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Reflexiones

28 noviembre, 2022

Gracias Marilyn, gracias Irvin (historia de un amor real)

Un canto al amor posible, de carne y hueso que, a través de sus sesenta y cinco años de relación, supieron construir el psicoterapeuta estadounidense Irvin Yalom y su adorada esposa Marilyn. ¡No dejes de leer su historia!


El psicoterapeuta estadounidense Irvin D. Yalom junto a Marilyn, su esposa, con quien construyó un amor de raíces hondas.

Por Sergio Sinay

En El verdugo del amor, uno de los libros en los que logró hacer de sus experiencias como psicoterapeuta la materia prima de relatos donde realidad y ficción se integran de manera sutil y sensible, Irvin D. Yalom escribió: “No me gusta trabajar con pacientes que están enamorados. Quizás se deba a la envidia: yo también anhelo la fascinación. Quizás se deba a que el amor y la terapia son incompatibles en lo fundamental. Un buen terapeuta lucha contra la oscuridad y busca la iluminación, mientras que el amor romántico se sustenta con el misterio y se desmorona al ser inspeccionado. Aborrezco ser el verdugo del amor”. Y, sin embargo, fue protagonista, junto a su esposa Marilyn, de una hermosa, profunda y ejemplar historia de amor sólido, a prueba del tiempo y las tormentas de la vida, un amor de raíces hondas, de cimientos sólidos, un amor de esos que justifican la razón de estar vivos, más allá de los inevitables dolores de la existencia.

Ese amor está testimoniado en el último fruto de las muchas siembras que ambos compartieron. Es el libro Inseparables, en el que, a dos voces, Irvin y Marilyn narran los últimos doce meses de su vida juntos, desde el momento en que a ella le diagnosticaron un mieloma múltiple (cáncer que ataca a los glóbulos blancos de la médula) hasta su muerte, una muerte asistida en la que él la acompañó y le sostuvo la mano hasta el último suspiro.

La vida como es

Se equivocará quien imagine que se trata de un libro triste, quien quiera evitar su lectura para no deprimirse. Si la belleza puede ser cegadora, si el amor puede iluminar la razón de la existencia de quienes tienen la sabiduría de construirlo, si a través de una lectura podemos ser partícipes de una vida, comprenderla, compartirla y sentirnos parte de quienes respiran en esas páginas, Inseparables es la más sólida prueba de esa posibilidad. Es la amorosa, agradecida, iluminadora crónica de una despedida y también la confesión, a corazón abierto, de que cada minuto del viaje compartido tuvo una razón de ser y valió la pena, aun la más profunda. El subtítulo del libro (que en inglés es su título) reza: sobre el amor, la vida y la muerte. Ninguna síntesis sería más apropiada. Se trata de eso, de una incursión honda, reveladora, compasiva, honesta y sincera en las entrañas de esas tres experiencias supremas e intransferibles que nos marcan como humanos.

La vida que se respira en cada página, en cada frase de Inseparables es la real, la que nos atraviesa cotidianamente, reconocible en nuestras propias vivencias. Una vida que habla de nosotros. La mirada y la actitud conque Irvin y Marilyn recorren el camino hacia el inevitable final es de una honestidad, de una entereza y de una integridad conmovedoras. No se mienten ni a sí mismos, ni al otro, ni a sus seres queridos, no apelan al pensamiento mágico, no le rehúyen al miedo, caminan hacia el Gran Misterio frágiles y dotados de un entrañable coraje espiritual. No permiten que la sombra de la muerte les impida vivir, porque, al final de cuentas, morir es inevitable, y de lo que en verdad se trata, hasta el minuto final, es de cómo se vive. Y ellos vivieron con amor real, antifrágil, construido y consolidado día a día, durante más de sesenta y cinco años, hasta el 20 de noviembre de 2019, en que Marilyn murió en la casa de ambos, en Palo Alto, California, a los 87 años y sin un solo lamento a pesar de lo mucho que amó y honró a la vida.

Inseparables, el libro donde Irvin relata los últimos doce meses de vida junto a su amada mujer.

El vínculo sanador

Irvin tiene hoy 91 años. Creyó que no la podría sobrevivir, pero, hombre sabio, encontró en sí los recursos para seguir vivo en la vida. Marilyn fue una reconocida especialista en literatura francesa, una lúcida historiadora y una feminista comprometida y sensible, ajena a radicalismos que alejan más de lo que acercan, impiden más de lo que facilitan, y oscurecen más de lo que aclaran. Condecorada en 1991 por el gobierno francés, en castellano se pueden leer algunas de sus muy recomendables obras: Historia del pecho, Historia de la esposa y Entre mujeres (historia de amistad). En los capítulos de Inseparables escritos por ella se advierte una inteligencia admirable y una deslumbrante capacidad de comprender y explorar su propia travesía hacia la muerte.

Irvin, a su vez, es un formidable psicoterapeuta existencial, alguien que, más allá de su profesión, siempre tuvo una especial sensibilidad para internarse en los laberintos del alma humana y acompañar a las personas a recorrerlo. Ese don no solo lo convirtió en uno de los grandes de la psicoterapia contemporánea (que aun ejerce ocasionalmente), sino en un narrador capaz de parir novelas extraordinarias, como El día que Nietzsche lloró, Un año con Schopenhauer y El enigma Spinoza, además de tomos de relatos como Mamá y el sentido de la vida, Criaturas de un día o el mencionado El verdugo del amor.

En ensayos como Mirar al sol ofreció una inapreciable contribución para afrontar la angustia ante la muerte, y en obras como El don de la terapia y Psicoterapia existencial y análisis de grupo hizo, con gran solidez conceptual y claridad expositiva, aportes esenciales para el desarrollo de la psicología humanista, de la cual es un pilar fundamental, junto a nombres como Rollo May y Carl Rogers (ambos fallecidos). Describió de este modo a la psicoterapia existencial: “Es el único tipo de psicoterapia que está más relacionado con la filosofía que con la psicología y se basa en la relación que se crea entre el terapeuta y el cliente. Es la relación la que sana, es la relación la que sana, es la relación la que sana”. Más que las técnicas, piensa Yalom, lo que cura es el vínculo, la relación entre esos dos seres humanos que son el terapeuta y su consultante. Por eso es necesario ver, escuchar, comprender y desarrollar la empatía antes que correr a diagnosticar. Así trabajó con cientos de personas a lo largo de los años, así acompañó a su amada Marilyn en el recorrido final y así se trató a sí mismo después de la despedida.

Irvin y Marilyn Yalom tuvieron cuatro hijos, tres varones y una mujer, que les dieron ocho nietos. Tejieron grandes y hermosas amistades. Fueron (él aún lo es) faros que guiaron a muchos en mares tormentosos. Y, sobre todo, alumbraron un amor real, posible, de carne y hueso, sólido. Un amor que honra a las palabras de San Pablo en la inspirada Carta a los Corintos, cuando dice: “Si yo hablara lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal resonante, o címbalo retumbante”. O cuando culmina: “Ahora conozco en parte, pero en aquel día conoceré tal y como soy conocido. Ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor. Pero el más importante de todos es el amor”. Lo que se narra es Inseparables, es la prueba de esto.

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