Sophia - Despliega el Alma

Punto de Vista

30 marzo, 2010 | Por

Iluminar la sombra

La luz es el material con el que Dios "construye" el nuevo mundo. Pero esa luz no llega a nosotros de manera azarosa, sino casi siempre a través de una cruz, como en la Iglesia de la Cruz, diseñada por el arquitecto y místico Tadao Ando. Reconocer nuestra sombra, nos permitirá abrir la rendija por la que entrará la luz divina.


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Una nota de esta edición me sorprendió. Varios arquitectos prestigiosos del mundo “se abren a la luz” y la consideran otro de los materiales con los que trabajan: hormigón, madera, vidrio… y luz. Idea simple y revolucionaria al mismo tiempo: la luz pensada como un “material” de construcción….

Me encantó. Y enseguida pensé: “Igual que Dios”. Porque estoy convencida de que la luz es el material principal con el que Dios “construye” un mundo nuevo.

Lo comenté con un gran amigo y arquitecto, con quien además comparto mis intereses teológicos, y al rato tenía en casa el enorme libro sobre la obra del japonés Tadao Ando, ese genio místico de la arquitectura moderna. Todas sus obras me parecieron fascinantes. Pero ver la foto de la Iglesia de la Luz fue un impacto. La iglesia, en esencia, es una simple caja rectangular de hormigón, pero lo que me sorprendió fue la abertura en forma de cruz hecha en la pared detrás del altar, que inunda de luz todo el interior.

Tadao Ando dice que hubiera preferido dejar sin vidrio esa abertura, para que entrara el viento además de la luz, pero no se lo permitieron por el clima, y agrega que este proyecto es una “búsqueda de la relación entre la luz y la sombra”.¹ Me cayó una ficha. Entendí que la luz y el soplo del Espíritu que Dios nos envía no llega a nosotros de cualquier parte, ni al azar, sino que muchas veces (¿siempre?) “entra” en nosotros a través de una cruz. Y que el sufrimiento o las pérdidas que padecemos son las rendijas por las cuales se filtra la luz de Dios, que ilumina nuestra vida interior en sombras.

La sombra

Para iluminar la sombra –esto lo sabe cualquier psicólogo– primero es necesario reconocerla y aceptarla. En Sophia siempre buscamos mostrar a personas con valores espirituales que reflejen el lado positivo y luminoso de la realidad. Pero esto dista mucho de negar el lado oscuro amparándonos en una falsa religiosidad. Lo dice claramente el jesuita Carlos Domínguez Morano: “No se trata de proteger, adormecer y embriagar con cantos e intensas celebraciones emocionales, ni de reasegurar con ideas y normas para escudarse frente al relativismo, a la fragmentariedad. (…) La Jerusalén celeste a la que aspiramos pasa por la Roma pagana”.²

La humanidad está inmersa en sombras. Observando el caos en el planeta, se puede vislumbrar que estamos cerca del fin de los tiempos. De estos tiempos. El mundo viejo se desploma bajo el descomunal impacto de Internet. Las señales anunciadas por Jesús son inequívocas. Surgen los falsos cristos, gurúes de la espiritualidad light, que en lugar de poner luz, agregan confusión y oscuridad. Por eso se multiplican las enfermedades: epidemias inéditas, como la gripe porcina, tumores y cánceres, depresiones, ataques de pánico, suicidios, fobias y adicciones que llenan los consultorios y hospitales. ¿Quién no ha tenido la experiencia propia, o al menos cercana, de alguno de estos males?

La luz

Si hay tinieblas y angustia, todavía no está Dios. Dios permite la oscuridad de la cruz, pero la transforma en luz. Desde siempre, este ha sido su mensaje y su promesa.

El pueblo que andaba en la oscuridad vio una gran luz; una luz ha brillado para los que vivían en tinieblas, anunció Isaías. (Is. 9,1) Yo soy la luz del mundo; el que me sigue tendrá la luz que le da vida y nunca andará en la oscuridad, dijo Jesús. (Juan 8,12)

Y al referirse a la Nueva Jerusalén, símbolo de la nueva humanidad, Juan escribió al final del Apocalipsis: Allí no habrá noche, y los que allí vivan no necesitarán luz de lámpara ni luz del sol, porque Dios el Señor les dará su luz, y ellos reinarán por todos los siglos. (Ap. 22,5)

Para mí, el mensaje de la Iglesia de la Luz es claro y esperanzador. Si confiamos en Dios, si lo dejamos entrar en nuestra alma, Él ilumina nuestra sombra y nos cambia la vida. Para Él una cruz nunca es definitiva ni estéril. El dolor y las lágrimas sirven para resquebrajar nuestras defensas y romper el hormigón que nos encierra, para dejar entrar la luz y el Espíritu de Dios por las rendijas. Esa luz nos libera, porque nos permite ver nuestros errores: narcisismo, soberbia, negación, apegos… y nos enseña el camino correcto. Y junto con el Espíritu, Dios nos da otra vida. La de hombres y mujeres “nuevos”.

¹Philip Jodidio, Ando. Complete Works, Taschen, 2010.

²Carlos Domínguez Morano, S. J., Experiencia cristiana y psicoanálisis, EDUCC, 2005.

ETIQUETAS liberación luz oscuridad

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