Sophia - Despliega el Alma

Sociedad

24 enero, 2020

“Inclusión de cotillón”: el papá de un chico con autismo invita a reflexionar sobre el lenguaje inclusivo

En la foto se lo ve sonriente junto a Facu, su hijo. Por él decidió escribir una carta que publicó en Facebook y generó gran revuelo. Se trata del diálogo que mantuvo con la moza de un bar después de que ella lo saludó diciendo: "¡Hola, chiques!". Eso lo llevó a redactar un texto donde nos invita a pensar si somos tan inclusivos como creemos.


Foto: Facebook.

Severo “Sapo” Sosa no puede creer lo que pasó con la carta que decidió publicar en su página de Facebook y que, al momento de subir esta nota, tenía más de 74 mil compartidos. Asegura que fue “una catarsis” y que, al momento de publicarla, estaba “con un poco de bronca”, según reconoce en diálogo con Sophia. Pero, más que nada, estaba cansado de que se confundan algunos aspectos importantes a través del uso que se le da hoy corrientemente al término inclusivo.

La carta, titulada por su autor “Inclusión de cotillón”, fue publicada así:

-¡Hola chiques!
-¿Chiques?- le dije yo, también con una sonrisa.-
-¡Así es! Somos un bar inclusivo. Orgullosamente lo decía.-
-Mira que bien, me viene bárbaro entonces, porque en un ratito viene mi hermana que es ciega. ¿Tienen la carta en braille?-
-Ay no, eso no tenemos. Me dijo la verdad un poco preocupada.-
-¡Apa! Y no vas a creer, pero viene con mi hijo, que es autista. ¿Carta con pictogramas para la gente autista, tienen?
– le pregunté.
-Y no, perdón. Me dijo visiblemente nerviosa.
-No te hagas drama, suele pasar. Pero la verdad me imagino que lenguaje de señas para los clientes sordos no deben saber.
-La verdad me estas matando. Me contestó sonriendo nerviosa.-
Ella ya no estaba cómoda, sonreía con vergüenza, un poco de culpa, y un poco de embole también. Y ahí le dije:
-No te hagas drama, suele pasar en todos los bares. Pero entonces lamento contarte que no son un bar inclusivo, son un bar progre de cotillón.
-¿¡Por qué me decís eso!?
-Porque esos tres casos que te acabo de mencionar, son 3 grupos de gente absolutamente excluidos del sistema. En tu caso acá en el bar, casi que no podrían pedir lo que quieren porque no podrían hacerte un pedido. Algo tan básico como comunicarse y pedir que comer.
¿Querés ser inclusivo? Incluí a todos ellos, a todos los que el sistema directamente no da lugar. Es difícil, sí y mucho. Porque si yo digo que ayudo a los pobres porque le doy $50 por mes a un pobre, no estoy ayudando, estoy haciendo ayuda de cotillón, de maquillaje, esa que se ve lindo, pero que sabemos que no sirve para nada más que disfraz.
Después nos trajeron el pedido, incluida la cuenta, esa la tenían en el idioma que quieras”.

Enseguida comenzó a circular por todos lados y muchos copiaron y pegaron ese texto como propio en sus muros, porque en esas palabras reconocieron algo personal y genuino; una realidad que, aunque duela, no podemos ignorar: a todos, por más “copados” que nos sintamos, muchas veces nos cuesta incluir al “diferente”.

Cambios verdaderos y profundos

La carta se volvió viral porque toca una fibra sensible que pone de manifiesto aquello que tantas veces cuesta asimilar: cambiar una ‘o’ por una ‘e’ no alcanza para incluir a los excluidos del sistema, como sostiene en su mensaje este cordobés que trabaja de gerente comercial en una empresa constructora y es papá de dos chicos, uno de casi 5 años y otro de 9 meses. “Mi carta no es contra nadie. Solo tiene la finalidad de mostrar que la nuestra no es para nada una sociedad inclusiva“, asegura él con conocimiento de causa, tal como cuenta en su carta: Facundo, su hijo mayor, es autista y su hermana Gracia Sosa Barreneche, una reconocida deportista olímpica, es ciega. Y ninguno de los dos estaba incluido en la conducta supuestamente inclusiva que alegaba con una sonrisa la moza del bar.

Mi intención no es solo hacer ruido con esto, sino visibilizar que nos falta mucho camino por recorrer en materia de inclusión y que las soluciones deben venir del Estado, no solo de la gente que se rompe el alma trabajando por las personas con discapacidad sin que nadie se entere. Ojalá lo que escribí sirva para impulsar un cambio de verdad, eso me pondría muy contento”, señala “Sapo”, como pide que lo llamemos al otro lado del teléfono, con ese aire de camaradería que le da la tonada cordobesa.

Los medios de comunicación se sumaron a la hora de expandir su mensaje, ya de por sí viralizado gracias a las redes sociales. Y, por momentos, su teléfono celular no da abasto: lo llaman de diarios, portales, radios y canales de televisión de todo el país. ¿Si se comunicó con él algún político para oír lo que tiene para decir? “No, solo uno, un viejo amigo“, comparte.

¿Qué busca dejar en claro en cada una de esas charlas?

Me gustaría crear conciencia sobre algo: muchas veces en nuestro país se escucha a los que gritan o salen a la calle a tirar piedras y no, a lo mejor, a la maestra integradora que va todos los días a laburar por dos mangos y es quien de verdad está generando un cambio positivo”, reflexiona, mientras en su posteo de Facebook los mensajes de apoyo se multiplican.

Claro que también están los que lo critican y lo tildan de “machista” por haberle respondido así a la moza del bar, una mujer. “Le habría dicho lo mismo a un varón, no tiene que ver con el género. Porque si bien es tiempo de trabajar por una sociedad más inclusiva a todo nivel, también en temas de género, creo que estamos errando la forma, como siempre; como cuando creemos que a la pobreza se la combate con un plan o dándole unos mangos al que pide por la calle. ¿Y después qué? Por eso digo que estamos acostumbrados a generar soluciones ‘de cotillón’. Y mirá el lío que hemos armado…”.

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