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Journaling: cuando escribir en un cuaderno nos transforma la vida

Se trata de un ejercicio de autoconocimiento que invita a escribir libremente para poner en movimiento la creatividad. En esta nota Andrea Enjuto, escritora y especialista en esta técnica, nos comparte conocimientos y propuestas para ponerla en práctica.

Por María Eugenia Sidoti 

De pequeña, Andrea Enjuto (47) solía escribir en cuadernos y diarios íntimos para compartir en ellos sus vivencias, sus sueños y sus primeras impresiones sobre la vida. Y, aunque algunos tenían candado, sus hermanos menores igual se las ingeniaban para espiar entre las páginas, intrigados por saber qué era eso en lo que ella ocupaba sus días con tanta ilusión y entrega. Esa anécdota hoy le saca una sonrisa, porque le recuerda aquel momento en que la escritura se convirtió en su refugio, en su destino. En esa página en blanco que, años más tarde, dio sentido a su biografía. 

Hoy sabe que todo fue parte de una búsqueda, de un proceso. “De grande empecé a escribir más con fines terapéuticos o de catarsis, para entenderme. Muy de autoconocimiento, por ponerle una palabra ―comparte en esta charla con Sophia―. Volcar al papel aclara tus ideas y te ayuda a encontrar patrones. Si yo escribo diez días seguidos sobre el conflicto con un compañero de trabajo, por ejemplo, llega el momento en que ya no quiero escribir más de eso, sino que necesito hacer algo al respecto. Escribir ayuda a conocerse y a no darle importancia a ciertas cosas: al volcar en papel, todo adquiere una nueva perspectiva”. 

La técnica que mejor funciona, asegura, es la de hacerlo a mano alzada. “En esto de hacer journal, la mano alzada permite una conexión con el cerebro, con el corazón, es súper potente”, reflexiona. Y porque sabe de ese enorme poder, reconoce que tiene muchos cuadernos; de hecho algunos de ellos se convirtieron luego en historias, en relatos. Hoy Andrea trabaja en su segundo libro y sostiene: “Lo más importante es la intención. Es un momento puente, porque entre que uno toma la decisión y de verdad lo hace, se encuentra con esta página en blanco que es siempre lo que asusta, lo que desafía, lo que hace preguntas”. 

Para ella no importa que lo que escribimos se convierta en algo mayor, como puede ser una obra literaria, sino que hacerlo nos ayude a transitar un momento de nuestra vida y, al volcar en el papel todo eso que nos pasa, poder darle un nuevo sentido. Para eso recomienda la metodología de las páginas matutinas, donde uno debe sentarse bien temprano con un cuaderno y una lapicera en la mano, para escribir lo primero que llegue a nuestra cabeza (y a nuestro corazón). “Como enseña Julia Cameron en el libro El camino del artista, hay que hacerlo de manera constante, pero totalmente libre”. 

Otra opción es el recurso de la escritura creativa. “A mí me gusta mucho llegar a la página en blanco con alguna consigna, con alguna idea, con algún límite creativo. O también puede ser una consigna, un detalle, una frase o el gesto de alguien querido”. Esa es la punta que, según explica, muchas veces nos permite arrancar, aunque luego surja algo completamente diferente a lo que planébamos al inicio. Por eso, destaca que en el proceso de la escritura las idas y vueltas y, sobre todo, los errores, son tan necesarios. “El perfeccionismo y la autoexigencia son los grandes enemigos de la creatividad”, opina Andrea, que no se asusta si los textos no le salen con la inspiración y naturalidad pretendida, porque sabe que siempre hay oportunidad de seguir escribiendo y reescribiendo. 

“Lo que aprendí con el tiempo es que a veces la creatividad llega en un momento en el que uno no tiene tiempo para ella. Me ha pasado despertarme a la madrugada con una idea y decir “Ay, me quiero volver a dormir porque tengo que levantarme temprano para llevar a los chicos al colegio’. Entonces lo que empecé a hacer es anotar medio dormida, para ocuparme de eso después”. Según dice, esas cosas que nos llegan son la clave y conviene plasmarlas en un cuaderno, en un papelito o en las notas del celular, para no perder esa chispa o esa idea a la que no se le pudo dar lugar. “Les aseguro que funciona, funciona. Es muy interesante”, remarca. 

A la hora de buscar inspiración, los libros han sido desde siempre sus grandes aliados. De hecho, su primer trabajo fue en la librería familiar, donde atendía de a ratos y, cuando no entraba nadie, se entregaba a descubrir nuevas lecturas. Pero también hubo, dice, una maestra que le dio la mano para transitar amorosamente el camino de las palabras. “Esa maestra es Agustina Rabaini, a quien encontré un poco de casualidad, cuando dio un taller en Rosario, donde yo vivo. Para el encuentro había que llevar escrito un texto sobre una receta y, como me enteré de la consigna de un día para el otro y no me vino ninguna receta familiar a la cabeza, escribí sobre una no receta: el plato que preparaba mi mamá solo para mí, porque no me gustaban las lentejas. Que ella, con una familia numerosa, se tomara el trabajo de hacerme una receta diferente significó mucho para mí y me habla de tomarse la molestia de ver al otro y acompañarlo en sus diferencias. Una cosa que aprendí con Agustina es que está bien no saber, que uno no tiene que tener todas las respuestas. Y ese darme permiso me cambió para siempre”.

Como Batman, que de día es Bruno Díaz y de noche se viste de superhéroe para conectar con su propósito de ayudar a las personas, Andrea también tiene dos trajes que le calzan según la ocasión: el de licenciada en Administración de Empresas, que es su trabajo formal, y el de escritora. “De día soy consultora y de noche escribo”, se ríe reconociendo la similitud con el personaje del cómic, y señala que lo que une esos dos mundos para ella es la palabra, la conversación. “Me interesan mucho las historias mínimas. Esa es la gran fuente de inspiración para mí: las personas, los vínculos, sus historias. Me encanta conocer personas de distintas trayectorias, de distintos oficios, porque siempre hay una voz ahí”. 

A partir de esos encuentros se construyen relatos, mundos personales en los que explora como mujer, como mamá, como profesional. Pero su tarea también es abrir las puertas de la creatividad a otros, para que puedan conectar con ese ejercicio artesanal y sanador que es escribir. “Sentí que había mucha necesidad de una actividad analógica; mucha necesidad de conectar, de bajar un cambio, de hacer una pausa, de tener un momento compartido. Así nacieron los talleres creativos. Además, para mí la escritura es un acto de fe: yo creo profundamente en esto. Si tener un cuaderno me ayudó a sanar tantas cosas, a entender a otras personas, a crecer, a tener proyectos, a soñar en grande, ¿cómo no compartir eso que es tan valioso, no?”. 

Sin embargo, para Andrea no hay “un” cuaderno ejemplar, sino que existen tantas formas de hacer journaling como personas. “Lo primero es tener curiosidad y algunas herramientas, y luego dejar que algo florezca. Tengo esperanza en que en ese proceso: si vos te sentás frente al cuaderno y te das un ratito, van a surgir muchas cosas. No importa si estoy yo para guiarlo, lo que importa es esa semilla que hay en vos”.

Luego de participar de sus talleres, muchas personas le cuentan que lograron conectar muy profundamente con su interioridad, y le envían fotos de sus cuadernos completos de palabras, de ideas, de proyectos. “Muchos, incluso, se juntan por las suyas a ‘cuadernear’ para compartir sus escritos. Y yo también me llevo ideas, a lo mejor alguien dice algo y se lo pido prestado para mi propio cuaderno. La escritura es una excusa para abordar ciertos temas que a veces tienen que ver con los bloqueos creativos, con dejar de lado la mirada del otro, las etiquetas que traemos y hacernos conscientes de que todos podemos crear”.

Hacia el final de la charla, nuestra Batichica vuelve a hacer hincapié en un lindo gesto que todos podemos regalarnos en cualquier momento del día. “Siempre podés darte permiso: para equivocarte, para fallar, para hacer cosas improductivas, para no ser la compañera o la madre perfecta. Se trata de encontrar el equilibrio entre saber qué sostener y qué soltar, con la misión de habilitar nuevos caminos”. De eso se trata, asegura, esta herramienta de autoconocimiento que es el journaling: hacer que la creatividad florezca en todos los aspectos de nuestra vida. No importa que nos toque interpretar el papel de Bruno Díaz, el de Batman o el que cada uno elija en cada momento. 

Andrea Enjuto se inició en el negocio familiar, en el rubro de libros y música, y más tarde se desarrolló en el ámbito corporativo de la industria del Gas y Petróleo. Es Licenciada en Administración de Empresas con una certificación internacional en Modelos de Negocio. Tiene formación en Liderazgo, y Negociación y Design Thinking. Actualmente trabaja como asesora externa con empresas, profesionales y creativos de distintos rubros, acompañando en la formulación e implementación de estrategias laborales y de negocio. En 2021 escribió Lo que pasa, su primer libro. También facilita talleres de creatividad y organiza encuentros de journaling. Es columnista invitada en distintos medios. Más info en @andreaenjuto

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