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Mujer y política

26 marzo, 2015 | Por

“Estamos en emergencia de género”

Lo dice el diputado porteño Alejandro Bodart (MST) y explica por qué los varones también deben sumarse a una tarea que es de todos: instalar el debate para motivar políticas efectivas.


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“El rol de la mujer es fundamental y hay que valorarlo en su real dimensión para facilitar que pueda desarrollarse plenamente. Si la mitad de la población se ve sometida en un ámbito tan fundacional como el propio hogar, estamos complicados”, arranca el diputado Alejandro Bodart (MST), al hablar con Sophia sobre la situación actual de la mujer, un tema que le preocupa especialmente y por el que trabaja desde su banca como diputado porteño. Y agrega: “El desafío de crear condiciones igualitarias es interpelar a los varones, porque es nuestro tema también”. Por eso, en consonancia con el Mes de la Mujer, Bodart busca imponer, más que nunca, una agenda urgente en ese sentido.

—¿Cuál es la clave para traer este tema a la escena pública?
—Lo importante es no tener miedo al debate, porque hay una presión social tan grande para que uno no lo abra y se amolde a la agenda general… Por eso yo creo que lo primero que hay que hacer es animarse, plantear el tema, aunque parezca ir contra la corriente. Muchos cambios sociales se han dado a partir del trabajo de gente que se atrevió a ir contra la corriente. Y luego, tantas veces, se demostró que era la manera correcta de ir. Hay que bancársela, aunque uno se quede solo, porque si alguien no hubiera cuestionado la sociedad esclavista o la feudal, seguiríamos ahí.

—¿Sobre qué aspectos creés que es primordial trabajar?
—Contra el prejuicio que tienen las propias mujeres, el machismo no es solo cosa de hombres. Es la cultura hegemónica quien convence a la mujer de que ese es el rol que debe asumir puertas afuera y adentro. Y se bombardea con ese mensaje desde todos lados: colegios, círculos sociales y, fundamentalmente, medios de comunicación. El rol de los medios es tremendo y es también donde resulta más difícil penetrar, porque la cultura de la cosificación da rating. Entonces, el debate debe provocar, para hacer visible lo que implica que existan tantos mensajes machistas en los medios.

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La tevé machista: corte de polleritas y estereotipos de mujer-objeto.

—Los casos Ángeles, Lola, Daiana, y tantos otros, nos interpelan… ¿Cómo debemos leer este fenómeno de jóvenes que son asesinadas por varones?
—Los últimos casos de violencia contra la mujer, y en particular contra mujeres jóvenes, es una consecuencia del grave problema cultural que atravesamos. En la medida que exista una cultura dominante que siga cosificando a la mujer, siempre va a existir un cavernícola que entienda que es un objeto que le pertenece al que puede moler a palos. El meollo es que además existen gobiernos que hablan mucho, pero hacen poco para modificar esa situación. Los políticos corren a sacarse la foto con Marcelo Tinelli o le hacen un homenaje a Gerardo Sofovich, sin detenerse a ver que son varones que han denigrado a la mujer. Hay una conexión directa entre aquello que la gente ve y consume, y la forma en que luego actúa socialmente. Por eso, el mensaje no puede tener contradicciones.

—¿A qué te referís cuando hablás de “contradicciones”?
—A que los políticos muchas veces hablan de que están trabajando por las mujeres, pero después “se olvidan” de habilitar los presupuestos necesarios para llevar el trabajo adelante. Las leyes contra la violencia están en los papales, pero no se habilitan los refugios necesarios para que esas mujeres que denuncian maltratos tengan donde ir cuando deciden abandonar su casa. Y si no le das la posibilidad de salir de ahí la estás obligando a quedarse en la situación de violencia.

“La mujer sigue siendo el punto débil de nuestra cultura por una cuestión de conveniencia: el día que la mujer se libere de la violencia y la desigualdad, hará temblar todas las estructuras”.

—¿Cuál es la necesidad más urgente?
—Hay que dar refugio a las víctimas, atención psicológica, salida laboral y la posibilidad de reinsertar a sus chicos en la escuela. No es solo atender los llamados de las mujeres golpeadas, sino brindarles además la posibilidad de recomenzar, de sostener una vida lejos del maltrato y del maltratador. A las palabras se las lleva el viento: para que haya bases sólidas, hay que invertir. Muchas veces se escucha hablar de que se avanzó en la ley de género, y es un lindo título para dar, pero nadie sabe que detrás de esa noticia la realidad es que no se asigna nunca el presupuesto para hacer que esa ley se haga efectiva.

—¿A qué políticos te referís?
—A todos, es un mal general que tiene su origen en una problemática arraigada en nuestra sociedad. Se agranda en algunos partidos, pero es algo que forma parte de un tema nacional: el patriarcado y el machismo son parte constitutiva de los valores de esta sociedad sobre los que hay que trabajar. Al norte del país hay provincias en las que las mujeres son usadas y maltratadas constantemente, como fue el caso del intendente que se sacó fotos con menores durante una fiesta en su casa. Eso sorprende cuando llega a los medios, pero tristemente es moneda corriente en muchos lugares de nuestro país.

—¿Cuál es la repercusión que, en general, tiene tu mensaje?
—Me dicen que es una locura, que cómo voy a decir que avalar lo que hacen personajes como Tinelli hace que se fomente una cultura de violación contra las mujeres, que qué tiene que ver una cosa con la otra… Pero yo sostengo que  cuando un varón manipula a las mujeres públicamente genera en el macho la sensación de impunidad, de que tiene el poder y puede hacer lo que quiera con él. A mi compañera, en su lugar de trabajo la increpan algunos varones porque yo critico que se muestre el cuerpo de las mujeres en la televisión. “¿Pero qué tiene contra los culos?”, le dicen, como si mi denuncia estuviera vulnerándoles un derecho.

—¿En qué se traduce todo eso?
—La desigualdad entre varón y mujer se hace visible en todas las instancias de la vida social. En el ámbito laboral, por ejemplo, la mujer sigue cobrando mucho menos por realizar la misma tarea que el varón. Ni que hablar de los cargos dirigenciales, que siguen siendo mayormente de los varones. La opresión de la mujer es funcional a la estructura de la desigualdad social y económica. Por eso yo digo que estamos en emergencia de género.

—¿No ves ningún avance en ese sentido?
—Sí, claro que hay avances. Pero siempre partiendo de que estamos en el pozo. La mujer sigue siendo el punto débil de nuestra cultura por una cuestión de conveniencia: el día que la mujer se libere de la violencia y la desigualdad, hará temblar todas las estructuras. No hay ninguna posibilidad de cambio social en la medida que esté sometida y no queda otra opción que no quedarse conforme con nada: hay que exigir, exigir y exigir. E indignarse.

Alejandro Bodart es diputado porteño, secretario general del MST y congresal nacional de la CTA opositora. Conocé más sobre su labor legislativa en alejandrobodart.com.ar

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