obreras o profesionales. Mujeres llenas de talentos que debimos luchar a brazo partido para hacernos un lugar, para tener un espacio de opinión, de consejo autorizado. Y aunque hoy “nos consienten” al dejarnos expresar los reclamos, la población masculina aún toma nuestro mensaje pour la galerie.
Durante mis días de convalecencia, me detuve a mirar un rato del programa televisivo Polémica en el bar, que se emite por canal América de lunes a viernes a las 20. En él vi como la mujer del programa intentó intervenir muchas veces, su voz se perdió entre las voces de los hombres, nadie oyó sus comentarios ni registraron su presencia. La actitud que tenían para con ella es la misma que tiene un grupo de adultos en animada charla ante la intervención de un chico que demanda atención y que es ninguneado por los que mantienen “una conversación importante”. En ese momento, ella representaba un decorado, bello y llamativo, en medio del protagonismo de tantos varones.
*Inés Pérez Arce es licenciada en Psicología y psicoanalista de adultos. Preside la Fundación Fundapap (Fundación para la Asistencia de Personas Adictas a Personas) y da talleres en la Fundación Columbia de Conciencia y Energía. Tiene dos libros publicados,Qué decimos cuando hablamos. Parecido no es lo mismo (Editorial De Los Cuatro Vientos, 2010) y Adicción a las Personas. Codependencia y Recuperación (Urano, 2014).
Este pasaje televisivo me volvió a otros tiempos, cuando siendo muy jovencita conocí esas vivencias, momentos en que me ocurrieron cosas semejantes. Y, el dolor de todas las mujeres de todos los tiempos, se hizo presente.
Primero nos concedieron un alma, luego nos dijeron que éramos el sexo débil, dedicadas a atender y a servir, a parir hijos o a atender la lujuria de los machos, ciudadanas de segunda sin voz ni voto, madres santas o putas, pero exiliadas de la condición de mujer para poder convivir en una cultura patriarcal, donde el hombre es la cabeza, el conocimiento y la sensatez. Los encargados de los resultados. A la mujer se le permitía, a ratos, expresarse emocionalmente, lenguaje poco reconocido en importancia. Los varones tenían la inteligencia y las mujeres, la intuición. Esta calidad cognoscitiva era equiparada con la magia o la fantasía, que divertía y descomprimía la carga sesuda de la masculinidad. Muchas de nosotras debimos agachar la cabeza para no dejar al descubierto a padres o hermanos amados. La humanidad se sostuvo desde los comienzos sobre la renuncia o la prohibición de la mujer a ocupar su lugar en la paridad humana, doblegada por decisión propia por amor, además de imposición cultural.
El tercer milenio es el disparador del cambio, la oportunidad de la especie de brillar en su excelencia, abriéndonos hombres y mujeres a la condición femenina de la vida: proceso, nutrición, cuidado y sabiduría. Hombres y mujeres fuimos víctimas de este sistema de valores. Hombres sobreexigidos y mujeres anuladas. Lo femenino ultrajado, de ambos sexos, es el que exige revisión de las creencias, audacia para animarse y comprender que puede haber otra forma de habitar la existencia. Dice Einstein: “La mente intuitiva es un don sagrado y la mente racional es un siervo fiel, hemos creado una sociedad que honra al siervo y ha olvidado el don”. ¿Tendremos la valentía de subordinar el intelecto a la intuición, verdadero talento del alma? Tomados de la mano, estaremos listos para transformar el mundo.
Convocados por Sophia, dos referentes de la sabiduría ancestral y los vínculos, como Ana María Llamazares y Sergio Sinay, participaron de una transmisión en vivo conducida por María Freytes en la que reflexionaron acerca de cuál es el gran desafío en el diálogo entre varones y mujeres.
Desde Austria, la autora de esta columna -una traductora y ensayista de 83 años, estudiosa de lo sagrado femenino-, repasa su infancia de posguerra y mira el presente de las mujeres con la esperanza de que logren una perspectiva empática a la altura de los complejos desafíos contemporáneos.
Una exposición en Buenos Aires abre las páginas del diario íntimo de Frida Kahlo y, fusionando arte, tecnología y sonido, invita al espectador a sumergirse en las distintas fases de esta icónica artista. Nosotras ya la recorrimos y te contamos cómo es.
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