«Salí del tabú de la salud mental y animo a que muchas personas también lo hagan» - Sophia Online

Compromiso

«Salí del tabú de la salud mental y animo a que muchas personas también lo hagan»

Delfina Victoria Nuñez

Un valioso testimonio sobre cómo un diagnóstico de bipolaridad cambió su vida y la impulsó a trabajar para acompañar a otros.

POR Josefina Pascale

Todas en algún momento fantaseamos con que nos cambie la vida de forma repentina: conseguir un trabajo que nos haga despegar profesionalmente, conocer a alguien que nos catapulte a nuestros sueños, ganar un premio que nos abra puertas. Un golpe de suerte. Ese momento que se transformará en un antes y un después en nuestras vidas. Yo tuve uno de esos: el día que me internaron en una clínica psiquiátrica y me diagnosticaron con trastorno bipolar.

A mis 27 años tenía una vida más que exitosa para una chica de esa edad: vivía en pareja, era profesora universitaria y trabajaba en una de las agencias publicitarias más prestigiosas de Uruguay, mi país natal. Mi nombre era conocido en la industria, tenía una vida artística próspera, formaba parte de varios colectivos de artistas, era actriz en publicidades y ganaba bien. 

Hasta que todo eso que había construido se derrumbó. 

La separación con mi pareja de aquel entonces desestabilizó por completo mi aparato psíquico que, mirándolo en retrospectiva, nunca había sido demasiado estable. Siempre me había sentido diferente al resto, sobre todo en Uruguay, donde ser una persona promedio es sinónimo de éxito. No destacar tanto, no diferenciarse, no expresar mucho. Yo siempre fui ruidosamente lo opuesto: me destaco demasiado del resto, soy diferente y me expreso como una actriz. Al parecer, ahora sentir y ser diferente tenía una etiqueta: bipolar, esa que luego me traería tantos obstáculos, pero que, con el tiempo, se convertirían en frutos a cosechar.

A las pocas semanas de salir de la clínica donde estuve internada me echaron de la universidad. Con los años me enteré que “no podían tener personas así”, algo que un poco sospechaba. Entonces empecé a buscar trabajo. Fue durísimo. 

En un país como el mío, ya se había corrido la voz de lo que había vivido y nadie quería tomarme. En una entrevista, me dijeron que “no se podían hacer cargo de personas como yo”. En otra, que “con lo que tenía, no podía trabajar en publicidad”. A esto se le sumaba el rechazo y la distancia de muchas personas que me rodeaban, entre ellos amigos muy cercanos. Quizás lo más duro de atravesar un problema de salud mental no sea el sufrimiento psíquico en sí mismo, sino la estigmatización y marginalización del entorno.

En lugar de asumir un rol de víctima, elegí involucrarme y generar un cambio. Entonces tomé dos decisiones: hacer algo al respecto e irme del país. 

Dediqué unos cuantos años a lo primero, y finalmente fundé Mentis, una asociación civil que hoy en día trabaja en la prevención y promoción de salud mental en adolescentes a través del arte. 

En sus comienzos, desde Mentis nos dedicábamos a transmitir nuestro mensaje en el área corporativa, y dábamos capacitaciones y talleres en empresas sobre esta temática. Nos fue bien. A mí me interesaba trabajar en lo ejecutivo porque era el espacio donde, personalmente, había experimentado mayor rechazo. 

Pero un día, un viaje lo cambió todo. Fui a Madrid para dar una charla en Meta, quizás una de las empresas más grandes del mundo, y cuando terminé de hablar me sentía vacía, triste y desorientada. Había algo que no me cerraba, aunque no puedo, ni siquiera al día de hoy, explicar qué fue lo que me pasó. Todo salió bien, pero algo dentro mío me decía que mi foco y mi lugar de acción no debían ser únicamente las empresas, y mucho menos empresas que no colaboran con la salud mental de las personas.

Decidí tomarme una pausa laboral y concreté mi mudanza a Buenos Aires, algo que venía deseando hace mucho tiempo: empezar con la página en blanco, que nadie supiera quién era yo, ni conociera mi historia, ni les interesara. 

La experiencia fue maravillosa. Sentí que la ciudad abrió las puertas de mi mundo interno y externo. Me vinculé con gente, encontré infinitas posibilidades de ser, sentir y vivir; me reconecté conmigo misma, me animé a ser más yo que nunca. Entendí que ser excéntrica era algo positivo, que acá estaba bien visto. 

Emprendí una búsqueda con total apertura, y conocí muchos terapeutas de diferentes disciplinas: psiquiatras holísticos, arteterapeutas, musicoterapeutas, psicólogos poco convencionales. De a poco empecé a conectar con la idea de trabajar la salud mental desde lo artístico. 

Más adelante, como si la idea llegara como un rayo, entendí que debía trabajar con adolescentes: porque ahí es donde se empieza, donde más duele.

Comencé a diseñar el proyecto: Dmentis iba a ser el primer festival de arte y salud mental para adolescentes. Al poco tiempo que terminé de armar la carpeta, me llamaron de un banco internacional invitándome a participar de un concurso de ideas con impacto social. La ganadora sería financiada en su totalidad por el banco.

Y gané. El festival se realizó en Montevideo, impactando a cientos de adolescentes, padres, madres y educadores de los barrios menos privilegiados de la ciudad. Un sueño hecho realidad. Un sueño que jamás imaginé. 

Cuando me paré en ese escenario, el 10 de octubre de 2025, frente a 600 adolescentes, me di cuenta que finalmente me había convertido en la mujer que mi yo de los 15 años hubiera querido tener cerca cuando no podía dormir, cuando la angustia le cerraba la garganta, cuando la ansiedad la dejaba sin aire. Como si en todos estos años no hubiera hecho otra cosa que cuidar y sanar a esa joven que ya manifestaba síntomas de su sensible salud emocional. 

Hoy, tanto desde mi rol en Mentis como en mis proyectos personales, hablo de todo esto sin tabúes en empresas y colegios, dando talleres y charlas, armando encuentros y eventos, para adultos, adolescentes y para quien sea que lo necesite. 

Podría decir que “salí del clóset” de la salud mental y animo a que muchas personas también lo hagan, a que hablen, cuenten, se expresen, vivan su sensibilidad de forma plena. 

Hoy finalmente puedo decir: qué golpe de suerte el mío.

1 COMENTARIOS

  1. Guau… que increíble testimonio… Que impresionante ver como los momentos de más crisis son el trampolín hacia una vida sana si uno no se victimiza… ME VIENE MUY BIEN este artículo… GRACIAS!!!!

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