Jeong Kwan, monja y cocinera: «A través de la comida de templo me puedo comunicar con el mundo» - Sophia Online

Gastronomía

Jeong Kwan, monja y cocinera: «A través de la comida de templo me puedo comunicar con el mundo»

La monja budista se hizo conocida por su participación en Chef´s Table, un documental de Netflix sobre gastronomía. En su visita a la Argentina trajo sus saberes y prácticas ancestrales.

POR Julieta Aguerregaray

Desde que tiene memoria, para Jeong Kwan (68), la monja budista coreana que trascendió a las pantallas de todo el mundo por su aparición en una serie documental de Netflix sobre gastronomía, la naturaleza fue parte de su vida. Lo recuerda así: “Crecí en el campo, con una huerta donde, desde los dos o tres años, iba, comía tierra, arrancaba tomates y pepinos y me los comía. Mi padre trabajaba en la agricultura. Llevaba a casa lo que cosechaba, y mi madre lo cocinaba”.

En un alto que hizo en su visita a la Argentina, Jeong compartió escenas que le devuelve su memoria: “Yo veía cómo ella encendía el fuego, cómo usaba los condimentos, cómo preparaba la comida para todos. Así aprendí. Sin que nadie me explicara, sin darme cuenta, entendí que la vida era eso”.

Jeong Kwan afirma que ella no es chef, que ella es monja: así lo aclara en el documental. Sin embargo, tiene a cargo la cocina de Chonjinam, uno de los pequeños templos budistas que componen el templo mayor, Baekyangsa, donde vive. A su cocina llegan personas que buscan experimentar la vida monástica. La propuesta, llamada temple stay, incluye dormir, realizar prácticas budistas y tomar una clase de cocina tradicional.

Como en la gastronomía coreana en general, la cocina del templo se basa en métodos ancestrales de conservación, como la fermentación y la deshidratación. Por eso, la comida que se sirve en el temple stay es el resultado de un proceso constante: cada día se elaboran ingredientes esenciales como la salsa de soja, el doenjang (pasta de soja fermentada), el gochujang (pasta de soja fermentada picante) y el kimchi.

En su visita al país, Jeong Kwan cocinó junto al chef Diego Salvador.

Jeong Kwan no sigue recetas, sencillamente porque su cocina no es algo que pueda replicarse así nomás. Su comida se basa en lo que produce y trabaja a diario: fermentos y condimentos que aportan profundidad a platos sencillos, como espinaca blanqueada con salsa de soja casera. Es una cocina de extrema simpleza, pero irrepetible.

Su enfoque y su cocina se dieron a conocer cuando apareció en la serie documental Chef’s Table, de Netflix. A pesar de no tener un restaurante ni una carrera convencional en la gastronomía, su participación en esa producción televisiva la convirtió en un referente culinario internacional. Desde entonces, su mensaje ha viajado por el mundo: cocinar es una forma de meditación y un acto de gratitud hacia la naturaleza. 

De visita en la Argentina

Semanas atrás, en Barro Cocina, dentro de Chozos Resort, la monja coreana y el chef Diego Salvador cocinaron juntos en el evento Korea Meets Barro Cocina, una cena que unió la cocina de templo con los ingredientes y sabores locales. La comida, en esta tradición, es parte de una práctica más amplia de conexión.  

Antes de iniciar la cena, Jeong Kwan ofreció una oración. Luego, recorrió las mesas y habló con los comensales. “A través de la comida de templo me puedo comunicar con el mundo, eso es suficiente”, dijo. Los platos servidos respetaron en gran parte los principios de su cocina: zapallitos rellenos con arroz dulce, frutos secos y semillas; caldo de hueso con cabello de ángel; berenjena jeon; tofu sazonado y arvejas. También hubo cordero estofado con crema de papa y salsa harissa, preparado por el chef anfitrión.

El evento Korea Meets Barro Cocina propuso una noche de fusión entre la cocina coreana y la argentina.

En su paso por Mendoza, Jeong Kwan visitó la feria de productores de Guaymallén y recorrió los paisajes de montaña. Probó sabores locales y habló sobre la energía del entorno. “Nosotros comemos comida, nos alimentamos, pero la naturaleza también se alimenta de otras cosas, de otras energías”, reflexionó.

—¿Cómo definiría a su país? 

—Percibo a Corea como el abrazo de una madre, un refugio, un espacio contenedor; y a Argentina como a un padre, con una energía masculina.

—¿Cómo fue su experiencia al llegar aquí? 

—Cuando me dijeron «Argentina», me sonó a un lugar muy lejano, sin relación con Corea. Solo la había escuchado nombrar por el fútbol y el vino. Cuando llegué, me sentí bien. No tenía expectativas, pero encontré un espacio cálido, familiar a pesar de la distancia.

—¿Cómo cambió su vida después del capítulo de Chef’s Table en Netflix? 

—Hace siete u ocho años, antes de Netflix, mi esencia era la misma. Me siento muy bendecida y agradezco mucho ese momento. Ese capítulo me permitió conectarme con gente de todo el mundo a través de la comida. La gastronomía no tiene fronteras.

—¿Cómo fue la experiencia de armar su propia huerta en el templo?

—Fue fácil. Era algo que ya sabía. Un día estaba amasando harina de soja con agua, hirviéndola, cocinando sin pensarlo. La comida viene de la naturaleza y se hace con el corazón. Lo hago sin esfuerzo, como si siempre hubiera estado en mí. No es un lugar desconocido.

El menú que se ofreció durante el encuentro en Barro cocina siguió la tradición de la cocina coreana con productos locales.

Después de Mendoza, Jeong Kwan continuó su viaje por el país, una travesía sin nada más que su conocimiento, algunos ingredientes, su práctica y la certeza de que la comida sigue siendo un puente. Porque, para ella, cocinar es escuchar, es ser consciente de lo que uno come, agradecer lo que la tierra ofrece y moverse, aunque el mundo corra, un poco más lento.

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