Sophia - Despliega el Alma

Violencia

11 mayo, 2016

Género: la revolución empieza por casa

La prevención de la violencia en la infancia es posible: desde los pequeños gestos y los valores cotidianos podemos generar conciencia y enseñarles a nuestros chicos a crecer como iguales.


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Por Leila Sucari 

Valentina llegó del colegio angustiada. Se fue a su cuarto, cerró la puerta y no quiso tomar la merienda con sus hermanos. Cuando la mamá preguntó qué le pasaba que había dejado la leche con cereales intacta, su hija de 12 años dijo que nada. La madre se sentó en el borde de la cama y volvió a preguntar. Entonces, Valentina, enojada, le dijo que odiaba el short floreado que le habían regalado para su cumpleaños. “En el recreo me dijeron puta”, dijo al fin con los ojos llorosos y la cara contra la almohada, de vergüenza.

La violencia de género está en todas partes: en el lenguaje, en la calle, en la televisión e, incluso, en la escuela. Nacer mujer es estar expuesta a los prejuicios, abusos y discriminación desde que somos niñas. La lógica machista no distingue edad ni clase social. En las aulas, los chicos repiten el discurso y el trato que aprenden de los adultos. “Reflejan lo que viven en la casa, lo que ven en la televisión; por eso es importante explicarles, ayudarlos a codificar la información de forma correcta, sin miedo a hablar con ellos abiertamente”, dice Marina Pozo, autora del libro Alas de libertad. Prevención de la violencia de género en Educación Infantil, de Editorial MAD Eduforma. “Desde pequeños los niños pueden comprender lo qué está bien y lo qué está mal; nuestra tarea como educadores es cimentar los valores. La escuela no debe limitarse a desarrollar capacidades intelectuales”.

Conciencia de género

En la mesa, en la casa y en la plaza

Por Camila Lynn*

Para prevenir la violencia de género hay que trabajar desde la infancia. Los chicos adoptan y naturalizan los modelos que ven en sus casas, en sus jardines y en sus barrios. Si una vecina sufre violencia y el comentario es que está bien, que por algo será, que mejor no meterse en los problemas ajenos, el niño o la niña va a entender que eso es lo normal. Va a internalizar que los varones pueden golpear a las mujeres, que está bien y que es un tema privado donde el resto no puede ni debe meterse. Lo mismo con las tareas cotidianas: si las mujeres son las que siempre sirven la mesa y los varones esperan sentados, los chicos entenderán que son los únicos roles posibles. Es importante tomar conciencia de que la violencia no está presente únicamente en el golpe, sino que aparece en muchísimas situaciones de la vida diaria, donde se coarta la libertad de las niñas, adolescentes y mujeres. Para prevenirla, sin duda hay que tener una perspectiva de género, incluir esta variable en la educación de nuestros hijos, plantearles roles posibles y diversos, como que las tareas domésticas sean una responsabilidad de todos. Que no sea que el hombre ayuda en la casa, sino que todos y todas colaboran, incluidos niños y niñas por igual. Lo mismo sucede en el jardín de infantes, donde muchas veces los rincones de juego parecen exclusivos de un género: autitos por un lado, muñecas por otro. Es necesario ampliar esos espacios, habilitar las posibilidades, que los chicos y las chicas exploren con libertad”.

*Licenciada en Ciencias de la Educación. Integrante del Programa Nacional de Salud Sexual y Reproductiva.

En nuestro país hay alrededor de un femicidio cada treinta horas. Todos los días miles de mujeres son maltratadas, violadas y humilladas por hombres que se creen con derecho sobre sus cuerpos y ejercen violencia física, sexual y psíquica con la impunidad del más fuerte. Según un informe de la ONU, una de cada tres mujeres es o fue víctima de violencia: más de 600 millones viven en lugares donde la violencia doméstica aún no es considerada un delito, 140 millones son sometidas a la ablación del clítoris, cada 3 segundos una nena menor de edad es obligada a casarse con un hombre mayor y 150 millones de niñas sufrieron violaciones o abusos sexuales. En el mundo, cada año, hay más de 66.000 mujeres asesinadas. Los datos son alarmantes.

En el principio fue el juego

La estigmatización y las distintas formas de violencia no surgen de un repollo. La cultura se encarga, desde la primera infancia, de moldear y estructurar los pensamientos de niños y niñas. Así es como los estereotipos de los varones son superhéroes fuertes y decididos, mientras que a las nenas se les exige que tengan modales delicados, vestidos rosas, que jueguen con muñecas, ayuden con las tareas domésticas y no digan malas palabras. Aunque pueda parecer ingenuo, detrás de los juegos subyace un perverso sistema de desigualdad. “La violencia de género tiene su escondite en el lugar menos sospechado: la infancia”, dice Enrique Orschanski, pediatra especialista en familia. “Alojada en rincones inocentes donde transcurre la crianza de los chicos, se define a la mujer y al hombre con preconceptos. Hay sentencias inapelables que los chicos aprenden y, sin saberlo, los inician en la violencia; por ejemplo: ‘Los chicos son fuertes y no lloran; las chicas son el sexo débil. Ellos resisten con músculos y portan apellido; ellas resisten en silencio y adoptan apellido. Los machos deciden, porque es de macho hacerlo. Las hembras acatan, porque así está mandado. Ellos juegan duro; ellas se maquillan. Los novios presionan; las novias resisten. Él agrede; ella entiende’”.

Desarmar los prejuicios desde la infancia es una tarea fundamental de padres y educadores. La igualdad se construye mediante el ejemplo y la palabra. En vez de enseñarles a nuestras hijas que deben cuidarse de los varones, hay que enseñarles a los niños que respeten a las mujeres. Y esto se logra desde los pequeños detalles de la vida cotidiana: así como la limpieza no tiene por qué ser una tarea femenina, el deporte no es solo una pasión de los hombres. No debemos naturalizar que el niño pegue porque “es bruto” y que la niña llore porque “es sensible”. Se trata de educar con libertad, demostrando que, más allá de las diferencias, todos tenemos los mismos derechos. Gema Otero, historiadora especialista en género e igualdad y creadora del proyecto educativo “Señora Malilla”, explica: “Pretendemos visibilizar nuevos  modelos y roles para ambos géneros. Queremos normalizar la diversidad desde la edad infantil. Para esta misión contamos con dos cuentos coeducativos complementarios: ‘Súper Lola’ y ‘Lalo, el príncipe rosa’. La idea es brindarles a los niños y niñas instrumentos que los ayuden a fortalecerse y a ser ellos mismos. Hay que desterrar el mito de las princesas de Disney que esperan ser recatadas por su príncipe azul. Jugamos a desmontar los tradicionales roles, invitamos a las niñas a los espacios públicos y a los niños a que entren al espacio privado. Las mujeres se han incorporado al ámbito laboral, pero los hombres no lo han hecho al de los cuidados del hogar. Esta ruptura de los estereotipos puede generar incomodidades y resulta políticamente incorrecto, pero es esencial en la lucha contra la violencia machista”.

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La importancia del apego

Llevar adelante una crianza sustentada en el amor y el respeto es sentar las bases para que en el futuro los chicos sean adultos seguros de sí mismos, puedan defender sus deseos y frenar a tiempo cualquier tipo de maltrato o abuso. La teoría del apego surge de la mano del psicoanalista inglés John Bowlby (1907-1990), quien demostró que el vínculo fuerte con los padres –o con los cuidadores– durante los primeros años de vida promueve un desarrollo saludable y tiene efectos positivos a largo plazo, ya que genera personas autónomas, independientes y emocionalmente fuertes.

“Una buena parte de lo que ocurre hoy se relaciona con la forma en la que fueron criados los adultos, ya sean mujeres que no pueden alejarse de los abusadores u hombres que no pueden dejar de maltratar, porque es el modelo en el que se criaron y les parece natural, o porque están repitiendo lo que padecieron”, explica Maritchu Seitún, licenciada en Psicología. “En la primera infancia tenemos que ofrecer a los niños un vínculo en el que se sientan seguros, de modo que puedan confiar. Así conocerán lo que es el buen amor: que cuida, atiende, interpreta, mima, sostiene, que no maltrata, no amenaza ni culpabiliza; que pone límites sin agresión física ni psicológica. De ese modo, los niños alcanzan un vínculo de apego que les servirá de modelo para futuras relaciones. También tendrán una adecuada autoestima que les permitirá quedarse solos sabiéndose merecedores de una relación amorosa”.

Como en tantas otras cosas, la verdadera revolución y el cambio cultural comienzan de adentro hacia afuera. Desde los pequeños gestos cotidianos podemos generar una conciencia diferente para que las futuras generaciones crezcan con otros valores y puedan vivir en un mundo más justo, donde ser mujer no sea peligroso.

Otros modelos

Las imágenes que ilustran esta nota pertenecen a un proyecto de la fotógrafa Jaime Moore. Con la idea de proponer modelos válidos para su hija, en lugar de festejar su cumpleaños de 5 con la clásica fiesta de princesas, quiso rendir tributo a mujeres reales que cambiaron el mundo y fotografió a la pequeña junto a imágenes de ellas. Desde Amelia Eackhart y Coco Chanel hasta Susan B. Anthony. Debajo de las imágenes rescató frases célebres de cada una de estas mujeres, que harán reflexionar a su hija más adelante. Una linda iniciativa para generar el cambio desde adentro.

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