Sophia - Despliega el Alma

Recorremos los increíbles danmalas de Kathy Klein, mandalas hechos con flores que la artista estadounidense comparte en esta charla con Sophia.

La artista Kathy Klein reversionó los mandalas confeccionando danmalas, piezas creadas a partir de flores frescas.

Cuenta Kathy Klein que su gran fortuna fue crecer en una familia que realmente valoraba pasar tiempo al aire libre. “Pasé los primeros diez años de mi vida yendo a la playa al menos una vez a la semana y, a medida que crecíamos, hicimos muchas caminatas, campamentos, esquí y jardinería juntos. Todos mis recuerdos más fuertes son de estar en la naturaleza. Ahí fue donde me sentí como en casa, conectado a algo mucho más grande que yo”, revela en diálogo con Sophia.

De todos esos paisajes, hay uno en particular que Kathy guarda en su corazón: un cañón remoto en el sureste de Arizona donde asegura haber tenido las experiencias más sublimes de su vida. “Íbamos de mochileros y acampábamos ahí. Había un arroyo para jugar y cañones para explorar. Por la noche, veía siluetas de ovejas con cuernos grandes en la parte superior de las paredes del cañón”. Más tarde esas imágenes se convirtieron en sueños y luego fueron inspiración para lanzarse a crear: desde pequeña supo que lo suyo sería hacer arte allí adonde fuera.

Respetando la geometría perfecta de la naturaleza, sus formas se convierten en imágenes que componen una trama sagrada.

En mayo de 2002 sintió la necesidad de volver a aquel cañón de la infancia con su propia familia y un grupo de amigos. Luego de conseguir diez tickets para acampar, se sentía extasiada. Pero la experiencia resultó demasiado extrema: “Tuve hiponatremia (N. de la R.: Una afección que se presenta cuando el nivel de sodio en la sangre es demasiado bajo) y ‘morí’. Después de pasar una semana con soporte vital, regresé con una perspectiva completamente nueva de la vida. Había tenido la percepción directa de ser amada y cuidada por una presencia Divina y me di cuenta que existía eternamente, en cierto sentido, mucho más allá de este cuerpo. Y así, el enfoque de mi vida se desplazó hacia la meditación, la oración, el yoga y el intento de encontrar sistemas para apoyar este viaje interior”, describe.

Los mandalas acompañan la vida meditativa y la búsqueda de bienestar. Y las flores que los componen proporcionan armonía con la naturaleza.

Así nacieron sus danmalas, mandalas hechos con pétalos de flores que sorprenden y maravillan.Son la realización perfecta de esta narrativa para mí. Ellos dan forma a lo informe, me permiten ‘tomar el asiento trasero’ al hacerlos, y dejar que algo que viene de más allá de mi propia mente o mis ideas se manifieste aquí”.

Hay algo liminal en el trabajo de Kathy que ella reconoce como parte de ese proceso. No me pareció una decisión real: el medio y los conceptos me eligieron naturalmente. Había estado haciendo un poco de jardinería de flores y alimentos a mayor escala durante algunos años en mi tierra, en Arizona. Me encantaba estar completamente conectada con la tierra y con todos los ritmos de la naturaleza todos los días y era realmente un proyecto 24/7. Pero también sentí que me estaba perdiendo el ‘tiempo de estudio’ y solo el acto terapéutico y meditativo de hacer arte. Me preguntaba muy profundamente: ¿Cuál es mi propósito superior aquí? ¿Hay algo que se supone que debo traer al mundo? Escribí muy sinceramente en mi diario una noche, pidiéndole a ‘Dios/Espíritu’ que por favor me revelara lo que me sostendría en todos los aspectos de mi ser. ¡Y voilá! A la mañana siguiente me desperté e hice el primer danmala con las berenjenas que había cultivado esa temporada. Eso fue en 2010 y a partir de ahí seguí adelante, me encantó y ya no pude parar”.

En sus obras la espiritualidad que queda de manifiesto, a través de composiciones cargadas de una enorme sensibilidad.

Su arte efímero nace y se extingue de acuerdo a los ciclos naturales de la vida y Kathy no intenta retenerlo.Mucha gente pregunta cómo secar o prensar los danmalas, pero, sinceramente, nunca se me ocurrió conservarlos. Dado que las primeras estaban hechas de verduras, probablemente comimos algunas y vendimos el resto en el mercado. Es divertido imaginarlo, en realidad: hay personas que compraron y comieron los alimentos de mis primeros danmalas. Y, por supuesto, el resto eran flores. Me encantaba dejarlos en su lugar, en la naturaleza, para volar con el viento o, a veces, incluso ser devorados por la vida silvestre allí”.

Esa exuberancia del final anunciado hace que esta artista, lejos de lamentar la pérdida, celebre la impermanencia tanto de sus sueños como de sus elementos creativos. “El escultor y fotógrafo Andy Goldsworthy era un amigo cercano de mis suegros. A principios de la década de 1990, lo vi trabajar en Phoenix. Él fue día tras día recogiendo piedras del río en una camioneta y luego las apiló metódicamente en montículos. Era muy paciente y muy humano cuando trabajaba. Y se emocionaba y frustraba como cualquier otro artista. Por supuesto, gran parte de lo que hizo se remonta a la naturaleza. Por eso nunca consideré que la impermanencia no fuera una parte natural de todo el arte”, cuenta.

Inspirada por los colores naranja, púrpura y rosa de Arizona, gran parte de su obra se nutre de los tonos de ese lugar donde se siente en casa.

El arte de ir más allá

Kathy adora abrir las puertas de lo desconocido hacia el espacio, tanto interior como exterior.Siempre encuentro eso convincente”, destaca y agrega: “Lo inmaterial o premanifestado siempre está creando e informando lo manifiesto o los reinos materiales aquí en la tierra. En mi propia meditación sin forma (por lo general solo calmo mi mente) hago espacio para que se revele un misterio”.

Es que su felicidad no es rebuscada: radica en poder hacer arte en cualquier lugar, sin importar dónde esté. Ella siempre encontrará la manera de crear algo nuevo en ese entorno, por más extraño o desconocido que sea. Incluso se imagina haciéndolo con los materiales disponibles en una misión espacial: “¡Absolutamente iría al espacio para crear!”, comparte risueña. Pero, ubicada física y temporalmente en este mundo, la naturaleza es hoy por hoy el cuerpo mismo de su arte y a través de sus obras comunica aquello que quizás las palabras no alcanzas a expresar. «Podemos mirar una obra de arte y sentir una profunda resonancia, como si se acabara de desbloquear un recuerdo olvidado. A veces parece que las cosas transmitidas van mucho más allá de esta vida, tal vez de regreso al registro de toda la vida humana o incluso a escalas más grandes y cósmicas, como el nacimiento de nuestro sistema solar. Toda esta información es siempre accesible y el arte tiene la capacidad de brindarnos una lente a través de la cual verla”, destaca.

Por todo eso, Kathy cree en el arte como una herramienta poderosa que puede salvar al mundo y a las personas.Necesitamos más empatía en la tierra para conectarnos sinceramente con toda la humanidad. Si pudiéramos ver y sentir que cada persona es una parte auténtica de nosotros, tal vez tendríamos más armonía, compasión, tolerancia, justicia y equidad para todos«, regala, generosa, la frase final para esta nota.

Kathy Klein nació en Los Ángeles, Estados Unidos, en 1969. Estudió pintura y se recibió de profesora de arte. Colaboró con varios medios impresos y realizó decenas de muestras. Además de sus famosos danmalas tiene otras grande series: besos de lápiz labial, tarjetas de computadora perforadas y fotografías de capturas borrosas de Instagram que, con el nombre «Sigue cargando», invitan a sentir que esa imagen va a «bajar» en algún momento, pero no. «Tenía todas esas cosas en mi mundo y me sentí naturalmente obligada a crear con ellas», revela. Podés ver todos sus trabajos en http://kathyklein.org

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