30 de abril de 2026
Cuando Shuta Kagawa recibió la respuesta del doctor Nike, pensó que le tomaban el pelo. No era la primera vez que tenía una consulta psicológica por sus problemas de insomnio. Y aunque nadie había acertado en darle una solución, lo que escuchó en aquella oportunidad le pareció un chiste.
“Te voy a recetar un gato y veremos cómo va, ¿de acuerdo?”, dijo el doctor de la misteriosa Clínica Kokoro después de escucharlo. Y en un instante, Shuta tenía enfrente suyo a un gato gris de ojos dorados y mirada atenta.
Así sucede un capítulo detrás de otro en el libro Te receto un gato, de Syou Ishida, obra ganadora del Premio Kioto a la mejor novela: las personas llegan a la clínica con la esperanza de amainar sus dolencias físicas y emocionales y se van con un gato entre los brazos. Son historias sencillas y sensibles que, aunque ficticias, nos llevan a preguntarnos hasta qué punto no podríamos afirmar que estos felinos efectivamente ayudan aliviar el sufrimiento.
“Creo que tienen un gran poder curativo. La ternura y los gestos de los gatos, con solo mirarlos, suavizan el corazón y logran sacarnos una sonrisa incluso en los momentos difíciles ―expresó la propia autora en una entrevista―. Si cada persona pudiera sentir aunque sea un poco de felicidad gracias a la ternura de los gatos u otros animales, tal vez incluso disminuirían los conflictos en el mundo”.
Hebe Uhart, Julio Cortázar, Charles Dickens, Patricia Highsmith, Jorge Luis Borges, Doris Lessing y Gabriela Cabezón Cámara, son solo algunos de los escritores que se sumaron a la devoción gatuna, y que les dedicaron un poema, un texto o un libro completo.
El escritor norteamericano Charles Bukowski, por ejemplo, escribió: “Tener a un grupo de gatos alrededor es algo bueno. Si te sentís mal, solo tenés que mirarlos y te sentirás mejor. Porque ellos saben que todo es, tal y como es”.
Curiosos, enigmáticos y cariñosos, se pasean sobre las terrazas, se acuestan sobre nosotros, se escapan por la ventana para merodear y regresan a nuestros hogares cuando les place.
¿Acaso ellos percibirán cuánto nos cambian la vida?
Cuando María José (34) quedó a cargo de cuidar a Cassandra, la gata de una pareja amiga que estaba fuera de Buenos Aires, no imaginó que la cosa sería al revés, y que la gata, más bien, cuidaría de ella.
“Yo venía transitando un momento difícil, estaba angustiada. Fui a darle de comer a Cassandra y me senté en el sillón. Ella se acercó, me puso una patita encima y se quedó ahí un largo rato. Empecé a sentir cómo algo se aflojaba dentro mío hasta que subió un llanto que no pude contener. Se quedó siempre a mi lado —cuenta María José —. Hubo algo de su contacto y energía que me ayudó a liberar ciertas emociones y cargas bloqueadas. Fue increíble cómo me sentí después, mucho más vital, liviana y contenta”.
El relato, aunque pueda sorprender a los más escépticos, es menos misterioso de lo que parece. Investigaciones en diferentes partes del mundo empiezan a demostrar los múltiples beneficios que los felinos aportan a nuestra salud y bienestar.

Nicole Mariani, amante de los gatos e investigadora del Laboratorio de Estrés, Psiquiatría e Inmunología del King’s College de Londres, publicó un artículo en la revista digital Inspire the mind, donde expone que el ronroneo de estos animales colabora a reducir el estrés y la ansiedad, a apaciguar dolores por migrañas y a calmar la respiración. Incluso señala que por su frecuencia vibratoria ―que oscila entre 25 y 150 hertz, mientras que la humana se promedia en 0.25 hertz ― podría ayudar a la reparación de huesos, articulaciones y tendones.
Otro trabajo publicado en National Geographic España, señala que para las personas con trastornos mentales graves, la compañía de un gato colabora a que generen rutinas positivas para su autocuidado y mejoren su estado de ánimo. Como dice la publicación: “Basta con que se acerque, se acurruque, o que su ronroneo rompa el silencio. La ciencia nos muestra que ese simple gesto puede calmar, reconfortar y ofrecer alivio emocional a personas en contextos terapéuticos y en la vida cotidiana”.
Y además de todo eso, su simpleza. La sola presencia silenciosa y calma de estos animales contribuye a generar un ambiente que se siente cálido y seguro.
“Hay algo de su paz, presencia y tranquilidad que nos ayuda a enraizarnos —comparte María José —. Puede sonar extraño, pero hay algo del contacto físico y espiritual con los gatos que es sanador. Ellos reconocen las cargas ajenas y hacen un gran servicio a los humanos para ayudarnos a liberar tensiones. Los animales tienen eso: nos perciben”.
La “bruja de las montañas” —como cariñosamente hace llamarse — y chamana norteamericana Reika Moonsong, es una gran amante de los animales en general y de los gatos en particular.
Su libro Cat Magick fue publicado en 2024 en español bajo el título La magia de los gatos: Descubra el poder y la magia de los felinos a lo largo de la historia, y aborda sus cualidades místicas y espirituales. Para Moonsong estos felinos son, realmente, mágicos.
“Aunque se podría decir que hemos domesticado a los gatos, no nos equivoquemos, ellos eligen trabajar a nuestro lado y nos permiten entrar en sus vidas —anuncia en el prólogo —: Estas criaturas mágicas hacen por nosotros mucho más de lo que podemos imaginar”.
Según describe Moonsong, los gatos no solo nos ayudan a sanar, sino que también actúan como guías y grandes maestros en nuestras vidas. Entre sus enseñanzas, destaca que nos recuerdan la importancia de mantener un espíritu aventurero, curioso y valiente para explorar lo desconocido; nos ayudan a establecer límites saludables y a ser independientes, a equilibrar el tiempo social y el tiempo personal, y a comprender que está bien abrazar nuestra naturaleza salvaje y la necesidad de libertad.

Además, dice la autora, nos demuestran que es posible conectarnos con nuestras verdades internas sin perder la conexión con el entorno. En pocas palabras, los llama “maestros zen”.
Quién sabe si acaso ese halo de misterio que emanan los gatos, no actúa como un señuelo de nuestra atención, para que volquemos la mirada ahí, donde ellos buscan enseñarnos simplemente siendo: los gatos contemplan, descansan, pasean; viven en el instante puro, en el aquí y ahora. Los gatos buscan cariño, dan cariño y se alejan cuando necesitan espacio. Tan solo detenerse y observarlos nos permite aprender sobre la vida y la existencia misma.
Tal vez las historias contadas en Te receto un gato no sean tan ajenas a la realidad, y así como los personajes se ven transformados por los animales, también nosotros vivamos experiencias similares.
Dice el periodista Sergio Sinay, citando al filósofo John Gray: “Quien convive con un gato, vive con un maestro”.
¿Qué más mágico que aprender de un animal?
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