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Mes de la Mujer

23 marzo, 2021

Jacinda, Sanna y Mette: carisma, empatía y nuevos estilos de ejercer el poder

Cada una con su impronta, ocupan cargos críticos de sus países y asumen la autoridad de manera firme, pero cercana e inclusiva. Un perfil de las primeras ministras de Nueva Zelanda, Finlandia y Dinamarca para conocer las caras más frescas de la política internacional.


Primeras ministras. De izquierda a derecha: Sanna Marin, de Finlandia, Mette Frederiksen, de Dinamarca, y Jacinda Ardern, de Nueva Zelanda: nuevas caras, nuevas formas de asumir la autoridad.

Por Dolores Caviglia

Lo primero que hizo Jacinda Ardern, la actual primera ministra de Nueva Zelanda, al recibir la noticia de que había ganado las elecciones en 2017, fue sentarse en la cama de su departamento, darse cuenta de que aún no había comido y compartir con su esposo un plato de fideos instantáneos. Un momento privado, sencillo y sincero. Palabras que bien podrían describir a su actual gobierno, uno de los más halagados del mundo por su manejo de la pandemia de coronavirus. La crisis sanitaria que vive el mundo dejó a la luz muchas cosas malas, como la desigualdad, la falta de solidaridad, pero también otras buenas, como la emergencia de una nueva generación de líderes mujeres que ejercen el poder con un ímpetu empático y cercano.

Así lo hace Ardern y también la primera ministra de Finlandia, Sanna Marin, y su par de Dinamarca, Mette Frederiksen. Las tres fueron señaladas por romper estructuras y sobresalir entre aquello a lo que estamos acostumbrados de la política mundial. Muestran un perfil fresco, inclusivo, tienen al medio ambiente como una de sus preocupaciones y son más adeptas a comunicarse con los ciudadanos a través de las redes sociales que de las cadenas nacionales. Una semblanza para conocerlas mejor y acercarse a otras formas de ocupar los roles de autoridad. ¿Nace un nuevo tipo de liderazgo?

Jacinda, líder y madre

En 2018 y 2019, Jacinda Ardern fue incluida en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo de la revista Time (foto: Ministry of Justice of New Zealand).

Jacinda Ardern tiene 40 años y está al frente del primer país en el mundo que tras la llegada del Covid-19 declaró haber terminado con la enfermedad. Logros como este provocaron que su nombre se convirtiera en un movimiento: sus seguidores hablan de la Jacindamanía. Empatía, amabilidad, inclusión, políticas certeras y solidaridad son algunas de las palabras que suelen acompañar las notas en las que la prensa escribe sobre ella. Busca hacer lo que dice y trabajar para su gente.

Jacinda nació el 26 de julio de 1980 en la ciudad de Hamilton. A sus 17 se inscribió como voluntaria en el Partido Laborista. Once años después fue la diputada más joven en ganar una banca y a los 37 llegó al puesto más alto, primera ministra.

“Nunca podré celebrar los logros que hemos conseguido mientras en otros lugares del mundo niñas y mujeres sigan experimentando la falta de oportunidades”

Jacinda Ardern

Si postea una foto en redes sociales se muestra en su cotidianeidad. Cada vez que hizo una trasmisión en vivo desde su casa en medio del brote se la vio vestida con ropa cómoda, con remeras de manga larga rayadas o buzos deportivos. No buscó montar fachadas. En agosto del año pasado aclaró que de fondo se veía una pared blanca porque era el único rincón que no estaba desordenado. Cuando le preguntaban algo sobre lo que no estaba segura, admitía que no lo sabía. Los neozelandeses que la siguen, que la votaron a fines de año pasado para que renovara su mandato, afirman que no se sienta a dar discursos desde una tarima sino que lo hace como una par.

A tres meses de llegar al gobierno anunció que estaba embarazada. Un gesto que derribó mitos, que mostró que las mujeres pueden maternar y manejar una nación y seguir con sus obligaciones sin dejar a la familia de lado. Jacinda no es líder o madre, es las dos cosas. Pero hubo más gestos: se tomó una licencia de seis meses, fue a una Asamblea de la ONU con su beba y la amamantó allí, y cada vez que puede agradece a su esposo por su participación en la crianza.

Está enfocada en los derechos de las mujeres, la igualdad de géneros, la erradicación de la pobreza infantil y el cambio climático, uno de sus grandes objetivos: quiere conseguir la neutralidad de carbono para 2025, alcanzar una red eléctrica renovable y plantar cien millones de árboles al año.

Jacinda fue mormona hasta los 20 años. En medio del movimiento #MeToo, pidió cambiar el nombre por #WeToo, para que fueran todas las mujeres las representadas en el slogan: las maoríes, las blancas, las negras, las pobres, las ricas. “Nunca podré celebrar los logros que hemos conseguido mientras en otros lugares del mundo niñas y mujeres sigan experimentando la falta de oportunidades”, dijo.

Después del tiroteo contra dos mezquitas en la ciudad de Christchurch, en un gesto de respeto y solidaridad, Jacinda vistió un hiyab (o velo) para llevar las condolencias a los sobrevivientes y familiares de los fallecidos tras el ataque, la mayoría de ellos musulmanes. En línea con su mensaje de sembrar inclusión y no más odio, presentó un proyecto de ley para endurecer la venta de armas y logró que se prohibieran las armas de estilo militar que había usado el agresor durante el tiroteo.

Le gusta el whisky. También los gatos. Le encanta la música. Es DJ amateur: mezcló canciones en varios eventos y en 2014 tocó un set para el festival Laneway con canciones de Sid Vicious y Snoop Dogg.

Una milennial al poder

La carismática Sanna Marin se inició en política y, al poco, tiempo, ocupó cargos vitales en su país (foto: Laura Kotila).

Nunca antes hubo una mujer tan joven en el poder, en ninguna parte del mundo, pero ella insiste en que ese no debe ser el logro. Que lo importante es lo que hizo, lo que hace o lo que hará. Sanna Mirella Marin, primera ministra de Finlandia, asumió el poder de este país nórdico a los 34 años. Fue elegida en diciembre de 2019.

Cuando recibió el primer ataque misógino por lucir un saco con escote pronunciado en la tapa de una revista mostró su rumbo, buscó no reaccionar a las críticas y dijo: “Estoy extremadamente orgullosa de Finlandia. Aquí el hijo de una familia pobre puede educarse y alcanzar sus objetivos. Y una cajera de supermercado puede convertirse en primera ministra”.

Esa es su historia. Aunque hay más. Sus padres se separaron cuando era una beba por los problemas de alcohol de su padre y su madre la crió en soledad hasta que, más tarde, formó una familia homoparental, algo que, según afirma hoy la mandataria, marcó su mirada sobre la vida. “Para mí, todas las personas siempre han sido iguales. No es una cuestión de opinión, es la base de todo”, dijo en una entrevista a una revista después de ser elegida como diputada para el Parlamento finlandés. Buscó trabajo de muy chica: en una panadería, repartiendo revistas, como cajera.

Nació el 16 de noviembre de 1985. Creció en Pirkkala, un municipio con 16 mil habitantes. Estudió Ciencias Administrativas y al Parlamento finlandés entró en 2015, por el Partido Socialdemócrata. Poco después asumió el Ministerio de Transporte y luego, el gobierno.

“Para mí, todas las personas siempre han sido iguales. No es una cuestión de opinión, es la base de todo”

Sanna Marin

“Sanna, como Jacinda y Mette, es una mujer que vino a romper estructuras. Es una referente feminista. Las tres lo son. Son capaces, gobiernan con perspectiva de género y tienen una mirada inclusiva. Su popularidad se debe también a que se dirigen a la gente de manera llana y amigable”, explica Pamela Martín García, politóloga de la UBA.

Entre sus políticas destacadas se encuentran alentar a los padres a cuidar de sus hijos de forma equitativa, terminar con la violencia doméstica, mejorar los resultados educativos de los niños que viven en entornos de menos recursos, las prestaciones para la población de adultos mayores y cuidar el medio ambiente. En la actualidad cuenta con una aprobación del 85 por ciento.

“Son mujeres que están pensando en lo que hay que pensar”, asegura la politóloga, quien además destaca que sus políticas a favor de los derechos humanos no son meras palabras. “Imprimen una luz en este camino en pos de la igualdad”.

A Sanna le gusta la música de Rage Against The Machine. Al ganar las elecciones, el guitarrista de la banda publicó una foto de ella para celebrar y ella confirmó su fanatismo con un like.

Firmeza y cercanía en Dinamarca

Mette Frederiksen lidera un país con 5,8 millones de habitantes, es uno de los países más igualitarios del mundo (foto: Louis Peckstadt, Fickr).

El compromiso de Mette Frederiksen, de 43 años, con su rol como líder de Dinamarca es tal que, en cuatro oportunidades, debió suspender su boda por trabajo. Por la pandemia, por una reunión internacional, por otras cuestiones de gobierno, canceló sus planes hasta que los concretó en una fiesta modesta, con 90 invitados, en julio del año pasado.

Así gobierna. Con las prioridades delimitadas: conseguir la igualdad de género, apostar a la educación pública, terminar con las conductas misóginas. Tras el mayor escándalo sexual reportado en el gobierno, luego de que cerca de 300 mujeres denunciaran haber sido acosadas en algún momento de sus carreras, dijo: “Es imposible negar lo que pasa”. Tras ello contrató a abogados externos para la investigación. También impulsó la ley que califica de violación a cualquier relación sexual sin consentimiento explícito.

“Para mí, es cada vez más claro que el precio de la globalización no regulada, la inmigración masiva y la libre circulación de la mano de obra lo pagan las clases bajas”.

Mette Frederiksen

Lidió con la pandemia con firmeza y cercanía. Reaccionó rápido ante los primeros casos, anunció una cuarentena que duró poco y logró controlar la curva. Su accionar la llevó a liderar el gobierno con más de 75 por ciento de popularidad, según el diario español El Mundo. Además no se olvidó de informar a los más chicos y pidió armar un noticiero infantil para mantenerlos al tanto.

El cuidado de la tercera edad es otra de las metas de esta socialdemócrata. Desde 2022 el país brindará una jubilación anticipada a trabajadores en condiciones de empleo difíciles. También quiere invertir millones en energías verdes y detener por completo la extracción de combustibles fósiles.

Entró al parlamento a los 24, tras convertirse en la primera generación de su familia en ir a la universidad. Impulsó un evento benéfico para que desde sus casas los daneses plantaran árboles. Suele repetir un proverbio chino, que dice así: “El mejor momento para plantar un árbol era hace 20 años. El segundo mejor momento es ahora”.

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