Sophia - Despliega el Alma

Una fotógrafa argentina nos comparte su recorrido en busca de esos últimos destellos que regala el sol cada tarde, a través de las más bellas postales.

El poniente en Maldonado, Uruguay, donde la fotógrafa ha celebrado tantas veces la caída del sol junto a sus afectos.
Una multitud se reúne en Edimburgo, Escocia, para despedir los últimos destellos del día.

Tengo 62 años y ciertas características que me he preocupado por conservar a lo largo de la vida: busco sorprenderme todos los días con algo, lo practico desde siempre. Soy hija única, tuve largos periodos de soledad, y desde chica he aprendido a encontrarme conmigo misma. Es algo que todos deberíamos hacer: dar lugar a la voz interior, que lo sabe todo“.

Con esas palabras, la fotógrafa argentina Micky Bozzani enhebra un recorrido a través de ese universo profundo compuesto por imágenes, pensamientos y un sinfín de emociones, que busca retratar en cada uno de sus trabajos. Secuencias, formas, momentos, luces, sombras… para ella todo puede ser fotografiable. “Cada día podemos elegir ver lo mismo de siempre… O podemos cambiar la mirada y descubrir algo nuevo“.

En el Hudson Riverside Park, Nueva York, la fotógrafa encontró una postal diáfana de cómo es la vida con vista al río.
Amsterdam, Holanda, sin filtros: un escape sensorial a través de los tejados para alcanzar el horizonte.
“El Central Park bajo la magia de la Primavera”, es el epígrafe que eligió Micky para publicar la foto en su cuenta de Instagram.

Fanática de andar por la vida apreciando los detalles, por mínimos que sean, Micky toma fotos de lugares increíbles, pero no como turista, sino a través de las personas, las ciudades y los paisajes, buscando en ellos cualquier guiño de la naturaleza: el atardecer, un pájaro, la luna, las flores.

Las puertas del cielo abiertas en Bergen, Noruega, donde un sol nítido tiñe de oro todo el paisaje.
Otra toma en Edimburgo, mientras la noche se insinúa dejando en sombras la ciudad.

Y aunque asegura que sus padres no se preocuparon por potenciar su veta creativa, ella igual supo encontrar un camino lejos de los mandatos. “Eran de otra generación y creían que si me dedicaba a esto no iba a poder ganarme la vida“, confiesa. Así que se independizó no bien terminó el colegio secundario y, para poder llevar adelante su arte, trabajó en el mercado financiero, algo poco común entre las mujeres de su edad. “Fui gerente de un banco muy importante, mis ingresos entraban por ahí y eso me permitía hacer lo que me gustaba con libertad“.

A la fotografía llegó de la mano de una búsqueda intensa por conciliar sus intereses artísticos, que también incluían el dibujo, la pintura y el tejido. “Estudié en el Foto Club Argentino en los años 80. De alguna manera, la fotografía siempre ha sido parte de mí; las imágenes predominaron. De pequeña, para mis cumpleaños, siempre pedía que me regalaran cámaras de fotos. Tengo muchas y atesoro algunas hasta el día de hoy. Lo que más me gustaba era ir a los laboratorios de revelado: de pronto, eso que tenías en tu cabeza, se hacía realidad”.

Otras épocas: las cámaras usaban rollos que venían con las tomas contadas (doce, veinticuatro, treinta y seis…) y había que revelarlas. Pero, si uno tenía suerte, le “ganaba” a la película un par de fotografías de yapa, aunque eso recién se sabía con certeza (¡y con júbilo!) a la hora de la impresión en papel.

La tecnología facilitó las cosas y Micky emprendió otro desafío: descubrir nuevas posibilidades y herramientas digitales, sin perder de vista lo esencial: “La cámara es una de las cosas más maravillosas que existen, pero lo más importante es el ojo que mira a través de ella“.

En Copenhagen, Dinamarca, la fotógrafa se maravilló ante una ciudad atravesada por el agua: “Las casas fueron construidas alrededor de las lagunas”, dice.
El barrio antiguo de la ciudad de Estocolmo, en Suecia, se llama Gamla Stam y ofrece imágenes increíbles.

Entre viajes y retratos, la vida fue transcurriendo plácida. Hasta que en 2011, Micky sufrió una lesión severa de columna que no le permitía siquiera sentarse. “Fue un tsunami, sentí que me iba a morir. Solo podía estar de pie, así que dejé de pintar, otra de mis pasiones. Como caminar me hacía bien, comencé a salir por Palermo, donde vivo, para retratar cada detalle. La fotografía fue sanadora y aunque el dolor no se fue, logré ponerlo en otro lugar“.

Por sus trabajos, la artista recibió varios premios y en su cuenta de Instagram comparte fotos y textos que tienen miles de likes. “Me di cuenta cuál era mi propósito al ver que otros se conmovían frente a mis fotos. Uno tiene la responsabilidad de compartir sus dones con los demás“. Por eso, nunca sale a la calle sin alguna de sus cámaras. ¿Su favorita? La primera, una Pentax que compró en 1984.

En el álbum de la vida, Micky dice que hay dos imágenes fundamentales: la de su marido (“Cuando viajábamos, él siempre manejaba para que yo pudiera sacar fotos. Lo extraño tanto…“, lo recuerda con emoción) y la de su hijo, que tiene 27 años y le enseña a manejarse con los últimos recursos tecnológicos. “A lo largo de este trayecto, he descubierto que nos pasamos la vida buscando la felicidad en el lugar equivocado y muchas veces nos perdemos esta gran aventura que es vivir, reflexiona.

Feliz de poder hacer lo que le gusta cada día, todas las tardes sale a la calle en busca de nuevos cielos.

Es probable que alguna vez la encuentres caminando a la hora del atardecer, perdiéndose entre árboles y pájaros (¡infaltables los auriculares para poder escuchar música!), siempre preparada para captar con su lente cualquier atisbo de belleza.

El atardecer uruguayo, siempre entre sus fotos más queridas, en esta oportunidad regalando colores para vibrar. Firmado: Mic.

Podés encontrar todos sus trabajos en www.instagram.com/mickybozz_photo

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