Sophia - Despliega el Alma

Mujer y política

13 abril, 2016 | Por

Hijos de los 70: dos mujeres reúnen los testimonios de una trágica herencia

Las periodistas Astrid Pikielny y Carolina Arenes reconstruyen historias personales que nos hablan del enorme peso que llevan los herederos de una de las etapas más oscuras de la Argentina. En esta entrevista, las autoras nos cuentan cómo fue tejer un documento tan doloroso como necesario.


carolina-arenes-astrid-pikielny-hijos-de-los-70
Carolina Arenes y Astrid Pikielny,  autoras de Hijos de los 70. Foto: Alejandra López.

En la voz de los protagonistas

“Aunque no estaba, mi padre tuvo un rol muy presente en mi vida. Era un héroe, era gigante para mí. Y es muy pesado también convivir con un ideal, medirte siempre con una vara tan alta”.

ALBERTO SAAVEDRA

“Estuve enojado con mi padre. Me costó entender que alguien que tiene tres mujeres y cinco hijos se dedique a militar. Ahora no lo juzgo, porque yo también aprendí”.

MARIANO PUJADAS

“Le pregunté si había participado en los grupos de tareas, si había estado en campos de concentración y si sabía lo que había pasado con Mónica”.

DIEGO MOLINA PICO

“Lo que nos pasó fue culpa de todos, no sólo del ERP y de Montoneros; nadie supo parar la pelota, o nadie quiso, y lo sucedido nos ha dejado marcados por generaciones y generaciones” .

CLAUDIA RUCCI

“Sentía vergüenza de la mirada de los otros y culpa ante la sociedad. Me preguntaba cuánto sabría mi padre del destino de los desaparecidos o de los niños apropiados”.

TESTIMONIO ANÓNIMO DE LA HIJA DE UN GENERAL

“Es difícil reconocer el dolor que uno causa. ¿Qué militante va a querer reconocer el rastro de dolor que dejó la guerrilla?”.

MARIANA EVA LEIS

“Yo lo tengo a mi papá por un lado y al represor por el otro. Son la misma persona, pero en algún punto alguna disociación tiene que hacer mi cabeza…”.

ANALÍA KALINEC

“Defiendo a mi padre, y su historia, porque siento de ese modo que defi endo mi propia historia”.

MARIO JAVIER FIRMENICH

tapa-hijos-de-los-70

“Cada uno hace lo que puede con lo que le dieron. Ése es el trabajo de toda vida humana: descubrir qué se hace con las marcas”, comienza el prólogo de Hijos de los 70. Historias de la generación que heredó la tragedia argentina (Sudamericana), el libro donde dos mujeres -hijas, madres, periodistas, escritoras- indagan acerca de cómo fue la construcción de vínculos entre padres, madres e hijos durante una de las etapas más oscuras de la Argentina. Y sobre cómo las huellas de esa época quedarán marcadas a fuego para siempre en ellos, en sus propios hijos. En todos nosotros.

Carolina Arenes y Astrid Pikielny (ver recuadro) son las autoras de este libro que es un verdadero documento: veintitrés historias narradas a través de las voces de quienes heredaron mucho más que un apellido o una bandera política. “Nunca habíamos escrito un libro a cuatro manos y eso fue un aprendizaje que hicimos sobre la marcha, sin hoja de ruta, ensayando y probando lo que funcionaba mejor en cada etapa. Leímos juntas, investigamos juntas, descubrimos historias, hicimos las entrevistas juntas y después de la escritura, nos leímos mutuamente para aportar y cuidar cada testimonio”, cuentan en diálogo con Sophia. Y dicen que decidieron dar a luz este trabajo a partir del relato de Eva Daniela Donda, hermana de Victoria, quien planteó el drama inicial: “Yo soy hija de desaparecidos y a mí me cagaron la vida. A mí también me mataron a mis padres. Pero, ¿quién tiene el medidor del dolor? ¿Quién decide quién sufrió más?”.

Así fue como decidieron zambullirse en la difícil tarea de buscar a los hijos de cientos de desaparecidos, de guerrilleros, de sindicalista, de policías, de militares... Mujeres y varones que hoy, a cuarenta años de aquel dramático desenlace, todavía intentan escribir una historia que les sea propia. Muchos solo aceptaron compartir un café, pero luego prefirieron no aparecer entre las páginas del libro. Pero aquellos que finalmente sí decidieron hablar, comparten mucho más que el fuerte impacto de un pasado personal: nos hablan de una memoria colectiva, de una herida que aun sangra.

En Hijos de los 70 hay de todo: “Hijos que defienden lo actuado por sus padres. Hijos que los cuestionan y toman distancia”, describen las autoras a lo largo de las páginas, donde son justamente ellos, los hijos, quienes narran cómo fue heredar, además del peso de un apellido, los miedos, los odios, las muertes, los amores, los ideales, los resentimientos, los recuerdos, las historias arrancadas y apropiadas por otros. Y el dolor, ese enorme dolor.

Durante el proceso de escritura ambas tuvieron que escuchar relatos duros, compartir lágrimas y, fundamentalmente, luchar contra sus propios prejuicios con el fin hilvanar los testimonios de los protagonistas con un objetivo tan claro como complejo: ser equilibradas y respetuosas del dolor ajeno, aun cuando no estuvieran de acuerdo con la visión de su protagonista. Al leer cada capítulo (ese viaje tremendo y necesario), queda claro que cumplieron con su objetivo, describiendo con distancia emocional, aunque con enorme compromiso, cada escenario que debieron andar durante la investigación.

El riesgo latente, claro, era caer en la “Teoría de los dos demonios”. Pero las autoras fueron valientes a la hora de reunir voces muy distintas y no perpetuar el debate sobre el pasado o sentar una postura al respecto, sino “apenas” retratar las marcas presentes, tan vivas.

“Todas las historias reflejan la complejidad de los vínculos filiales, atravesados por fidelidades y contradicciones; y también por los límites y condicionamientos propios de una relación fundacional como es la de padres e hijos. Algunos han tenido la necesidad de preguntar, de cuestionar y de saber y eso ha llevado a rupturas y distanciamientos, como en algunos casos de hijos cuyos padres fueron condenados por su actuación durante la represión ilegal; otros han necesitado defender y justificarlo todo; y en algunos casos, ha habido un camino crítico que ha permitido, al mismo tiempo, preservar y reconstruir el vínculo”, explican Carolina y Astrid, dos mujeres cuya sensibilidad femenina refuerza la idea de alumbrar y reconstruir por sobre todas las cosas.

—¿De qué manera el hecho de ser mujeres y madres atravesó el tejido de estas historias hermanadas en el dolor, que nos hablan de un pasado reciente y siempre vivo, pero además de esa construcción permanente que es el vínculo entre padres e hijos?

—Para nosotras, que somos hijas y madres, fue muy conmovedor escuchar los testimonios de los hijos entrevistados, las marcas que las decisiones de los padres dejaron en sus vidas y todavía hoy las atraviesan de mil maneras, los modos que cada uno eligió para tramitar el dolor o superar el trauma, y cómo fueron redefiniendo o modificando el vínculo con ellos. Fue muy impactante ver llorar a hombres y mujeres grandes y ver también cómo eso impacta en la relación que tienen hoy con sus propios hijos. A lo largo de todo el proceso de investigación y escritura, de manera consciente o inconsciente aparecía en nosotras la pregunta sobre cómo hubiéramos reaccionado en una situación como las que les tocó atravesar a ellos. Aunque uno especule o imagine, es imposible saberlo y ponerse en los zapatos del otro.

En el libro hablan hijos que no conocieron a sus padres (Félix Bruzzone, Luciana Ogando, Mariano Tripiana, por ejemplo), hijos que apenas compartieron un par de años con ellos y por lo tanto no tienen recuerdos sino una imagen construida con los retazos de información que han ido recolectando a lo largo de los años (Eva Daniela Donda, Hernán Vaca Narvaja, Mariano Pujadas, Alberto Saavedra), hijos de padres asesinados delante de sus ojos cuando eran adolescentes (José María Sacheri, Delia Lozano), hijos que tienen vivos a sus padres, hoy procesados o condenados (Aníbal Guevara, Malena Gandolfo, Jaime Smart), e hijos de figuras emblemáticas de aquellos años como Mario Firmenich y Ricardo Saint Jean, que defienden a sus padres y parecieran estar más pegados a la palabra paterna en las argumentaciones políticas.

hijos-de-los-70-pikielny-arenes
Carolina y Astrid junto a la escritora Hinde Pomeraniec, el día de la presentación.

Astrid Pikielny

Es periodista y politóloga. Sus entrevistas fueron publicadas en las revistas Tres puntos, Debate y La Maga, y desde hace dieciséis años aparecen en el diario La Nación. Editó Periodismo: asedio al oficio y dictó talleres de entrevista periodística. Actualmente conduce un programa en Radio de la Ciudad. (A la izquierda en la foto).

Carolina Arenes

Es periodista y licenciada en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Fue subeditora del suplemento Cultura y editora a cargo del suplemento Enfoques del diario La Nación, donde actualmente se desempeña como editora. (A la derecha en la foto).

astrid-pikielny-carolina-arenes

—¿Cómo fue entrar a los 70 de la mano de quienes se asomaron al mundo desde lugares tan particulares, marcados por las letras de sus apellidos, construyendo su vida sobre los retazos de una determinada visión del mundo?

—Fue una aventura, como todo el libro, y también un ejercicio que puso a prueba nuestra madurez en el oficio de periodistas. Todos las miradas sobre el mundo –sobre los años 70 o sobre la actualidad- están hechas de fragmentos, todas son complementarias de otras miradas, todas tienen la riqueza y los límites de una subjetividad. Pudimos hacer preguntas y también escuchar; eventualmente, marcamos diferencias, pero sobre todo, nos propusimos escuchar, no enjuiciar, intentamos acercarnos lo más posible a la verdad del otro habilitando una conversación.

—El libro se nota traspasado por esa fuerza que solemos tener las mujeres a la hora de equilibrar, conciliar y ser especies de “mediadoras” en eso de encontrar puntos de unión, aun entre posiciones contrapuestas… ¿Cómo funcionó en ustedes esa energía?

—Es muy probable que algo de esa sensibilidad haya facilitado algunos encuentros o haya contribuido a que fueran más profundos. Algo de eso nos escribió hace poco Hernán Vaca Narvaja, uno de los entrevistados, después de haber leído todo el libro. Para él había una sensibilidad específicamente femenina en el tratamiento de todo el libro. Es posible, aunque también nosotras tuvimos que hacer un trabajo personal para que nuestros propios prejuicios o preconceptos nos limitaran lo menos posible o no nos impidieran conectarnos empáticamente con el dolor de una persona, aunque esa persona defendiera cosas que nos parecieran indefendibles. Hubo mucha conversación también entre nosotras, antes de las entrevistas y después, sobre lo que habíamos sentido, si algo nos había “superado”, si nos habíamos sentido incomodadas en alguna situación. Eso también tuvo mucho trabajo de “charla femenina” y las charlas de amigas son uno de los espacios más enriquecedores que tenemos las mujeres a lo largo de toda la vida. Seguro que eso también amplió nuestra capacidad de escuchar.

—¿Qué fue lo más duro y también lo más hermoso de este proceso de construcción y trabajo entre dos? ¿Cuáles son los aprendizajes?

—Fue un desafío que funcionó, al mismo tiempo, como una red fundamental que nos permitió cuidarnos, aprender la una de la otra, duplicar las alertas a la hora de elegir las palabras y el tono de cada historia, y aprender de las fortalezas de la otra. Pasamos muchas horas juntas y muchos días juntas durante casi tres años pero cuando hay respeto, cariño y amistad, hay margen para decir lo que no funciona o lo que habría que mejorar. Y eso pasó en distintas etapas frente cada problema o cada desafío. Nunca hubo, en todo este proceso ni fuera de él, vanidades, miserias ni mezquindades que contaminaran o perjudicaran ni nuestro trabajo ni nuestra amistad.

—El valor del libro como documento, testimonio vivo de una generación que heredó una de las décadas más trágicas de la Argentina, es innegable… ¿Cuál es la reflexión luego de dar a luz un libro como Hijos de los 70?

—Muchos nos han dicho eso, que Hijos de los 70 tiene valor de documento porque nunca hasta ahora se habían reunido en un mismo libro, historias tan distintas de hijos que heredaron la tragedia argentina: los hijos de la militancia y la guerrilla, pero también los hijos de los militares y policías, los hijos de los empresarios, sindicalistas e intelectuales, hijos de padres asesinados por la dictadura, ERP, Montoneros o Triple A, hijos nacidos en cautiverio, hijos que no conocieron a sus padres, hijos que hoy los defienden en los estrados judiciales y se hacen cargo de ellos.

Nuestra intención, más modesta, fue iniciar una conversación entre voces distintas, y ampliar la mirada no tanto sobre el pasado sino sobre las secuelas de ese pasado en este presente. Quizás el hecho de haber visibilizado historias y testimonios ausentes hasta ahora de la discusión pública le haya dado al libro el valor de un documento.

Podés ver la ficha del libro y comprarlo online en www.megustaleer.com.ar

¿Te gustaría recibir notas como esta en tu e-mail?

Suscribite aquí y te las enviaremos a tu casilla todos los meses

Whoops, you're not connected to Mailchimp. You need to enter a valid Mailchimp API key.

Comentarios ()