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Esperanza activa: el poder femenino en el cuidado del planeta

Frente a los peligros a los que se enfrenta nuestro entorno, hay mujeres creando consciencia global a través de un mensaje esperanzador: siempre estamos a tiempo para reconectar con la vida.

Por Susanne Schaup

Durante mi infancia en el área rural de Austria, era común ver salamandras de fuego, un animal similar a las lagartijas. En días de lluvia, podías verlas reptar por el camino, cruzando al pasto mojado. Cuando encontraba una en nuestro jardín, solía levantarla con alegría, y la daba vuelta en mi mano para admirar el cuerpo negro, brilloso, con sus características manchitas amarillas, los ojos como abalorios y las patas gruesas con “manitos” diminutas. “Qué hermosa criatura”, pensaba mientras la ponía cuidadosamente sobre el pasto.

También había multitudes de mariposas, que observaba con delicia mientras se posaban sobre las flores para beber el néctar, revoloteando sus alas coloridas y traslúcidas. Cuando cavabas en la tierra, había lombrices de a montones, muy apreciadas por los jardineros por cómo suavizan y fertilizan la tierra. Había todo tipo de escarabajos, como el impresionante escarabajo ciervo, con cuernos que recuerdan a los de un ciervo. El suelo y la atmósfera palpitaban vida, y en el aire sonaba la canción de los pájaros y el zumbido de las abejas. Todo esto era tan solo la vida ordinaria del jardín, nada especial.

¿Cuándo fue que empecé a notar que ya no había más mariposas? No lo recuerdo. Tampoco sonaba la canción de los pájaros, las abejas se habían ido y no había visto a una salamandra de fuego en años. Fue una pérdida que me hizo sentir empobrecida.

Le tomó mucho tiempo al mundo enfrentar el hecho de que muchas especies del reino animal y vegetal estaban desapareciendo rápidamente, y además reconocer que esta pérdida era provocada por el ser humano. Según Wildlife Watch, más de 44.000 especies están en peligro de extinción, casi un tercio de todas las especies reconocidas. Dentro de los animales más perjudicados, se encuentran los anfibios —entre ellos la familia de las ranas y las salamandras—, afectados en un 41%.

Nos llevó más tiempo todavía entender que la extinción de una sola especie, no importa cuán pequeña sea o en apariencia insignificante, puede alterar todo el equilibrio ecológico con consecuencias impensadas para la vida humana. Fue un dato nuevo y desagradable: cuando la tecnología, ese producto del progreso científico que nos enorgullece, interfiere con los ciclos naturales y autosostenibles de la naturaleza, ésta contraataca.

La primera en descubrirlo fue la bióloga norteamericana Rachel Carson. En su famoso libro Primavera Silenciosa, publicado en 1962, recopiló evidencia que demostraba que el pesticida DDT (dicloro difenil tricloroetano), utilizado para eliminar yuyos y pestes en la agricultura, dañaba severamente el ambiente, y junto a otros químicos condujo a la “primavera silenciosa”, donde ya no se oían ni pájaros ni abejas. La industria química, que temía por sus ganancias, se opuso de manera despiadada a los descubrimientos de Carson, en parte porque ella era mujer, generando un gran revuelo. Como no tenía un Doctorado en Ciencias Naturales, fue calumniada por la industria de “no calificada” y también de “histérica” al escribir de manera empática sobre el mundo natural. Sus libros anteriores, Bajo el viento oceánico (1947), El mar que nos rodea (1950) y El borde del mar (1955), obtuvieron grandes reconocimientos por su belleza poética. Cuando escribió “Primavera silenciosa”, Carson estaba enferma de cáncer, y los ataques despiadados a su integridad terminaron por agotar las fuerzas que le quedaban.

Según Wildlife Watch, más de 44.000 especies están en peligro de extinción, casi un tercio de todas las especies reconocidas. Dentro de los animales más prejudicados, se encuentran los anfibios —entre ellos la familia de las ranas y las salamandras—, afectados en un 41%

Finalmente, el presidente J. F. Kennedy autorizó un estudio científico independiente que demostró, sin lugar a dudas, que Carson había tenido razón en cada punto de su libro. En 1972 se prohibió el DDT en Estados Unidos y luego de un tiempo, en todo el mundo. Dos años después de que se publicara Primavera silenciosa, Rachel Carson murió. Sesenta años después de su partida prematura, hacemos bien en recordar a esta mujer, valiente y pionera, que al mantener su postura frente al hostil establishment científico e industrial, compuesto todo de hombres, inició el movimiento ambientalista del siglo XX. Al día de hoy, el poder femenino continúa creando consciencia global sobre los peligros a los que se enfrenta nuestro planeta.

Joanna Macy es una de las más elocuentes de estas mujeres. La conocí cuando estuvo de gira en Europa en su misión como activista ambiental y como maestra de la “ecología profunda”. Mientras la escuchaba en un auditorio lleno en Munich, Alemania, me emocionó la pasión de esta mujer sensible, con los pies en la tierra. Por su estilo casual, casi de “entre casa”, podría haber sido la madre o la abuela de cualquiera. La fuerza vital de su labor era un amor apasionado por el mundo natural y su preservación.

Los datos por sí solos, no importa cuán devastadores sean, no tienen el poder de despertar a una sociedad encadenada a los mecanismos del progreso industrial continuo. Solo la auténtica pasión por salvar el planeta puede conducir a la transformación necesaria. No alcanza con separar los residuos y hacer algunos ajustes en nuestro estilo de vida; para un verdadero despertar, toda nuestra mirada y perspectiva hacia el mundo debe transformarse a nivel mental y espiritual.

Macy, por ejemplo, se basa en la sabiduría budista y sus nociones de bondad amorosa y compasión, así como en la doctrina de “causalidad mutua” e “interdependencia” de todos los seres: todos estamos en el mismo barco. Cualquier daño que se haga sobre una parte del planeta, nos afecta a todos, y somos llamados a responder a ello con empatía y con amor.

¿Podemos sacudirnos de encima nuestro letargo, y realmente amar lo que siempre hemos dado por sentado: los árboles, el agua clara, el aire puro y todos los seres que nos acompañan? ¿Podemos amar y proteger su hábitat, como lo haríamos con nuestros propios hijos? Solo este amor eléctrico conducirá de la desesperación al empoderamiento, y nos dará la energía necesaria para crear una civilización más sustentable. Necesitamos “prácticas para reconectar nuestras vidas, nuestro mundo”, como dice el subtítulo del reconocido libro Volver a la vida, de Joanna Macy. Ella desarrolló una metodología al respecto y enseña estas prácticas en seminarios y talleres en todo el mundo. Como dice: “De todos los peligros a los que nos enfrentamos, desde el caos climático hasta la guerra nuclear, ninguno es tan enorme como la muerte de nuestra capacidad de respuesta”. Y agrega: “La esperanza activa es despertarse a la belleza de nuestra vida, en cuyo nombre podemos actuar”.

La esperanza activa es también el eje del reciente libro de Corine Pelluchon, L’Espérance, ou la traversée de l’impossible (La esperanza o la travesía de lo imposible). Como filósofa, formada en la mejor tradición del racionalismo francés, llega a la misma conclusión por un camino diferente: para ella, la esperanza llega cuando reconocemos la vulnerabilidad de nuestra civilización y nos rendimos ante la desesperación.
Este es el momento para “trascender lo imposible”, cuando en una suerte de epifanía mística, entendemos los ciclos de la naturaleza, que invitan a un abordaje ecológico de la agricultura. Se llama a un poder gentil en la humildad del espíritu. Es interesante que en todas las lenguas europeas, la palabra “humildad” tenga como raíz a la palabra “humus”, que en latín significa “tierra”. La humildad, entonces, denota una cercanía a la tierra, una actitud de amor y cuidado en vez del control despiadado y la explotación.

Tres mujeres autoras de contextos distintos, dotadas con empatía y con coraje para enfrentar los hechos y llegar a esta misma conclusión: nuestro mundo está en peligro. Si mueren las abejas y los pájaros, junto a otras especies, la humanidad se extinguirá con ellos. ¿Qué herramientas tenemos para revertir la garantía de muerte a una licencia de vida? Nada más que nuestro amor y nuestra pasión para sanar esta preciosa Tierra, y la determinación de empezar a accionar en nuestra vida privada. Esto, es la “esperanza activa”. En palabras de Joanna Macy: “Estar vivo en este hermoso universo autoorganizado, participar en la danza de la vida con sentidos para percibirla, pulmones que la respiran y órganos que se nutren de ella, es una maravilla que escapa a las palabras”.

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