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Cultura

17 enero, 2023

Hombres tejedores: «Lo que nos convoca es hacer con las manos»

Hombres Tejedores es el colectivo de hombres que nació para romper mitos, prejuicios y roles acerca de la masculinidad en la sociedades. Un espacio de encuentro en el que utilizan como armas lanas y agujas.


Por Julieta Aguerregaray

En 2016, Claudio Castillo, un artista escénico de origen chileno, comenzó a tejer en su país de forma autodidacta. De a poco, con claro interés en aprender y mucha paciencia, fue desplegando su afición con agujas y lanas de colores. Estaba convencido de que en este ejercicio manual podía encontrar no solo disfrute, sino además momentos de verdadera conexión. Esto le llevo a querer enseñarle a tejer a otros y a demostrar que esta técnica no está solo relacionada al mundo de las mujeres, sino también al de los hombres.

Así fue que Claudio creó el grupo de Hombres Tejedores, una agrupación de amantes del tejido de que hoy se expande por todo el mundo. Un espacio donde el rol varonil no está marcado por trajes y corbatas, sino que está lleno de agujas y madejas, de saberes ancestrales, materiales y técnicas que, para ellos, son un medio de expresión que los lleva a revolucionar las plazas, los parques y algunos lugares públicos donde se juntan a tejer. Encuentros donde las mujeres también son bien recibidas.

Javier Oliva Pérez, representante de la asociación en Argentina, nos cuenta de qué se trata esta unión que viene a romper estereotipos sociales y a forjar una nueva forma de apreciar un saber que antes solían heredar exclusivamente madres, tías y abuelas, pero que hoy se comparte sin importar edad ni género.

—¿Cómo empieza todo?

—En 2017, cuando vine a vivir a la Argentina. Yo ya formaba parte de Hombres Tejedores en Chile y como estábamos en contacto con dos chicos argentinos, decidí reunirme con ellos cuando llegué al país. A través de las redes convocamos a un primer encuentro en el Parque Centenario, invitando a hombres y mujeres. Así nació Hombres Tejedores Argentina y quedó establecido que todos los domingos nos reunimos a tejer. Somos principalmente hombres, pero también a veces se suman mujeres, algo que celebramos.

—¿Por qué agujas y lanas?

—Primero, porque es lo que nos gusta hacer a nosotros en lo personal. Nos juntamos en espacios públicos donde la gente nos ve, porque esa exposición es mostrar que podemos romper con un estereotipo que está muy arraigado: que los hombres pueden hacer ciertos trabajos o tener determinados pasatiempos, y que las mujeres deben dedicarse a otras actividades. Por eso deseamos que se vea la acción en vivo. Además, es un pasatiempo o un oficio que para algunos también es un trabajo.

—¿En estos años has visto algún cambio?

—Nosotros tenemos claro que hacemos un aporte a la sociedad. Ya el hecho de exponernos, que nos vean chicos y adultos, les deja algo: una imagen, una idea que después se transmite. Esa verbalización de lo que vieron, de manera positiva por supuesto, es lo que a nosotros nos sirve.

—¿Juntos es más fácil?

-Claro, por que el grupo genera contención. Para el que nunca se expuso en público y le da vergüenza, o lucha con sus prejuicios, hacerlo en grupo genera un apoyo.

—¿Cómo reciben esa mirada externa?

—Siempre ha sido positiva, nunca hemos tenido ninguna reacción que implique algo negativo para nosotros. La gente se acerca, pregunta si damos clases… Otras personas que saben tejer nos dan consejos. Sí hemos recibido críticas y comentarios poco agradables en las redes sociales, ahí aparecen todo tipo de mensajes minimizando el hecho. Pero esto es parte de lo que hacemos, nosotros seguimos adelante.

—¿Hay un especie de meditación o terapia en el tejido?

—Sí. Actualmente somos ocho hombres que estamos en un rango de edad entre 23 y 60 años, y todos somos muy distintos. Y lo que hace el tejido es que nos invita a juntarnos, a compartir. A tener un espacio terapéutico. Lo que nos convoca es hacer con las manos.

—¿Lo que tejen se vende?

—Cada uno teje lo que quiere y con el fin que desee. Pueden ser regalos, cosas para la familia; otros tejen para vender y ya tienen una red de comercialización. A veces, como agrupación, hemos hecho algunas prendas que han sido donadas.

—También han realizado performances en espacios públicos.

—En Chile hicimos una gran juntada, en la ciudad de Santiago, donde fuimos a tejer al distrito financiero. En otra oportunidad nos convocamos en uno de los mercados más grandes de la Capital: nos sentamos en el centro del edificio, en ronda, y comenzamos a tejer. En Argentina tejimos en el subte, durante el recorrido de todo el tren. Fue una experiencia linda, en la que uno va testeando cómo es el clima, porque el hecho de hacerlo en un medio de transporte hace que gente que sube sí o sí esté obligada a vernos. También hemos hecho actividades en museos, o en espacios donde nos convoquen. Otra fecha importante que celebramos es el Día Mundial del Tejido, el 11 de junio, en la que convocamos a todas las agrupaciones de tejido para reunirnos a tejer.

—Además publicaron un libro…

—El libro surgió en agosto de 2019 por iniciativa de un editor que nos llamó, porque le pareció interesante que un grupo de hombres se reuniera a tejer. En diciembre el libro ya estaba impreso: como hay chicos que son súper expertos en la técnica del tejido y en los patrones, aportaron mucho contenido.

—¿Se han expandido por otros países?

—Sí, además de estar en Chile y Argentina, la agrupación también funciona en México, Colombia, Brasil, España, Portugal, Alemania y Japón, donde encontramos la técnica del Amigurumi o «peluche tejido», que nació en los años 50. Forma parte de la cultura Kawai y, según la tradición japonesa, nos dice que cada Amigurimi posee un alma, la cual nos acompañará y dará protección para siempre. Por eso, cada Amigurumi es único, como lo es cada tejido.

Tejedores alrededor del mundo

En la isla de Taquile, ubicada al sur de Perú, famosa por sus textiles y vestimentas, los hombres son los que se dedican a producir exclusivamente los sombreros de la isla, los chullos. Estos son parte de la estructura de una sociedad, ya que les permite a los hombres mostrar su estado civil, su estado de ánimo, su fuerza, sus sueños y aspiraciones. Es una tradición que los isleños se esfuerzan por preservar. En Varanasi, la India, hay una comunidad de artesanos que se dedican a crear de manera manual los saris de seda. Las mujeres indias buscan en esa ciudad tejidos únicos para sus casamientos. Estos hombres tienen una excelente reputación y ofrecen diseños como los bordados dorados.

Inspirado en la historia de tantos hombres que alrededor del mundo se entregan a esta técnica ancestral, el documental Real Men Knit busca romper los tabúes que existen sobre el tejido, representados como una afición exclusivamente femenina. El documental hace un recorrido desde el pasado hasta el presente, compartiendo muchas historias de hombres de toda América del Norte, que cuentan su experiencia con las agujas y las lanas. Se puede ver completo por YouTube.

Los podés encontrar en Instagram como @hombrestejedoresargentina

ETIQUETAS arte artesanías cultura sociedad

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